miércoles, 6 de marzo de 2019

CENIZA


En el libro de Jonás se lee esto: Nínive era la capital del Imperio Asirio, situada en la orilla del rio Tigris. Dios dijo a Jonás: «Vete a Nínive, la gran ciudad, y anúnciales que su maldad ha llegado hasta mí». Pero Jonás no se apresuró y de nuevo Dios le dijo: «Ve a Nínive a predicar lo que yo te diga». Lo hizo Jonás y predicó así: «Dentro de cuarenta días, Nínive será destruida». Los ninivitas creyeron, ayunaron y vistieron ropa de penitencia. Enterado el rey se despojó de manto real, se vistió con rudo sayal y se sentó sobre el polvo. Dios tuvo compasión y no llevó a cabo su amenaza.

Este relato es ilustrativo del porqué la ceniza es signo de penitencia.

         El Miércoles de Ceniza se celebra cuarenta días antes del Domingo de Ramos, día que comienza la Semana Santa. Su fecha varia cada año por la misma razón que la Pascua de Resurrección, que se festeja el domingo siguiente de la primera luna llena del equinoccio de primavera según decretó el Primer Concilio de Nicea en el 325 d.C. De ahí que este miércoles oscile entre el 4 de febrero y el 10 de marzo.

Aunque la imposición de la ceniza se remonta a los primeros siglos de la Iglesia, fue en el siglo XI cuando Roma impuso el rito de la ceniza al iniciar la Cuaresma. La ceniza es un símbolo. Según el artículo 125 del Directorio sobre la piedad popular y la liturgia, “El gesto de cubrirse con ceniza tiene el sentido de reconocer la propia fragilidad y mortalidad, que necesita ser redimida por la misericordia de Dios. Este gesto la Iglesia lo conserva como signo de la actitud del corazón penitente que cada bautizado está llamado a asumir en el itinerario cuaresmal. Se debe ayudar a los fieles que acuden en gran número a recibir la ceniza a que capten su significado interior, el que abre a la conversión y a la renovación pascual”.

          Como signo de humildad, la ceniza recuerda el origen del hombre, «Dios modeló al hombre del polvo del suelo e insufló en su nariz aliento de vida; y el hombre se convirtió en ser vivo» (Gn.2,7), y su final, «Comerás el pan con el sudor de tu frente hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste sacado, pues eres polvo y al polvo volverás» (Gn.3,19).
 
La ceniza que se usa este día procede de haber quemado los restos de las palmas del Domingo de Ramos del año anterior. Se rocía con agua bendita e incienso y se impone en la frente haciendo la señal de la cruz mientras el celebrante dice: «Acuérdate que eres polvo y en polvo te convertirás», o bien «Conviértete y cree en el Evangelio». Después se pueden dedicar unos minutos a la meditación.

         No es obligatoria la imposición de ceniza, pero si recomendable para que los creyentes inicien la Cuaresma con un ejercicio de valor penitencial, prólogo del gran misterio de la Semana Santa.

lunes, 11 de febrero de 2019

ABRAHAM

          Nos habíamos quedado en el diluvio. En Noé empieza la nueva humanidad y de Sem, el hijo mayor, nacería la genealogía que alcanza a Abrán.
 
         Abrán se casó con Saray y Dios lo llamó y le mandó ir a la tierra que Él le mostraría: «Haré de ti una gran nación, te bendeciré y haré famoso tu nombre», le dijo. Abrán creyó, obedeció a Dios y marchó con Saray y su sobrino Lot hacia la tierra Canaán; la atravesó hasta llegar a Siquén donde Dios se le apareció de nuevo y le dio esa tierra. Abrán entonces levantó un altar en honor a Dios.
 
Pasado el tiempo sobrevino una gran hambre que obligó a Abrán y Saray a huir a Egipto donde fueron recibidos por el faraón que los trató muy bien en atención a Saray que era muy bella. Abrán obtuvo ovejas, vacas, asnos, siervos y camellos, llegando a ser rico en ganado, plata y oro. Con ese bagaje se trasladó a Betel con Lot que también tenía ovejas y vacas, y Dios habló a Abrán: «Alza tu vista hacia el norte, el mediodía, el oriente y el poniente. Toda la tierra que ves te la daré a ti y a tus descendientes para siempre. Ellos serán como el polvo de la tierra: el que pueda contar el polvo de la tierra podrá contar a tus descendientes». Así fue como nació la tierra prometida; en ella se estableció junto a la encina de Mambré, en Hebrón.
Saray era estéril y no tuvo hijos. Esta dio a su sierva Agar a Abrán como esposa y tuvieron un hijo llamado Ismael. Pero Dios viendo a Abrán afligido le prometió que sería padre de una multitud de pueblos y le cambió el nombre: «Ya no te llamarás Abrán sino Abrahán (padre de muchas naciones). Te haré fecundo. Os daré a ti y a tus descendientes la tierra de Canaán como posesión perpetua, y seré tu Dios» y de Saray dijo: «Tu mujer, ya no se llamará Saray, sino Sara; la bendeciré y te dará un hijo que llamarás Isaac y nacerán pueblos y reyes de naciones». Abraham intercedió por Ismael y Dios dijo: «Bendeciré a Ismael, lo haré fecundo, engendrará doce príncipes y haré de él un gran pueblo, pero mi alianza será con Isaac, el hijo que te dará Sara el año que viene por estas fechas»
Abrahán y Sara eran ancianos cuando nació Isaac en Guerar en la región del Negueb.  Pasaron los años y Dios puso a prueba a Abrahán: mandó que le ofreciera a Isaac en holocausto. Este relato es conocido como “el sacrificio de Isaac”. Abrahán estuvo  tentado a negarse, pero antepuso el amor a Dios al de su hijo y superó la prueba.
Murió primero Sara y después Abrahán. A su muerte Dios bendijo a Isaac. Ismael, hijo de Abrahán y Agar, tuvo doce hijos que fueron jefes de doce tribus que se extendieron desde Javilá, una región de Arabia, hasta Sur junto a Egipto.
José Gimenez Soria

sábado, 5 de enero de 2019

LIRIOS

           El lirio es una planta herbácea de tallo ramoso con flores muy llamativas de seis pétalos que según sus colores tienen su significado. Así el blanco simboliza inocencia, pureza y modestia; el anaranjado significa pasión y excitación; el lirio amarillo significa alegría, y el rosado simboliza juventud y regocijo. Son comunes en arreglos florales y en jardines.

