domingo, 5 de noviembre de 2017

SER COFRADE

Ser cofrade es para siempre.
 
Empieza como afición y continúa siendo una vocación que nunca acaba. Sea hombre o mujer, ser cofrade de una Hermandad de Semana Santa, santifica. Hace apenas unos días conmemorábamos a Todos los Santos; son los que han subido al Monte Santo y no cuentan en ningún santoral pero han recibido la bendición del Señor. Entre esos muchos habría los vestidos de capirote, son los cofrades.
 
Ser cofrade imprime carácter, esto es “posee un conjunto de cualidades que lo distingue de los demás en el obrar y en llevar con dignidad su modo de ser cristiano”.
 
Hace ya varios meses se apagaron los sonidos de cornetas y tambores de la última Semana Santa, pero el cofrade –hermano o hermana- no reduce su ritmo de servicio porque está comprometido todo el año con el culto en honor y gloria a Jesús Nazareno y a la Virgen María. No es solo ser protagonista de una procesión, sino estar metido día a día en el Misterio que representan las imágenes de esa procesión en la que habrá desfilado consciente de la historia sagrada que reviven tales imágenes, mientras reza una oración a Dios por él y por los suyos.
 
Porque el cofrade sabe la historia de aquel hombre, Jesús de Nazaret que vivió hace más de dos mil años, que nos recuerda su vida y milagros, su pasión, su agonía y su muerte por nosotros. Así está escrito en el Evangelio, fuente que alienta la vocación del cofrade que vive en el amor a Dios y al prójimo. Jesús de Nazaret no es un invento de profanos; su nacimiento, su vida, sus andanzas y trágico final tuvieron lugar en la época del Imperio Romano simbolizado en Judea por Poncio Pilato, testigo de la realidad de ese Hombre a quien mandó crucificar.
 
Jesús de Nazaret tuvo amigos que vivieron con él la misión recibida de Dios Padre. Entre los más allegados, al final unos le abandonaron, otro le traicionó. ¿Llegaron a conocer lo esencial de “su Maestro”? ¿Creyeron de verdad en Él, o su fe era esponjosa? Y nosotros, cofrades con túnicas de terciopelo, portadores de tronos y estandartes, de cetros o cirios, ¿somos conscientes de la dimensión “cristiana” de nuestra vocación?
 
El Jueves y el Viernes Santo el cofrade no conmemora un día concreto, sino un hecho histórico raíz de nuestra fe, y lo hace, ¡bendito sea!, todo el tiempo de su vida desde que en cierta ocasión su camino le llevó a encontrarse con el Nazareno, se fijó en Él, y le dijo como Job “Solo te conocía de oídas, pero ahora te han visto mis ojos” (Job 42,5).

viernes, 22 de septiembre de 2017

LA PROMESA


“Prefiero la misericordia al sacrificio”. 

Desde el punto de vista religioso, una promesa es el ofrecimiento que se hace a Dios, a la Virgen o a los santos de alguna cosa que entraña un sacrificio o una obra piadosa, para obtener una gracia. Lo normal es ofrecerla por la salud, o por algún éxito personal. Es como un voto hecho por devoción, aunque Dios prefiere que la petición se haga esperando confiadamente en su misericordia.
Las personas que se comprometen a una promesa contraída como obligación, se sienten liberadas cuando la cumplen y manifiestan su agradecimiento a Dios o a la Virgen por la gracia concedida. Es el caso de la madre sufriente por la enfermedad grave del hijo que promete a la Virgen subir andando a su ermita si le ayuda a salvar al muchacho del peligro. Una penitencia autoimpuesta para obtener un beneficio puramente humano, completada con una oración a los pies de la Virgen.

Pasó el tiempo y la madre encontró la ocasión de cumplir su promesa peregrinando a la ermita de la Virgen de su devoción la noche anterior a su festividad. Era un rito  ancestral con siglos de historia: había que subir dieciocho kilómetros por senderos abruptos cuyo tramo final es una rampa empinada en la ladera del monte en cuya cima se asienta la ermita de la Virgen que ampara a los Desamparados.

La peregrinación comenzó en la medianoche de la víspera. Ella se adhirió a un grupo de confianza. El itinerario, el recomendado, serpenteaba por una rambla de cauce erosionado por las aguas bravías de las torrenteras, salpicado de piedras y arena que dificultaba el firme apoyo del pie ocasionando un esfuerzo desmedido.  

Una vez acomodado el ritmo, los peregrinos agotaban las horas confortados por una  franca camaradería que hacía más llevadera la pertinaz subida. Sonidos y silencios se alternaban en la oscuridad del cielo donde la luna se hizo dueña de la noche. Entre ellos intercambiaron un reguero de secretas confidencias que solo Dios sabe.

Al cabo de cuatro horas se tomaron un descanso reconstituyente que renovó todas  las energías corporales y espirituales. Soplaba una ligera brisa que dio alas a la moral de la marcha. Cumplir la promesa quedaba a tiro de las próximas horas y el sacrificio merecía la pena. “Dios aprieta pero no ahoga”.

Llegó la cuesta final y se hizo patente la virtud de la constancia. Fortaleza de cuerpo y alma se aunaron hasta alcanzar la puerta de la ermita, pórtico de creyentes que confían en los dones gratuitos que otorga Dios por su eterna bondad y misericordia. La madre había cumplido su promesa y su rostro mostraba feliz y satisfecha por el compromiso contraído y completado, mientras agradecía el favor recibido con una oración a la Madre de los Desamparados. “La Virgen es pequeñita, preciosa, celeste joya, en actitud de elevarse, amor arriba, a la gloria” (J. Berbel, 1973)

El sacrificio no está reñido con la doctrina de Jesucristo, pero a Dios se le encuentra antes con «Amor y conocimiento de Dios, no con holocaustos» (Os. 6,6) Cristo dejó dicho «Misericordia quiero y no sacrificio» (Mt, 9,13) es decir, no se aspira a la santidad solo con las apariencias y ritos externos sin atender la caridad para con el prójimo que es lo más agradable a Dios. Para seguirle a tope, Cristo lanzó esta sentencia: «El que quiera venir en pos de mi, tome su cruz y sígame» (Lc. 9,23), esto es, sé mi discípulo con todas sus consecuencias, por convicción, renunciando a la ambición y al prestigio mundano.  

martes, 30 de mayo de 2017

MAGNA MARIANA REINA DE ALBOX


La tarde lució con la luz templada de una primavera reluciente bajo un cielo ingrávido de azul que miraba la singular hermosura de seis venerables imágenes de la Virgen María. La procesión, distinguida como Magna Mariana, se abrió paso por calles y plazas de un pueblo que tiene grabada en su conciencia la gran devoción que profesa a la Virgen del Saliente, su Reina y Patrona, en un  Año de Júbilo, el del III Centenario de su llegada al Santuario que la cobija. Fue el 27 de mayo de 2017, un mes que la piedad popular dedica desde tiempo inmemorial a la Virgen María.
 
