lunes, 16 de mayo de 2016

LOS MAS COMPETENTES

Ahora que se habla tanto de Cervantes –se cumplen 400 años de su muerte- por ser la gran figura de la literatura española, habría que esforzarse en desterrar el cutrerio reinante y poner en valor la Cultura con mayúscula, que por ser como el alma de una nación, sin ella, ésta queda abocada a una situación de franca decadencia. Hay que fertilizar el gran bancal de la cultura española empezando por educar mucho mejor a las nuevas generaciones que al paso que vamos no van a saber quién era Cervantes. 

Se ha estado educando –y se sigue- en la indolencia intelectual, en la ley del mínimo esfuerzo, en el desprecio a la transcendencia y en la irrelevancia de la moral, todo ello con el señuelo de la libertad, hasta llegar a caer en la falta de fe y del conocimiento, además de en la incapacidad para auparse en las dificultades más elementales.

Con esta perspectiva habrá que trabajar empezando por reconstruir el humanismo cristiano como referencia cultural que nos ofrece el progreso del saber y la madurez de la civilización. Dice el Libro de los libros que el “principio de la sabiduría es el temor de Dios”, pero solo los insensatos desprecian la sabiduría y la enseñanza.

Estamos a unas semanas de unas nuevas elecciones, consecuencia directa de la insolvencia cultural y política demostrada por unos personajes más atentos a su ego que al bien común de los demás. Han dado un ejemplo claro de la debilidad de sus principios básicos en el arte de la convivencia, porque, aparte de ser ignorantes, carecen de agarraderas solidas en la fe y en la ética más elemental. Por lo que hemos visto en los últimos meses, su capacidad de gobernar deja mucho que desear. Alguno de los que han destacado, ¿sería capaz de ofrecer soluciones a los problemas derivados de la falta de moral de nuestro tiempo? ¿Sería capaz de esbozar un programa de recuperación de la Cultura con mayúsculas? ¿Sería capaz de ordenar una justa distribución de la riqueza (no de boquilla) en sintonía con el amor al prójimo? ¿Sería capaz, en suma, de basar su gobierno en las obras de misericordia?

Visto lo visto, los votantes tenemos el deber de sopesar la calidad del voto, si es que votamos y no nos quedamos en casa, para, a tenor de lo dicho, otorgarlo a la opción  cuya ideología se asiente en el Humanismo Cristiano, en la Democracia y en la Libertad, -todo con mayúsculas- sin mas Ley que cumplir y hacer cumplir los Derechos Humanos tantas veces conculcados. Siempre respetuosos con las opciones no elegidas. Ir a votar dejándose llevar por la palabrería, los insultos, las formas groseras y los ademanes teatrales o televisivos de los aspirantes, es contribuir a una adulteración de la política; una profesión muy devaluada que puede llegar a ser muy respetada y beneficiosa para todos si elegimos para ejercerla a los más competentes.

jueves, 24 de marzo de 2016

LAVATORIO

Hoy es Jueves Santo.

Desde tiempo inmemorial durante cinco días en la frontera de la Semana de Pasión y la Semana Santa, la Cofradía de los moraos de Albox rinde honor y adoración a la figura de Jesús Nazareno, su Santo Patrono. Para ello celebra un Quinario, ya tradicional, en el que se glosan las enseñanzas evangélicas que nos legó nuestro Señor Jesucristo. El Ejercicio del Quinario de 2016 ha estado dedicado a las Obras de Misericordia, un tema muy acorde con el Jubileo de la Misericordia impulsado por el Papa Francisco.

Mas reciente en el tiempo es la procesión de la Imagen de Jesús Nazareno ceñido con una toalla que en los años 40, 60 y 80 del siglo XX salía el Jueves Santo y que desde 2011 se recuperó para el Martes Santo tras lustros perdida en el recuerdo. La Imagen representa el lavatorio de los pies de los discípulos.

En tiempos de Jesucristo al llegar los invitados a una casa, el dueño mandaba a sus siervos lavar los pies de los recién llegados en señal de hospitalidad. En cierta ocasión un fariseo invitó a Jesús a comer y descuidó la cortesía de lavarle los pies. Una mujer pecadora al darse cuenta (Lc. 7,36-50) se coló entre los comensales y con sus lágrimas lavó los pies a Jesús. El fariseo, que dudaba de Él como profeta, pensó: “Si este fuera un profeta, sabría que la mujer es una pecadora”. Jesús adivinó su pensamiento y entabló con él un dialogo sobre el perdón, que sirvió para premiar a la mujer diciéndole, “Tus pecados están perdonados”, frase que levantó murmullos de crítica entre los presentes.

Algún tiempo después, en la última cena, Jesús se levantó de la mesa, se quitó el manto, se ciñó una toalla, tomó una jofaina y se puso a lavar los pies de los apóstoles que estaban reclinados sobre el codo izquierdo y los pies desnudos echados hacia afuera. Ellos al verlo quedaron asombrados y mudos, salvo Pedro, que, más impetuoso, le dijo “Tú a mí no me lavas los pies”. Pedro reaccionó así porque lavar los pies era oficio reservado a los siervos y le chocó la actitud de Jesús, su Maestro. Jesús respondió: “Si no te lavo los pies, no tendrás parte conmigo”, que era como decirle, “Si no te lavo los pies no serás mi amigo”. Ante eso Pedro dijo: “No solo los pies, sino también las manos y la cabeza”.

La escena muestra dos gestos: Primero Jesús se humilla haciéndose siervo. “Tomó la condición de esclavo”, escribe San Pablo a los filipenses, para ofrecer un testimonio más de su vocación al servicio del hombre. "... el que quiera ser grande entre vosotros, será vuestro servidor” había dicho alguna vez (Mc 10,44)

El segundo gesto es una obra de misericordia, la tercera espiritual: corregir al que se equivoca. Cuando Pedro se niega a que le lave los pies porque no entiende su manera de obrar, Jesús le corrige con suma delicadeza. Amablemente le dice que si no quiere ser su amigo, él sabrá. Ni le reprende ni se impone, simplemente le dice algo que no espera, y por eso Pedro, al oírlo, reacciona porque ¿cómo va a dejar de ser su amigo? ¿Cómo va a dejar de ser su discípulo? Empieza a comprender que el Señor se hace servidor de los suyos para que se sientan iguales y libres.

La corrección fraterna, como obra de misericordia, es parte de la caridad cristiana. Hay que hacerlo amigablemente, como hermanos que nos amamos y buscamos entre nosotros el bien común. Si se logra al primer intento habremos hecho una gran obra de misericordia. En ello abunda San Pablo en su carta a los Gálatas: «Hermanos, si un hombre es sorprendido en alguna falta, vosotros, hombres de fe, corregidle con amabilidad. Tened mucho cuidado, pues también vosotros podéis ser puestos a prueba». (Ga 6,1)

También Jesucristo al hablar del perdón decía: «Si tu hermano peca contra ti, ve y repréndelo a solas. Si te escucha, habrás ganado a tu hermano, pero si no te escucha toma uno o dos testigos para que la cuestión quede zanjada apoyándose en los testigos» (Mateo 18,15-16). Jesús pide testigos, no acusadores, que colaboren en la corrección amistosa del hermano.