“De colores se visten los campos en la primavera, de colores son los pajaritos que vienen de afuera”, dice una canción de Joan Báez. En Israel los lirios alegraban el paisaje. En cierta ocasión Jesús se refirió a ellos: «Fijaos como crecen los lirios, no se fatigan ni hilan; pero os digo que ni Salomón en todo su esplendor se vistió como uno de ellos» (Lc. 12, 27).
 
Uno le había preguntado cómo repartir la herencia con su hermano,  pero se negó a ser árbitro de la disputa. Pero viendo el apego al dinero de los presentes les dijo que la vida no depende de los bienes. Habló entonces a los que creen que solo los bienes materiales dan la felicidad, a los que ponen todo su afán en acumular riquezas y olvidan que la providencia de Dios cuida de nosotros. En esta época caracterizada por los deseos de poseer, bueno es recordar sus palabras: «No os inquietéis por la vida, qué vais a comer; ni por el cuerpo, con qué  os vais a vestir, pues la vida es más que el alimento y el cuerpo más que el vestido» (Lc. 12, 22-24)

Está empezando un nuevo año: saldrá el sol y se pondrá un día tras otro guiado por la mano del Todopoderoso; la naturaleza dará sus frutos, lloverá y nevará, y los lirios lucirán con el primoroso vestido que Dios les da. Llega la Epifanía, la fiesta de la generosidad de los Reyes Magos con el Niño Jesús y con la fantasía de los niños, una tradición familiar de regalos de los padres para sus hijos.
 
            Es hora de las buenas intenciones para el nuevo año y de los buenos propósitos. Dar de lado a las vanas preocupaciones, puede ser uno; no correr, la vida es corta y merece vivir cada hora como si fuese la última; disfrutar con la familia y practicar la amistad hace a uno más rico que un puñado de euros; no agobiarse con el sustento: observar los lirios, no se fatigan y da gloria verlos; rezar y leer la Biblia es un ejercicio diario relajante, y por último confiar en Dios: es mucho más digno de confianza que cualquiera.

José Giménez Soria 

lunes, 24 de diciembre de 2018

“LO ENVOLVIO EN PAÑALES Y LO RECOSTÓ EN UN PESEBRE”

         Vivía María en Nazaret sus últimas semanas de gestación cuando surgió un viaje inesperado. Cayo Octavio, el emperador Augusto, que había anexionado Israel como provincia romana, dictó un decreto mandando empadronarse en todo el imperio. Ello obligó a José y María a viajar a Belén para inscribirse. ¿Por qué Belén?  
 
         El decreto obligaba a empadronarse por familias por lo que José, de la familia de David,  debía ir a Belén, la ciudad de David, a unos 130 km de Nazaret. Además se cumpliría lo profetizado por Miqueas 700 años antes: “De ti, Belén, saldrá quien ha de gobernar en Israel”, una profecía cargada de esperanza mesiánica en unos tiempos duros y confusos.
 
         José y María partieron de Nazaret, en Galilea, cruzando Samaria a Belén, en Judea, en una caravana a donde llegaron al cabo de varios días de camino. El último tramo del viaje fue muy penoso para María que a ratos iba en burro o bien andando. En Belén les fue difícil encontrar posada y se acomodaron en un establo. Luego se inscribieron y pagaron el tributo sin problemas por ser de la estirpe de David.  

José dejó a María en el establo y fue en busca de alojamiento pero volvió afligido sin encontrarlo. En esto María salió de cuentas, llegaron los dolores del parto y dio a luz a su primogénito. Lo envolvió en pañales y lo recostó en un pesebre, convertido en su primera cuna. Esto ocurrió en un establo, una especie de refugio para animales, en definitiva un lugar pobre.   
 
        Este nacimiento marca el inicio de una nueva era. En él Dios adopta la condición humana, “habitó entre nosotros” dice San Juan, y desde entonces el tiempo de la historia se cuenta antes de Cristo y después de Cristo. Trajo la luz y el privilegio de contemplar su gloria alumbrada desde la humildad de un pesebre: es la Navidad.  

La Navidad se celebra en nuestro mundo como una gran fiesta de alegría en la que no caben discriminaciones. Esta historia en la que Dios se hace niño sirve para que con nuestra creencia religiosa, la disfrutemos con holgura sin caer en la tentación de hacer de ella una fiesta frívola y descreída. La Navidad nació envuelta en pañales, no adornada con papel de regalo.  

El relato evangélico se enmarca dentro de la historia de aquella época. Jesús nació en un pueblo insignificante para la magnitud del imperio romano. Fue un  hecho real que tuvo lugar en el año 753 de la fundación de Roma, en el mandato de Cesar Augusto a quien el Senado le había otorgado el titulo de Imperator Caesar Augustus. El censo lo organizó su legado en Siria, Cirino, y en Judea reinaba Herodes el Grande, con sede en Jerusalén. Obligados por el decreto censal, José y María tuvieron que dejar su tierra para un viaje nada cómodo ni fácil con ella en situación de dar a luz. Si difícil fue el viaje, peor fue al llegar a Belén y ver que era un lugar extraño para ellos, pero Dios se sirvió de este acontecimiento para su plan salvador.

       El pequeño pueblo de Belén nos dejó el regalo de la Navidad, el acontecimiento que hace más de dos mil años se convirtió en cuna de nuestra civilización. Allí empezó a contar la era cristiana.
 
José Giménez Soria

viernes, 9 de noviembre de 2018

EL DILUVIO

         Tras la muerte de Abel, Adán y Eva engendraron a Set, su tercer hijo al que siguieron ocho generaciones que empezaron en Enós, descendiente de Set, y continuaron con Quenán, Malalel, Yared, Henoc, Matusalén y Lamec, que engendró a Noé. También  tuvieron más hijos e hijas que se multiplicaron sobre la tierra según las palabras de Dios: «Sed fecundos y llenad la tierra» (Gn. 1,28).

Con el tiempo creció la maldad y Dios lo vio, y se arrepintió de haber creado al hombre. Entonces decidió exterminarlo con un diluvio, pero se fijó en Noé, que era justo y honrado en una época en que la humanidad se había corrompido, y obtuvo el favor y la bendición de Dios incluso para sus hijos Sem, Cam y Jafet.

