martes, 11 de abril de 2017

BARRABASADA Y OTROS DICHOS.


El término “barrabasada” apunta a disparate, travesura, o a significado de acción que produce gran daño o perjuicio, despropósito o desatino. Es acción propia de malhechores y se asocia a Barrabás, el preso que liberó Pilato en el juicio a Jesús de Nazaret. Esta palabra, como otras, tiene su origen en hechos relacionados con la Semana Santa, la fiesta cristiana por excelencia, que nutre el lenguaje cotidiano de términos o giros habituales de clara procedencia religiosa. Autores como el profesor de Filología Clásica de la Universidad Autónoma de Madrid Javier del Hoyo, han descubierto y editado el uso que se hace de estas palabras o expresiones, tan familiares en el vocabulario castellano.  

Los episodios que evocan la Semana Santa son un semillero de estas frases que con suma naturalidad se oyen en boca de todos. Así “Eres más falso que Judas”, nace del traidor Judas que vendió a Jesús a pesar de ser uno de los suyos. Más tarde, tras el prendimiento, el Sumo Sacerdote Caifás rasgó sus vestiduras escandalizado cuando oyó a Jesús decir que era Hijo de Dios. Rasgarse las vestiduras”, es señal de indignación o escándalo, frase que cambiada a “no hay que rasgarse las vestiduras”, significa que no se debe exagerar o dramatizar ante un hecho que no lo merece. 

Lavarse las manos. Una vez preso, llevaron a Jesús al inseguro Poncio Pilato que lo interrogó, pero temeroso del alboroto de los judíos y no queriendo asumir responsabilidades, “se lavó las manos”, dicho que ha quedado como sinónimo de salirse de los problemas para no complicarse la vida. Luego, tras la flagelación, Pilato presentó a Jesús en estado lastimoso y dijo aquello de “Ecce homo”, frase común puesta en boca de cualquier madre que le dice al hijo “Vienes hecho un Ecce homo”, cuando llega a casa herido y descalabrado.

El relato de la Pasión sigue con Jesús cargado con la cruz al que ayudó un tal Simón natural de Cirene. “Ser un cirineo” se aplica a la persona que ayuda a otra en un trabajo ingrato por encontrarse en el sitio justo y en el momento adecuado.
La frase “pasar por un calvario” o “pasar un viacrucis” se relaciona cuando se sufren adversidades y pesadumbres, y recuerda el penoso recorrido de Jesús hasta el monte donde fue crucificado. También de aquí surge la palabra “verónica” aplicada al lance del toreo por la forma que el diestro agarra el capote, similar a la de Serafia, más conocida como Verónica, la mujer que enjugó la cara de Jesús con un paño en el que quedó impreso su rostro.  

El Calvario. Llevar (o traer) por la calle de la amargura” es hacer pasar a alguien por una situación angustiosa prolongada, y se refiere a la calle por la que fue conducido Jesús con la cruz a cuestas. A la cima del Calvario acudieron la Virgen María, María la de Cleofás y María Magdalena, “las tres Marías” otro dicho con varias usanzas. De ellas, a María Magdalena, natural de Magdala, se la tiene por llorona porque se identifica –no está claro- con la que enjugó con sus lágrimas los pies de Jesús mientras comía en casa de un fariseo, y de ahí la frase “llora como una magdalena”. El “para más inri”, que tiene su origen en el titulo de la condena de Jesús, el “inri”, es otra expresión coloquial que se refiere a una burla o escarnio más allá de lo permisivo, o para resaltar la mala suerte o la desgracia que se ceba con alguien.

Otros. “Tonto de capirote”, puede deberse al nazareno que parece desorientado por la poca visión que le permite el capirote. La exclamación “¡Por los clavos de Cristo!” ha quedado como expresión de sorpresa o incredulidad, con origen en el episodio del Calvario. Estás “más alegre que unas pascuas” sale de la alegría de la Pascua de Resurrección, final de Semana Santa.

De otro pasaje de la Biblia es “El que esté libre de pecado que tire la primera piedra” que dijo Jesús cuando le llevaron una mujer acusada de adulterio, y que enseña a no acusar o criticar a los demás cuando quizá los demás han hecho lo mismo.

Hoy se entiende por “año sabático” el tiempo que una persona decide dedicarlo a sus intereses personales y a su disfrute personal. Esta expresión nace del Levítico (25, 1-7). Dios bendijo el sábado, lo santificó y lo habló a Moisés en el Sinaí: “Di a los israelitas: Cuando hayáis entrado en la tierra que os voy a dar, la tierra gozará de su descanso en honor al Señor. Durante seis años sembrarás tu campo, podarás tu viña y vendimiarás sus frutos; pero el séptimo año será de completo descanso para la tierra, un año en honor del Señor: será un año de descanso absoluta para la tierra”. Ese año de descanso se conoce como año sabático.

miércoles, 22 de marzo de 2017

EMILIA FERNANDEZ, LA CANASTERA.


Entre los 115 mártires beatificados el 25 de marzo de 2017 en Aguadulce (Almería) hay una mujer, Emilia Fernández Rodríguez, conocida como “La canastera” condenada por no desvelar quien le había enseñado a rezar el rosario.
 
Nació en Tíjola (Almería) el 13 de abril de 1914 y sus padres, ambos gitanos, la llevaron a bautizar en la Iglesia local de Santa María. Siguiendo las costumbres de su raza le enseñaron a confeccionar canastos de esparto para ganarse el sustento y de ahí le vino el mote.
 
Se enamoró de otro gitano, Juan Cortés Cortés, pero no pudieron casarse hasta principios de 1938 debido a la persecución religiosa. Pronto se quedó embarazada, y para librar al marido de ir a la guerra untó sus ojos con sulfato fingiendo que era ciego. Pero detuvieron a los dos y ella, a pesar de su estado, ingresó en la prisión de mujeres de Gachas Colorás en Almería el 21 de junio de 1938. Fue juzgada y condenada a seis años de prisión el ocho de julio.
 
En la cárcel algunas presas le ayudaban y descubrió que rezaban el rosario a escondidas. Les pidió que le enseñaran a hacerlo; Dolores del Olmo fue su catequista y con ella aprendió otras oraciones como Padrenuestro, el Ave María y el Gloria. Esto fue advertido por la directora de la prisión y le prometió favorecerla si denunciaba a sus catequistas. Se negó, fue aislada en una celda y ahí empezó su martirio a pesar del embarazo.
 
Su compañera de prisión, María de los Ángeles Roda, contaba: «Recuerdo la figura de Emilia, aquella gitana de ojos negros y muy grandes, alta, con el pelo tirante y un moño en la nuca, que nos llamaba poderosamente la atención por su estado de gestación, ya que allí estaban todas muy delgadas por la falta de comida. Amable, hablaba bajito, era además muy respetuosa y religiosa».
 