Las Parroquias y Cofradías albojenses tomaron la iniciativa de otorgar todo el protagonismo a la figura de la Virgen María, ofreciendo a la religiosidad popular la ocasión de acrecentar su piadoso afecto a la Reina de Albox, la Santísima Virgen del Saliente, cuya realidad virtual quedó reflejada en las seis Sagradas Imágenes de otras tantas advocaciones Marianas ensalzadas por la fe de sus leales devotos.
 
La Magna Mariana tuvo el atractivo de una gran fiesta religiosa para gloriarse en  seis imágenes que exhibieron con señorío sus benditas advocaciones. El cortejo lo encabezó la Virgen de la Esperanza, de la Cofradía de las Angustias; seguida de María Santísima de la Redención, de la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno; a continuación la Divina Pastora de las Almas, del anejo de La Aljambra; Nuestra Señora del Carmen, de la Iglesia Parroquial del Llano de los Olleres; Nuestra Señora de los Dolores, de la Cofradía de la Virgen de los Dolores, y la Virgen de la Soledad, de la Cofradía de san Juan Evangelista. Cada imagen iba escoltada por sus cofrades, o sus fieles con el orden y la compostura apropiados a la ocasión. La sintonía musical estuvo a cargo de la Banda de Música de Fines, la Banda Municipal de Música de Albox y  la Agrupación Musical Cristo de las Aguas de Olula del Río.
 
Las advocaciones se identificaron con referencias afines a la Virgen María.
 
Primera advocación. Virgen de la Esperanza. La Esperanza es la segunda virtud teologal por la que esperamos a Dios como Bien Supremo, confiando alcanzar la felicidad eterna. En el año litúrgico el Adviento es tiempo de “esperanza” en el Mesías prometido, y en Semana Santa, al caer las tinieblas sobre el Gólgota, un destello de esperanza zigzaguea ante la cruz vacía, rotas las ataduras de la muerte.
 
Segunda Advocación. María Santísima de la Redención. El plan divino de la salvación, -señala la Redemptoris Mater- abarca a todos los hombres, pero reserva un lugar reservado a la Virgen María. Cristo, el Redentor, nos redimió del pecado en su Pasión, Muerte y Resurrección. La Virgen María fue corredentora al pie de la Cruz y es corredentora ahora en las almas de todos los que la invocan filialmente.
 
Tercera Advocación. Divina Pastora de las Almas. La Virgen María es Pastora de Almas descarriadas que acoge a los desterrados hijos de Eva. Fue en la noche del 15 de Agosto de 1703 cuando la Santísima Virgen se apareció con aspecto de pastora a Isidoro de Sevilla y le mandó a predicar la devoción a ella bajo este título. La devoción y culto a la Divina Pastora fue extendida por los Capuchinos.
 
Cuarta Advocación. Nuestra Señora del Carmen. En un alto promontorio de la costa del Mediterráneo cerca de Galilea llamado Monte Carmelo estuvo Elías el profeta, en el siglo IX a. de C. defendiendo la fe en el Dios único y verdadero. En él unos devotos vivieron en comunidad orando a la Virgen y de ahí surgió la Orden de los Carmelitas, que invocaban a María con el nombre Nuestra Señora del Carmen.
 
Quinta Advocación. Nuestra Señora de los Dolores. “Una espada te atravesará el alma” le dijo el anciano Simeón en el Templo. Siete puñales clavados, siete dolores que traspasaron el corazón de la Madre de Cristo. Jesús tuvo una primera caída y su Madre, que ansiaba verlo se acercó y lo vio vacilante. Él se percató y le dirigió una fugaz mirada. Ella se conmovió profundamente.
 
Sexta Advocación. La Virgen de la Soledad. El manto de la noche envuelve toda la tierra. Va la Virgen en la cautela de las sombras confiando en lo que dijo Isaías (53,11): “Después de las penas de su alma, verá la luz”. Atrás quedó el monte Calvario; todo está cumplido y redimido. Al tercer día llegará el mañana, será la Pascua, florida y hermosa, y la Virgen ya no estará sola.
 
La procesión salió a las 7 de la tarde de la Iglesia Parroquial de Santa María en la Plaza Mayor, para seguir por calle Escritor Diego Granados, plaza de Los Luceros, calle Médico don José Antonio García Ramos y avenida Pío XII. Al llegar a plaza Nueva las Imágenes hicieron estación ante una tribuna donde el Párroco de Santa María Don Rafael Zurita Jiménez y otros sacerdotes glosaron las virtudes de la Virgen, se rezaron misterios y letanías del Rosario y los Coros Parroquiales de Santa María y de la Concepción entonaron fervorosos cánticos a cada una de las advocaciones, sin que faltaran alusiones a la Virgen del Saliente.
 
Al filo del ocaso, el crepúsculo vespertino dibujó hacia el norte el contorno curvilíneo de la Sierra de las Estancias, un panorama de luces y sombras visible desde la avenida Puente por donde continuó la procesión para entrar en el Barrio de la Loma y seguir por calle Ancha, Salitre, Estación, plaza de los Dolores, calle Concepción, plaza san Francisco hasta la Iglesia Parroquial de la Concepción.
 