Dios habló a Noé y le mandó hacer un arca de madera para él, su familia y parejas de animales de todas las especies. Todos entraron en el arca y empezó a llover. Dice el Génesis (7,11) que «En el año setecientos de la vida de Noé reventaron las fuentes del gran abismo y se abrieron las compuertas del cielo y estuvo lloviendo cuarenta días y cuarenta noches». El agua subió por encima de las montañas más altas y el arca flotaba sobre la superficie de las aguas. Y sigue el Génesis (7,21-22) «Perecieron todas las criaturas que se movían en la tierra: aves, ganados, fieras y cuanto bullía sobre la tierra y todos los hombres. Todo lo que exhalaba aliento de vida, todo cuanto existía en tierra firma, murió». Las aguas llenaron la tierra durante ciento cincuenta días al cabo de los cuales Dios sopló viento y el agua comenzó a bajar.

          El diluvio marcó el final de una era. Cuando la tierra se secó, Noé salió del arca, construyó un altar y ofreció un holocausto a Dios. Dios aceptó el sacrificio y dijo: «Nunca más maldeciré la tierra por causa del hombre, ni volveré a destruir a los vivientes como lo he hecho» (Gn.8, 21) y estableció una alianza con Noé y sus hijos: «Establezco mi alianza con vosotros; nunca volveré a destruir criatura alguna ni habrá otro diluvio que devaste la tierra» (Gn. 9,11). Dios restableció el orden de la creación y selló una paz duradera con el hombre con esa promesa. Después Noé vivió dedicado a la agricultura hasta un total de novecientos cincuenta años.

La tierra se repobló con los descendientes de los hijos de Noé cuyas familias se esparcieron por los territorios entonces conocidos. La genealogía de Adán a Noé continuó con los descendientes de Sem, el mayor de los hijos, que engendró a Arfacsad, éste a Selaj, éste a Eber, éste a Peleg, éste a Reu, éste a Serug, éste a Najor, éste a Teraj y éste a Abrán, a Najor y a Arán.

Adán representa a la humanidad creada por Dios y Noé a la humanidad salvada por Dios del diluvio. 
José Giménez Soria

miércoles, 10 de octubre de 2018

EL EDEN


En el principio Dios creó los cielos y la tierra, y dijo “¡Haya luz!” y hubo luz, siguió y así un día tras otro creó los seres vivientes y las plantas hasta llegar al hombre y a la mujer. Para ellos, Adán y Eva, plantó un jardín en Edén, al oriente, e hizo brotar toda clase de arboles hermosos para ver y buenos para comer, y en medio, el árbol de la ciencia del bien y del mal. Para distinguir este jardín sagrado de otros jardines reales la Biblia también lo llama jardín de Dios o del Señor (Gn.13, 10) (Ez.28,13 y 31,8) o jardín de Edén, traducción de “delicias” en hebreo. (Gn.3, 23)    
 

Edén es el nombre geográfico de un lugar ahora difícil de localizar, que tal vez significara estepa. El Génesis lo llama jardín, o “paraíso” en la versión latina y en la moderna, y da una pista sobre su ubicación. Dice: «En Edén nacía un rio que regaba el jardín, y desde allí se dividía en cuatro brazos: el primero se llama Pisón, el que rodea toda la tierra de Javilá donde hay oro. El segundo rio se llama Guijón, el que rodea toda la tierra de Cus. El tercero se llama Tigris y corre al este de Asiria. El cuarto es el Éufrates» (Gn. 2, 10-14)

             Los intentos para localizar el lugar exacto del jardín comenzaron por conocer la ubicación de los ríos. La del rio Pisón, Javilá podía ser una región de Arabia ((Gn. 10, 29), y la del Guijón Cus podía ser Etiopía, pero no están plenamente identificadas. Sin embargo son más conocidos y están localizados los ríos Tigris y Éufrates. El Tigris fluye a través de Siria, Turquía e Irak en el suroeste de Asia, primero hacia el este y luego hacia el sur. Se une al Éufrates y dan origen a un gran rio que desemboca en el golfo Pérsico. Entre ambos ríos se desarrolló Mesopotamia, su nombre significa “tierra entre ríos”, donde floreció la agricultura y fue cuna de una civilización antigua. Los  estudiosos de la Biblia han llegado a la conclusión de que el jardín del Edén estaba en algún lugar en esta zona en el conocido valle del río Tigris y el Éufrates. Es una hipótesis que puede ser fiable.
 

Otra teoría apunta a que la ubicación del Edén no se conozca con exactitud por la modificación de la orografía producida por el diluvio y por la supuesta voluntad divina de que no se localice el lugar donde el hombre cometió el primer pecado.
 

Desde la perspectiva de un creyente el jardín prueba la libertad que Dios creador dio a Adán y Eva poniendo a su disposición todo lo creado, reservándose únicamente el precepto de no comer los frutos del árbol de la ciencia del bien y del mal. Mas Adán y Eva cayeron en la tentación, comieron y al instante se les despertó la conciencia y «descubrieron que estaban desnudos»” (Gn.3, 7). Habían roto la armonía existente entre ellos y Dios.  
 
           Avergonzados se ocultaron pero Dios los buscó y llamó a Adán, «¿Dónde estás?» y al verlo lo expulsó del jardín para que labrase la tierra: «Comerás el pan con el sudor de tu frente hasta que vuelvas a la tierra porque de ella fuiste sacado» (Gn.3,19)

 
José Giménez Soria

sábado, 12 de mayo de 2018

NUEVO COMIENZO

Comentario al Evangelio de Marcos 16, 15-20
 

Los evangelistas describen con diferentes lenguajes la misión que Jesús confía a sus seguidores. Según Mateo han de «hacer discípulos» que aprendan a vivir como él les ha enseñado. Según Lucas, han de ser «testigos» de lo que han vivido junto a él. Marcos lo resume todo diciendo que han de «proclamar el Evangelio a toda la creación».

Quienes se acercan hoy a una comunidad cristiana no se encuentran directamente con el Evangelio. Lo que perciben es el funcionamiento de una religión envejecida, con graves signos de crisis. No pueden identificar con claridad en el interior de esa religión la Buena Noticia proveniente del impacto provocado por Jesús hace veinte siglos.

Por otra parte, muchos cristianos no conocen directamente el Evangelio. Todo lo que saben de Jesús y su mensaje es lo que pueden reconstruir de manera parcial y fragmentaria, recordando lo que han escuchado a catequistas y predicadores. Viven su religión privados del contacto personal con el Evangelio.

¿Cómo podrán proclamarlo si no lo conocen en sus propias comunidades? El Concilio Vaticano II ha recordado algo demasiado olvidado en estos momentos: «El Evangelio es, en todos los tiempos, el principio de toda su vida para la Iglesia». Ha llegado el momento de entender y configurar la comunidad cristiana como un lugar donde lo primero es acoger el Evangelio de Jesús.

