martes, 18 de enero de 2022

LA MUJER

Mañana de un domingo cualquiera del tiempo ordinario. Misa de las 9 horas en la iglesia habitual, céntrica, con un número de hombres y de mujeres casi en paridad, cada domingo las mismas caras, todos de edad madura. Ni un solo joven. Se guardan las formas y la distancia por el Covid.

El celebrante es puntual. Aunque entrado en años se le ve ágil y con buena voz. Lee una breve monición, saluda los fieles y comienza la celebración. Le ayuda un acólito de movimientos pausados que lee las lecturas del día con un tono plano, rutinario, impersonal y sin alma. Los profetas y las cartas de san Pablo merecen más brío. El evangelio, pronunciado por el celebrante, se escucha mejor y con más atención.

En la homilía el sacerdote argumenta la exposición evangélica poniendo el acento en el amor a Dios y al prójimo. Lleva un papel escrito que le sirve de guión, lo mira solo de reojo porque es buen orador. Se extiende más de lo que precisan los parroquianos para asimilar su exposición.

Mediada la homilía avanza la mujer por el pasillo central hasta uno de los bancos intermedios donde se sienta. Mira fijamente al Altar, se santigua, se persigna y mueve los labios, señal de que reza una plegaria. Se lleva la mano a los labios y hace el gesto de lanzarle tres besos a la imagen de Cristo Crucificado que preside el Altar Mayor. Se santigua de nuevo, se levanta y se marcha.

De edad tirando a sesentona, entra y sale de prisa, viste normal, blusa y pantalón, pelo recogido y un bolso negro en bandolera. Para rezar al crucifijo y lanzarle tres besos no necesita lujos. Siempre la misma rutina, en no más de dos minutos.

La fe de esta mujer semeja la de aquella otra que se acercó por detrás al Señor para tocarle el manto porque con eso sanaba su dolencia. Quiso pasar inadvertida, pero la fuerza que salió de Jesús la delató. “¡Tu fe te ha salvado!”, le dijo. A la de la mañana del domingo no se le aprecia que viva una situación desesperada, se mueve confiada y con pie firme, su ofrenda de besos le debe salir del alma, solo con un buen fin: declarar su amor por Jesucristo.  

La breve plegaria de la mujer concuerda con lo que dijo Jesús a sus discípulos cuando le pidieron que les enseñara a orar. Empezó diciéndoles que no usaran mucha palabrería, que lo hicieran sin ostentación y en privado, porque Dios conocía sus necesidades. Como ejemplo se limitó a enseñarles el Padrenuestro. Con esta oración primero confesamos que Dios está en el cielo, santificamos su nombre y le pedimos que alcancemos su Reino, según su voluntad. Después le rogamos que nos de pan para nuestro sustento material y espiritual, imploramos su misericordia para nuestras ofensas y para perdonar las del prójimo, solicitamos su gracia para no caer en las tentaciones y finalmente que nos libre de lo que se opone a Dios.

                                                                                                José Giménez Soria

sábado, 1 de enero de 2022

SANTA MARÍA MADRE DE DIOS

San Pablo escribió a los Gálatas: «Cuando llegó la plenitud del tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que estaban bajo la ley, para que recibiéramos la adopción filial» (Gal, 4,4-5) La mujer que cita el apóstol es María de Nazaret, una joven judía de Galilea desposada con un hombre llamado José.

María es verdaderamente "Madre de Dios" porque es la madre del Hijo eterno de Dios hecho hombre. Colaboró por su fe y obediencia en la salvación de los hombres compartiendo con su Hijo el camino hacia la cruz.

Desde tiempos remotos, los cristianos damos culto a la Bienaventurada Virgen María bajo diversas advocaciones. Estando unida a su Hijo desde que nació hasta que murió crucificado, cooperó en la Redención del género humano.

Como señala la encíclica REDEMPTORIS MATER, «El plan divino de la salvación revelado con la venida de Cristo, abarca a todos los hombres, pero reserva un lugar reservado a su Madre. En el centro de ese misterio se halla María, Madre del Redentor, orientada a realizar en unión con Cristo la restauración de la vida sobrenatural de las almas».

Restauración en la que interviene en su papel de corredentora y le confiere el título de María Santísima de la Redención. A Ella la veneramos con confianza por las gracias recibidas de Dios.

En este año que comienza conmemoramos el trigésimo quinto aniversario de la  Bendición de su Sagrada Imagen.


lunes, 13 de diciembre de 2021

LUCHAMOS POR LA MISMA CAUSA

Juan dijo a Jesús: “Hemos visto a uno que echaba demonios en tu nombre, y se lo hemos impedido porque no es de los nuestros”. Jesús respondió: “No se lo impidáis porque quien hace un milagro en mi nombre no puede hablar mal de mí. El que no está contra nosotros, está a favor nuestro”  (Mc.9, 38-43.45.47-48)

Con frecuencia, los cristianos no terminamos de superar una mentalidad de religión privilegiada que nos impide apreciar todo el bien que se promueve en ámbitos alejados de la fe. Casi inconscientemente tendemos a pensar que somos nosotros los únicos portadores de la verdad, y que el Espíritu de Dios solo actúa a través de nosotros.

Una falsa interpretación del mensaje de Jesús nos ha conducido a veces a identificar el reino de Dios con la Iglesia. Según esta concepción, el reino de Dios solo se realizaría dentro de la Iglesia, y crecería y se extendería en la medida en que crece y se extiende la Iglesia.