Muchos albojenses vivieron cuatro horas inolvidables en una jornada memorable acompañando a la Imagen de la Virgen preferida. Se rezó, se cantó y se vitoreó a la Reina del Cielo y, una vez más, irrumpió con fuerza la semilla de la devoción a la Madre de Dios, la Virgen que vela e ilumina las almas de sus hijos predilectos en el monte del Saliente.
 
La Magna Mariana constituyó uno de los hitos del Jubileo del Saliente que permanecerá en pie hasta el ocho de septiembre de 2017 cuando se clausure la Puerta Santa del Santuario.

martes, 11 de abril de 2017

BARRABASADA Y OTROS DICHOS.


El término “barrabasada” apunta a disparate, travesura, o a significado de acción que produce gran daño o perjuicio, despropósito o desatino. Es acción propia de malhechores y se asocia a Barrabás, el preso que liberó Pilato en el juicio a Jesús de Nazaret. Esta palabra, como otras, tiene su origen en hechos relacionados con la Semana Santa, la fiesta cristiana por excelencia, que nutre el lenguaje cotidiano de términos o giros habituales de clara procedencia religiosa. Autores como el profesor de Filología Clásica de la Universidad Autónoma de Madrid Javier del Hoyo, han descubierto y editado el uso que se hace de estas palabras o expresiones, tan familiares en el vocabulario castellano.  

Los episodios que evocan la Semana Santa son un semillero de estas frases que con suma naturalidad se oyen en boca de todos. Así “Eres más falso que Judas”, nace del traidor Judas que vendió a Jesús a pesar de ser uno de los suyos. Más tarde, tras el prendimiento, el Sumo Sacerdote Caifás rasgó sus vestiduras escandalizado cuando oyó a Jesús decir que era Hijo de Dios. Rasgarse las vestiduras”, es señal de indignación o escándalo, frase que cambiada a “no hay que rasgarse las vestiduras”, significa que no se debe exagerar o dramatizar ante un hecho que no lo merece. 

Lavarse las manos. Una vez preso, llevaron a Jesús al inseguro Poncio Pilato que lo interrogó, pero temeroso del alboroto de los judíos y no queriendo asumir responsabilidades, “se lavó las manos”, dicho que ha quedado como sinónimo de salirse de los problemas para no complicarse la vida. Luego, tras la flagelación, Pilato presentó a Jesús en estado lastimoso y dijo aquello de “Ecce homo”, frase común puesta en boca de cualquier madre que le dice al hijo “Vienes hecho un Ecce homo”, cuando llega a casa herido y descalabrado.

El relato de la Pasión sigue con Jesús cargado con la cruz al que ayudó un tal Simón natural de Cirene. “Ser un cirineo” se aplica a la persona que ayuda a otra en un trabajo ingrato por encontrarse en el sitio justo y en el momento adecuado.
La frase “pasar por un calvario” o “pasar un viacrucis” se relaciona cuando se sufren adversidades y pesadumbres, y recuerda el penoso recorrido de Jesús hasta el monte donde fue crucificado. También de aquí surge la palabra “verónica” aplicada al lance del toreo por la forma que el diestro agarra el capote, similar a la de Serafia, más conocida como Verónica, la mujer que enjugó la cara de Jesús con un paño en el que quedó impreso su rostro.  

El Calvario. Llevar (o traer) por la calle de la amargura” es hacer pasar a alguien por una situación angustiosa prolongada, y se refiere a la calle por la que fue conducido Jesús con la cruz a cuestas. A la cima del Calvario acudieron la Virgen María, María la de Cleofás y María Magdalena, “las tres Marías” otro dicho con varias usanzas. De ellas, a María Magdalena, natural de Magdala, se la tiene por llorona porque se identifica –no está claro- con la que enjugó con sus lágrimas los pies de Jesús mientras comía en casa de un fariseo, y de ahí la frase “llora como una magdalena”. El “para más inri”, que tiene su origen en el titulo de la condena de Jesús, el “inri”, es otra expresión coloquial que se refiere a una burla o escarnio más allá de lo permisivo, o para resaltar la mala suerte o la desgracia que se ceba con alguien.

Otros. “Tonto de capirote”, puede deberse al nazareno que parece desorientado por la poca visión que le permite el capirote. La exclamación “¡Por los clavos de Cristo!” ha quedado como expresión de sorpresa o incredulidad, con origen en el episodio del Calvario. Estás “más alegre que unas pascuas” sale de la alegría de la Pascua de Resurrección, final de Semana Santa.

De otro pasaje de la Biblia es “El que esté libre de pecado que tire la primera piedra” que dijo Jesús cuando le llevaron una mujer acusada de adulterio, y que enseña a no acusar o criticar a los demás cuando quizá los demás han hecho lo mismo.

Hoy se entiende por “año sabático” el tiempo que una persona decide dedicarlo a sus intereses personales y a su disfrute personal. Esta expresión nace del Levítico (25, 1-7). Dios bendijo el sábado, lo santificó y lo habló a Moisés en el Sinaí: “Di a los israelitas: Cuando hayáis entrado en la tierra que os voy a dar, la tierra gozará de su descanso en honor al Señor. Durante seis años sembrarás tu campo, podarás tu viña y vendimiarás sus frutos; pero el séptimo año será de completo descanso para la tierra, un año en honor del Señor: será un año de descanso absoluta para la tierra”. Ese año de descanso se conoce como año sabático.

miércoles, 22 de marzo de 2017

EMILIA FERNANDEZ, LA CANASTERA.


Entre los 115 mártires beatificados el 25 de marzo de 2017 en Aguadulce (Almería) hay una mujer, Emilia Fernández Rodríguez, conocida como “La canastera” condenada por no desvelar quien le había enseñado a rezar el rosario.
 
Nació en Tíjola (Almería) el 13 de abril de 1914 y sus padres, ambos gitanos, la llevaron a bautizar en la Iglesia local de Santa María. Siguiendo las costumbres de su raza le enseñaron a confeccionar canastos de esparto para ganarse el sustento y de ahí le vino el mote.
 