Nada puede regenerar el tejido en crisis de nuestras comunidades como la fuerza del Evangelio. Solo la experiencia directa e inmediata del Evangelio puede revitalizar la Iglesia. Dentro de unos años, cuando la crisis nos obligue a centrarnos solo en lo esencial, veremos con claridad que nada es más importante hoy para los cristianos que reunirnos a leer, escuchar y compartir juntos los relatos evangélicos.

Lo primero es creer en la fuerza regeneradora del Evangelio. Los relatos evangélicos enseñan a vivir la fe no por obligación, sino por atracción. Hacen vivir la vida cristiana no como deber, sino como irradiación y contagio. Es posible introducir en las parroquias una dinámica nueva. Reunidos en pequeños grupos, en contacto con el Evangelio, iremos recuperando nuestra verdadera identidad de seguidores de Jesús.

Hemos de volver al Evangelio como nuevo comienzo. Ya no sirve cualquier programa o estrategia pastoral. Dentro de unos años, escuchar juntos el Evangelio de Jesús no será una actividad más entre otras, sino la matriz desde la que comenzará la regeneración de la fe cristiana en las pequeñas comunidades dispersas en medio de una sociedad secularizada.

Tiene razón el papa Francisco cuando nos dice que el principio y motor de la renovación de la Iglesia en estos tiempos hemos de encontrarlo en «volver a la fuente y recuperar la frescura original del Evangelio».
José Antonio Pagola

domingo, 22 de abril de 2018

LA AUDIENCIA


Un anhelo para muchos católicos de todo el mundo es acercarse al Papa. La Santa Sede facilita estos encuentros con las Audiencias Generales que tienen lugar todos – o casi todos- los miércoles en San Pedro de Roma. La asistencia, que es gratuita, requiere una reserva previa que se puede hacer en la Prefectura de la Casa Pontifica o a través de alguna agencia de viajes. El día de la Audiencia conviene ir temprano a la Plaza de San Pedro buscar un buen sitio y poder ver al Papa lo más cerca posible.
 

Pasada la Semana Santa de 2018, el miércoles 11 de abril de la segunda semana de Pascua, el papa Francisco celebró audiencia general para una multitud que podía rondar entre 30 a 40.000 personas de toda raza, clase y condición. Como curiosidad, tres llamas, un mamífero rumiante propio de América del Sur, aparecieron con sus cuidadores alemanes ante la sorpresa de los peregrinos después de recorrer más de mil kilómetros en seis semanas. El Papa mantuvo luego un breve y ameno encuentro con los cuidadores, quienes le entregaron unos regalos.
 
Previamente a la aparición del Papa, sacerdotes de varios países fueron presentando y saludando en distintos idiomas a los grupos y asistentes de sus países respectivos allí presentes, saludo que era correspondido con vítores, aplausos y enarbolar de banderas.
 
Sobre las 9:45 horas un incesante murmullo y el consiguiente revuelo anunciaron la presencia del Papa de pie sobre el “papamóvil” acompañado de varios niños, que recorría los pasillos entre vallas saludando a todos los peregrinos e incluso deteniéndose a besar a los más pequeños que le presentaban al paso. Ver al Vicario de Cristo a tres metros es de una emoción indescriptible y un recuerdo inolvidable para toda la vida: El Papa Francisco se “gana” a los fieles porque se muestra cercano.

 
           Terminado el recorrido y los saludos, el Papa subió los escalones de la Basílica hasta el sillón del altar exterior cubierto donde se sentó para comenzar la audiencia. Tras el saludo y la invitación a escuchar la palabra de Dios con el pasaje de Mateo (28,19-20) «Id y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espiritu Santo; enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado», Francisco inició un ciclo dedicado a la catequesis sobre el Bautismo, el primer sacramento «el fundamento de toda la vida cristiana».
 

“Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días! 

“Este tiempo pascual es propicio para reflexionar sobre la vida cristiana, que es la vida que recibimos del mismo Cristo. Somos cristianos en la medida que dejamos que Él viva en nosotros. Para avivar esta conciencia debemos volver al origen, al sacramento del bautismo, que es el fundamento de toda la vida cristiana, es el primero de los sacramentos y es la puerta que permite al Señor hacer su morada en nosotros e introducirnos en su Misterio. Recuerden bien- insistió-el bautismo es el fundamento de la vida cristiana, y los bautizados son de Cristo”.
 

 “El verbo griego «bautizar»  significa sumergir. El baño con el agua expresa el paso de una condición a otra, signo de purificación para un nuevo inicio. En virtud del Espiritu Santo, el bautismo nos sumerge en la muerte y resurrección del Señor, ahogando en la fuente bautismal al hombre viejo dominado por el pecado, para que nazca el hombre nuevo, recreado en Jesucristo. El bautismo es un renacimiento y por eso os pregunto ¿recordáis cuál fue la fecha de vuestro bautismo? Si festejamos el día del nacimiento, ¿cómo no festejar el día del renacimiento? Los que no os acordéis de la fecha del bautismo, preguntad a la madre y a los tíos, «¿Sabes cuál es la fecha de mi bautismo?» y no la olvidéis nunca y agradeced al Señor, porque es el día en el que Jesús entró en mí, el Espíritu Santo entró en mí».
 

“El bautismo -siguió el Santo Padre- permite a Cristo vivir en nosotros y a nosotros vivir unidos a Él, para colaborar en la Iglesia, cada uno según la propia condición, en la transformación del mundo. El sacramento supone un camino de fe cuando es un adulto quien pide el bautismo. Pero también los niños desde la antigüedad son bautizados en la fe de los padres, y sobre esto quisiera decir algo a los que piensan: ¿Por qué bautizar a un niño que no entiende? Esperemos a que crezca, que entienda y sea él mismo quien pida el bautismo. Esto –aclaró el Papa- significa no tener confianza en el Espíritu Santo, porque cuando nosotros bautizamos a un niño, en ese niño entra el Espíritu Santo y el Espíritu Santo hace crecer en ese niño, desde niño, virtudes cristianas que después florecen. Se debe dar la oportunidad a todos los niños de tener dentro el Espíritu Santo que les guíe durante la vida. ¡No os olvidéis de bautizar a los niños!”
 