La Imagen del Nazareno en la calle sin manto y con su túnica blanca provisto de una toalla, sirve de ejemplo para hacer firme propósito de corregir a nuestro prójimo con mansedumbre, sin recriminarle su actitud, ni siquiera usando palabras desabridas con él. Como Pedro ganaremos la amistad de Jesús y no nos excluirá de tener parte con Él, por pequeña que parezca.  

domingo, 6 de marzo de 2016

INTERES RELIGIOSO. INTERES ARTISTICO

En el arte se puede percibir la huella de Dios.

Con cierta frecuencia Agrupaciones de Hermandades y Cofradias de diversos puntos de España, solicitan adhesiones para lograr la Declaración de Interés Turístico de su Semana Santa. Pocos lugares deben quedar ya que no ostenten entre sus peculiaridades una declaración de ese tipo para sumar a las consabidas excelencias de su climatología, gastronomía, fiestas, eventos, paisaje, acervo cultural, etc. Sus motivos y razones tendrán, y no entramos en ello.

Cada primavera, la Semana Santa llega puntual con el Misterio de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo, el Misterio de la fe de la religión cristiana. Es la conmemoración del Misterio de la Redención, sobre cuya figura central, Cristo, San Pablo dice que es “Imagen de Dios invisible y por él quiso reconciliar consigo todas las cosas, las del cielo y las de la tierra, haciendo la paz por la sangre de su cruz”. (Col. 1,15-20). Cristo derramó su sangre y extendió la reconciliación a todos los hombres. No se puede decir más con tan pocas palabras de un hecho tan formidable como éste, cuna de la Religión.

La solemnidad de la Cena del Señor el Jueves Santo, la lectura de la Pasión el Viernes Santo y el simpar  ceremonial de la Vigilia Pascual del Sábado Santo, que es la esperanza del retorno de Cristo a la vida, son formas excelsas de dar culto a Dios en el templo.

Pero la Semana Santa tiene en las procesiones su proyección en la calle. Son parte del culto, pero no lo más importante por muy vistosas que sean. En ellas los cofrades predicamos el credo cristiano a pesar de la obsesión de algunos otros por destacar su lado festivo, cuando para los fieles cristianos las procesiones sólo tienen el interés religioso congénito de su propia naturaleza. Sus imágenes son retratos en positivo de unos momentos claves para nuestra fe, los que padeció Cristo en tres días históricos que revolucionaron la humanidad. Veinte siglos avalan el efecto religioso de esta celebración.

Más esos retratos han sido plasmados por el hombre con su arte puesto al servicio de la historia sagrada que nos cuenta la Semana Santa. Imagineros, tallistas, pintores, bordadores, escultores, músicos, con más o menos fe, han legado su impronta artística en imágenes, tronos, partituras y otros elementos que enriquecen el culto con dignidad y belleza, y están en estrecha relación con la liturgia y la catequesis. Desde hace mucho tiempo las cofradías y el arte van de la mano para que se haga perceptible ese misterio cristiano a través de un patrimonio artístico, felizmente integrado en las tradiciones religiosas del pueblo. Surge así un patrimonio sacro que cada año se muestra con todo su esplendor en iglesias, calles y plazas convertidas en escaparates con imágenes emotivas donde la fe y el arte se hermanan y la belleza se pone del lado del Misterio, hasta llegar al corazón del hombre.

Esa hermandad, que nace de la fe y se transmite con singular belleza, es una prueba para los sentidos de la cercanía de Dios a quien damos culto y adoración; es también la respuesta viva del interés religioso y artístico que suscita la Semana Santa, fuertemente arraigado en la conciencia de las personas.

¿Interés turístico? Mejor interés religioso y artístico.

José Giménez Soria
 

martes, 5 de enero de 2016

DE SIMBOLOS Y CABALGATAS

El evangelista Juan dice en su Evangelio: En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba junto a Dios, y el Verbo era Dios... El Verbo era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre viniendo al mundo...Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros...”.

Juan usa el término Verbo para referirse a Cristo como la Palabra de Dios Padre que trae su mensaje al mundo y además afirma rotundo que la Palabra era Dios. Emplea ese símbolo cuyo contenido es claro: El Verbo es la persona divina de Cristo que ha venido del Padre para dar la vida a los hombres. Más adelante recuerda que “A Dios nadie lo ha visto jamás” siendo el Hijo “quien lo ha dado a conocer”.  Es verdad que Dios Padre habló a Abraham, a Jacob y a Moisés, pero nunca lo vieron, a diferencia de Cristo que “se hizo carne”, vivió entre nosotros y trajo la Palabra de Dios Padre, aunque “Vino a los suyos y no lo recibieron”, dice Juan con hondo pesar.

Hoy el mundo está dando la espalda al cristianismo, como se ve en el rechazo de sus símbolos tradicionales. El crucifijo, el signo de la ofrenda del amor de Dios, no solo ha desaparecido de escuelas y hospitales, sino que uno se esos “máster chef” tan a la moda elabora (?) un plato que llama “Cómo cocinar un crucifijo”, y en un colegio público se premia un trabajo injurioso contra Jesucristo, con un texto irreproducible. Contra este deterioro que agrede los principios cristianos, ¿qué hacemos?, ¿reír estas gracietas?, ¿seguir aguantando sin pizca de vergüenza la marea anticristiana que tenemos encima? ¿No sería mejor aplicar con fortaleza y sin vergüenza la enseñanza de San Pablo: “No te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor”?

Llega la Navidad. Apenas se ven colgaduras con la imagen del Niño Jesús en los balcones; los Reyes Magos –o reinas magas, según la moda- se relegan al banquillo de los suplentes en favor de Papa Noel; en la iluminación de las ciudades solo hay trazos consumistas; el belén anda tan perdido que hasta en el discurso de Nochebuena del Rey Felipe VI nadie lo encuentra, mientras David Camerón, el primer ministro inglés, habla de que “La Navidad es la ocasión para los cristianos de celebrar el triunfo definitivo del amor sobre la muerte, con ocasión del nacimiento de Jesús”; quien lo iba a decir si hasta alguna tele de aquí ha dicho que Cristo nació en Belén, según la tradición. ¡Qué tradición ni que pamplinas! Cristo es una figura tan histórica como Aristóteles, Sócrates o Napoleón.  

Faltaban las cabalgatas para degradar el sentido cristiano de la Navidad. Para ello en vez de Reyes Magos se inventan reinas magas, tres caricaturas con parafernalia carnavalesca, que ni van a Belén ni a adorar al Niño, echando por tierra el misterio de la Epifanía y la tradición de una fiesta para niños y las ilusiones de los mayores, un paso más para borrar toda seña de identidad de la cultura cristiana.