Y sin embargo no es así. El reino de Dios se extiende más allá de la institución eclesial. No crece solo entre los cristianos, sino entre todos aquellos hombres y mujeres de buena voluntad que hacen crecer en el mundo la fraternidad. Según Jesús, todo aquel que «echa demonios en su nombre» está evangelizando. Todo hombre, grupo o partido capaz de «echar demonios» de nuestra sociedad y de colaborar en la construcción de un mundo mejor está, de alguna manera, abriendo camino al reino de Dios.

Es fácil que también a nosotros, como a los discípulos, nos parezca que no son de los nuestros, porque no entran en nuestras iglesias ni asisten a nuestros cultos. Sin embargo, según Jesús, «el que no está contra nosotros está a favor nuestro».

Todos los que, de alguna manera, luchan por la causa del hombre están con nosotros. «Secretamente, quizá, pero realmente, no hay un solo combate por la justicia –por equívoco que sea su trasfondo político– que no esté silenciosamente en relación con el reino de Dios, aunque los cristianos no lo quieran saber. Donde se lucha por los humillados, los aplastados, los débiles, los abandonados, allí se combate en realidad con Dios por su reino, se sepa o no, él lo sabe» (Georges Crespy).

Los cristianos hemos de valorar con gozo todos los logros humanos, grandes o pequeños, y todos los triunfos de la justicia que se alcanzan en el campo político, económico o social, por modestos que nos puedan parecer. Los políticos que luchan por una sociedad más justa, los periodistas que se arriesgan por defender la verdad y la libertad, los obreros que logran una mayor solidaridad, los educadores que se desviven por educar para la responsabilidad, aunque no parezcan siempre ser de los nuestros, «están a favor nuestro», pues están trabajando por un mundo más humano.

Lejos de creernos portadores únicos de salvación, los cristianos hemos de acoger con gozo esa corriente de salvación que se abre camino en la historia de los hombres, no solo en la Iglesia, sino también junto a ella y más allá de sus instituciones. Dios está actuando en el mundo.

José Antonio Pagola

 

miércoles, 10 de noviembre de 2021

MARÍA O LA FE SOBRE EL ASFALTO

La política social tolerará todo lo que tenga apariencia de afirmación de la libertad, menos si esta libertad es la de ejercer el derecho a manifestar la fe o presentarla públicamente en su radicalidad.

Se trata de erradicar rápidamente cualquier signo que recuerde lo que nosotros creemos y que es el fundamento de nuestra dócil actitud como ciudadanos. Quitar los crucifijos de las aulas, de los ministerios, de los hospitales; expulsar a los capellanes de todos los lugares públicos, prohibir la objeción de conciencia de los médicos, convertir en derecho la muerte... Todo esto es como un juego de niños para ir acotando terreno hasta hacerse con todo el cuadrante dibujado en el suelo. Aunque no quede espacio para la fe, no podrán contra ella, brotará espontáneamente sin que pueda ser controlada por las diversas policías del pensamiento que retornan cíclicamente a lo largo de la historia.

El cristianismo está acostumbrado a su misión: el martirio. No puede ser el discípulo superior al maestro y si Él mostró ese camino tan crudamente, ¿qué podrá esperar el que le siga?

El luctuoso suceso del colegio en el que una niña fue atropellada por la madre de otra puede que haya conmocionado a algunos, dejado indiferentes a otros que, llenos de odio, habrán puesto la mira en aspectos secundarios, políticos, de clase, y les habrá servido de ocasión para afirmarse en su ideologizada visión del mundo. Sin embargo, lo que ha pasado muestra que el cristianismo está imparable: cuanto peor le va en el mundo mejor le va en su misión. 

El que una madre haya renunciado a contemplarse en su propio dolor, después de anunciar a su hija moribunda la buena noticia de que el cielo existe, para consolar el dolor de otra, es una forma moderna de martirio. Martirio es la palabra de origen griego que se traduce al latín como testimonio. ¿De qué son mártires/testigos las dos madres?: de una maternidad anterior. Otra madre que entregó a su hijo y que experimentó cómo una espada le partió el corazón para mostrar al mundo una forma de vivir inédita en el imperio romano. ¿Era la única forma de abrir la puerta de la esperanza en un mundo que carece de ella? En una sociedad que trata de cerrar el cielo a cal y canto creyendo mostrar que el orgullo prometeico es la consumación de todo lo que el hombre puede esperar, este acontecimiento le ha roto los esquemas.

Queridas Marías mártires sólo podemos rezar por vosotras, pero con la seguridad de que nuestra oración hará prorrumpir en llanto a los ángeles que os consolarán cada día de vuestras vidas, porque sois el objeto de una misteriosa elección que mostrará al mundo una forma de vivir que no conoce, que ha despreciado, y que, por eso, lleno de rabia y resentimiento trata de erradicar de nuestras vidas.

 Nos quitarán las cruces de las aulas, de las casas, de los hospitales, de las plazas, de los cruces de caminos, pero no podrán arrancarlas de sus vidas, y quedarán sumidos en la tristeza de no encontrar consuelo para el dolor, ni esperanza en la desesperación que se les avecina. Gracias. No os conozco, hermanas, pero vuestra fe, salva la mía y me llena de esperanza.