En la celda dio a luz a una niña en la madrugada del 13 de enero de 1939 sin asistencia médica solo ayudada por las reclusas. A la niña la llamaron Ángeles y se sospecha que fue dada en adopción y nunca más se supo de ella. Como el estado de Emilia era de gravedad fue llevada al hospital, pero murió a causa de una infección en el parto y de bronconeumonía. Fue enterrada en una fosa común del cementerio municipal de Almería.
 
Sobre ella escribe el presbítero Gallego Fábrega: «En la mañana del día 25 de enero de 1939 acabó el martirio de la guapa gitanilla de veintitrés años, que murió abandonada y sola, pero sin denunciar a su catequista, a pesar de todas las presiones a que estuvo sometida».

“La Iglesia no considera mártir sólo a quien fue asesinado por vivir su fe, sino a quien, como Emilia, fue castigada dejándola morir”, afirmaba el delegado episcopal para las Causas de los Santos José Juan Alarcón. Emilia forma parte de otros 114 mártires (95 sacerdotes y 20 seglares), entre ellos, José Álvarez-Benavides, que fuera deán de la catedral de Almería, por sufrir persecución religiosa durante la Guerra Civil española.
 
Emilia Fernández es la primera gitana mártir, pero no la primera persona de dicha etnia  beatificada. Le precede Ceferino Giménez Malla, ‘el Pelé’, que dio su vida en Barbastro (Huesca) el 8 de agosto de 1936 y fue beatificado por san Juan Pablo II el 4 de mayo de 1997. El beato Ceferino defendió a un sacerdote que iba a ser arrestado y por ello le llevaron a la cárcel, donde nunca abandonó la oración y fue fusilado mientras estrechaba el rosario en sus manos.

miércoles, 11 de enero de 2017

VENERABLE TRADICION

Una mujer vestida de sol...

     Año Jubilar. Para todo el Valle del Almanzora y la Comarca de los Vélez, en la provincia de Almería; para los pueblos limítrofes del lado oeste de la región murciana, y para los lindantes asentados al este de las tierras granadinas, en el recién estrenado 2017 tiene acomodo un Año Jubilar, un don de Dios por la gracia de la Sagrada Imagen de la Bienaventurada Virgen Maria en su advocación de Nuestra Señora de los Desamparados y del Buen Retiro del Saliente, en la conmemoración de su tricentenario. Un Año Jubilar, que empezó el 8 de septiembre de 2016, festividad de la Natividad de la Virgen, y concluirá el 8 de septiembre de 2017, fiesta de la Virgen del Saliente, del que quedan nueve meses para quienes entren por la Puerta Santa del Santuario puedan obtener las gracias del Jubileo. Es una prórroga de la intercesión y el auxilio de la Santísima Virgen María que servirá para retomar la renovación de la vida cristiana iniciada en el Año de la Misericordia.

La tradición. Según la tradición, esta visión del Apocalipsis, «Un gran signo apareció en el cielo: una mujer vestida de sol, y la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas sobre su cabeza; y está encinta […] Y apareció otro signo en el cielo: un gran dragón rojo […] Y el dragón se puso en pie ante la mujer que iba a dar a luz, para devorar a su hijo cuando lo diera a luz. Y dio a luz un hijo  varón, el que ha de pastorear a todas las naciones con vara de hierro, y fue arrebatado su hijo junto a Dios y junto a su trono» (Apocalipsis 12, 1-5), fue la que contempló el pastorcillo Lázaro de Martos en las postrimerías del siglo XVII en el paraje de los Dientes de la Vieja del monte Roel, y por la que de pastor de cabras se tornó en pastor de almas.

Decidido a honrar a la Madre de Dios en el lugar donde tuvo la visión, intentó por todas partes tener una imagen como la recordaba. De camino hacia Granada para buscarla pernoctó en una venta de Guadix y comunicó sus pesquisas a un misterioso clérigo. Este le hizo depositario de una reducida imagen semejante a la de su aparición, que la llevó al monte Roel y alzó una sencilla ermita. Era el año 1716.

Aquella imagen pronto despertó tan intenso fervor, que urgió dedicarle un templo digno de su grandeza. Los albojenses acudieron al Prelado don Claudio Sanz y Torres, quien afirmó haber recibido una fuerte suma de dinero de un marinero que había hecho un voto a la Virgen por librarlo de una gran tormenta. Con ese gran donativo se construyó el Santuario de Nuestra Señora de los Desamparados del Buen Retiro del Saliente.

Desde el principio, la protección de la Virgen del Saliente no fue solo privilegio de los albojenses pues se extendió más allá del valle del Almanzora por todas las comarcas y lugares donde sus fieles suplicaban ser mirados por sus ojos de misericordia.

Al cumplirse los trescientos años de aquella primitiva ermita, la Virgen del Apocalipsis nos  llama a peregrinar al Saliente para que el Jubileo nos conduzca a la civilización del amor.

Historia. En 1681 don Juan de Alcaina y de Martos, descendiente de los primeros repobladores llegados a Albox tras la Reconquista, fundó una capellanía en el Saliente. En 1712, el obispo fray Manuel de Santo Tomás autorizó la construcción de una ermita en ese paraje y será cuatro años después, en 1716, cuando se concluya.

Desde ese momento, la devoción a la Santísima Virgen del Saliente creció y rebasó los límites albojenses. Se quedó pequeña la primitiva ermita y se trató de alzar un santuario a la Madre de Dios. En ello se empeñaron los feligreses de Albox, Oria y Vélez Rubio, pero la pertinaz sequía hizo retirarse a las dos últimas poblaciones. Los albojenses con su cura, don Domingo Oller, solicitaron ayuda al obispo don Claudio Sanz y Torres, quien en marzo de 1762 envió el dinero para acometer la gran obra, como queda dicho.

Mucho después, el obispo don José María Orberá y Carrión convocó con Carta Pastoral la primera peregrinación al Santuario el 29 de septiembre de 1878. El Prelado invitaba a peregrinar a: «postrarnos para pedir a la Madre de los Desamparados, que ampare a la Iglesia, a todos vosotros y socorra vuestras necesidades espirituales y corporales»

Desde entonces los obispos almerienses han llevado a cabo mejoras en el Santuario, han  favorecido las peregrinaciones y la obtención de indulgencias. Los varios intentos para la coronación canónica de la Sagrada Imagen dieron su fruto siendo obispo de la Diocesis, don Manuel Casares Hervás, merced al impulso de los rectores don Antonio Rueda Moreno y don Pedro María Fernández Ortega tras una intensa restauración del Santuario, cuyo colofón fue la Coronación Pontificia concedida por san Juan Pablo II el 24 de noviembre de 1987. La solemne ceremonia se celebró en Albox el 7 de agosto de 1988, presidida por el nuncio papal don Mario Tagliaferri acompañado por los arzobispos de Granada y el titular de Emérita Augusta, así como los obispos de Almería y de Guadix. Fue el mayor día de júbilo público que recogen las crónicas albojenses.