Terminada la alocución papal diversos prelados saludaron al Papa en nombre de los grupos asistentes con breves lecturas en italiano, inglés, francés, español, alemán, polaco, portugués y árabe, a los que correspondió Francisco agradecido. A los españoles dijo: “Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española venidos de España y Latinoamérica y los animo a recordar el día de su bautismo, que es el mayor regalo que hemos recibido, para que haciendo memoria de nuestra condición de cristianos tomemos conciencia de que pertenecemos a Dios y estamos llamados a ser testigos, en el ámbito donde vivimos, de la alegría de la salvación. Que Dios los bendiga. Muchas gracias”.
 
Antes de terminar la audiencia, el Papa invitó a todos a cantar juntos el Padre Nuestro en latín, cuyo texto estaba escrito en el reverso del papelito que sirvió para acceder a la Plaza. “Oremos juntos”, dijo, y el coro de voces de las miles de personas presentes entonó la gran oración que nos enseñó el Señor. Finalmente el Papa Francisco, como cabeza de la Iglesia Católica impartió su bendición apostólica a la multitud, que hizo extensiva a los seres queridos, y a los rosarios o crucifijos de los asistentes.
 

Fueron casi tres horas vividas en un ambiente de cristianismo latente que nos dejó una huella de emoción difícil de superar.
 
José Giménez Soria

domingo, 11 de marzo de 2018

LA VIRGEN MARÍA ¿DE HUELGA?


Algunos aun no se han enterado del papel de María de Nazaret. Apenas tenía 15 años cuando fue ungida por el Espiritu Santo hasta quedarse embarazada y dar a luz al Mesías, el Hijo de Dios hecho Hombre, que, solo con su palabra, en tres años hizo trizas la Antigua Ley para proclamar el Amor al Prójimo como Ley de vida, origen de una Civilización, -apellidada cristiana-, común a la mayor parte de la humanidad.

La tradición tiene a San Joaquín y a Santa Ana como padres de María. Eran gente sencilla y piadosa, y lo poco que tenían lo compartían con los pobres. Después de unos años de estancia en el Templo con otras doncellas dedicada a la oración y a instruirse en los deberes de la Ley de Dios, María se desposó con José. Primero los esponsales donde asumieron sus derechos y obligaciones, pero sin vivir juntos, y segundo ya pasados unos meses, María fue llevada con música y fiesta a la casa de José y empezaron a convivir bajo el mismo techo. En esos meses el ángel Gabriel le anunció su maternidad y el embarazo de su pariente Isabel.

María, mujer de gran sensibilidad, bien pudo atender a sus padres en su ancianidad y viajar a casa de Isabel para ayudarla en el parto y animarla con el Magníficat, un canto de alabanza a Dios, sin percibir remuneración alguna. Ni tuvo reparos en emigrar con lo puesto a Egipto para salvar a su Hijo perseguido por Herodes. Años después, en Nazaret, se dedicó a cuidar a su familia, a sus labores domesticas, compartiendo penurias con José, y al servicio de Dios para que su Hijo creciera, conociera la ley de Moisés y se fortaleciera lleno de sabiduría.
 
María de Nazaret vio crecer a su Hijo hasta que se emancipó y quedó sola unos años. Luego vio cumplida la profecía: “Una espada te atravesará el alma», y Ella, advertida de la condena de su Hijo, en compañía de Juan, María Magdalena, María la de Cleofás y María Salomé, sabedora de los designios de Dios, padeció la vía dolorosa que jamás madre alguna ha sufrido, un trance que soportó con una entereza ejemplar consciente de su Mediación en el Misterio de la Redención. 
 
          
No necesitó María de Nazaret ponerse en huelga entonces ni manifestarse ante Pilato - el poder romano tampoco lo permitiría- ni tampoco la haría hoy, porque «El plan divino de la salvación, -señala la Redemptoris Mater- revelado con la venida de Cristo, reserva un lugar a su Madre, que es introducida definitivamente en el centro del misterio de Cristo para la restauración de la vida sobrenatural de las almas. Así María entra de manera muy personal en la mediación entre Dios y los hombres». Un trabajo impagable.

Por otra parte la “Lumen gentium” «Exhorta encarecidamente a los teólogos y a los predicadores de la palabra divina a que se abstengan con cuidado tanto de toda falsa exageración cuanto de una excesiva mezquindad de alma al tratar de la singular dignidad de la Madre de Dios…, y que los Santos Padres y Doctores de la Iglesia expliquen rectamente los oficios y los privilegios de la Santísima Virgen, que siempre tienen por fin a Cristo, origen de toda verdad, santidad y piedad, y en las expresiones o en las palabras eviten cuidadosamente todo aquello que pueda inducir a error a los hermanos separados o a cualesquiera otras personas acerca de la verdadera doctrina de la Iglesia».

Todo lo dicho induce a pensar que no es prudente decir que María de Nazaret se sumaría a la huelga de hace unos días, ni a nada parecido.
 
José Giménez Soria

domingo, 28 de enero de 2018

¿RONALDO O MESSI?

           ¡Pobre Ronaldo! Está triste. Leía en la prensa que “ve una falta de respeto” ganar solo 21 millones porque es el “mejor jugador del mundo”, y pide llegar a los 40 del argentino. Y es “comprensible”. Aunque a nosotros nos parezcan cifras estratosféricas, los sociólogos afirman que todos evaluamos nuestra situación personal comparándonos con otras personas o grupos de referencia. Aunque los 21 actuales le den para unas cañas, no puede evitar la comparación. Ya saben el dicho popular: “los ricos también lloran”.

 
            Nuestra manera de ver la vida, nuestra percepción de lo afortunados o desgraciados que somos, la remuneración de nuestro trabajo, las recompensas o mimos que nos merecemos… no dependen de parámetros objetivos, sino de una mirada subjetiva. El sueldo de Cristiano no es mucho ni poco, solo es MENOS que lo que cobra Messi. En realidad, todos somos Ronaldo. Miramos insatisfechos (y algo envidiosos) lo que cobran los demás, los éxitos cosechados por mi vecino, lo bien que tratan a mi compañera… y eso nos produce tristeza, ira y algo de amargura. 

Hasta los personajes bíblicos lo sufrieron. El otro día leíamos en el libro de Samuel (1Sam 18,7) que, después de la hazaña de David con Goliat, el Rey Saúl oyó cantar a las mujeres: “Saúl mató a mil, David a diez mil. Saúl se irritó mucho.  Y a partir de aquel día, Saúl miró a David con malos ojos”. Cuando escuchaba el pasaje en Misa, pensé: “igualicos que Ronaldo y Messi”. En realidad, el objeto a comparar es lo de menos. La sensación de sentir que “saliste perdiendo” es lo que te come por dentro. Te muerde.
 