Ángel Barahona
Director del departamento de Humanidades
 de la Universidad Francisco de Vitoria

 

jueves, 21 de octubre de 2021

EL ARROGANTE

Nunca he sido mitómano. No me gustó hacerme fotos con famosos, ni tuve posters de los cantantes de moda en el cuarto… Pero tengo una pequeña debilidad: los escritores. Hace unos años se me brindó la oportunidad de conocer a uno de mis favoritos: ¡Qué emoción! Salimos a cenar a un sitio precioso y la velada se presentaba apasionante. Pero, cuando comenzó a hablar (no me dejó decir ni una palabra), se me cayeron los palos del sombrajo. Autorreferencial y vanidoso, criticó sin piedad a sus compañeros de oficio, culpando a sospechosas conspiraciones el hecho de que otros fueran más elogiados y promocionados que él. Habló solo de él y dudo que ni siquiera preguntara mi nombre. Me parecía increíble que aquel hombre que escribía cosas tan bonitas fuera ese engreído y atormentado personaje con el que estaba sentado.

 

Aunque, amigos, la arrogancia no es propiedad exclusiva de los famosos. Está repartida por toda la humanidad en dosis diferentes. Se puede presumir de hacer las mejores croquetas, ser el mejor conductor de la autopista o la mejor madre del mundo. La mirada arrogante es esa que coloca a uno mismo tan en el centro, tan hinchado de sí, que te hace ciego (o indiferente) a los otros. Es estar encantado de ti mimo, de tus fortalezas, olvidando que tus pies son de barro.

 

Los hechos de los apóstoles nos cuentan otro encuentro bien distinto: “Cuando iba a entrar Pedro, salió Cornelio a su encuentro y se echó a sus pies a modo de homenaje, pero Pedro lo alzó, diciendo: «Levántate, que soy un hombre como tú». Me imagino a Pedro, agarrando del pecho a su admirador, diciéndole: “No me admires, soy como tú, del mismo barro. Caminemos juntos”. Y es que saber que no somos los mejores implica que seguimos en la tarea de mejorar, y ese es un camino apasionante en el que no hay que tener mucha prisa. Sería necesario pasar (como los coches viejos) una vez al año por la ITV de la humildad porque, sin ser del todo conscientes, nos vamos envalentonando y, cuando te vienes a dar cuenta, vas echando humos tóxicos de arrogancia allí por donde pasas.

 

Humildad es agradecer las capacidades y fortalezas que tenemos, pero también reconocer las asignaturas pendientes y los defectos que nos hacen hombres y mujeres en búsqueda, en camino, necesitados de Dios y de su misericordia. Da gusto rodearse de gente humilde. En ellos es fácil reconocer a una humanidad en salida hacia el “encuentro verdadero”.

 

Hoy mi oración quiere ser como la de aquel publicano que frente al arrogante fariseo no se atreve a mirar al Cielo. Hazme capaz de quererme y reconocer mis talentos, pero sin olvidar que son regalo y don para los demás. Que sepa encontrar el equilibrio entre la sana autoestima y el reconocimiento sincero de las cualidades de los demás. Así, podremos cantar juntos, una de mis canciones favoritas: “todos vamos en el mismo barco, todos somos del mismo barro…”

 

Ramón Bogas Crespo

Oficina de comunicación. Obispado de Almería

viernes, 17 de septiembre de 2021

CURSO COFRADE 2021-2022

Los dos cursos cofrades precedentes se han visto menguados por la epidemia del SARS-CoV-2, o Covid-19. La Autoridad Eclesiástica, atendiendo las orientaciones de las autoridades públicas recomendó suspender las procesiones de Semana Santa y los actos devocionales que congregasen gran número de asistentes. La medida afectó, además, a Romerías, Pregones, Triduos, Quinarios, Viacrucis e incluso a la celebración del Triduo Pascual, el corazón del año litúrgico.

Obligados por la situación, las Hermandades y Cofradías de Semana Santa, llamadas a conmemorar el Misterio de la Redención humana, sufrieron un inusitado recorte en su misión, y en consecuencia, los cofrades no atendimos nuestra vocación de proyectar en la calle el culto a las Sagradas Imágenes, arte sacro tallado por manos humanas al servicio del gran Misterio actuado por Cristo Jesús. 

Ante la evolución de la epidemia, los cristianos, y en particular los cofrades, al inicio de este nuevo curso cofrade y con la perspectiva de la próxima Cuaresma, apelamos a Autoridad Eclesiástica, o quien competa, a que dicte nuevas medidas que permitan celebrar la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo, siguiendo la tradición cristiana. La fraternidad cofrade es una virtud que precisa del credo cristiano y el Misterio de la Cruz es el acicate fundamental que mantiene despierta la hermandad del creyente, y como tal no puede estar arrinconado.

El movimiento cofrade en general empieza a mostrar signos de inquietud al observar cómo se celebran determinados espectáculos multitudinarios, mientras se coartan las celebraciones religiosas. Si la tasa de incidencia de la epidemia ha disminuido,  los cristianos queremos expresar nuestra fe en calles y plazas, sin privilegios pero sin cortapisas. Ha llegado la hora de levantar vetos y prohibiciones –algunas diócesis ya lo han hecho, entre ellas la de Almería- para que los cristianos no nos sintamos discriminados. Las Imágenes no contaminan, al contrario, preservan, purifican, y se les reza implorando la misericordia divina, la mejor vacuna. No se entiende que una manifestación pública de fe, -esto es una procesión- no se pueda llevar a cabo y sí otras manifestaciones públicas por motivos diversos.

Si la Cena del Señor del Jueves Santo, la Pasión del Viernes Santo, la Vigilia Pascual del Sábado Santo, y la Misa de la Resurrección son ritos de adoración a Dios en el templo, en las procesiones los cofrades cristianos reviven los momentos claves de nuestra fe, los que padeció Cristo Jesús en tres días que innovaron la humanidad. Una procesión cristiana deja huella, es un valor añadido al bienestar espiritual del ser humano. ¡Sigamos arrimando el hombro!