Epílogo. De nuevo el Santuario del Saliente se convierte en «meta de tantos peregrinos que, con frecuencia en los lugares santos como este, son tocados en el corazón por la gracia para encontrar el camino de la conversión». A solicitud del Obispo de Almería don Adolfo González Montes, la Penitenciaría Apostólica concedió este Año Jubilar, que colma una aspiración por ser la sagrada imagen de la Virgen de los Desamparados del Saliente una advocación amadísima por los fieles, y su Santuario centro de peregrinación permanente a lo largo del año al que acuden quienes desean invocar y alabar a la Madre de Dios para suplicar la concesión de sus gracias.

jueves, 8 de diciembre de 2016

EL SEÑOR HA HECHO MARAVILLAS.

María y la naturaleza.

La Solemnidad de la Inmaculada, la Purísima en lenguaje común, la bendita entre todas las mujeres, nos lleva a la presencia viva de María, la mujer que halló gracia a los ojos de Dios; la que en Ella Dios manifestó su victoria.

“El Señor ha hecho maravillas”, canta el Salmo de la liturgia del día, el 97, no solo en María, también la naturaleza tiene un lugar destacado en ese quehacer divino. “Aclamad al Señor toda la tierra...”, las montañas y laderas, los campos y las estepas, los mares y los ríos están gobernados por el Señor. Toda la naturaleza se rige por sus leyes.

Entre mayo, junio y parte de julio se recogen las cosechas de trigo o cebada sembrados meses antes. Es cuando llega el momento de ver que el grano germinó, señal de que cayó en tierra buena, y produce fruto generoso, espigas plenas de vida. Durante meses la naturaleza ha cumplido un rito secular rubricado por la Providencia: Recibió la semilla caída, “Salió un sembrador a sembrar...”-dice la parábola-, la cobijó en sus entrañas, vino la lluvia, agua del cielo que roció el campo antes surcado de un pardo mohíno, para luego tornarse en alfombra verdeante de primavera a la par que brotaron los primeros tallos, hijuelos nacidos de la madre tierra. Con los primeros calores el verdor mutó a un amarillo chillón y las espigas, dobladas por el peso del grano, anunciaban su pleno florecimiento. El sol avisó de que ya estaban en sazón y de que era llegada la hora para la siega.

En otros tiempos los labradores segaban a mano sin otra herramienta que una hoz. Cortaban los tallos erguidos a ras del suelo y los iban dejando a un lado para que otros formaran las gavillas que llevaban a la era para la trilla. Era un trabajo duro de hombres y mujeres trabajando codo con codo de sol a sol, con breves descansos para beber agua o echar un bocado para reponer fuerzas. Una faena mal pagada y poco agradecida a pesar de que nos aviaban el pan nuestro de cada día.  

Las gavillas se esparcían en la era y el trillo de ruedas o de cuchillas de acero, tirado por una mula, cortaba la paja y separaba el grano. Una vez desgranadas las espigas se aventaban para completar la segregación del grano de la paja. El grano se llevaba al granero y el balago se recogía para comida y cama de animales.

Hoy el campo está mecanizado. Entre octubre y diciembre, según los sitios, tiene lugar la sementera. Lo que antes hacía el labrador con un arado tirado por una bestia, ahora una máquina abre los surcos donde deposita la semilla, mientras otra los va cerrando hasta dejar toda la tierra sembrada. Empieza así un ciclo que dura hasta mayo o junio, según que la zona sea más templada o más fría, en que llega la hora de recoger la cosecha. El labrador, que aún conserva la hoz como útil decorativo, sube a otra máquina y recorre todo el campo con idas y vueltas mientras siega, separa el grano de la paja, lo vierte en un vehículo auxiliar, y deja el residuo de las cañas y la paja segadas esparcidas sobre la tierra. La faena ha tenido por testigo unos majestuosos  pinos carrascos que con su alta copa dominan el llano. El campo así queda en rastrojo, rodeado de olivos y almendros. Este trasiego a máquina dura días, calurosos sí, pero sin los sudores de antaño. Después otra máquina recoge todo el resto de cañas y paja tras la recolección y lo empaca, dispuesto para la venta a particulares o a cooperativas para pienso de animales. Año tras año el ciclo se repite.

Pero el campo necesita descanso. La naturaleza necesita descansar de tiempo en tiempo para recuperar los atributos naturales con que Dios la dotó en la Creación. Dios había dicho: “Produzca la tierra vegetación: plantas con semilla de su especie y árboles frutales que den sobre la tierra frutos que contengan la semilla de su especie”. (Gen 1,11).  Así fue y sigue siendo.

Mucho más tarde Dios habló a Moisés en el Sinaí (Lev. 25, 1-7): “Di a los israelitas: Cuando hayáis entrado en la tierra que os voy a dar, la tierra gozará de su descanso en honor al Señor. Durante seis años sembrarás tu campo, podarás tu viña y vendimiarás sus frutos; pero el séptimo año será de completo descanso para la tierra, un año en honor del Señor: no sembrarás tu campo, no podarás tu viña, no segarás las mieses que hayan crecido espontáneamente ni vendimiarás tus viñas no cultivadas: será un año de descanso absoluto para la tierra. Lo que produzca la tierra durante su descanso os servirá de comida a ti, a tu siervo y a tu sierva, a tu jornalero y al extranjero residente, a los que viven contigo. Los productos de la tierra servirán igualmente de comida a tus ganados y a las bestias”.  Ese año de descanso se conoce como año sabático.

Los labradores, de ahora y de siempre, dejan la tierra descansar, arada pero sin sembrar para que se fertilice. En este estado la tierra se mantiene en barbecho.
 

viernes, 4 de noviembre de 2016

SIERVO DE DIOS

Ocho siglos antes de la primera venida de Jesucristo, Isaías, un modelo de  hombre religioso, histórico de los tiempos de los reyes de Judá Ozias, Jotán, Ajaz y Ezequías, profetizaba sobre el conocimiento del Señor, el santo de Israel como él lo llama. Su vocación profética, que ejerció durante cuarenta años, la recibió en el Templo de Jerusalén donde tuvo la revelación de la trascendencia de Dios. 