No podemos seguir desterrando los símbolos del cristianismo de nuestra vida. Eso sería como perder la fe en Cristo. Frente a la cristofobia patente y sin disimulos, hay que dejarse de catolicismo tibio y vergonzante y responder con la fuerza de la verdad.

DOS ADENDAS COMPLEMENTO DE LO ANTERIOR.

PRIMERA.- Jesucristo no es ninguna leyenda, es Historia rigurosamente documentada a lo largo de los siglos. Nació, vivió y murió en la época del Imperio Romano. Cuando Cesar Augusto decretó el empadronamiento, en Judea, estado cliente de Roma donde reinaba Herodes el Grande, la orden coincidió con el nacimiento de Jesús en Belén. Al morir Herodes en el 4 d.C. Augusto convirtió Judea en provincia de Roma. Augusto falleció el 19 de agosto del 14 d. y el Senado transmitió el poder a Tiberio Claudio. Jesús tendría unos 14 años y vivía con sus padres José y María en Nazaret. En Judea al procurador Valerio Graco le sucedió Poncio Pilato (26-36 d.C.) que ha pasado a la historia por haber ordenado la ejecución de Jesús de Nazaret, hacia el año 30. (Nada inventado).

 
SEGUNDA.- En Alcoy los Reyes de Oriente descienden de forma majestuosa por las empinadas calles del centro con sus pajes en busca de los hogares a los que van dirigidos los bultos que acarrean. Mientras tanto, los vecinos y visitantes se agolpan en la Plaza de España para presenciar uno de los momentos más entrañables de la Cabalgata: la Adoración. Tras descender de sus monturas, los Reyes portan sus presentes al Niño -oro, incienso y mirra, como rubrican los Evangelios- y se postran para rendir pleitesía al Redentor que ha nacido en Belén. (Todavía hay clases).
 
Jose  Giménez Soria

lunes, 12 de octubre de 2015

MARTA Y MARIA

En un diario de tirada nacional, una periodista, escritora de éxito, abogaba por una reforma que permita a la mujer alcanzar el lugar que le corresponde en la sociedad. Había sido invitada en Madrid a un importante Foro que había congregado a lo más granado del Poder (con mayúscula): financiero, empresarial, diplomático, ejecutivo, prensa, altos cargos de la Administración; más de cuatrocientas personas para escuchar al Presidente del Gobierno. Dominaban los rostros masculinos en proporción de 9 a 1 sobre los femeninos, y esa diferencia motivó el artículo de la oyente, exigiendo a los poderes públicos medidas que pongan fin a la discriminación real de la mujer frente al hombre para que aquella alcance una meta similar al hombre, y sus aspiraciones, legitimas y justas, fruto de su capacidad y esfuerzo, se vean reflejadas en esa fotografía del Poder (con mayúscula) en la que la mujer esté también en la cúspide.

A la caída de la tarde, en la iglesia cercana se rezaba el Rosario ante el Señor Sacramentado expuesto en la Custodia. El altar brillaba con reflejos de luces y cirios mientras se desgranaban las avemarías de los misterios dolorosos. Era viernes. El poder (éste con minúscula) de Cristo solo atraía a cinco mujeres y dos hombres. Muchas otras personas habían sido invitadas a escuchar la palabra de Dios, pero la proporción de bancos vacios era de 9 a 1. Una foto muy distinta de la anterior.

Dice San Lucas (10,38-42) que Jesús fue a Betania donde vivía una mujer llamada Marta, que le recibió en su casa. Tenía una hermana, María, que se sentó a los pies del Señor para escuchar sus palabras. Marta se dedicó a sus quehaceres y se agobió. Entonces se quejó: «Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola en el trabajo? Dile que me ayude». El Señor le dijo: «Marta, te preocupas y te agitas por muchas cosas; y hay necesidad de pocas, o mejor, de una sola. María ha elegido la parte buena, que no le será quitada».

Marta representa la vida activa, absorbida y preocupada por demostrar su valía en quehaceres pasajeros y se queja reivindicando lo importante de su papel, que considera esencial en la sociedad. Recibe una cariñosa reprimenda. Solo una cosa es lo que importa a los ojos de Dios: actitud sencilla de trabajo sin afán de poder para organizar el mundo.

María hace de un modelo de discípulo que está atento a la palabra de Dios y prescinde de todo lo demás. Ambas han tenido idénticas oportunidades, pero María ha escogido la parte buena: atiende a la palabra de Jesús para actuar conforme a lo escuchado.

El domingo siguiente se podía escuchar esto del libro de la Sabiduría: «Supliqué y se me concedió la prudencia; invoqué y vino a mí un espíritu de sabiduría. La preferí a cetros y tronos, y en su comparación tuve en nada la riqueza…; todo el oro a su lado es un poco de arena, y la plata vale lo que el barro. La preferí a la salud y a la belleza y me propuse tenerla por luz, porque su resplandor no tiene ocaso. Con ella me vinieron todos los bienes juntos, en sus manos había riquezas incontables».

miércoles, 2 de septiembre de 2015

DE CALLES Y BUSTOS NADA HAY ESCRITO

Gruocho Marx decía que “La política es el arte de buscar problemas” y algunos alcaldes de la reciente cosecha –elecciones del 24 M- se lo han tomado al pie de la letra. Aprovechando la memoria histórica de Zapatero y que el calor del verano suele estropear las meninges, a falta de mejor provecho, unos gastan los dineros en cambiar nombres de las calles, otros retiran bustos reales o afines, y todos disfrutan con el estropicio.

Así la alcaldesa de Madrid, Doña Manuela Carmena, cambia del callejero al escritor Vázquez de Mella para poner en su lugar el nombre del concejal socialista de ese Ayuntamiento, Pedro Zerolo, ya fallecido, gran propagandista del homosexualismo, que Dios guarde. La de Barcelona, Ada Colau es su gracia, manda quitar un busto del rey Juan Carlos del salón de plenos porque la muy mandona “no es monárquica”; y la de Jerez de la Frontera, retira de un teatro local un busto de su paisano, el académico y escritor Pemán, porque fue coetáneo de Franco y para ella, que es muy socialista, eso es un horror.  

De José María Pemán, un hombre dotado de “chispa y gracejo”, Carlos Herrera, periodista y escritor, escribe que fue un “autor oceánico” por la multitud de obras de teatro, novelas, poesía y de incontables artículos cuya excelencia es indudable, salvo para la ignorante regidora jerezana, incapaz de apreciar la maestría de este personaje que, con Rafael Alberti, son, con mucho, de lo mejor de la tierra andaluza, aunque fueran de ideales contrapuestos.