José Giménez Soria

jueves, 12 de agosto de 2021

LA VIRGEN DE AGOSTO

De pie a tu derecha está la reina, enjoyada con oro de Ofir.

Llega la Virgen de Agosto. Después de Pentecostés María vivió unos tres años con Juan en Jerusalén donde iba a orar al Templo, al Cenáculo, a Getsemaní y al Santo Sepulcro para alabar a Dios. Cuando los del Sanedrín supieron de Pedro y Juan anunciaban la resurrección de Jesús los amenazaron, pero su predicación atraía cada vez a muchos que se convertían.

Cuando arreció la persecución y ocurrió el martirio de san Esteban, Juan, para huir del peligro llevaría a María a Betania a casa de Marta, María y Lázaro, donde quedaría a su cuidado mientras él iba a predicar.

En el año 37 murió el emperador Tiberio y le sucedió Calígula que nombró rey de Judea a Herodes Agripa, el que mandó decapitar a Santiago, hermano de Juan. A Calígula siguió el emperador Claudio que fue muy severo contra los seguidores de Jesús de Nazaret, pero fue Nerón quien acentuó la persecución de los cristianos llegando a acusarles del incendio de Roma.

Por entonces Juan predicaba la doctrina en Asia Menor, estableciéndose en Éfeso, una ciudad de las más bellas del Imperio Romano, centro religioso, cultural y comercial, bañada por el Egeo en la costa oeste de Turquía, lugar donde según la tradición llevó a la Virgen María a una casa donde estuvo de nueve a diez años.

María tendría unos 50 años cuando murió su Hijo y Ella llegó a tener una edad de 64 años. Su muerte pudo ocurrir en el año 48 en tiempos del emperador Claudio.

El tránsito de María, su dormición, es objeto de incontables leyendas apócrifas en diversas lenguas. Según los apócrifos asuncionistas, pudo estar acompañada por Juan y algunos apóstoles y aunque su Asunción no sea un acto de fe, la tradición la sitúa en Jerusalén, concretamente en Getsemaní y en domingo.

Para los católicos la Asunción de la Virgen es un dogma proclamado por el papa Pio XII en 1950, y aunque el dogma no se pronuncia sobre la muerte de la Santísima Virgen, la tradición mayoritaria considera que la Virgen se durmió, fue asunta a los Cielos en cuerpo y alma y despertó en brazos de Dios Padre. Su Solemnidad se celebra el 15 de agosto, y por ello es conocida como la Virgen de Agosto.

 

sábado, 24 de julio de 2021

AÑO JACOBEO: EL CAMINO DE SANTIAGO

El 31 de diciembre pasado se abría la Puerta Santa de la Catedral de Santiago, en señal de inicio del Año Jacobeo 2021. La Casa del Apóstol Santiago quedaba abierta a cuantos devotos, fieles, peregrinos y personas de buena voluntad acudan con el propósito de ganar el Jubileo, la indulgencia plenaria de todos los pecados.

La Solemnidad de Santiago el Mayor, día central del Año Santo Compostelano, invita a acercarnos al Apóstol para obtener las gracias del Jubileo: “Se concede salud a los enfermos, se devuelve la vista a los ciegos, se les suelta la lengua a los mudos, se les abre los oídos a los sordos, se les da sana andadura a  los cojos, se les otorga la liberación a los endemoniados, y lo que es más grande, se  atiende a las preces de las gentes fieles, se abre el cielo a los que a él llaman, y todos los pueblos de todos los climas del mundo acuden a montones, llevando ofrendas en alabanza del Señor” 

Ganar el Jubileo obliga a los peregrinos a atravesar la Puerta Santa de la Catedral, tras recorrer en peregrinación el Camino de Santiago. El Camino de Santiago es un acto netamente religioso, no es una ruta cultural ni turística ni gastronómica, por mucho impacto económico que se le atribuya. El Camino es una ruta de superación para subir más alto y atender la cita Evangélica “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida”. La dimensión espiritual de la peregrinación a Santiago de Compostela, igual que a Roma y a Jerusalén, hunde sus raíces en la Palabra de Dios.

Hacer el Camino de Santiago no basta para ganar el Jubileo, que es la intención del Año Santo desde que empezó a celebrarse en 1126; hay que cumplir otros requisitos: Visitar la tumba del Apóstol, rezarle unas oraciones y recibir los sacramentos de la confesión y comunión.

El Año Jacobeo 2021 es el tercero que se celebra en el siglo XXI.

miércoles, 7 de julio de 2021

SALIENTE

 

Quien sirva bien a la Virgen, al Paraíso ha de ir.

Trescientos años se quedó allí,

 y pensó que no había estado más que un poco.

Alfonso X el Sabio

 

Altura coronada, ansia de piedra,

velamen con la brisa detenido,

guerrero del sonido detenido,

del agua, de la luz y de la hiedra.

 

Aún no sabe ese álamo estilista

por qué vengo hasta ti, meta escarpada,

y lo ignora la noche arrodillada

en el silencio puro de tu arista.

 

Nadie lo sabe. Nadie. Solo el viento

que acuna este clamor de angelería

y me cierra los ojos cuando siento

 

la romanza que anuncia tu alegría.

¡Aleluya, Saliente, proa de altura,

pie de la Virgen y audacia de hermosura!