El libro de Isaías contiene cuatro Cánticos del Siervo de Dios, un término que emplea en muchos pasajes para referirse a un personaje que carga con los pecados del pueblo, y que los primeros cristianos identificaron con Jesús de Nazaret. En el primer Cántico el Siervo es presentado como elegido por Dios. «Mirad a mi Siervo, a quien sostengo; mi elegido, en quien me complazco. He puesto mi espíritu sobre él, manifestará la justicia a las naciones». (Is. 42, 1)

En el segundo Cántico predice la misión del Siervo como luz que trae la salvación de todas las gentes.  «Te pongo como luz de la naciones para que mi salvación alcance hasta los confines de la tierra». (Is. 49,6). En el tercero invita a tener confianza en Dios: «El que de vosotros teme al Señor y escucha la voz de su Siervo, aunque camine en tinieblas, sin ninguna claridad, que confíe en el nombre del Señor y se apoye en su Dios». (Is. 50,11).

En el cuarto Cántico anuncia el destino del Siervo, la pasión de Cristo: la detención, la humillación, las bofetadas, los salivazos, el juicio injusto, la flagelación, la coronación de espinas, el camino del Calvario, la crucifixión y la agonía. «Despreciado y evitado de los hombres, varón de dolores, acostumbrado a sufrimientos, ante el cual se ocultaban los rostros, fue despreciado y desestimado. Soportó nuestros sufrimientos y aguantó nuestros dolores, mientras nosotros lo creíamos azotado, herido de Dios y humillado. Fue traspasado por nuestras culpas, triturado por nuestras iniquidades. Nuestro castigo cayó sobre él, aguantó y sus cicatrices nos curaron». (Is. 53, 3-5).

Por la Cruz de los padecimientos de Jesús Nazareno, llegamos a Dios ayudados por la gracia de su misericordia. Los alejados de Dios por el mal, se acercan a Él por el bien de la Redención. Del camino del Calvario con la Cruz sobre el hombro, brotaron ríos de vida que desembocan en la Resurrección y la Vida Eterna.

POST DATA. Cada viernes Santo en la penumbra del anochecer sale Jesús Nazareno con la cruz a cuestas. Año tras año su Imagen severa nos dicta desde lo alto del trono la lección magistral de su Pasión. No pronuncia palabras elocuentes, solo con el gesto de su mirada toca el alma de los albojenses que acuden a los lugares por donde pasa. Ahora, en este otoño seco y desabrido volverá a hurgar en la fibra de nuestros mejores sentimientos al verlo por las calles y plazas de nuestro pueblo de Albox. Será el 19 de noviembre.

sábado, 3 de septiembre de 2016

EL DON DE LA MISERICORDIA

Cuando por circunstancias de la vida surgen conflictos que deterioran las relaciones entre padres e hijos, pero logran hacerles frente con la fuerza de un sentimiento natural, de ternura, de indulgencia y de perdón, no hay duda de que ambos poseen la gracia del preciado don de la misericordia.

La parábola del hijo prodigo (Lc. 15,11-32) enseña como un padre supera el rechazo a un hijo vicioso y holgazán con rasgos de misericordia. La conducta del padre revela el amor que tiene al hijo, a quien no había olvidado aún estando tan lejos. El hijo se postra ante el padre en señal de arrepentimiento, “He pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo”, le dice. El padre no le deja terminar la frase porque es tanta su alegría que pronto dispone una fiesta. Los dos se han perdonado, se abrazan y juntos entran en la casa.

La parábola ofrece una gran enseñanza para nosotros. El perdón de las ofensas proviene del amor misericordioso, que para los cristianos es una obligación imprescindible. Aunque muchas veces es difícil perdonar, sin embargo con el perdón alcanzamos la serenidad del corazón. Dejar caer el rencor, la rabia, la violencia y la venganza son condiciones necesarias para vivir felices. Sigamos el consejo de San Pablo «Si os indignáis, no pequéis y que vuestra indignación cese antes de que se ponga el sol» (Ef. 4,26)

Aprovechemos que el Año Jubilar de la Misericordia abre las puertas a la Reconciliación: Dios perdona los pecados y concede la gracia de la Indulgencia que borra todas sus huellas. El amor de Dios alcanza al pecador perdonado y lo libera de todo residuo. Para ello hay que cruzar la Puerta Santa abierta en catedrales, iglesias o santuarios.

Viernes Santo: Jesús Nazareno pasa cargado con la cruz al hombro con la mirada puesta en los alejados de Dios. De su rostro brota la fuerza de su misericordia que consuela con el perdón. Unos metros más atrás María Santísima de la Redención atestigua que la misericordia de su Hijo no conoce límites. Éste desde la cruz pidió al Padre el perdón para todos sin exclusión y Ella proclama a todo el mundo la grandeza de su misericordia.

Con el salmo Miserere sigamos invocando a Dios el don de la misericordia:

“Oh Dios, crea en mí un corazón puro,/renuévame por dentro con espíritu firme.
No me arrojes lejos de tu rostro,/ no me quites tu santo espíritu

Devuélveme la alegría de tu salvación,/ afiánzame con espíritu generoso”.

lunes, 16 de mayo de 2016

LOS MAS COMPETENTES

Ahora que se habla tanto de Cervantes –se cumplen 400 años de su muerte- por ser la gran figura de la literatura española, habría que esforzarse en desterrar el cutrerio reinante y poner en valor la Cultura con mayúscula, que por ser como el alma de una nación, sin ella, ésta queda abocada a una situación de franca decadencia. Hay que fertilizar el gran bancal de la cultura española empezando por educar mucho mejor a las nuevas generaciones que al paso que vamos no van a saber quién era Cervantes. 

Se ha estado educando –y se sigue- en la indolencia intelectual, en la ley del mínimo esfuerzo, en el desprecio a la transcendencia y en la irrelevancia de la moral, todo ello con el señuelo de la libertad, hasta llegar a caer en la falta de fe y del conocimiento, además de en la incapacidad para auparse en las dificultades más elementales.

Con esta perspectiva habrá que trabajar empezando por reconstruir el humanismo cristiano como referencia cultural que nos ofrece el progreso del saber y la madurez de la civilización. Dice el Libro de los libros que el “principio de la sabiduría es el temor de Dios”, pero solo los insensatos desprecian la sabiduría y la enseñanza.

Estamos a unas semanas de unas nuevas elecciones, consecuencia directa de la insolvencia cultural y política demostrada por unos personajes más atentos a su ego que al bien común de los demás. Han dado un ejemplo claro de la debilidad de sus principios básicos en el arte de la convivencia, porque, aparte de ser ignorantes, carecen de agarraderas solidas en la fe y en la ética más elemental. Por lo que hemos visto en los últimos meses, su capacidad de gobernar deja mucho que desear. Alguno de los que han destacado, ¿sería capaz de ofrecer soluciones a los problemas derivados de la falta de moral de nuestro tiempo? ¿Sería capaz de esbozar un programa de recuperación de la Cultura con mayúsculas? ¿Sería capaz de ordenar una justa distribución de la riqueza (no de boquilla) en sintonía con el amor al prójimo? ¿Sería capaz, en suma, de basar su gobierno en las obras de misericordia?