Para rematar su artículo, Carlos Herrera ofrece unos versos de 1923 cuando Pemán era veinteañero, que juzga de “autorretrato” y que son para enmarcar:

«Ni voy de la Gloria en pos/ni torpe ambición me afana/y al nacer cada mañana/tan solo le pido a Dios/casa limpia en que albergar/pan tierno para comer/libro para leer/y un Cristo para rezar».

Del desalojo callejero de Vázquez de Mella, Juan Manuel de Prada dice que esto ocurre porque España «se ha convertido en un vomitorio pagano y un parque temático de la tontería útil», y apunta como causas «la decadencia de España como nación y el descreimiento de la sociedad actual». No le falta razón.

Para conocer a fondo una nación, recomendaba Vázquez de Mella,  «hay que conocer la directriz de su historia, el principio vital que ha informado su ser y todas las manifestaciones de su genio; y para conocer eso, cuando se trata de España, hay que conocer la religión católica». ¿Cómo puede tener una calle en Madrid un tipo que habla de conocer la religión católica? Doña Manuela, que es muy maja, tira de manual laico y con gran dolor de su corazón hace propósito de enmienda… y cambia el nombre de la calle.

Sobre el homenaje al fallecido concejal Zerolo celebrado en una iglesia madrileña, cosa que aun respetando su condición humana, chirría con la ley cristiana, Prada acude a una carta de Federico Garcia Lorca a su familia del 14 de julio de 1929 escrita después de asistir a una función religiosa en Nueva York, destacando la solemnidad del ceremonial religioso en el templo, nada que ver con la “carnavalada” del homenaje a Zerolo. «Esta mañana fui a ver una misa católica dicha por un inglés, -escribe el poeta granadino- Y ahora veo lo prodigioso que es cualquier cura andaluz diciéndola. Hay un instinto innato de la belleza en el pueblo español y una alta idea de la presencia de Dios en el templo. Ahora comprendo el espectáculo fervoroso, único en el mundo, que es una misa en España. La lentitud, la grandeza, el adorno del altar, la cordialidad en la adoración del Sacramento, el culto a la virgen, son en España de una absoluta personalidad y de una enorme poesía y belleza. La solemnidad en lo religioso es cordialidad, porque es una prueba viva, prueba para los sentidos, de la inmediata presencia de Dios. Es como decir: Dios está con nosotros, démosle culto y adoración. Pero es una gran equivocación suprimir el ceremonial. Es la gran cosa de España. Son las formas exquisitas, la hidalguía con Dios».

“Al renunciar a esta hidalguía con Dios, era inevitable que España se convirtiese en un vomitorio pagano”, termina diciendo Juan Manuel de Prada.

martes, 14 de julio de 2015

LAUDATO SI’

Con fecha 24 de mayo, Solemnidad de Pentecostés, del año 2015, el Papa Francisco ha hecho pública esta Carta-Encíclica, una exhortación a conservar el planeta en que vivimos, cuyo título está tomado de un cantico de San Francisco.

«Laudato si’, mi’ Signore» – «Alabado seas, mi Señor», cantaba san Francisco de Asís. En ese hermoso cántico nos recordaba que nuestra casa común es también como una hermana, con la cual compartimos la existencia, y como una madre bella que nos acoge entre sus brazos: «Alabado seas, mi Señor, por la hermana nuestra madre tierra, la cual nos sustenta, y gobierna y produce diversos frutos con coloridas flores y hierba»

Sobre la encíclica se han vertido opiniones y comentarios de toda laya, algunos muy críticos porque no admiten que en el tema ecológico, tan manido, meta las narices un hombre de Dios, creídos en la superioridad de sus ideas sobre las de los demás.

Para los católicos el Génesis es el punto de partida de todo lo creado. El Dios del Génesis es el Dios Creador. No tiene genealogía ni pasado, y crea el lugar donde habitan todos los seres creados, con predilección para el ser humano. Un lugar ordenado en que cada criatura tiene su propio puesto conforme al diseño divino, cuyo cuidado y conservación corresponde al hombre.

De lo escrito sobre la encíclica, el artículo No es la ecología, es la teología” de Monseñor Juan Antonio Martínez Camino, Obispo auxiliar de Madrid, matiza algunas de las ideas publicadas.

El autor empieza diciendo que algunos críticos más duros afirman que el Papa no ofrece en su encíclica ninguna solución económica ni política a la cuestión ecológica. Si antes lo criticaban por meterse a político y economista de cariz izquierdista, ahora lo critican por presentar un texto carente de propuestas prácticas de algún tipo.

También se dice que la encíclica nos obliga a los católicos a creer en algo nuevo: en el llamado «climatismo», cuando lo cierto es que no es verdad que lo diga. La fe católica es siempre la misma, a diferencia de las ideologías que van surgiendo al compás de determinados intereses e incluso de falsedades. Nuestra fe es la del Credo y por tanto, no es cierto que los católicos tengamos que creer en el «climatismo», esa teoría que establece un nexo exclusivo de causalidad entre la acción humana y el calentamiento de la Tierra.

Lo que sí es cierto es que Laudato si’ obliga a todos, y específicamente a los católicos, a no tomarse a broma la cuestión de la supervivencia del ecosistema planetario y de la vida humana en él, empezando por la de los más pobres. Los católicos estamos obligados a hacerlo así virtud de nuestra condición de creyentes en Dios.

Hace algunos años se puso de moda acusar a la tradición judeocristiana de la crisis ecológica achacando al cristianismo los obstáculos que ponía al avance de los pueblos con sus censuras y su supuesto sentido fatalista de la existencia. Más tarde cuando se vio que el mito del progreso se estaba cobrando demasiadas víctimas, incluido el ecosistema, también se buscó en la tradición bíblica la causa de la sobreexplotación de la Tierra. Habría sido el Dios del Génesis quien le habría dado carta blanca al hombre occidental para «someter la Tierra».

Pues bien, lo que el Papa Francisco denuncia, siguiendo una ya larga tradición teológica y magisterial, es que el responsable principal de lo que está pasando con la Tierra y la Humanidad es precisamente el ser humano que se ha apartado del Creador y se ha puesto a sí mismo en el centro de todo. La fe en el Dios del Génesis nos funda en la humildad, en la gratuidad y en el cuidado de su hermosa creación. En el fondo de la crisis ecológica se halla el ídolo llamado progreso, que es hechura de manos humanas y como tal un falso dios.

No es verdad que el Papa se pronuncie en contra del progreso sin ofrecer solución ninguna a los males causados por la ideología que lo diviniza. Lo que critica con cierta dureza es el «paradigma tecnocrático», que hace descarrilar el progreso humano de los pueblos, y pone por encima de todo la técnica y el disfrute del poder que le va aparejado. De ahí resulta un desarrollo no acorde con las verdaderas necesidades del hombre ni con la equidad entre los seres humanos y los pueblos. Por encima de la técnica y del poder están la dignidad humana y el bien común, y por eso necesitan ser orientados por el Bien, la Verdad y la Belleza.