 

Justo Mullor García. Año 1952

 

El Santuario de la Virgen del Saliente corona el Monte Roel en la Sierra de las Estancias. Trescientos años lleva manteniéndose piedra sobre piedra para dar cobijo a la Santísima Virgen bajo la advocación de Nuestra Señor de los Desamparados del Saliente. De su historia, su tradición, sus romerías o del paisaje que domina, da cuenta la web www.santuariodiocesanodelsaliente.es estrenada en la fiesta de los santos Pedro y Pablo.

miércoles, 16 de junio de 2021

SIETE DOLORES Y SIETE ALEGRÍAS DEL CORAZÓN DE JESÚS


“Mi corazón está perturbado, se conmueven mis entrañas, -dice el Señor-. No actuaré en el ardor de mí cólera, porque yo soy Dios y no hombre, y no me dejo llevar por la ira” (Oseas 11,8c-9).

Tras la Solemnidad del Corpus Christi sigue la devoción de los siete dolores del Corazón de Jesús, propia del mes de junio: Los siete dolores del Corazón de Jesús enseñan siete trances amargos que le produjeron situaciones de suma tristeza:

·       Primer dolor: La traición de Judas. El Señor sabía que Judas lo iba a traicionar; grande sería su dolor cuando le puso un poco de pan eucarístico en su boca.

·     Segundo dolor: La agonía en Getsemaní. Se notó desamparado ante la indiferencia de sus discípulos que se quedaron dormidos, y muy dolorido se postró rostro en tierra.

·       Tercer dolor: La huida de los apóstoles. Al verlo preso y maniatado, los apóstoles lo abandonaron y huyeron. Lo dejaron solo ante la turba que iba a prenderlo, con Judas al frente.

·   Cuarto dolor: Los negaciones de Pedro. Que Pedro negara conocer a Jesús, resultaría más duro y dolorosa para el corazón de Jesús que la traición de Judas.

·       Quinto Dolor: Encuentro con su Madre. Cargado con la Cruz camino de Calvario su corazón quedó transido de dolor al ver a su afligida Madre.

·       Sexto dolorMaría al pie de la cruz. En medio de tan cruel castigo Jesús inclinó su cabeza y la vista de María llena de amargura, le traspasó el corazón.

·       Séptimo dolor: Abandonado en la Cruz. Suprema humillación en el suplicio de la Cruz: Dios mío, Dios mío, por qué me has abandonado”. Aceptó la voluntad de Dios Padre.

 

Pero Jesús también tuvo sus momentos de alegría; sobre todo cuando favorecía a los demás con sus milagros o les prestaba su atención para hacerlos felices. Compartía su felicidad. Estos son algunos de sus gozosos momentos:


·       Una boda en Caná. Estando María en una boda en Caná notó que se les acababa el vino. “No tienen vino”, dijo a Jesús. Y Éste, para mayor alegría de los invitados y los novios convirtió el agua en vino y contribuyó al final feliz de la boda.

·       Vocación de Leví. Caminando Jesús por la orilla del mar de Tiberiades, vio a Leví cobrando impuestos. Se acercó y le dijo: “¡Sígueme!”. Leví, o Mateo, abandonó la recaudación y lo siguió. La actitud de Leví produjo una gran alegría a Jesús.

·       Curación de la hija de una sirofenicia. Una mujer que tenía una hija poseída supo que Jesús estaba en la región de Tiro. Era pagana pero tuvo fe. Se acercó a Él y le pidió que echase el demonio. Jesús las hizo felices haciendo salir al demonio.

·       Resurrección de Lázaro. Fue la gran satisfacción de Jesús darlo todo por un amigo. No esperaba la muerte de Lázaro y se sintió triste, pero invocó a Dios Padre e insufló vida a Lázaro que vio la gloria de Dios.

·       Jesús y los niños. Jesús sintió predilección por los niños; le complacía su inocencia y su sencillez. Vivió buenos ratos entre ellos; rezaban juntos y les enseñaba. Por eso decía “Dejadlos que se acerquen”.

·       El criado del centurión. En Cafarnaúm un centurión le rogó que curase a uno de sus criados. Jesús quiso ir con él, pero el centurión dijo: “No soy digno de que entres en mi casa, basta tu palabra”. Jesús quedó admirado y respondió “Ve y que se cumpla lo que has creído”.

·       La institución de la Eucaristía. Sin duda fue el momento más glorioso de sus tres años de vida pública. Pese a la traición de Judas, Jesús nos legó el pan eucarístico, su más preciado regalo. El gran misterio de la fe.

 

 

lunes, 17 de mayo de 2021

DIOS, CREADOR DEL UNIVERSO

El Dios del Génesis es el Dios creador. El único, sin antecedentes y sin límites, el indefinible y todopoderoso, creó el cielo y la tierra por este orden, y luego el resto del universo. Si por tierra se entiende el planeta que vivimos, con el día y la noche, los seres vivientes, el hombre y la mujer, en su creación se centró Dios en primer lugar, y el cuarto día creó las lumbreras en el cielo para iluminar toda la tierra.

Después de seis días de creación “quedaron concluidos el cielo, la tierra y todo el universo” (Gn.2,1). Universo que podía definirse como el conjunto de materia, espacio, tiempo y energía que existe, es decir, la totalidad de lo existente, que comprende el conjunto de las galaxias, los sistemas solares con sus millones de estrellas, los planetas y sus satélites. El Universo es de tal magnitud que el planeta Tierra, situado en la Vía Láctea, nuestra galaxia, es una insignificancia dentro de lo que se conoce como cosmos; es como una minúscula partícula de arena en la inmensidad de un desierto inconmensurable.  

Desde esta perspectiva, un terrícola puede hacerse esta pregunta: ¿Para qué creó Dios algo tan vasto y tan inmenso, si solo hay vida en este diminuto planeta? El Dios infinito y todopoderoso ¿se conformó con que lo adoraran solo los humanos a quienes sopló la vida? Mermada Gloria tendría entonces el Dios creador. ¿No crearía más seres, hasta ahora desconocidos, en otros mundos para que le idolatraran?