Visto lo visto, los votantes tenemos el deber de sopesar la calidad del voto, si es que votamos y no nos quedamos en casa, para, a tenor de lo dicho, otorgarlo a la opción  cuya ideología se asiente en el Humanismo Cristiano, en la Democracia y en la Libertad, -todo con mayúsculas- sin mas Ley que cumplir y hacer cumplir los Derechos Humanos tantas veces conculcados. Siempre respetuosos con las opciones no elegidas. Ir a votar dejándose llevar por la palabrería, los insultos, las formas groseras y los ademanes teatrales o televisivos de los aspirantes, es contribuir a una adulteración de la política; una profesión muy devaluada que puede llegar a ser muy respetada y beneficiosa para todos si elegimos para ejercerla a los más competentes.

jueves, 24 de marzo de 2016

LAVATORIO

Hoy es Jueves Santo.

Desde tiempo inmemorial durante cinco días en la frontera de la Semana de Pasión y la Semana Santa, la Cofradía de los moraos de Albox rinde honor y adoración a la figura de Jesús Nazareno, su Santo Patrono. Para ello celebra un Quinario, ya tradicional, en el que se glosan las enseñanzas evangélicas que nos legó nuestro Señor Jesucristo. El Ejercicio del Quinario de 2016 ha estado dedicado a las Obras de Misericordia, un tema muy acorde con el Jubileo de la Misericordia impulsado por el Papa Francisco.

Mas reciente en el tiempo es la procesión de la Imagen de Jesús Nazareno ceñido con una toalla que en los años 40, 60 y 80 del siglo XX salía el Jueves Santo y que desde 2011 se recuperó para el Martes Santo tras lustros perdida en el recuerdo. La Imagen representa el lavatorio de los pies de los discípulos.

En tiempos de Jesucristo al llegar los invitados a una casa, el dueño mandaba a sus siervos lavar los pies de los recién llegados en señal de hospitalidad. En cierta ocasión un fariseo invitó a Jesús a comer y descuidó la cortesía de lavarle los pies. Una mujer pecadora al darse cuenta (Lc. 7,36-50) se coló entre los comensales y con sus lágrimas lavó los pies a Jesús. El fariseo, que dudaba de Él como profeta, pensó: “Si este fuera un profeta, sabría que la mujer es una pecadora”. Jesús adivinó su pensamiento y entabló con él un dialogo sobre el perdón, que sirvió para premiar a la mujer diciéndole, “Tus pecados están perdonados”, frase que levantó murmullos de crítica entre los presentes.

Algún tiempo después, en la última cena, Jesús se levantó de la mesa, se quitó el manto, se ciñó una toalla, tomó una jofaina y se puso a lavar los pies de los apóstoles que estaban reclinados sobre el codo izquierdo y los pies desnudos echados hacia afuera. Ellos al verlo quedaron asombrados y mudos, salvo Pedro, que, más impetuoso, le dijo “Tú a mí no me lavas los pies”. Pedro reaccionó así porque lavar los pies era oficio reservado a los siervos y le chocó la actitud de Jesús, su Maestro. Jesús respondió: “Si no te lavo los pies, no tendrás parte conmigo”, que era como decirle, “Si no te lavo los pies no serás mi amigo”. Ante eso Pedro dijo: “No solo los pies, sino también las manos y la cabeza”.

La escena muestra dos gestos: Primero Jesús se humilla haciéndose siervo. “Tomó la condición de esclavo”, escribe San Pablo a los filipenses, para ofrecer un testimonio más de su vocación al servicio del hombre. "... el que quiera ser grande entre vosotros, será vuestro servidor” había dicho alguna vez (Mc 10,44)

El segundo gesto es una obra de misericordia, la tercera espiritual: corregir al que se equivoca. Cuando Pedro se niega a que le lave los pies porque no entiende su manera de obrar, Jesús le corrige con suma delicadeza. Amablemente le dice que si no quiere ser su amigo, él sabrá. Ni le reprende ni se impone, simplemente le dice algo que no espera, y por eso Pedro, al oírlo, reacciona porque ¿cómo va a dejar de ser su amigo? ¿Cómo va a dejar de ser su discípulo? Empieza a comprender que el Señor se hace servidor de los suyos para que se sientan iguales y libres.

La corrección fraterna, como obra de misericordia, es parte de la caridad cristiana. Hay que hacerlo amigablemente, como hermanos que nos amamos y buscamos entre nosotros el bien común. Si se logra al primer intento habremos hecho una gran obra de misericordia. En ello abunda San Pablo en su carta a los Gálatas: «Hermanos, si un hombre es sorprendido en alguna falta, vosotros, hombres de fe, corregidle con amabilidad. Tened mucho cuidado, pues también vosotros podéis ser puestos a prueba». (Ga 6,1)

También Jesucristo al hablar del perdón decía: «Si tu hermano peca contra ti, ve y repréndelo a solas. Si te escucha, habrás ganado a tu hermano, pero si no te escucha toma uno o dos testigos para que la cuestión quede zanjada apoyándose en los testigos» (Mateo 18,15-16). Jesús pide testigos, no acusadores, que colaboren en la corrección amistosa del hermano.

La Imagen del Nazareno en la calle sin manto y con su túnica blanca provisto de una toalla, sirve de ejemplo para hacer firme propósito de corregir a nuestro prójimo con mansedumbre, sin recriminarle su actitud, ni siquiera usando palabras desabridas con él. Como Pedro ganaremos la amistad de Jesús y no nos excluirá de tener parte con Él, por pequeña que parezca.  

domingo, 6 de marzo de 2016

INTERES RELIGIOSO. INTERES ARTISTICO

En el arte se puede percibir la huella de Dios.

Con cierta frecuencia Agrupaciones de Hermandades y Cofradias de diversos puntos de España, solicitan adhesiones para lograr la Declaración de Interés Turístico de su Semana Santa. Pocos lugares deben quedar ya que no ostenten entre sus peculiaridades una declaración de ese tipo para sumar a las consabidas excelencias de su climatología, gastronomía, fiestas, eventos, paisaje, acervo cultural, etc. Sus motivos y razones tendrán, y no entramos en ello.

Cada primavera, la Semana Santa llega puntual con el Misterio de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo, el Misterio de la fe de la religión cristiana. Es la conmemoración del Misterio de la Redención, sobre cuya figura central, Cristo, San Pablo dice que es “Imagen de Dios invisible y por él quiso reconciliar consigo todas las cosas, las del cielo y las de la tierra, haciendo la paz por la sangre de su cruz”. (Col. 1,15-20). Cristo derramó su sangre y extendió la reconciliación a todos los hombres. No se puede decir más con tan pocas palabras de un hecho tan formidable como éste, cuna de la Religión.