Entonces ¿condena el Papa la economía de mercado y la libertad? Pues no, a no ser que quienes piensan que la pura ley de la oferta y de la demanda, con un poder político corrupto, más preocupado del poder que de la justicia, pueda solucionar la crisis ecológica. Las leyes del mercado no son ni buenas ni malas. Son eficientes económicamente, pero insuficientes para una vida en justicia y libertad. Hay que avanzar hacia una solución no encerrada en la voluntad irracional de poder, sino abierta a los amplios horizontes del Creador y de su obra maravillosa. Esa es la propuesta del Papa Francisco

Lo que a algunos les duele no es tanto la ecología, sino la teología, porque la cuestión ecológica nos pone a todos de nuevo ante la cuestión de Dios y de la naturaleza, no ciertamente como diosa, sino como creación portadora de un lenguaje divino.

El punto final de la encíclica no tiene desperdicio: «Dios, que nos convoca a la entrega generosa y a darlo todo, nos ofrece las fuerzas y la luz que necesitamos para salir adelante. En el corazón de este mundo sigue presente el Señor de la vida que nos ama tanto. Él no nos abandona, no nos deja solos, porque se ha unido definitivamente a nuestra tierra, y su amor siempre nos lleva a encontrar nuevos caminos. Alabado sea»

domingo, 7 de junio de 2015

EL TEMPLO Y LA LITURGIA

El Templo de Jerusalén.

El Templo de Jerusalen, situado en el lado oriental de la ciudad sobre el monte Moira, era el lugar donde los judíos adoraban a Dios conforme a la Ley. En él se leían los libros sagrados del Antiguo Testamento.

El Templo tenía dos partes: el lugar Santo, con el altar del incienso, una mesa y el candelabro de siete brazos, y el Santísimo, separado de aquel por un velo o cortina bordada, con una gran piedra sobre la que el Sumo sacerdote ponía el incensario el Día de la Expiación. Los sacerdotes ofrecían holocaustos y otras ofrendas con música y oraciones.

Jesús, los Apóstoles y la Virgen María solían ir al Templo a orar y a escuchar la palabra de los doctores de la ley. También acudían en las fiestas de Pascua y Pentecostés. 

En cierta ocasión entró Jesús en el Templo y echó a los que compraban y vendían objetos variados; e incluso derribó las mesas de los cambistas gritándoles: “¡Mi casa es casa de oración para todos los pueblos!”. Ocurrió en el atrio de los gentiles lejos del lugar Santísimo. Jesús lleno de autoridad expulsó a toda aquella gente con palabras de Isaías (56,7), “Los traeré a mi monte santo, los llenaré de alegría en mi casa de oración; sus holocaustos y sus sacrificios serán aceptables sobre mi altar, porque mi casa es Casa de oración para todos los pueblos”. El Templo era para Jesús lugar de encuentro con Dios, donde se invitaba a la oración y no toleraba que fuese profanado con un mercado de compraventa.

El templo actual.

También ahora los cristianos acuden al templo a orar y a escuchar y recibir la palabra de Dios. Los sacerdotes ofrecen el holocausto de la Eucaristía, sacramento de acción de gracias a Dios por las obras de la Creación, Redención y Santificación. El templo actual es la casa de Dios, casa de oración, donde sus hijos se encuentran con Él en Cristo, por medio de acciones y palabras que conforman la liturgia.

El templo es lugar santo y de recogimiento para gloria de Dios, siempre abierto para favorecer la oración personal a cualquier hora del día. En él no hay cambistas ni compraventas pero sí está Cristo en el Sagrario. Cualquier visitante puede identificarlo por la lamparilla de aceite encendida que ayuda a reconocer su presencia Real en el Santísimo Sacramento.

La devoción de adorar a Cristo en el Sagrario es una de las más cotidianas de los fieles, con frecuencia sin poder hacerlo por no encontrar una iglesia abierta. Si es penoso que los horarios de apertura de los templos no sean más amplios, peor es que se abran con fines turísticos a gente sacando fotos que deambula y habla sin parar, sin exigir un mínimo decoro, y se impida el acceso a los fieles que quieren “hacer una visita” al Santísimo.   

En el templo, la Eucaristía es la fuente y culmen de la vida cristiana. Contiene todo el bien espiritual de la Iglesia, es decir Cristo mismo. La liturgia de la Santa Misa es la expresión de la fe en la presencia real de Cristo bajo las especies de pan y de vino. Su adoración, de rodillas  e inclinando la cabeza, es un gesto tristemente devaluado por falta de una lección catequística que remedie el que muchos fieles permanezcan de pie durante la consagración, como ocurre en muchas iglesias, o no hagan una simple genuflexión al pasar ante el Sagrario. En la  Eucaristía está Dios con nosotros en el prodigio de un Sacramento, y en su presencia hay que mantener las formas apropiadas: silencio, recogimiento y actitud orante.

 

domingo, 3 de mayo de 2015

LAS CRUCES.

Aunque la Iglesia celebra la Fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz el 14 de septiembre, entre los creyentes está enraizada la celebración de un festejo en torno a la Cruz el día 3 de mayo cuyo origen, según una antigua tradición, se halla en el hallazgo de la cruz de Cristo por Santa Elena, la madre del emperador Constantino hacia el año 326.

La fiesta, conocida popularmente como “las cruces”, tiene como elemento central la Cruz, que se expone en lugar visible adornada con flores y objetos diversos. A su alrededor se crea un ambiente familiar y de amistad en el que no faltan bailes, música, comida y bebida.

Desde que Cristo murió crucificado, la Cruz se ha convertido en el símbolo y señal del cristiano. De estar considerada como el instrumento de una muerte indigna, pasó a ser la marca de la Redención. En el Vía Crucis que el Papa Francisco celebró la pasada Semana Santa, dijo, “La Cruz de Cristo no es una derrota, es amor y misericordia”. La Cruz es camino de la Redención.

En este festejo de mayo, la Cruz aparece sola, como quedó cuando Cristo, una vez certificada su muerte, fue desclavado de ella por José de Arimatea y Nicodemo, y depositado en brazos de su Madre en presencia de San Juan y las mujeres. El episodio del descendimiento autorizado por Pilato para permitir la sepultura de Cristo ha sido objeto de numerosas pinturas, como la magnífica obra de Rogier Van der Weyden que muestra la imagen, cuyo original se encuentra en el Museo del Prado en Madrid.
 
 
La escena contiene diez figuras colocadas de modo que todas se ven. En el centro, Cristo muerto es sostenido por José de Arimatea, Nicodemo y un ayudante. Al ver a su Hijo, María cae desmayada socorrida por San Juan y una de las mujeres. Están María Magdalena, María la de Cleofás y Maria Salomé. En un segundo plano la Cruz, que permanece para gloria y exaltación de Cristo.   La cruz es llamada también gloria y exaltación de Cristo.

martes, 24 de marzo de 2015

HIJAS DE JERUSALEN

Según costumbre en los funerales, entre la multitud que seguía al condenado que era llevado a crucificar, había muchas mujeres gritando lamentaciones que se unían a las plañideras de oficio. En el caso de rabinos ilustres, acudía el pueblo en general.