En los planetas de nuestra galaxia, Mercurio, Venus, Marte, Júpiter... etc. no parece que haya vida – o por lo menos no hay una evidencia clara- pero Dios pudo  crearlos para su propia gloria sin necesidad de seres vivientes que lo adoraran, como se lee en el salmo 19:1: "El cielo proclama la gloria de Dios, el firmamento pregona la obra de sus manos”. Es todo un elogio de la creación, la obra maestra del Creador.

Se especula que no podemos estar solos en el Universo. Es un recurso propio de películas de ciencia ficción. Algunos indicios apuntan que en Marte pudo haber vida, pero ¿qué tipo de vida? ¿Cómo la del ser humano o de otra forma? Si como dice Qohélet, "Todo tiene su momento, y cada cosa su tiempo bajo el cielo”(Ecl.3,1), da que pensar que, según los tiempos de Dios, en Marte pudo haber vida y ya no la hay, o que la haya en el futuro, porque si bien el Creador descansó el séptimo día de toda la obra que había hecho, ¿no pudo continuar esa ingente tarea los días siguientes?. Los tiempos de Dios no son nuestros tiempos. Él gobierna el tiempo, los días y sus horas; el tiempo de Dios es un instante indeterminado en el que algo sucede, es un momento adecuado y oportuno. ¿Es que el plan creativo de Dios está acabado? ¿Es finita su creación? ¿Alguien ha sondeado los designios de Dios? 

El hombre es la obra cumbre de la creación. En el salmo 8 David canta la grandeza del Dios creador y la dignidad del hombre: “¡Señor, Dios nuestro, que admirable es tu nombre en toda la tierra!” y continúa: “Cuando contemplo el cielo, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que has creado, ¿qué es el hombre para que te acuerdes de él, el ser humano para mirar por él?”. Está claro que el hombre destaca sobre todo lo creado; desde la inmensidad de los cielos el Dios omnipotente se fija en él porque lo ha hecho a su imagen y semejanza para dominar toda la obra de sus dedos con justicia y dignidad. Dios le hizo señor de sus obras y las puso bajo sus pies para que actúe según un plan Soberano en un mundo ordenado. Es el único dotado de inteligencia. “Antes que todo fue creada la sabiduría y la inteligencia prudente desde la eternidad”.(Eclo. 1,4)

Resumen. En el inmenso y profundo espacio que es el Universo, Dios domina el infinito número de partículas brillantes que se mueven por múltiples órbitas celestes: “Mi mano cimentó el mundo, mi diestra desplegó el cielo, cuando yo los llamo se presentan juntos”. (Isaías,48,13). Todo el Universo, las miríadas de estrellas, los planetas y el ser humano, son la expresión de la fuerza y el poder de Dios; los ha creado para su gloria.

José Giménez Soria

 

miércoles, 14 de abril de 2021

FRATERNIDAD

Como es habitual la homilía de la Pasión del Señor de la tarde del Viernes Santo de 2021 estuvo a cargo del cardenal Cantalamessa, predicador de la Casa Pontificia. Presidió el Culto litúrgico el papa Francisco.

“PRIMER NACIDO ENTRE MUCHOS HERMANOS” (Rom 8, 29)

Ante la tumba de san Francisco en Asís el Santo Padre Francisco firmó su encíclica sobre la fraternidad, un valor universal que ha puesto de relieve las heridas que hay en el mundo para llegar a una fraternidad humana verdadera y justa. La encíclica va dirigida a toda la humanidad; a lo privado, a lo público, a lo religioso y a lo social, aunque el fundamento de la fraternidad sea el Evangelio.

Para nosotros, ese manantial de dignidad humana y de fraternidad está en el Evangelio de Jesucristo. De él surge “para el pensamiento cristiano y para la acción de la Iglesia el primado que se da a la relación, al encuentro con el misterio sagrado del otro, a la comunión universal con la humanidad entera como vocación de todos” (FO 277).

El misterio de la cruz que estamos celebrando nos obliga a centrarnos precisamente en este fundamento cristológico de la fraternidad.

“Hermano” es la persona nacida del mismo padre y de la madre. También se denomina “hermanos” a los del mismo pueblo y nación. En este horizonte se llama hermano a toda persona humana, la que la Biblia llama el “prójimo”. Cuando Jesús dice, “Todo lo que habéis hecho a uno de estos hermanos menores míos, me lo habéis hecho a mí” (Mt 25,40), significa toda persona humana necesitada de ayuda. 

En el Nuevo Testamento la palabra “hermano” indica una categoría particular de personas, son los discípulos de Jesús, los que acogen sus enseñanzas. “¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos? Quien hace la voluntad de mi Padre, es para mí hermano, hermana y madre” (Mt 12,48-50). 

 En la Pascua, Cristo se convierte en “el primogénito entre muchos hermanos” (Rom 8,29). Los discípulos son hermanos porque comparten, no sólo la enseñanza de Jesús, también su Espíritu. Jesús los llama “hermanos”: “Ve a mis hermanos -dice a María Magdalena— y diles: ‘Subo a mi Padre y a tu Padre, a mi Dios y a vuestro Dios’” (Jn 20,17). El uso común del término hermano después de la Pascua, indica al hermano de la fe. Esto hace que la fraternidad de Cristo sea algo trascendente en comparación con otro tipo de fraternidad, y se debe a que Cristo también es Dios.