La solemnidad de la Cena del Señor el Jueves Santo, la lectura de la Pasión el Viernes Santo y el simpar  ceremonial de la Vigilia Pascual del Sábado Santo, que es la esperanza del retorno de Cristo a la vida, son formas excelsas de dar culto a Dios en el templo.

Pero la Semana Santa tiene en las procesiones su proyección en la calle. Son parte del culto, pero no lo más importante por muy vistosas que sean. En ellas los cofrades predicamos el credo cristiano a pesar de la obsesión de algunos otros por destacar su lado festivo, cuando para los fieles cristianos las procesiones sólo tienen el interés religioso congénito de su propia naturaleza. Sus imágenes son retratos en positivo de unos momentos claves para nuestra fe, los que padeció Cristo en tres días históricos que revolucionaron la humanidad. Veinte siglos avalan el efecto religioso de esta celebración.

Más esos retratos han sido plasmados por el hombre con su arte puesto al servicio de la historia sagrada que nos cuenta la Semana Santa. Imagineros, tallistas, pintores, bordadores, escultores, músicos, con más o menos fe, han legado su impronta artística en imágenes, tronos, partituras y otros elementos que enriquecen el culto con dignidad y belleza, y están en estrecha relación con la liturgia y la catequesis. Desde hace mucho tiempo las cofradías y el arte van de la mano para que se haga perceptible ese misterio cristiano a través de un patrimonio artístico, felizmente integrado en las tradiciones religiosas del pueblo. Surge así un patrimonio sacro que cada año se muestra con todo su esplendor en iglesias, calles y plazas convertidas en escaparates con imágenes emotivas donde la fe y el arte se hermanan y la belleza se pone del lado del Misterio, hasta llegar al corazón del hombre.

Esa hermandad, que nace de la fe y se transmite con singular belleza, es una prueba para los sentidos de la cercanía de Dios a quien damos culto y adoración; es también la respuesta viva del interés religioso y artístico que suscita la Semana Santa, fuertemente arraigado en la conciencia de las personas.

¿Interés turístico? Mejor interés religioso y artístico.

José Giménez Soria
 

martes, 5 de enero de 2016

DE SIMBOLOS Y CABALGATAS

El evangelista Juan dice en su Evangelio: En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba junto a Dios, y el Verbo era Dios... El Verbo era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre viniendo al mundo...Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros...”.

Juan usa el término Verbo para referirse a Cristo como la Palabra de Dios Padre que trae su mensaje al mundo y además afirma rotundo que la Palabra era Dios. Emplea ese símbolo cuyo contenido es claro: El Verbo es la persona divina de Cristo que ha venido del Padre para dar la vida a los hombres. Más adelante recuerda que “A Dios nadie lo ha visto jamás” siendo el Hijo “quien lo ha dado a conocer”.  Es verdad que Dios Padre habló a Abraham, a Jacob y a Moisés, pero nunca lo vieron, a diferencia de Cristo que “se hizo carne”, vivió entre nosotros y trajo la Palabra de Dios Padre, aunque “Vino a los suyos y no lo recibieron”, dice Juan con hondo pesar.

Hoy el mundo está dando la espalda al cristianismo, como se ve en el rechazo de sus símbolos tradicionales. El crucifijo, el signo de la ofrenda del amor de Dios, no solo ha desaparecido de escuelas y hospitales, sino que uno se esos “máster chef” tan a la moda elabora (?) un plato que llama “Cómo cocinar un crucifijo”, y en un colegio público se premia un trabajo injurioso contra Jesucristo, con un texto irreproducible. Contra este deterioro que agrede los principios cristianos, ¿qué hacemos?, ¿reír estas gracietas?, ¿seguir aguantando sin pizca de vergüenza la marea anticristiana que tenemos encima? ¿No sería mejor aplicar con fortaleza y sin vergüenza la enseñanza de San Pablo: “No te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor”?

Llega la Navidad. Apenas se ven colgaduras con la imagen del Niño Jesús en los balcones; los Reyes Magos –o reinas magas, según la moda- se relegan al banquillo de los suplentes en favor de Papa Noel; en la iluminación de las ciudades solo hay trazos consumistas; el belén anda tan perdido que hasta en el discurso de Nochebuena del Rey Felipe VI nadie lo encuentra, mientras David Camerón, el primer ministro inglés, habla de que “La Navidad es la ocasión para los cristianos de celebrar el triunfo definitivo del amor sobre la muerte, con ocasión del nacimiento de Jesús”; quien lo iba a decir si hasta alguna tele de aquí ha dicho que Cristo nació en Belén, según la tradición. ¡Qué tradición ni que pamplinas! Cristo es una figura tan histórica como Aristóteles, Sócrates o Napoleón.  

Faltaban las cabalgatas para degradar el sentido cristiano de la Navidad. Para ello en vez de Reyes Magos se inventan reinas magas, tres caricaturas con parafernalia carnavalesca, que ni van a Belén ni a adorar al Niño, echando por tierra el misterio de la Epifanía y la tradición de una fiesta para niños y las ilusiones de los mayores, un paso más para borrar toda seña de identidad de la cultura cristiana.

No podemos seguir desterrando los símbolos del cristianismo de nuestra vida. Eso sería como perder la fe en Cristo. Frente a la cristofobia patente y sin disimulos, hay que dejarse de catolicismo tibio y vergonzante y responder con la fuerza de la verdad.

DOS ADENDAS COMPLEMENTO DE LO ANTERIOR.

PRIMERA.- Jesucristo no es ninguna leyenda, es Historia rigurosamente documentada a lo largo de los siglos. Nació, vivió y murió en la época del Imperio Romano. Cuando Cesar Augusto decretó el empadronamiento, en Judea, estado cliente de Roma donde reinaba Herodes el Grande, la orden coincidió con el nacimiento de Jesús en Belén. Al morir Herodes en el 4 d.C. Augusto convirtió Judea en provincia de Roma. Augusto falleció el 19 de agosto del 14 d. y el Senado transmitió el poder a Tiberio Claudio. Jesús tendría unos 14 años y vivía con sus padres José y María en Nazaret. En Judea al procurador Valerio Graco le sucedió Poncio Pilato (26-36 d.C.) que ha pasado a la historia por haber ordenado la ejecución de Jesús de Nazaret, hacia el año 30. (Nada inventado).