La alternativa desde la espiritualidad es una nueva manera de vivir, donde tomando conciencia de nuestra absoluta dignidad, sepamos aceptar lo que recibimos sin comparaciones. Dios nos llama a vivir desde la gratitud y a tener esa mirada lúcida que nos lleva a alegrarnos por el bien ajeno y a sonreír con otros.
 

Seguramente Cristiano Ronaldo, no me leerá. Pero si quiere el humilde consejo de este pobre cura, le diría que se aleje de esa mirada herida y comparadora, y sepa agradecer todo el amor recibido y el reconocimiento que tiene de tantos millones de madridistas, porque es el único camino para ser felices.  Que sepa celebrar las fiestas propias, los días buenos – que seguro que los hay-, los nombres de su vida. Y ya puestos, también te lo digo a ti, querido lector, y a mí, que andamos en las mismas.

Ramón Bogas Crespo
Director de la oficina de
comunicación del obispado de Almería
25 de enero de 2018

 

martes, 19 de diciembre de 2017

EL ESPIRITU SANTO

Ven Espíritu Santo, envía tu luz desde el cielo

Encarnación. En tiempos de Herodes el Grande el ángel Gabriel se apareció a Zacarías para decirle que su mujer, Isabel, le daría un hijo al que pondría por nombre Juan que “será grande a los ojos de Dios y estará lleno del Espíritu Santo ya en el vientre materno”. Seis meses después el ángel Gabriel se presentó en Nazaret y anunció a María que iba a ser madre de Jesús por obra y gracia del Espíritu Santo. En ambos casos aparece el Espíritu Santo: En Juan como un don del que está llamado a preceder a Jesús para convertir los corazones de los padres hacia los hijos; en María, Jesús es concebido por la fuerza creadora del Espíritu Santo, la fuerza del Altísimo, que al nacer alumbra una nueva era.

Bautismo. Juan predicó mientras bautizaba en el Jordán: “Os bautizo con agua, pero el que viene detrás de mí os bautizará con Espíritu Santo”. En esto se presentó Jesús para que lo bautizara y apenas lo hizo “se abrieron los cielos y el Espíritu Santo bajó como una paloma y se posó sobre Él”, y una voz que decía “Este es mi Hijo amado, en quien me complazco”. De este modo Jesús es ungido por el Espíritu Santo para una misión universal y liberadora por designio divino.

La transfiguración. Jesús con Pedro, Juan y Santiago subió al monte a orar. Mientras oraba el aspecto de su rostro cambió y sus vestidos refulgían de blancos. Entonces  se presentaron Moisés y Elías y hablaban con Él. Los apóstoles vieron la gloria y a los dos que estaban con Jesús. Pedro se puso a hablar, pero se formó una nube, símbolo inseparable de las manifestaciones del Espíritu Santo, y se oyó una voz: “Este es mi Hijo, el Elegido, escuchadle”. La voz del cielo apremia a escuchar a Jesús.

Son momentos en que el Espíritu Santo actúa como trasmisor de sabiduría e inteligencia, de consejo y fortaleza, de ciencia y temor de Dios. Durante los años de vida pública Jesús estuvo movido por el Espíritu para anunciar el Evangelio y así lo dijo: «El Espíritu de Dios está sobre mí. Me ha ungido para dar la Buena Noticia a los pobres; para liberar a los cautivos; dar vista a los ciegos; y proclamar el año de gracia del Señor». Así transcurrió hasta su Pasión.

 
La Pascua. Poco antes de celebrar su última Pascua, antes de la Pasión, Jesús anunció a sus discípulos el envío del Espíritu Santo, el Paráclito: “Le pediré al Padre que os de el Espíritu de la verdad,… lo reconoceréis y estará con vosotros”. El Espíritu Santo es revelado como la tercera persona de la Santísima Trinidad junto a Dios Padre y el Hijo. Es la que, en ausencia de Jesús, se manifestará a los discípulos y les guiará hasta la verdad plena. (Jn.14,17 y 16,13)

La palabra griega Paráclito se traduce por Consolador o Consejero o Defensor, esto es quien ayuda en cualquier circunstancia y, en este caso, mantiene vivo e interpreta el mensaje de Cristo.

Pentecostés. Siete semanas después, cincuenta días desde la Resurrección, nueve días después de la Ascensión, se cumplió el anuncio de Jesús. El Espíritu Santo vino a los discípulos. Su venida, o efusión del Espíritu Santo, es la fiesta de Pentecostés, y ocurrió que, “Estando todos reunidos se llenaron del Espíritu Santo y empezaron a hablar lenguas extranjeras según el Espíritu les concedía manifestarse, contando maravillas de Dios”. (Hechos 2,4-11). Recibieron el don prometido por Dios.

Desde aquel momento el Espíritu Santo empezó a ejercer su magisterio y los guió a comprender toda la verdad de Jesús y les enseñó a entender sus palabras. La inspiración del Espíritu Santo les ayudaría a divulgar mejor la doctrina divina.

Las verdades reveladas por Dios que enseñan las Sagradas Escrituras fueron escritas por hombres inspirados por el Espíritu Santo. Los libros del Antiguo y Nuevo Testamento ilustran con fidelidad y sin error la verdad que Dios quiso transmitir para la salvación de género humano.  Así pues, "Toda la Escritura es inspirada por Dios y es útil para enseñar, para argüir, para corregir, para educar en la justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto y esté preparado para toda obra buena" (2 Tim 3,16-17

Los cristianos estamos llamados a mantener una relación intensa con el Espíritu Santo. No pasa desapercibido, nuestra fuerza proviene de Él y es la fuente de los frutos de cada día. Habita entre nosotros, es nuestro valedor. Sostiene la fe y ayuda con sus dones a proclamar lo que Jesús predicó; nos lo recuerda y, además, nos lo hace comprender. También en la Plegaria Eucarística de la Misa el celebrante pide al Padre que “santifique estos dones -el pan y el vino- con la efusión del Espíritu Santo” para que se conviertan en el Cuerpo y la Sangre de Cristo.
Nada mejor que invocarle con la oración dedicada a Él para que su luz y su fuerza nos sean propicias en cada instante de nuestra vida: Ven Espíritu Santo, envía tu luz desde el cielo. Padre amoroso del pobre; don, en tus dones espléndido; luz que penetra las almas; fuente del mayor consuelo. Ven, dulce huésped del alma, descanso de nuestro esfuerzo, tregua en el duro trabajo, brisa en las horas de fuego, gozo que enjuga las lágrimas y reconforta en los duelos.”

domingo, 5 de noviembre de 2017

SER COFRADE

Ser cofrade es para siempre.
 