Esta nueva fraternidad no reemplaza a otras basadas en la familia, la nación o la raza, sino que los corona porque los seres humanos son hermanos por ser criaturas del mismo Dios y Padre. La fe añade que somos hermanos no sólo a título de creación, sino también de redención; no porque tenemos el mismo Padre, sino porque tenemos al mismo hermano, Cristo, “primogénito entre muchos hermanos”.

 A la luz de todo esto hacemos algunas reflexiones actuales. La fraternidad se construye como se construye la paz, empezando por nosotros, no con grandes esquemas ni metas ambiciosas. Esto significa que la fraternidad universal comienza para nosotros con la fraternidad en la Iglesia católica.

¡La fraternidad católica está herida! La túnica de Cristo ha sido desgarrada por las divisiones entre las Iglesias; y lo que es peor, cada trozo de la túnica está dividido en otros trozos. Hablo del elemento humano de la misma, porque la verdadera túnica de Cristo, su cuerpo místico animado por el Espíritu Santo, nadie la podrá herir. A los ojos de Dios, la Iglesia es “una, santa, católica y apostólica”, y así será hasta el fin del mundo. Esto no excusa nuestras divisiones, sino que las hace más culpables y debe impulsarnos con más fuerza para que las sanemos.

¿Cuál es la causa más común de las divisiones entre los católicos? No es el dogma, ni los sacramentos ni los ministerios. Es la opción política cuando toma ventaja sobre la religiosa y eclesial y defiende una ideología. En muchas partes del mundo es el factor de división, incluso si es silenciosamente negada. Esto es un pecado, y significa que “el reino de este mundo” se ha vuelto más importante, en el propio corazón, que el Reino de Dios. Sobre este asunto todos estamos llamados a hacer un examen serio de nuestras conciencias y a convertirnos. Esta es la obra de aquel cuyo nombre es “diábolos”, es decir, el divisor, el enemigo que siembra cizaña, como Jesús dice en su parábola (Mt 13,25).

Debemos aprender del ejemplo de Jesús. En su tiempo había cuatro partidos: fariseos, saduceos, herodianos y zelotas. Jesús no se alineó con ninguno y se resistió a ser arrastrado a un lado o al otro. La comunidad cristiana lo siguió fielmente en esta elección. Esto es un ejemplo para los pastores: deben ser pastores de todo el rebaño, no de una parte de él. Han de ser los primeros en hacer un examen serio de conciencia y preguntarse a dónde están llevando a su rebaño: si a su lado, o al lado de Jesús. 

El Concilio Vaticano II confía en particular a los laicos la tarea de poner en práctica, en las diversas situaciones históricas, las enseñanzas sociales, económicas y políticas del Evangelio. Estas pueden traducirse en opciones diferentes, cuando sean respetuosas con los demás y pacíficas. 

Si hay un carisma especial o un don que la Iglesia católica está llamada a cultivar para todas las Iglesias cristianas, es la unidad. El reciente viaje del Santo Padre a Irak nos ha hecho sentir lo que significa para quienes están oprimidos o han sobrevivido a guerras y persecuciones: sentirse parte de un cuerpo universal  que haga que el resto del mundo escuche su grito y reviva la esperanza. 

A Aquel que murió en la cruz “para reunir a los hijos de Dios dispersos” (Jn 11,52) elevamos, en este día, “con corazón contrito y espíritu humillado”, la oración que la Iglesia le dirige en cada misa antes de la Comunión:

Señor Jesucristo, que dijiste a tus apóstoles: “La paz os dejo, mi paz os doy”. No mires nuestros pecados, sino la fe de tu Iglesia, y conforme a tu palabra concédele la paz y la unidad, tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

jueves, 25 de marzo de 2021

EL BUEN LADRON

Hoy 25 de marzo de 2021 Solemnidad de la Anunciación, es el día de San Dimas, el Buen Ladrón

En los “pasos” de Semana Santa que representan la Pasión de Jesús Nazareno y su Muerte, se aprecia la presencia de soldados, sayones, los discípulos de Jesús, Caifás, Pilato, Herodes, Barrabás, el Cirineo, las mujeres, el Bueno y el Mal ladrón. Son personajes secundarios que estuvieron muy cerca del condenado: los que le enjuiciaron y condenaron; los que le ayudaron a llevar la Cruz; las mujeres que lo vieron pasar; o los dos malhechores que fueron crucificados a su lado.

Dice el evangelio: “Y cuando llegaron al lugar llamado Gólgota, lo crucificaron a él y a dos malhechores uno a la derecha y otro a la izquierda. Cuando los soldados se burlaban de Jesús, dijo: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen». Uno de los malhechores lo insultaba diciendo: «¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros». Pero el otro le respondía increpándole: «¿Ni siquiera temes tú a Dios estando en el mismo suplicio? Nosotros, la verdad lo estamos justamente, pues recibimos el justo pago de lo que hicimos; mas éste nada malo ha hecho». Y dijo a Jesús: «Acuérdate de mí cuando estés en tu reino». Jesús le respondió: «En verdad te digo, que hoy estarás conmigo en el paraíso» (Lucas  23,33-34,39-43). No se sabe ciertamente el nombre de este malhechor; la Iglesia autorizó el de Dimas, bajo el cual se le venera, por una tradición de la iglesia griega, en su fiesta del 25 de marzo.

¿A qué se debió la conversación de este malhechor de su derecha, que tal vez nunca habría visto a Jesús, aunque hubiera oído hablar de Él? ¿La rumió mientras oía a los acusadores lo que decían de Jesús? Las acusaciones a Jesús no encajaban con la acusación por la que él fue condenado. El era ladrón, ratero sin trabajo, sin familia y sin amigos. No había comparación. Observó que Jesús calló ante las burlas, los azotes, y camino del Calvario y durante la crucifixión. A poco de estar en la Cruz le oyó hablar de perdón. Es posible que una mirada fugaz de Jesús le llevara al creer que aquel hombre era realmente Hijo de Dios.