 
SEGUNDA.- En Alcoy los Reyes de Oriente descienden de forma majestuosa por las empinadas calles del centro con sus pajes en busca de los hogares a los que van dirigidos los bultos que acarrean. Mientras tanto, los vecinos y visitantes se agolpan en la Plaza de España para presenciar uno de los momentos más entrañables de la Cabalgata: la Adoración. Tras descender de sus monturas, los Reyes portan sus presentes al Niño -oro, incienso y mirra, como rubrican los Evangelios- y se postran para rendir pleitesía al Redentor que ha nacido en Belén. (Todavía hay clases).
 
Jose  Giménez Soria

lunes, 12 de octubre de 2015

MARTA Y MARIA

En un diario de tirada nacional, una periodista, escritora de éxito, abogaba por una reforma que permita a la mujer alcanzar el lugar que le corresponde en la sociedad. Había sido invitada en Madrid a un importante Foro que había congregado a lo más granado del Poder (con mayúscula): financiero, empresarial, diplomático, ejecutivo, prensa, altos cargos de la Administración; más de cuatrocientas personas para escuchar al Presidente del Gobierno. Dominaban los rostros masculinos en proporción de 9 a 1 sobre los femeninos, y esa diferencia motivó el artículo de la oyente, exigiendo a los poderes públicos medidas que pongan fin a la discriminación real de la mujer frente al hombre para que aquella alcance una meta similar al hombre, y sus aspiraciones, legitimas y justas, fruto de su capacidad y esfuerzo, se vean reflejadas en esa fotografía del Poder (con mayúscula) en la que la mujer esté también en la cúspide.

A la caída de la tarde, en la iglesia cercana se rezaba el Rosario ante el Señor Sacramentado expuesto en la Custodia. El altar brillaba con reflejos de luces y cirios mientras se desgranaban las avemarías de los misterios dolorosos. Era viernes. El poder (éste con minúscula) de Cristo solo atraía a cinco mujeres y dos hombres. Muchas otras personas habían sido invitadas a escuchar la palabra de Dios, pero la proporción de bancos vacios era de 9 a 1. Una foto muy distinta de la anterior.

Dice San Lucas (10,38-42) que Jesús fue a Betania donde vivía una mujer llamada Marta, que le recibió en su casa. Tenía una hermana, María, que se sentó a los pies del Señor para escuchar sus palabras. Marta se dedicó a sus quehaceres y se agobió. Entonces se quejó: «Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola en el trabajo? Dile que me ayude». El Señor le dijo: «Marta, te preocupas y te agitas por muchas cosas; y hay necesidad de pocas, o mejor, de una sola. María ha elegido la parte buena, que no le será quitada».

Marta representa la vida activa, absorbida y preocupada por demostrar su valía en quehaceres pasajeros y se queja reivindicando lo importante de su papel, que considera esencial en la sociedad. Recibe una cariñosa reprimenda. Solo una cosa es lo que importa a los ojos de Dios: actitud sencilla de trabajo sin afán de poder para organizar el mundo.

María hace de un modelo de discípulo que está atento a la palabra de Dios y prescinde de todo lo demás. Ambas han tenido idénticas oportunidades, pero María ha escogido la parte buena: atiende a la palabra de Jesús para actuar conforme a lo escuchado.

El domingo siguiente se podía escuchar esto del libro de la Sabiduría: «Supliqué y se me concedió la prudencia; invoqué y vino a mí un espíritu de sabiduría. La preferí a cetros y tronos, y en su comparación tuve en nada la riqueza…; todo el oro a su lado es un poco de arena, y la plata vale lo que el barro. La preferí a la salud y a la belleza y me propuse tenerla por luz, porque su resplandor no tiene ocaso. Con ella me vinieron todos los bienes juntos, en sus manos había riquezas incontables».

miércoles, 2 de septiembre de 2015

DE CALLES Y BUSTOS NADA HAY ESCRITO

Gruocho Marx decía que “La política es el arte de buscar problemas” y algunos alcaldes de la reciente cosecha –elecciones del 24 M- se lo han tomado al pie de la letra. Aprovechando la memoria histórica de Zapatero y que el calor del verano suele estropear las meninges, a falta de mejor provecho, unos gastan los dineros en cambiar nombres de las calles, otros retiran bustos reales o afines, y todos disfrutan con el estropicio.

Así la alcaldesa de Madrid, Doña Manuela Carmena, cambia del callejero al escritor Vázquez de Mella para poner en su lugar el nombre del concejal socialista de ese Ayuntamiento, Pedro Zerolo, ya fallecido, gran propagandista del homosexualismo, que Dios guarde. La de Barcelona, Ada Colau es su gracia, manda quitar un busto del rey Juan Carlos del salón de plenos porque la muy mandona “no es monárquica”; y la de Jerez de la Frontera, retira de un teatro local un busto de su paisano, el académico y escritor Pemán, porque fue coetáneo de Franco y para ella, que es muy socialista, eso es un horror.  

De José María Pemán, un hombre dotado de “chispa y gracejo”, Carlos Herrera, periodista y escritor, escribe que fue un “autor oceánico” por la multitud de obras de teatro, novelas, poesía y de incontables artículos cuya excelencia es indudable, salvo para la ignorante regidora jerezana, incapaz de apreciar la maestría de este personaje que, con Rafael Alberti, son, con mucho, de lo mejor de la tierra andaluza, aunque fueran de ideales contrapuestos.

Para rematar su artículo, Carlos Herrera ofrece unos versos de 1923 cuando Pemán era veinteañero, que juzga de “autorretrato” y que son para enmarcar:

«Ni voy de la Gloria en pos/ni torpe ambición me afana/y al nacer cada mañana/tan solo le pido a Dios/casa limpia en que albergar/pan tierno para comer/libro para leer/y un Cristo para rezar».

Del desalojo callejero de Vázquez de Mella, Juan Manuel de Prada dice que esto ocurre porque España «se ha convertido en un vomitorio pagano y un parque temático de la tontería útil», y apunta como causas «la decadencia de España como nación y el descreimiento de la sociedad actual». No le falta razón.

Para conocer a fondo una nación, recomendaba Vázquez de Mella,  «hay que conocer la directriz de su historia, el principio vital que ha informado su ser y todas las manifestaciones de su genio; y para conocer eso, cuando se trata de España, hay que conocer la religión católica». ¿Cómo puede tener una calle en Madrid un tipo que habla de conocer la religión católica? Doña Manuela, que es muy maja, tira de manual laico y con gran dolor de su corazón hace propósito de enmienda… y cambia el nombre de la calle.