Empieza como afición y continúa siendo una vocación que nunca acaba. Sea hombre o mujer, ser cofrade de una Hermandad de Semana Santa, santifica. Hace apenas unos días conmemorábamos a Todos los Santos; son los que han subido al Monte Santo y no cuentan en ningún santoral pero han recibido la bendición del Señor. Entre esos muchos habría los vestidos de capirote, son los cofrades.
 
Ser cofrade imprime carácter, esto es “posee un conjunto de cualidades que lo distingue de los demás en el obrar y en llevar con dignidad su modo de ser cristiano”.
 
Hace ya varios meses se apagaron los sonidos de cornetas y tambores de la última Semana Santa, pero el cofrade –hermano o hermana- no reduce su ritmo de servicio porque está comprometido todo el año con el culto en honor y gloria a Jesús Nazareno y a la Virgen María. No es solo ser protagonista de una procesión, sino estar metido día a día en el Misterio que representan las imágenes de esa procesión en la que habrá desfilado consciente de la historia sagrada que reviven tales imágenes, mientras reza una oración a Dios por él y por los suyos.
 
Porque el cofrade sabe la historia de aquel hombre, Jesús de Nazaret que vivió hace más de dos mil años, que nos recuerda su vida y milagros, su pasión, su agonía y su muerte por nosotros. Así está escrito en el Evangelio, fuente que alienta la vocación del cofrade que vive en el amor a Dios y al prójimo. Jesús de Nazaret no es un invento de profanos; su nacimiento, su vida, sus andanzas y trágico final tuvieron lugar en la época del Imperio Romano simbolizado en Judea por Poncio Pilato, testigo de la realidad de ese Hombre a quien mandó crucificar.
 
Jesús de Nazaret tuvo amigos que vivieron con él la misión recibida de Dios Padre. Entre los más allegados, al final unos le abandonaron, otro le traicionó. ¿Llegaron a conocer lo esencial de “su Maestro”? ¿Creyeron de verdad en Él, o su fe era esponjosa? Y nosotros, cofrades con túnicas de terciopelo, portadores de tronos y estandartes, de cetros o cirios, ¿somos conscientes de la dimensión “cristiana” de nuestra vocación?
 
El Jueves y el Viernes Santo el cofrade no conmemora un día concreto, sino un hecho histórico raíz de nuestra fe, y lo hace, ¡bendito sea!, todo el tiempo de su vida desde que en cierta ocasión su camino le llevó a encontrarse con el Nazareno, se fijó en Él, y le dijo como Job “Solo te conocía de oídas, pero ahora te han visto mis ojos” (Job 42,5).

viernes, 22 de septiembre de 2017

LA PROMESA


“Prefiero la misericordia al sacrificio”. 

Desde el punto de vista religioso, una promesa es el ofrecimiento que se hace a Dios, a la Virgen o a los santos de alguna cosa que entraña un sacrificio o una obra piadosa, para obtener una gracia. Lo normal es ofrecerla por la salud, o por algún éxito personal. Es como un voto hecho por devoción, aunque Dios prefiere que la petición se haga esperando confiadamente en su misericordia.
Las personas que se comprometen a una promesa contraída como obligación, se sienten liberadas cuando la cumplen y manifiestan su agradecimiento a Dios o a la Virgen por la gracia concedida. Es el caso de la madre sufriente por la enfermedad grave del hijo que promete a la Virgen subir andando a su ermita si le ayuda a salvar al muchacho del peligro. Una penitencia autoimpuesta para obtener un beneficio puramente humano, completada con una oración a los pies de la Virgen.

Pasó el tiempo y la madre encontró la ocasión de cumplir su promesa peregrinando a la ermita de la Virgen de su devoción la noche anterior a su festividad. Era un rito  ancestral con siglos de historia: había que subir dieciocho kilómetros por senderos abruptos cuyo tramo final es una rampa empinada en la ladera del monte en cuya cima se asienta la ermita de la Virgen que ampara a los Desamparados.

La peregrinación comenzó en la medianoche de la víspera. Ella se adhirió a un grupo de confianza. El itinerario, el recomendado, serpenteaba por una rambla de cauce erosionado por las aguas bravías de las torrenteras, salpicado de piedras y arena que dificultaba el firme apoyo del pie ocasionando un esfuerzo desmedido.  

Una vez acomodado el ritmo, los peregrinos agotaban las horas confortados por una  franca camaradería que hacía más llevadera la pertinaz subida. Sonidos y silencios se alternaban en la oscuridad del cielo donde la luna se hizo dueña de la noche. Entre ellos intercambiaron un reguero de secretas confidencias que solo Dios sabe.

Al cabo de cuatro horas se tomaron un descanso reconstituyente que renovó todas  las energías corporales y espirituales. Soplaba una ligera brisa que dio alas a la moral de la marcha. Cumplir la promesa quedaba a tiro de las próximas horas y el sacrificio merecía la pena. “Dios aprieta pero no ahoga”.

Llegó la cuesta final y se hizo patente la virtud de la constancia. Fortaleza de cuerpo y alma se aunaron hasta alcanzar la puerta de la ermita, pórtico de creyentes que confían en los dones gratuitos que otorga Dios por su eterna bondad y misericordia. La madre había cumplido su promesa y su rostro mostraba feliz y satisfecha por el compromiso contraído y completado, mientras agradecía el favor recibido con una oración a la Madre de los Desamparados. “La Virgen es pequeñita, preciosa, celeste joya, en actitud de elevarse, amor arriba, a la gloria” (J. Berbel, 1973)

El sacrificio no está reñido con la doctrina de Jesucristo, pero a Dios se le encuentra antes con «Amor y conocimiento de Dios, no con holocaustos» (Os. 6,6) Cristo dejó dicho «Misericordia quiero y no sacrificio» (Mt, 9,13) es decir, no se aspira a la santidad solo con las apariencias y ritos externos sin atender la caridad para con el prójimo que es lo más agradable a Dios. Para seguirle a tope, Cristo lanzó esta sentencia: «El que quiera venir en pos de mi, tome su cruz y sígame» (Lc. 9,23), esto es, sé mi discípulo con todas sus consecuencias, por convicción, renunciando a la ambición y al prestigio mundano.  

martes, 30 de mayo de 2017

MAGNA MARIANA REINA DE ALBOX


La tarde lució con la luz templada de una primavera reluciente bajo un cielo ingrávido de azul que miraba la singular hermosura de seis venerables imágenes de la Virgen María. La procesión, distinguida como Magna Mariana, se abrió paso por calles y plazas de un pueblo que tiene grabada en su conciencia la gran devoción que profesa a la Virgen del Saliente, su Reina y Patrona, en un  Año de Júbilo, el del III Centenario de su llegada al Santuario que la cobija. Fue el 27 de mayo de 2017, un mes que la piedad popular dedica desde tiempo inmemorial a la Virgen María.
 