Se enamoró de otro gitano, Juan Cortés Cortés, pero no pudieron casarse hasta principios de 1938 debido a la persecución religiosa. Pronto se quedó embarazada, y para librar al marido de ir a la guerra untó sus ojos con sulfato fingiendo que era ciego. Pero detuvieron a los dos y ella, a pesar de su estado, ingresó en la prisión de mujeres de Gachas Colorás en Almería el 21 de junio de 1938. Fue juzgada y condenada a seis años de prisión el ocho de julio.
 
En la cárcel algunas presas le ayudaban y descubrió que rezaban el rosario a escondidas. Les pidió que le enseñaran a hacerlo; Dolores del Olmo fue su catequista y con ella aprendió otras oraciones como Padrenuestro, el Ave María y el Gloria. Esto fue advertido por la directora de la prisión y le prometió favorecerla si denunciaba a sus catequistas. Se negó, fue aislada en una celda y ahí empezó su martirio a pesar del embarazo.
 
Su compañera de prisión, María de los Ángeles Roda, contaba: «Recuerdo la figura de Emilia, aquella gitana de ojos negros y muy grandes, alta, con el pelo tirante y un moño en la nuca, que nos llamaba poderosamente la atención por su estado de gestación, ya que allí estaban todas muy delgadas por la falta de comida. Amable, hablaba bajito, era además muy respetuosa y religiosa».
 
En la celda dio a luz a una niña en la madrugada del 13 de enero de 1939 sin asistencia médica solo ayudada por las reclusas. A la niña la llamaron Ángeles y se sospecha que fue dada en adopción y nunca más se supo de ella. Como el estado de Emilia era de gravedad fue llevada al hospital, pero murió a causa de una infección en el parto y de bronconeumonía. Fue enterrada en una fosa común del cementerio municipal de Almería.
 
Sobre ella escribe el presbítero Gallego Fábrega: «En la mañana del día 25 de enero de 1939 acabó el martirio de la guapa gitanilla de veintitrés años, que murió abandonada y sola, pero sin denunciar a su catequista, a pesar de todas las presiones a que estuvo sometida».

“La Iglesia no considera mártir sólo a quien fue asesinado por vivir su fe, sino a quien, como Emilia, fue castigada dejándola morir”, afirmaba el delegado episcopal para las Causas de los Santos José Juan Alarcón. Emilia forma parte de otros 114 mártires (95 sacerdotes y 20 seglares), entre ellos, José Álvarez-Benavides, que fuera deán de la catedral de Almería, por sufrir persecución religiosa durante la Guerra Civil española.
 
Emilia Fernández es la primera gitana mártir, pero no la primera persona de dicha etnia  beatificada. Le precede Ceferino Giménez Malla, ‘el Pelé’, que dio su vida en Barbastro (Huesca) el 8 de agosto de 1936 y fue beatificado por san Juan Pablo II el 4 de mayo de 1997. El beato Ceferino defendió a un sacerdote que iba a ser arrestado y por ello le llevaron a la cárcel, donde nunca abandonó la oración y fue fusilado mientras estrechaba el rosario en sus manos.

miércoles, 11 de enero de 2017

VENERABLE TRADICION

Una mujer vestida de sol...

     Año Jubilar. Para todo el Valle del Almanzora y la Comarca de los Vélez, en la provincia de Almería; para los pueblos limítrofes del lado oeste de la región murciana, y para los lindantes asentados al este de las tierras granadinas, en el recién estrenado 2017 tiene acomodo un Año Jubilar, un don de Dios por la gracia de la Sagrada Imagen de la Bienaventurada Virgen Maria en su advocación de Nuestra Señora de los Desamparados y del Buen Retiro del Saliente, en la conmemoración de su tricentenario. Un Año Jubilar, que empezó el 8 de septiembre de 2016, festividad de la Natividad de la Virgen, y concluirá el 8 de septiembre de 2017, fiesta de la Virgen del Saliente, del que quedan nueve meses para quienes entren por la Puerta Santa del Santuario puedan obtener las gracias del Jubileo. Es una prórroga de la intercesión y el auxilio de la Santísima Virgen María que servirá para retomar la renovación de la vida cristiana iniciada en el Año de la Misericordia.

La tradición. Según la tradición, esta visión del Apocalipsis, «Un gran signo apareció en el cielo: una mujer vestida de sol, y la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas sobre su cabeza; y está encinta […] Y apareció otro signo en el cielo: un gran dragón rojo […] Y el dragón se puso en pie ante la mujer que iba a dar a luz, para devorar a su hijo cuando lo diera a luz. Y dio a luz un hijo  varón, el que ha de pastorear a todas las naciones con vara de hierro, y fue arrebatado su hijo junto a Dios y junto a su trono» (Apocalipsis 12, 1-5), fue la que contempló el pastorcillo Lázaro de Martos en las postrimerías del siglo XVII en el paraje de los Dientes de la Vieja del monte Roel, y por la que de pastor de cabras se tornó en pastor de almas.

Decidido a honrar a la Madre de Dios en el lugar donde tuvo la visión, intentó por todas partes tener una imagen como la recordaba. De camino hacia Granada para buscarla pernoctó en una venta de Guadix y comunicó sus pesquisas a un misterioso clérigo. Este le hizo depositario de una reducida imagen semejante a la de su aparición, que la llevó al monte Roel y alzó una sencilla ermita. Era el año 1716.

Aquella imagen pronto despertó tan intenso fervor, que urgió dedicarle un templo digno de su grandeza. Los albojenses acudieron al Prelado don Claudio Sanz y Torres, quien afirmó haber recibido una fuerte suma de dinero de un marinero que había hecho un voto a la Virgen por librarlo de una gran tormenta. Con ese gran donativo se construyó el Santuario de Nuestra Señora de los Desamparados del Buen Retiro del Saliente.

Desde el principio, la protección de la Virgen del Saliente no fue solo privilegio de los albojenses pues se extendió más allá del valle del Almanzora por todas las comarcas y lugares donde sus fieles suplicaban ser mirados por sus ojos de misericordia.

Al cumplirse los trescientos años de aquella primitiva ermita, la Virgen del Apocalipsis nos  llama a peregrinar al Saliente para que el Jubileo nos conduzca a la civilización del amor.