Tras Jesús camino del Calvario, -dice el evangelista-, le seguía una gran muchedumbre. En el cortejo fúnebre había quienes querían presenciar la ejecución, otros sentían curiosidad, otros iban para burlarse, y, según Zacarías (12, 10-14), otros “hacían duelo por Él como por un hijo único”… porque “En aquel día será grande el llanto en Jerusalen”, decía la profecía.

Pocas palabras salieron de la boca del Señor en el trayecto hacía lo alto del monte. El tormento soportado las horas anteriores había disminuido sus facultades. Reparó sin embargo en un grupo de mujeres mezcladas con la multitud que lloraban golpeándose el pecho. Apoyó la cruz en el suelo, volvió la cabeza, las miró y les dijo: “Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí; llorad más bien por vosotras y por vuestros hijos; porque mirad que van a llegar días en que digan: «Felices las estériles, los vientres que no han parido y los pechos que no han criado»”.     

Jesús no quiere el duelo por Él, sino por la ciudad de Jerusalen que será destruida a consecuencia del rechazo del Mesías. Su respuesta a estas piadosas mujeres es una profecía sobre la ruina de la ciudad.

Una vez más se manifiesta el trato que Jesús da a las mujeres, que contrasta con la situación dominante en aquella época en que la mujer estaba discriminada en la convivencia social. Así ocurre cuando advierte a los fariseos: “Hasta las prostitutas os adelantarán en el reino de los cielos” (Mt. 21,31) les había dicho, o “El que esté libre de pecado, que tire la primera piedra” cuando salió en defensa de otra mujer acusada de adulterio. Lo mismo ocurre en esta ocasión: al notar su presencia, confidencialmente les revela el futuro de Jerusalen: “No quedará sobre ti piedra sobre piedra, porque no has reconocido la oportunidad que Dios te daba”.

Se acerca la Semana Santa. Como hicieron aquellas mujeres llega una buena oportunidad para andar el camino de Cristo y prestar atención a sus palabras. En la penitencia de una procesión lo importante no es recordar con tristeza lo que padeció, sino entender por qué murió y resucitó.

domingo, 1 de marzo de 2015

INMATRICULACIONES: BIENES DE LA IGLESIA.

En plena polémica suscitada por algunas administraciones y medios interesados sobre los bienes de la Iglesia, conviene dar a conocer algunos conceptos a propósito de este asunto que, por afectar a la Iglesia y a sus feligreses, se tratan de forma innoble solo justificada por hacer campaña contra la Iglesia Católica. Veamos:

¿Qué son las inmatriculaciones? Inmatricular consiste en inscribir una propiedad por primera vez en el Registro correspondiente cuando se carece de título escrito de dominio. Esto no supone la apropiación de algo que no es propio, sino ejercer el derecho legítimo a que la Administracion reconozca jurídicamente la propiedad del bien. De hecho la Iglesia dispone de bienes mucho antes de que existieran los Registros de propiedad. La inscripción no otorga la propiedad, sino simplemente la hace pública.

En el caso de la Iglesia la cuestión que se suscita es que, hasta 1998, la ley no permitía a las instituciones de la Iglesia Católica inscribir sus edificios de culto. A partir de entonces ya pueden hacerlo, y acogiéndose a este derecho, numerosas diócesis han solicitado la inmatriculación de sus iglesias, ermitas y edificios que consideraban de su propiedad.

¿Qué dice la legislación española vigente? El Acuerdo Internacional sobre Asuntos Jurídicos entre la Iglesia y el Estado español garantiza a diócesis y parroquias la personalidad jurídica para inscribir sus bienes en el Registro de la Propiedad. También la Ley Hipotecaria reconoce a la Iglesia católica ese derecho, al igual que lo pueden hacer el Estado, la provincia, el municipio y las corporaciones de Derecho Público. Ese derecho está confirmado por el Tribunal Supremo.

¿Y por qué ahora la polémica sobre las inmatriculaciones? El Gobierno promovió en 2014 una reforma de la Ley Hipotecaria, según la cual la facultad de inscribir por parte de la Iglesia desaparecerá en junio de 2015, y por tanto urge el registro de las propiedades de la Iglesia como derecho legítimo y el reconocimiento de propiedades que llevan siglos en manos de la Iglesia.

Ha habido varios litigios relacionados con esas propiedades, muchos reconociendo a la Iglesias su dominio, y otros denegándoselo.

¿Y no sería mejor no inscribir esos bienes para evitar la polémica? Eso es tanto como ceder la propiedad de una vivienda particular a un tercero para evitar controversias. Si es de justicia defender los derechos propios, también lo es que se reconozca un bien como posesión propia.   

¿Quién es el dueño legítimo de esos bienes? Los templos son un bien espiritual de la Iglesia en beneficio del pueblo, no del Estado. Los bienes eclesiásticos pertenecen al pueblo de Dios.

Los cristianos han ofrecido durante siglos diezmos y primicias a sus parroquias para el sostenimiento del clero, del culto en templos e iglesias, y para asistencia de los más necesitados. En muchos casos esos templos son propiedad de la Iglesia antes de que existiesen los Estados como se conocen ahora; reclamarlos ahora no tiene base histórica ni legal. Desde que comenzó la vida de la Iglesia, el pueblo ha colaborado en su sostenimiento. Han sido los fieles quienes han ayudado a su parroquia a mantener durante siglos un patrimonio que ahora algunas administraciones quieren hacer suyo, contra la voluntad de quienes lo construyeron con sus aportaciones. Un patrimonio físico y espiritual, no al servicio de unos pocos, puesto que redunda en bien de todos.

¿Qué pasa con la catedral de Córdoba? Este es un caso de los más llamativos. La Mezquita Catedral pertenece a la Iglesia desde 1236, que la ha conservado y mantenido hasta nuestros días. La absurda campaña de expropiar el monumento no tiene sentido, salvo por interés electoral y económico.

La presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz, que solicita a la Iglesia la cogestión de la Mezquita-Catedral, es incoherente pues fue su predecesor Manuel Chaves quien en un convenio de 1991, reconoció a la Iglesia como titular.

Sin duda la campaña está movida por intereses económicos. El monumento tuvo en 2014 récord de visitantes: Más de 1.434.000 de personas que la Junta no puede desaprovechar para lucrarse, aunque en los últimos 18 años no ha invertido nada en su mantenimiento.

Pero la Iglesia no está sola en esta polémica. Cuenta con el apoyo de la Unesco, que elevó la Catedral a Bien de Valor Universal Excepcional y avaló la gestión de la Iglesia. Además el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía (TSJA) salió al paso de las informaciones que referían la admisión a trámite de una denuncia por la inmatriculación. La  expropiación sería ilegal y cara, sin razones legales que la sustentasen.