Las Parroquias y Cofradías albojenses tomaron la iniciativa de otorgar todo el protagonismo a la figura de la Virgen María, ofreciendo a la religiosidad popular la ocasión de acrecentar su piadoso afecto a la Reina de Albox, la Santísima Virgen del Saliente, cuya realidad virtual quedó reflejada en las seis Sagradas Imágenes de otras tantas advocaciones Marianas ensalzadas por la fe de sus leales devotos.
 
La Magna Mariana tuvo el atractivo de una gran fiesta religiosa para gloriarse en  seis imágenes que exhibieron con señorío sus benditas advocaciones. El cortejo lo encabezó la Virgen de la Esperanza, de la Cofradía de las Angustias; seguida de María Santísima de la Redención, de la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno; a continuación la Divina Pastora de las Almas, del anejo de La Aljambra; Nuestra Señora del Carmen, de la Iglesia Parroquial del Llano de los Olleres; Nuestra Señora de los Dolores, de la Cofradía de la Virgen de los Dolores, y la Virgen de la Soledad, de la Cofradía de san Juan Evangelista. Cada imagen iba escoltada por sus cofrades, o sus fieles con el orden y la compostura apropiados a la ocasión. La sintonía musical estuvo a cargo de la Banda de Música de Fines, la Banda Municipal de Música de Albox y  la Agrupación Musical Cristo de las Aguas de Olula del Río.
 
Las advocaciones se identificaron con referencias afines a la Virgen María.
 
Primera advocación. Virgen de la Esperanza. La Esperanza es la segunda virtud teologal por la que esperamos a Dios como Bien Supremo, confiando alcanzar la felicidad eterna. En el año litúrgico el Adviento es tiempo de “esperanza” en el Mesías prometido, y en Semana Santa, al caer las tinieblas sobre el Gólgota, un destello de esperanza zigzaguea ante la cruz vacía, rotas las ataduras de la muerte.
 
Segunda Advocación. María Santísima de la Redención. El plan divino de la salvación, -señala la Redemptoris Mater- abarca a todos los hombres, pero reserva un lugar reservado a la Virgen María. Cristo, el Redentor, nos redimió del pecado en su Pasión, Muerte y Resurrección. La Virgen María fue corredentora al pie de la Cruz y es corredentora ahora en las almas de todos los que la invocan filialmente.
 
Tercera Advocación. Divina Pastora de las Almas. La Virgen María es Pastora de Almas descarriadas que acoge a los desterrados hijos de Eva. Fue en la noche del 15 de Agosto de 1703 cuando la Santísima Virgen se apareció con aspecto de pastora a Isidoro de Sevilla y le mandó a predicar la devoción a ella bajo este título. La devoción y culto a la Divina Pastora fue extendida por los Capuchinos.
 
Cuarta Advocación. Nuestra Señora del Carmen. En un alto promontorio de la costa del Mediterráneo cerca de Galilea llamado Monte Carmelo estuvo Elías el profeta, en el siglo IX a. de C. defendiendo la fe en el Dios único y verdadero. En él unos devotos vivieron en comunidad orando a la Virgen y de ahí surgió la Orden de los Carmelitas, que invocaban a María con el nombre Nuestra Señora del Carmen.
 
Quinta Advocación. Nuestra Señora de los Dolores. “Una espada te atravesará el alma” le dijo el anciano Simeón en el Templo. Siete puñales clavados, siete dolores que traspasaron el corazón de la Madre de Cristo. Jesús tuvo una primera caída y su Madre, que ansiaba verlo se acercó y lo vio vacilante. Él se percató y le dirigió una fugaz mirada. Ella se conmovió profundamente.
 
Sexta Advocación. La Virgen de la Soledad. El manto de la noche envuelve toda la tierra. Va la Virgen en la cautela de las sombras confiando en lo que dijo Isaías (53,11): “Después de las penas de su alma, verá la luz”. Atrás quedó el monte Calvario; todo está cumplido y redimido. Al tercer día llegará el mañana, será la Pascua, florida y hermosa, y la Virgen ya no estará sola.
 
La procesión salió a las 7 de la tarde de la Iglesia Parroquial de Santa María en la Plaza Mayor, para seguir por calle Escritor Diego Granados, plaza de Los Luceros, calle Médico don José Antonio García Ramos y avenida Pío XII. Al llegar a plaza Nueva las Imágenes hicieron estación ante una tribuna donde el Párroco de Santa María Don Rafael Zurita Jiménez y otros sacerdotes glosaron las virtudes de la Virgen, se rezaron misterios y letanías del Rosario y los Coros Parroquiales de Santa María y de la Concepción entonaron fervorosos cánticos a cada una de las advocaciones, sin que faltaran alusiones a la Virgen del Saliente.
 
Al filo del ocaso, el crepúsculo vespertino dibujó hacia el norte el contorno curvilíneo de la Sierra de las Estancias, un panorama de luces y sombras visible desde la avenida Puente por donde continuó la procesión para entrar en el Barrio de la Loma y seguir por calle Ancha, Salitre, Estación, plaza de los Dolores, calle Concepción, plaza san Francisco hasta la Iglesia Parroquial de la Concepción.
 
Muchos albojenses vivieron cuatro horas inolvidables en una jornada memorable acompañando a la Imagen de la Virgen preferida. Se rezó, se cantó y se vitoreó a la Reina del Cielo y, una vez más, irrumpió con fuerza la semilla de la devoción a la Madre de Dios, la Virgen que vela e ilumina las almas de sus hijos predilectos en el monte del Saliente.
 
La Magna Mariana constituyó uno de los hitos del Jubileo del Saliente que permanecerá en pie hasta el ocho de septiembre de 2017 cuando se clausure la Puerta Santa del Santuario.