Historia. En 1681 don Juan de Alcaina y de Martos, descendiente de los primeros repobladores llegados a Albox tras la Reconquista, fundó una capellanía en el Saliente. En 1712, el obispo fray Manuel de Santo Tomás autorizó la construcción de una ermita en ese paraje y será cuatro años después, en 1716, cuando se concluya.

Desde ese momento, la devoción a la Santísima Virgen del Saliente creció y rebasó los límites albojenses. Se quedó pequeña la primitiva ermita y se trató de alzar un santuario a la Madre de Dios. En ello se empeñaron los feligreses de Albox, Oria y Vélez Rubio, pero la pertinaz sequía hizo retirarse a las dos últimas poblaciones. Los albojenses con su cura, don Domingo Oller, solicitaron ayuda al obispo don Claudio Sanz y Torres, quien en marzo de 1762 envió el dinero para acometer la gran obra, como queda dicho.

Mucho después, el obispo don José María Orberá y Carrión convocó con Carta Pastoral la primera peregrinación al Santuario el 29 de septiembre de 1878. El Prelado invitaba a peregrinar a: «postrarnos para pedir a la Madre de los Desamparados, que ampare a la Iglesia, a todos vosotros y socorra vuestras necesidades espirituales y corporales»

Desde entonces los obispos almerienses han llevado a cabo mejoras en el Santuario, han  favorecido las peregrinaciones y la obtención de indulgencias. Los varios intentos para la coronación canónica de la Sagrada Imagen dieron su fruto siendo obispo de la Diocesis, don Manuel Casares Hervás, merced al impulso de los rectores don Antonio Rueda Moreno y don Pedro María Fernández Ortega tras una intensa restauración del Santuario, cuyo colofón fue la Coronación Pontificia concedida por san Juan Pablo II el 24 de noviembre de 1987. La solemne ceremonia se celebró en Albox el 7 de agosto de 1988, presidida por el nuncio papal don Mario Tagliaferri acompañado por los arzobispos de Granada y el titular de Emérita Augusta, así como los obispos de Almería y de Guadix. Fue el mayor día de júbilo público que recogen las crónicas albojenses.

Epílogo. De nuevo el Santuario del Saliente se convierte en «meta de tantos peregrinos que, con frecuencia en los lugares santos como este, son tocados en el corazón por la gracia para encontrar el camino de la conversión». A solicitud del Obispo de Almería don Adolfo González Montes, la Penitenciaría Apostólica concedió este Año Jubilar, que colma una aspiración por ser la sagrada imagen de la Virgen de los Desamparados del Saliente una advocación amadísima por los fieles, y su Santuario centro de peregrinación permanente a lo largo del año al que acuden quienes desean invocar y alabar a la Madre de Dios para suplicar la concesión de sus gracias.

jueves, 8 de diciembre de 2016

EL SEÑOR HA HECHO MARAVILLAS.

María y la naturaleza.

La Solemnidad de la Inmaculada, la Purísima en lenguaje común, la bendita entre todas las mujeres, nos lleva a la presencia viva de María, la mujer que halló gracia a los ojos de Dios; la que en Ella Dios manifestó su victoria.

“El Señor ha hecho maravillas”, canta el Salmo de la liturgia del día, el 97, no solo en María, también la naturaleza tiene un lugar destacado en ese quehacer divino. “Aclamad al Señor toda la tierra...”, las montañas y laderas, los campos y las estepas, los mares y los ríos están gobernados por el Señor. Toda la naturaleza se rige por sus leyes.

Entre mayo, junio y parte de julio se recogen las cosechas de trigo o cebada sembrados meses antes. Es cuando llega el momento de ver que el grano germinó, señal de que cayó en tierra buena, y produce fruto generoso, espigas plenas de vida. Durante meses la naturaleza ha cumplido un rito secular rubricado por la Providencia: Recibió la semilla caída, “Salió un sembrador a sembrar...”-dice la parábola-, la cobijó en sus entrañas, vino la lluvia, agua del cielo que roció el campo antes surcado de un pardo mohíno, para luego tornarse en alfombra verdeante de primavera a la par que brotaron los primeros tallos, hijuelos nacidos de la madre tierra. Con los primeros calores el verdor mutó a un amarillo chillón y las espigas, dobladas por el peso del grano, anunciaban su pleno florecimiento. El sol avisó de que ya estaban en sazón y de que era llegada la hora para la siega.

En otros tiempos los labradores segaban a mano sin otra herramienta que una hoz. Cortaban los tallos erguidos a ras del suelo y los iban dejando a un lado para que otros formaran las gavillas que llevaban a la era para la trilla. Era un trabajo duro de hombres y mujeres trabajando codo con codo de sol a sol, con breves descansos para beber agua o echar un bocado para reponer fuerzas. Una faena mal pagada y poco agradecida a pesar de que nos aviaban el pan nuestro de cada día.  

Las gavillas se esparcían en la era y el trillo de ruedas o de cuchillas de acero, tirado por una mula, cortaba la paja y separaba el grano. Una vez desgranadas las espigas se aventaban para completar la segregación del grano de la paja. El grano se llevaba al granero y el balago se recogía para comida y cama de animales.

Hoy el campo está mecanizado. Entre octubre y diciembre, según los sitios, tiene lugar la sementera. Lo que antes hacía el labrador con un arado tirado por una bestia, ahora una máquina abre los surcos donde deposita la semilla, mientras otra los va cerrando hasta dejar toda la tierra sembrada. Empieza así un ciclo que dura hasta mayo o junio, según que la zona sea más templada o más fría, en que llega la hora de recoger la cosecha. El labrador, que aún conserva la hoz como útil decorativo, sube a otra máquina y recorre todo el campo con idas y vueltas mientras siega, separa el grano de la paja, lo vierte en un vehículo auxiliar, y deja el residuo de las cañas y la paja segadas esparcidas sobre la tierra. La faena ha tenido por testigo unos majestuosos  pinos carrascos que con su alta copa dominan el llano. El campo así queda en rastrojo, rodeado de olivos y almendros. Este trasiego a máquina dura días, calurosos sí, pero sin los sudores de antaño. Después otra máquina recoge todo el resto de cañas y paja tras la recolección y lo empaca, dispuesto para la venta a particulares o a cooperativas para pienso de animales. Año tras año el ciclo se repite.