Sobre el homenaje al fallecido concejal Zerolo celebrado en una iglesia madrileña, cosa que aun respetando su condición humana, chirría con la ley cristiana, Prada acude a una carta de Federico Garcia Lorca a su familia del 14 de julio de 1929 escrita después de asistir a una función religiosa en Nueva York, destacando la solemnidad del ceremonial religioso en el templo, nada que ver con la “carnavalada” del homenaje a Zerolo. «Esta mañana fui a ver una misa católica dicha por un inglés, -escribe el poeta granadino- Y ahora veo lo prodigioso que es cualquier cura andaluz diciéndola. Hay un instinto innato de la belleza en el pueblo español y una alta idea de la presencia de Dios en el templo. Ahora comprendo el espectáculo fervoroso, único en el mundo, que es una misa en España. La lentitud, la grandeza, el adorno del altar, la cordialidad en la adoración del Sacramento, el culto a la virgen, son en España de una absoluta personalidad y de una enorme poesía y belleza. La solemnidad en lo religioso es cordialidad, porque es una prueba viva, prueba para los sentidos, de la inmediata presencia de Dios. Es como decir: Dios está con nosotros, démosle culto y adoración. Pero es una gran equivocación suprimir el ceremonial. Es la gran cosa de España. Son las formas exquisitas, la hidalguía con Dios».

“Al renunciar a esta hidalguía con Dios, era inevitable que España se convirtiese en un vomitorio pagano”, termina diciendo Juan Manuel de Prada.

martes, 14 de julio de 2015

LAUDATO SI’

Con fecha 24 de mayo, Solemnidad de Pentecostés, del año 2015, el Papa Francisco ha hecho pública esta Carta-Encíclica, una exhortación a conservar el planeta en que vivimos, cuyo título está tomado de un cantico de San Francisco.

«Laudato si’, mi’ Signore» – «Alabado seas, mi Señor», cantaba san Francisco de Asís. En ese hermoso cántico nos recordaba que nuestra casa común es también como una hermana, con la cual compartimos la existencia, y como una madre bella que nos acoge entre sus brazos: «Alabado seas, mi Señor, por la hermana nuestra madre tierra, la cual nos sustenta, y gobierna y produce diversos frutos con coloridas flores y hierba»

Sobre la encíclica se han vertido opiniones y comentarios de toda laya, algunos muy críticos porque no admiten que en el tema ecológico, tan manido, meta las narices un hombre de Dios, creídos en la superioridad de sus ideas sobre las de los demás.

Para los católicos el Génesis es el punto de partida de todo lo creado. El Dios del Génesis es el Dios Creador. No tiene genealogía ni pasado, y crea el lugar donde habitan todos los seres creados, con predilección para el ser humano. Un lugar ordenado en que cada criatura tiene su propio puesto conforme al diseño divino, cuyo cuidado y conservación corresponde al hombre.

De lo escrito sobre la encíclica, el artículo No es la ecología, es la teología” de Monseñor Juan Antonio Martínez Camino, Obispo auxiliar de Madrid, matiza algunas de las ideas publicadas.

El autor empieza diciendo que algunos críticos más duros afirman que el Papa no ofrece en su encíclica ninguna solución económica ni política a la cuestión ecológica. Si antes lo criticaban por meterse a político y economista de cariz izquierdista, ahora lo critican por presentar un texto carente de propuestas prácticas de algún tipo.

También se dice que la encíclica nos obliga a los católicos a creer en algo nuevo: en el llamado «climatismo», cuando lo cierto es que no es verdad que lo diga. La fe católica es siempre la misma, a diferencia de las ideologías que van surgiendo al compás de determinados intereses e incluso de falsedades. Nuestra fe es la del Credo y por tanto, no es cierto que los católicos tengamos que creer en el «climatismo», esa teoría que establece un nexo exclusivo de causalidad entre la acción humana y el calentamiento de la Tierra.

Lo que sí es cierto es que Laudato si’ obliga a todos, y específicamente a los católicos, a no tomarse a broma la cuestión de la supervivencia del ecosistema planetario y de la vida humana en él, empezando por la de los más pobres. Los católicos estamos obligados a hacerlo así virtud de nuestra condición de creyentes en Dios.

Hace algunos años se puso de moda acusar a la tradición judeocristiana de la crisis ecológica achacando al cristianismo los obstáculos que ponía al avance de los pueblos con sus censuras y su supuesto sentido fatalista de la existencia. Más tarde cuando se vio que el mito del progreso se estaba cobrando demasiadas víctimas, incluido el ecosistema, también se buscó en la tradición bíblica la causa de la sobreexplotación de la Tierra. Habría sido el Dios del Génesis quien le habría dado carta blanca al hombre occidental para «someter la Tierra».

Pues bien, lo que el Papa Francisco denuncia, siguiendo una ya larga tradición teológica y magisterial, es que el responsable principal de lo que está pasando con la Tierra y la Humanidad es precisamente el ser humano que se ha apartado del Creador y se ha puesto a sí mismo en el centro de todo. La fe en el Dios del Génesis nos funda en la humildad, en la gratuidad y en el cuidado de su hermosa creación. En el fondo de la crisis ecológica se halla el ídolo llamado progreso, que es hechura de manos humanas y como tal un falso dios.

No es verdad que el Papa se pronuncie en contra del progreso sin ofrecer solución ninguna a los males causados por la ideología que lo diviniza. Lo que critica con cierta dureza es el «paradigma tecnocrático», que hace descarrilar el progreso humano de los pueblos, y pone por encima de todo la técnica y el disfrute del poder que le va aparejado. De ahí resulta un desarrollo no acorde con las verdaderas necesidades del hombre ni con la equidad entre los seres humanos y los pueblos. Por encima de la técnica y del poder están la dignidad humana y el bien común, y por eso necesitan ser orientados por el Bien, la Verdad y la Belleza.

Entonces ¿condena el Papa la economía de mercado y la libertad? Pues no, a no ser que quienes piensan que la pura ley de la oferta y de la demanda, con un poder político corrupto, más preocupado del poder que de la justicia, pueda solucionar la crisis ecológica. Las leyes del mercado no son ni buenas ni malas. Son eficientes económicamente, pero insuficientes para una vida en justicia y libertad. Hay que avanzar hacia una solución no encerrada en la voluntad irracional de poder, sino abierta a los amplios horizontes del Creador y de su obra maravillosa. Esa es la propuesta del Papa Francisco

Lo que a algunos les duele no es tanto la ecología, sino la teología, porque la cuestión ecológica nos pone a todos de nuevo ante la cuestión de Dios y de la naturaleza, no ciertamente como diosa, sino como creación portadora de un lenguaje divino.

El punto final de la encíclica no tiene desperdicio: «Dios, que nos convoca a la entrega generosa y a darlo todo, nos ofrece las fuerzas y la luz que necesitamos para salir adelante. En el corazón de este mundo sigue presente el Señor de la vida que nos ama tanto. Él no nos abandona, no nos deja solos, porque se ha unido definitivamente a nuestra tierra, y su amor siempre nos lleva a encontrar nuevos caminos. Alabado sea»