Al hilo de esto, algunos han aprovechado la ocasión para arremeter, otra vez, contra la Iglesia, culpándola de “fanatismo religioso”. “Hay que reclamar más tolerancia, menos fanatismos religiosos. Que el obispado de Córdoba deje de agredir a los españoles de Al Ándalus. Es una ofensa innecesaria. Actitudes como esa son las que abonan las actitudes del odio y el fundamentalismo” (sic). Esta frase no se entiende sin una rabia inmensa contra la Iglesia y lo que representa, de su autor, el académico Cebrián.

Cuando miles de cristianos están siendo masacrados diariamente por los yihadistas, va a resultar que la culpa es del obispo de Córdoba, por ser un fanático contra la expropiación de la Catedral, hábil deducción del tal Cebrián. Pobre lumbrera.

lunes, 2 de febrero de 2015

LA OTRA MEJILLA

Andaba el Jesucristo por Galilea explicando su doctrina a los que le seguían, y les habló así: “Habéis oído que se dijo: ‘Ojo por ojo y diente por diente’. Pues yo os digo: No hagáis frente al mal; al contrario, si uno te golpea en la mejilla derecha, preséntale también la otra” (Mt, 5, 38-39). De esta forma el Señor echaba por tierra la Ley del talión, que aún es práctica común en muchos pueblos, enseñando que no hay que responder con la violencia, devolviendo mal por mal, sino renunciar a la venganza en aras de la caridad. San Pablo también escribió, “Vivid en paz con todo el mundo, no toméis la justicia por vuestra mano, dejad que sea Dios el que castigue. No os dejéis vencer por el mal, al contrario venced el mal con el bien” (Rom, 12, 18-21).

Hace algunas semanas unos yihadistas asaltaron en Paris una revista satírica e irreverente matando a doce personas, la mayoría periodistas, por publicar unas viñetas de Mahoma, ofensivas, según los asaltantes, para el profeta. La prensa calificó a los periodistas asesinados como “mártires de la libertad de expresión”, y la Europa que se dice civilizada (sic) se movilizó contra los terroristas islamistas también en defensa de la libertad de expresión y de la democracia, que es palabra sagrada. Paris reunió a más de un millón de manifestantes en torno a Jefes de Estado y de Gobierno que no quisieron perderse la foto multitudinaria.  Por el contrario ninguno de los gerifaltes europeos, y no europeos, movió un dedo ni salió a la calle cuando meses antes los yihadistas mataban a miles de cristianos en Siria o Irak por el mero hecho de no ser musulmanes, ni firman en ningún libro de condolencias cuando el grupo nigeriano de Boko Haram secuestra a niñas para esclavizarlas o por los centenares de muertos que tiene en su haber. Niñas o cristianos, apenas cuentan.

La misma revista ha publicado en ocasiones caricaturas de tono grueso contra Dios y viñetas blasfemas contra el cristianismo, ultrajando la fe de muchos millones de personas en el mundo que siguen el credo de nuestro Señor Jesucristo y mofándose de sus creencias. Nadie ni ningún organismo ha alzado la voz contra tales agravios a los cristianos, invocando la tolerancia y el buenismo bobalicón para no molestar a la dichosa libertad de expresión o la democracia. Ningún cristiano se ha alzado en armas contra esa revista ni contra cualquier otra para saldar cuentas a quemarropa, porque la ley que propone mal por mal fue derogada por Cristo. Los cristianos hemos aprendido de Él a actuar con Amor y Caridad.

El Papa Francisco ha hablado con claridad de la “injusta agresión que afecta a los cristianos” en Oriente Medio y otras zonas del mundo, urgiendo que “es necesaria una respuesta unánime en el marco del derecho internacional, que impida que se propague la violencia, restablezca la concordia y sane las profundas heridas que provocan los incesantes conflictos”.

Vamos acercándonos al Tiempo de Cuaresma camino de la Semana Santa. Después del Prendimiento, el Sumo Sacerdote Anás interrogó a Jesús y le preguntó por su doctrina. Éste contestó: “He hablado públicamente, y he enseñado en la sinagoga y en el Templo, nada he hablado en secreto, ¿por qué me preguntas? Pregunta a los que me han oído”. Apenas dijo esto uno de los siervos le dio una bofetada, diciéndole, “¿Así contestas al Sumo Sacerdote?”. Jesús no responde a la violencia con violencia, se sobrepone al instinto de devolver la bofetada. Le dijo: “Si he hablado mal, muéstrame en qué, pero si he hablado bien, ¿porque me pegas?”. Estas palabras son una forma de poner la otra mejilla. Jesús muestra su generoso espíritu de caridad y trata de hacerle comprender lo irracional de su comportamiento.

lunes, 5 de enero de 2015

LA BUENA ESTRELLA

En los primeros días del nuevo año se multiplican los buenos deseos de felicidad entre amigos y conocidos. Abundan también los deseos de un año con buena estrella que es desear suerte favorable en la vida, o sinónimo de ser afortunado.

Cuenta San Mateo que unos magos o sabios de Oriente, no dice cuantos, que pretendían ver el destino anunciado en los astros, vieron una estrella que les señaló el camino hacia Jerusalén, porque habían tenido noticias del nacimiento de un rey de los judíos para bien de todos los hombres. Al llegar a Jerusalén no se les ocurrió mejor idea que ir al astuto Herodes a preguntarle por el recién nacido. Éste, al oírlos, se inquietó por temor a perder su reino a manos de un advenedizo y convocó a los escribas y doctores para que le explicaran aquella novedad que traían los recién llegados.

Guiados por el resplandor de la buena estrella, de la que los estudiosos creen que pudo ser un cometa, los magos o sabios llegaron a donde estaba el Niño y le ofrecieron oro, incienso y mirra, unos regalos que simbolizan la dignidad del Mesías.

Este episodio dio lugar a las cabalgatas de los Reyes Magos que niños y mayores esperan con ansiedad la víspera de la fiesta de la Epifanía del Señor. En este día de regalos hay que agradecer al Niño Jesús el mayor regalo recibido de Él: la fe que guía nuestros pasos, una virtud que nos hace distinguir donde reside el bien y donde se oculta el mal. A cambio nos pide que el mejor regalo de Reyes lo hagamos con amor y generosidad, que nada tiene que ver con compromisos, obligaciones o con apariencias de lo que no se es, o no se tiene, como apunta el escritor Luis del Val en este cuentecillo:

“Se trata de un joven matrimonio compuesto por Delia y Jim. Delia quiere hacerle un buen regalo a Jim, pero sólo dispone de un dólar y 87 centavos, que a principio del  siglo pasado no es una fortuna. Pero ella, resuelta, sale de su modesto apartamento y decide vender su preciosa melena, que, sin las horquillas, le llega más abajo de la cintura. Con los veinte dólares que le dan recorre las tiendas hasta que encuentra el regalo perfecto para Jim: una cadena de platino para sujetar su reloj, un reloj de oro que perteneció a su padre, una joya que Jim no se atreve a exhibir porque lleva una correa de cuero gastada y pobre. Delia contenta por lo que ha comprado, pero asustada por la reacción de Jim cuando la vea sin su hermoso pelo, se hace unos rizos que disimulan el desastre y aguarda con una mezcla de ansiedad y miedo. Cuando regresa Jim y la mira con una expresión de estupor y sorpresa, Delia alarmada se apresura a decirle que el pelo pronto crecerá. Es entonces cuando Jim le tiende su regalo a ella. Delia lo abre y ve un maravilloso juego de peinetas de plata y carey que ella había visto en un escaparate, y que nunca pensó que pudieron ser suyas. Pero Delia, sin pelo, anima a Jim y le dice que en unos meses lucirá las bellas peinetas. Entonces se acuerda de que no le ha dado el regalo a él, y corre a poner en su mano la cadena de platino mientras le comenta que ahora podrá sacar su reloj siempre en cualquier lugar porque la cadena es tan lujosa como el reloj. Jim abraza agradecido a su esposa, y cuando ésta le anima a que coloque la cadena en el reloj, Jim le confiesa que eso es imposible porque para comprar las peinetas ha vendido su reloj”.

La comitiva de Melchor, Gaspar y Baltasar llega con personajes disfrazados de diversos pelajes que nada tienen que ver con la Epifanía del Señor, pero la buena estrella no se ha olvidado de traer regalos para hacer felices a las personas que amamos.

domingo, 21 de diciembre de 2014

CAMINO DE BELEN

Aquel año el poder establecido dictó una orden que obligaba a los vecinos a inscribirse en el padrón de su ciudad de origen, y de esta forma tener al pueblo controlado. José y Maria ya se habían desposado y, como él era oriundo de Belén, se pusieron en camino hacia esa ciudad de Judea para cumplir el famoso edicto. 

A María, ya en avanzado estado de gestación, le resultó penoso el viaje. Terminaron acomodándose en un establo y allí nació el Niño Jesús. El Mesías que vino a salvar a los humildes, compartió su misma condición desde el principio. “Ya nacido respiré el aire de todos; caí en la tierra que todos pisamos, y como todos, mi primer grito fue el llanto. En pañales y con mimo fui criado” (Del libro de la Sabiduría 7, 3-6)

Poco después del feliz nacimiento unos pastores, gente marginada, acudieron a ver a aquella criatura, el Mesías que “enaltece a los humildes” como había dicho María en el cántico del Magníficat. Los pastores quedaron sorprendidos pero corrieron a trasmitir la Buena Nueva, la misma que ha llegado a nuestros días.  

Por aquel cielo azul oscuro una estrella viajó camino de Belén. Recorrió montañas y desiertos, valles y ríos, para contemplar al Emmanuel,  al “Dios con nosotros”. Guió a unos Magos que le traían “oro e incienso y cantaban las glorias del Señor” (Is, 60-6)

Es Navidad. Las calles están llenas de gente obsesionada por comprar y gastar, donde conviven un falso júbilo y un efímero regocijo, de ida y vuelta. Cuando quedan vacías sus portales acogen a los indigentes que duermen en pesebres de cartón.  No hay ningún vestigio del porqué de esta fiesta porque falla llegar al fondo de su origen jubiloso. El “Dios con nosotros” se confunde con la bolsa atiborrada con la compra de un gran almacén, donde cabe de todo menos una simple referencia al Niño Nacido.

Es preciso una estrella que ilumine la Noche Buena, que reavive la raíz cristiana de estas fechas con cantos de villancicos que despierten la conciencia religiosa de la Navidad. Algo así como éste que dice:

“El camino que lleva a Belén/los pastorcillos quieren ver a su rey/le traen regalos en su humilde zurrón, al Redentor/El camino que lleva a Belén/nada hay mejor que yo pueda ofrecer/que un canto de amor, al Redentor”-

Hace unos días el Papa Francisco en la tradicional ofrenda a la Inmaculada en la Plaza de España de Roma, pidió la intercesión de la Santísima Virgen para “ir contracorriente en este periodo que nos conduce a la Navidad, enseñarnos a desnudarnos, a postrarnos, a descentrarnos de nosotros mismos y hacer espacio a la belleza de Dios, fuente de nuestra verdadera alegría”.

sábado, 15 de noviembre de 2014

CONCILIO SEGUNDO DE NICEA.

“Veneración de las Imágenes”

Para los cofrades sacar en Semana Santa las procesiones con las Imágenes del Señor en “los pasos” de su Pasión y Muerte y de la Virgen María en sus advocaciones que la relacionan con aquellos días de su Hijo, es una tarea con alto contenido cristiano, reflejo de nuestra fe, con toda  la prestancia que se merece, pero sin caer en la idolatría. Sin embargo en la Semana Santa la preferencia está del lado de los Cultos y de la Liturgia de esos días, -la celebración de Triduo Pascual-, donde destaca por su relevancia la Institución de la Eucaristía del Jueves Santo.

La veneración de las Imágenes representadas en pinturas y esculturas se remonta a los inicios del cristianismo, una práctica rechazada en el Imperio Bizantino que derivó en iconoclastia, o sea prohibición de representar y dar culto a las imágenes de Cristo y de los santos. Esta lucha se acentuó en tiempos del emperador bizantino León III el Isáurico, en el año 725, con edictos que prohibían el culto e incluso el uso de imágenes de Cristo, de la Virgen y de los santos. En el 727 mandó destruir la Imagen de Cristo de uno de los palacios imperiales. El pueblo se amotinó y el emperador recrudeció la persecución a los ortodoxos, que continuó con sus sucesores hasta que en el 787 la emperatriz Irene, de acuerdo con el Papa Adriano I, convocó el II Concilio de Nicea, el último concilio ecuménico aceptado por católicos y ortodoxos.
 
Al Concilio asistieron más de 300 obispos y enviados pontificios. En él fueron condenados los defensores de la herejía iconoclasta; se proclamó la licitud del culto a las imágenes, distinguiendo que se les dará veneración y respeto, por lo que representan, pero no adoración, porque solo adoramos a Dios. Desaparecida Irene, volvió la persecución con León V el Armenio y sus sucesores, hasta que en 843 la emperatriz Teodora impuso la paz definitiva. Desde entonces la Iglesia Oriental celebra anualmente la "fiesta de la ortodoxia" en recuerdo a los mártires víctimas del furor iconoclasta.
En la Semana Santa la figura central es Cristo, la excelencia absoluta, a quien se le da adoración de latría en la Hostia consagrada. En el culto cristiano también tienen importancia las imágenes de Cristo y de la Virgen a las que veneramos respetuosamente por lo que representan. Con ellas en la calle es cuando los cofrades de corazón sincero damos testimonio público de nuestra Fe, una virtud cotidiana durante todo el año.