Pero el campo necesita descanso. La naturaleza necesita descansar de tiempo en tiempo para recuperar los atributos naturales con que Dios la dotó en la Creación. Dios había dicho: “Produzca la tierra vegetación: plantas con semilla de su especie y árboles frutales que den sobre la tierra frutos que contengan la semilla de su especie”. (Gen 1,11).  Así fue y sigue siendo.

Mucho más tarde Dios habló a Moisés en el Sinaí (Lev. 25, 1-7): “Di a los israelitas: Cuando hayáis entrado en la tierra que os voy a dar, la tierra gozará de su descanso en honor al Señor. Durante seis años sembrarás tu campo, podarás tu viña y vendimiarás sus frutos; pero el séptimo año será de completo descanso para la tierra, un año en honor del Señor: no sembrarás tu campo, no podarás tu viña, no segarás las mieses que hayan crecido espontáneamente ni vendimiarás tus viñas no cultivadas: será un año de descanso absoluto para la tierra. Lo que produzca la tierra durante su descanso os servirá de comida a ti, a tu siervo y a tu sierva, a tu jornalero y al extranjero residente, a los que viven contigo. Los productos de la tierra servirán igualmente de comida a tus ganados y a las bestias”.  Ese año de descanso se conoce como año sabático.

Los labradores, de ahora y de siempre, dejan la tierra descansar, arada pero sin sembrar para que se fertilice. En este estado la tierra se mantiene en barbecho.
 

viernes, 4 de noviembre de 2016

SIERVO DE DIOS

Ocho siglos antes de la primera venida de Jesucristo, Isaías, un modelo de  hombre religioso, histórico de los tiempos de los reyes de Judá Ozias, Jotán, Ajaz y Ezequías, profetizaba sobre el conocimiento del Señor, el santo de Israel como él lo llama. Su vocación profética, que ejerció durante cuarenta años, la recibió en el Templo de Jerusalén donde tuvo la revelación de la trascendencia de Dios. 

El libro de Isaías contiene cuatro Cánticos del Siervo de Dios, un término que emplea en muchos pasajes para referirse a un personaje que carga con los pecados del pueblo, y que los primeros cristianos identificaron con Jesús de Nazaret. En el primer Cántico el Siervo es presentado como elegido por Dios. «Mirad a mi Siervo, a quien sostengo; mi elegido, en quien me complazco. He puesto mi espíritu sobre él, manifestará la justicia a las naciones». (Is. 42, 1)

En el segundo Cántico predice la misión del Siervo como luz que trae la salvación de todas las gentes.  «Te pongo como luz de la naciones para que mi salvación alcance hasta los confines de la tierra». (Is. 49,6). En el tercero invita a tener confianza en Dios: «El que de vosotros teme al Señor y escucha la voz de su Siervo, aunque camine en tinieblas, sin ninguna claridad, que confíe en el nombre del Señor y se apoye en su Dios». (Is. 50,11).

En el cuarto Cántico anuncia el destino del Siervo, la pasión de Cristo: la detención, la humillación, las bofetadas, los salivazos, el juicio injusto, la flagelación, la coronación de espinas, el camino del Calvario, la crucifixión y la agonía. «Despreciado y evitado de los hombres, varón de dolores, acostumbrado a sufrimientos, ante el cual se ocultaban los rostros, fue despreciado y desestimado. Soportó nuestros sufrimientos y aguantó nuestros dolores, mientras nosotros lo creíamos azotado, herido de Dios y humillado. Fue traspasado por nuestras culpas, triturado por nuestras iniquidades. Nuestro castigo cayó sobre él, aguantó y sus cicatrices nos curaron». (Is. 53, 3-5).

Por la Cruz de los padecimientos de Jesús Nazareno, llegamos a Dios ayudados por la gracia de su misericordia. Los alejados de Dios por el mal, se acercan a Él por el bien de la Redención. Del camino del Calvario con la Cruz sobre el hombro, brotaron ríos de vida que desembocan en la Resurrección y la Vida Eterna.

POST DATA. Cada viernes Santo en la penumbra del anochecer sale Jesús Nazareno con la cruz a cuestas. Año tras año su Imagen severa nos dicta desde lo alto del trono la lección magistral de su Pasión. No pronuncia palabras elocuentes, solo con el gesto de su mirada toca el alma de los albojenses que acuden a los lugares por donde pasa. Ahora, en este otoño seco y desabrido volverá a hurgar en la fibra de nuestros mejores sentimientos al verlo por las calles y plazas de nuestro pueblo de Albox. Será el 19 de noviembre.

sábado, 3 de septiembre de 2016

EL DON DE LA MISERICORDIA

Cuando por circunstancias de la vida surgen conflictos que deterioran las relaciones entre padres e hijos, pero logran hacerles frente con la fuerza de un sentimiento natural, de ternura, de indulgencia y de perdón, no hay duda de que ambos poseen la gracia del preciado don de la misericordia.

La parábola del hijo prodigo (Lc. 15,11-32) enseña como un padre supera el rechazo a un hijo vicioso y holgazán con rasgos de misericordia. La conducta del padre revela el amor que tiene al hijo, a quien no había olvidado aún estando tan lejos. El hijo se postra ante el padre en señal de arrepentimiento, “He pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo”, le dice. El padre no le deja terminar la frase porque es tanta su alegría que pronto dispone una fiesta. Los dos se han perdonado, se abrazan y juntos entran en la casa.

La parábola ofrece una gran enseñanza para nosotros. El perdón de las ofensas proviene del amor misericordioso, que para los cristianos es una obligación imprescindible. Aunque muchas veces es difícil perdonar, sin embargo con el perdón alcanzamos la serenidad del corazón. Dejar caer el rencor, la rabia, la violencia y la venganza son condiciones necesarias para vivir felices. Sigamos el consejo de San Pablo «Si os indignáis, no pequéis y que vuestra indignación cese antes de que se ponga el sol» (Ef. 4,26)

Aprovechemos que el Año Jubilar de la Misericordia abre las puertas a la Reconciliación: Dios perdona los pecados y concede la gracia de la Indulgencia que borra todas sus huellas. El amor de Dios alcanza al pecador perdonado y lo libera de todo residuo. Para ello hay que cruzar la Puerta Santa abierta en catedrales, iglesias o santuarios.

Viernes Santo: Jesús Nazareno pasa cargado con la cruz al hombro con la mirada puesta en los alejados de Dios. De su rostro brota la fuerza de su misericordia que consuela con el perdón. Unos metros más atrás María Santísima de la Redención atestigua que la misericordia de su Hijo no conoce límites. Éste desde la cruz pidió al Padre el perdón para todos sin exclusión y Ella proclama a todo el mundo la grandeza de su misericordia.

Con el salmo Miserere sigamos invocando a Dios el don de la misericordia:

“Oh Dios, crea en mí un corazón puro,/renuévame por dentro con espíritu firme.
No me arrojes lejos de tu rostro,/ no me quites tu santo espíritu

Devuélveme la alegría de tu salvación,/ afiánzame con espíritu generoso”.

lunes, 16 de mayo de 2016

LOS MAS COMPETENTES

Ahora que se habla tanto de Cervantes –se cumplen 400 años de su muerte- por ser la gran figura de la literatura española, habría que esforzarse en desterrar el cutrerio reinante y poner en valor la Cultura con mayúscula, que por ser como el alma de una nación, sin ella, ésta queda abocada a una situación de franca decadencia. Hay que fertilizar el gran bancal de la cultura española empezando por educar mucho mejor a las nuevas generaciones que al paso que vamos no van a saber quién era Cervantes. 

Se ha estado educando –y se sigue- en la indolencia intelectual, en la ley del mínimo esfuerzo, en el desprecio a la transcendencia y en la irrelevancia de la moral, todo ello con el señuelo de la libertad, hasta llegar a caer en la falta de fe y del conocimiento, además de en la incapacidad para auparse en las dificultades más elementales.

Con esta perspectiva habrá que trabajar empezando por reconstruir el humanismo cristiano como referencia cultural que nos ofrece el progreso del saber y la madurez de la civilización. Dice el Libro de los libros que el “principio de la sabiduría es el temor de Dios”, pero solo los insensatos desprecian la sabiduría y la enseñanza.

Estamos a unas semanas de unas nuevas elecciones, consecuencia directa de la insolvencia cultural y política demostrada por unos personajes más atentos a su ego que al bien común de los demás. Han dado un ejemplo claro de la debilidad de sus principios básicos en el arte de la convivencia, porque, aparte de ser ignorantes, carecen de agarraderas solidas en la fe y en la ética más elemental. Por lo que hemos visto en los últimos meses, su capacidad de gobernar deja mucho que desear. Alguno de los que han destacado, ¿sería capaz de ofrecer soluciones a los problemas derivados de la falta de moral de nuestro tiempo? ¿Sería capaz de esbozar un programa de recuperación de la Cultura con mayúsculas? ¿Sería capaz de ordenar una justa distribución de la riqueza (no de boquilla) en sintonía con el amor al prójimo? ¿Sería capaz, en suma, de basar su gobierno en las obras de misericordia?

Visto lo visto, los votantes tenemos el deber de sopesar la calidad del voto, si es que votamos y no nos quedamos en casa, para, a tenor de lo dicho, otorgarlo a la opción  cuya ideología se asiente en el Humanismo Cristiano, en la Democracia y en la Libertad, -todo con mayúsculas- sin mas Ley que cumplir y hacer cumplir los Derechos Humanos tantas veces conculcados. Siempre respetuosos con las opciones no elegidas. Ir a votar dejándose llevar por la palabrería, los insultos, las formas groseras y los ademanes teatrales o televisivos de los aspirantes, es contribuir a una adulteración de la política; una profesión muy devaluada que puede llegar a ser muy respetada y beneficiosa para todos si elegimos para ejercerla a los más competentes.

jueves, 24 de marzo de 2016

LAVATORIO

Hoy es Jueves Santo.

Desde tiempo inmemorial durante cinco días en la frontera de la Semana de Pasión y la Semana Santa, la Cofradía de los moraos de Albox rinde honor y adoración a la figura de Jesús Nazareno, su Santo Patrono. Para ello celebra un Quinario, ya tradicional, en el que se glosan las enseñanzas evangélicas que nos legó nuestro Señor Jesucristo. El Ejercicio del Quinario de 2016 ha estado dedicado a las Obras de Misericordia, un tema muy acorde con el Jubileo de la Misericordia impulsado por el Papa Francisco.

Mas reciente en el tiempo es la procesión de la Imagen de Jesús Nazareno ceñido con una toalla que en los años 40, 60 y 80 del siglo XX salía el Jueves Santo y que desde 2011 se recuperó para el Martes Santo tras lustros perdida en el recuerdo. La Imagen representa el lavatorio de los pies de los discípulos.

En tiempos de Jesucristo al llegar los invitados a una casa, el dueño mandaba a sus siervos lavar los pies de los recién llegados en señal de hospitalidad. En cierta ocasión un fariseo invitó a Jesús a comer y descuidó la cortesía de lavarle los pies. Una mujer pecadora al darse cuenta (Lc. 7,36-50) se coló entre los comensales y con sus lágrimas lavó los pies a Jesús. El fariseo, que dudaba de Él como profeta, pensó: “Si este fuera un profeta, sabría que la mujer es una pecadora”. Jesús adivinó su pensamiento y entabló con él un dialogo sobre el perdón, que sirvió para premiar a la mujer diciéndole, “Tus pecados están perdonados”, frase que levantó murmullos de crítica entre los presentes.

Algún tiempo después, en la última cena, Jesús se levantó de la mesa, se quitó el manto, se ciñó una toalla, tomó una jofaina y se puso a lavar los pies de los apóstoles que estaban reclinados sobre el codo izquierdo y los pies desnudos echados hacia afuera. Ellos al verlo quedaron asombrados y mudos, salvo Pedro, que, más impetuoso, le dijo “Tú a mí no me lavas los pies”. Pedro reaccionó así porque lavar los pies era oficio reservado a los siervos y le chocó la actitud de Jesús, su Maestro. Jesús respondió: “Si no te lavo los pies, no tendrás parte conmigo”, que era como decirle, “Si no te lavo los pies no serás mi amigo”. Ante eso Pedro dijo: “No solo los pies, sino también las manos y la cabeza”.

La escena muestra dos gestos: Primero Jesús se humilla haciéndose siervo. “Tomó la condición de esclavo”, escribe San Pablo a los filipenses, para ofrecer un testimonio más de su vocación al servicio del hombre. "... el que quiera ser grande entre vosotros, será vuestro servidor” había dicho alguna vez (Mc 10,44)

El segundo gesto es una obra de misericordia, la tercera espiritual: corregir al que se equivoca. Cuando Pedro se niega a que le lave los pies porque no entiende su manera de obrar, Jesús le corrige con suma delicadeza. Amablemente le dice que si no quiere ser su amigo, él sabrá. Ni le reprende ni se impone, simplemente le dice algo que no espera, y por eso Pedro, al oírlo, reacciona porque ¿cómo va a dejar de ser su amigo? ¿Cómo va a dejar de ser su discípulo? Empieza a comprender que el Señor se hace servidor de los suyos para que se sientan iguales y libres.

La corrección fraterna, como obra de misericordia, es parte de la caridad cristiana. Hay que hacerlo amigablemente, como hermanos que nos amamos y buscamos entre nosotros el bien común. Si se logra al primer intento habremos hecho una gran obra de misericordia. En ello abunda San Pablo en su carta a los Gálatas: «Hermanos, si un hombre es sorprendido en alguna falta, vosotros, hombres de fe, corregidle con amabilidad. Tened mucho cuidado, pues también vosotros podéis ser puestos a prueba». (Ga 6,1)

También Jesucristo al hablar del perdón decía: «Si tu hermano peca contra ti, ve y repréndelo a solas. Si te escucha, habrás ganado a tu hermano, pero si no te escucha toma uno o dos testigos para que la cuestión quede zanjada apoyándose en los testigos» (Mateo 18,15-16). Jesús pide testigos, no acusadores, que colaboren en la corrección amistosa del hermano.

La Imagen del Nazareno en la calle sin manto y con su túnica blanca provisto de una toalla, sirve de ejemplo para hacer firme propósito de corregir a nuestro prójimo con mansedumbre, sin recriminarle su actitud, ni siquiera usando palabras desabridas con él. Como Pedro ganaremos la amistad de Jesús y no nos excluirá de tener parte con Él, por pequeña que parezca.  

domingo, 6 de marzo de 2016

INTERES RELIGIOSO. INTERES ARTISTICO

En el arte se puede percibir la huella de Dios.

Con cierta frecuencia Agrupaciones de Hermandades y Cofradias de diversos puntos de España, solicitan adhesiones para lograr la Declaración de Interés Turístico de su Semana Santa. Pocos lugares deben quedar ya que no ostenten entre sus peculiaridades una declaración de ese tipo para sumar a las consabidas excelencias de su climatología, gastronomía, fiestas, eventos, paisaje, acervo cultural, etc. Sus motivos y razones tendrán, y no entramos en ello.

Cada primavera, la Semana Santa llega puntual con el Misterio de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo, el Misterio de la fe de la religión cristiana. Es la conmemoración del Misterio de la Redención, sobre cuya figura central, Cristo, San Pablo dice que es “Imagen de Dios invisible y por él quiso reconciliar consigo todas las cosas, las del cielo y las de la tierra, haciendo la paz por la sangre de su cruz”. (Col. 1,15-20). Cristo derramó su sangre y extendió la reconciliación a todos los hombres. No se puede decir más con tan pocas palabras de un hecho tan formidable como éste, cuna de la Religión.

La solemnidad de la Cena del Señor el Jueves Santo, la lectura de la Pasión el Viernes Santo y el simpar  ceremonial de la Vigilia Pascual del Sábado Santo, que es la esperanza del retorno de Cristo a la vida, son formas excelsas de dar culto a Dios en el templo.

Pero la Semana Santa tiene en las procesiones su proyección en la calle. Son parte del culto, pero no lo más importante por muy vistosas que sean. En ellas los cofrades predicamos el credo cristiano a pesar de la obsesión de algunos otros por destacar su lado festivo, cuando para los fieles cristianos las procesiones sólo tienen el interés religioso congénito de su propia naturaleza. Sus imágenes son retratos en positivo de unos momentos claves para nuestra fe, los que padeció Cristo en tres días históricos que revolucionaron la humanidad. Veinte siglos avalan el efecto religioso de esta celebración.

Más esos retratos han sido plasmados por el hombre con su arte puesto al servicio de la historia sagrada que nos cuenta la Semana Santa. Imagineros, tallistas, pintores, bordadores, escultores, músicos, con más o menos fe, han legado su impronta artística en imágenes, tronos, partituras y otros elementos que enriquecen el culto con dignidad y belleza, y están en estrecha relación con la liturgia y la catequesis. Desde hace mucho tiempo las cofradías y el arte van de la mano para que se haga perceptible ese misterio cristiano a través de un patrimonio artístico, felizmente integrado en las tradiciones religiosas del pueblo. Surge así un patrimonio sacro que cada año se muestra con todo su esplendor en iglesias, calles y plazas convertidas en escaparates con imágenes emotivas donde la fe y el arte se hermanan y la belleza se pone del lado del Misterio, hasta llegar al corazón del hombre.

Esa hermandad, que nace de la fe y se transmite con singular belleza, es una prueba para los sentidos de la cercanía de Dios a quien damos culto y adoración; es también la respuesta viva del interés religioso y artístico que suscita la Semana Santa, fuertemente arraigado en la conciencia de las personas.

¿Interés turístico? Mejor interés religioso y artístico.

José Giménez Soria