La conversación de Dimas con Jesús surgió espontanea. Dimas reaccionó al oír al otro ladrón increpar a Jesús. Temeroso de Dios reconoció sus culpas y pidió perdón: ¡Acuérdate de mí! La respuesta fue inmediata: Hoy mismo estarás en el paraíso. Dos frases, petición y perdón y un feliz resultado

         El sufrimiento del Señor en las últimas horas se vio paliado por un momento de alegría que le llegó de este malhechor, un pecador que se arrepintió de sus pecados al acercarse la hora de rendir cuentas a Dios Todopoderoso. Era la oveja descarriada que volvía al redil, el hijo prodigo que regresaba a casa de su padre. “Habrá mucha alegría en el cielo por un pecador arrepentido”, dijo Jesús en alguna ocasión.

Dimas era consciente de su condena porque se sabía bandido y ante la muerte se vio desamparado. El ejemplo de Jesús y su mirada de misericordia le dieron un hálito de esperanza. Confió en la justicia divina y obtuvo la recompensa.

Conocido como el Buen Ladrón, Dimas, fue el primer santo de la Iglesia. El mismo Jesús le prometió el Paraíso. Solo aparece en el Gólgota y en textos apócrifos. En el Evangelio de Nicodemo se llama Dimas al ‘buen ladrón’ y Gestas al ‘mal ladrón’, y en el Protoevangelio de Santiago, José de Arimatea explica que se llamaba Dimas, era galileo y atracaba a los ricos y favorecía a los pobres.

 

A pesar de no estar canonizado oficialmente por la Iglesia, San Dimas figura en el Martirologio Romano el mismo día de la Anunciación de la Virgen.

sábado, 6 de marzo de 2021

JOSÉ, ESPOSO DE MARÍA

De él se dice que era casto, justo y callado. No se le atribuye ninguna palabra o frase, solo escuchaba y callaba. José formó parte del linaje de Jesús en primera persona. Lo vio nacer, estuvo cerca de Él y fue su padre adoptivo al estar desposado con María. Además tuvo el privilegio de ser el custodio de la sagrada Familia.

El año 2021 está dedicado a san José. En su solemnidad el salmo anota: “Su linaje será perpetuo”. Constituido en eslabón de la descendencia de Dios Padre, en José concurren la obediencia y el cumplimiento del designio divino, y por ello su alianza con Dios será estable.

De este gran santo, Patrono de la Iglesia Universal, apenas hablan los evangelios. En Mateo aparece como hijo de Jacob, descendiente de la estirpe de David. Pudo nacer en Belén, fue carpintero y también albañil. Como los solteros trabajaban donde los llamaban, José se marcharía de Belén y se iría a trabajar a Nazaret.

José conoció a María por mediación de los sacerdotes del Templo que buscaban jóvenes de la estirpe de David para el matrimonio. Sus padres concertaron su unión con María. Celebraron sus esponsales y después María se marchó a Nazaret con Ana, su madre, y José se fue a Belén, y luego a Nazaret.

María rondaría los 15 años cuando el ángel Gabriel le anunció que concebiría un hijo. Ella se aturdió pues aún no había cohabitado con José, pero el ángel le aclaró su embarazo y asintió. Luego marchó a ayudar a Isabel y cuando ésta dio a luz, volvió a Nazaret con claras señales de maternidad. Al verla José se sobresaltó y pensó repudiarla en secreto para evitarle el castigo, pero un ángel de Dios le explicó que la concepción de María era obra del Espíritu Santo, que él actuaría como padre legal del niño y le impondría el nombre de  Emmanuel.

Desde entonces José asumió el papel de esposo y padre. Se dispuso a recibir a María en su casa siguiendo la costumbre judía. Ella esperó en su casa con vestido nupcial la llegada de José y entre cánticos y danzas recorrieron algunas calles hasta la casa de José. En ese momento empezaron su convivencia en su casa de Nazaret.

Ambos vivieron el tiempo de espera del nacimiento de su primogénito cada uno en su tarea. José siguió trabajando y María se afanaba en los preparativos del parto. Tuvieron que viajar a Belén de Judea para empadronarse a donde llegaron después de un viaje penoso y al no encontrar posada José habilitó un establo para cobijarse. En esa situación María salió de cuentas y dio a luz a su hijo que envolvió en pañales. A los ocho días de nacer el niño fue circuncidado y quedó inscrito en un pergamino.

Pasados cuarenta días, José y María fueron al Templo de Jerusalén a la presentación del niño a Dios y a la purificación de María. Habían previsto pasar unos días en Belén y regresar luego a Nazaret, pero enterados por un ángel de que Herodes el Grande mandó matar a niños inocentes y avisado José, se fueron a Egipto.

Atravesaron las montañas de Hebrón y Gaza, y continuaron por el desierto del Negueb donde sufrieron toda suerte de penalidades. Luego avanzaron por el valle del Nilo hasta Heliópolis y Matarieh, una pequeña aldea donde buscaron refugio.

José se ocupó de mantener a su familia durante los años que permanecieron allí, hasta que el ángel de Dios le advirtió que volviera a Israel porque había muerto Herodes. Pero José conoció la crueldad de Arquelao, hijo de Herodes, y temiendo ir a Belén marcharon a Nazaret, en Galilea, donde se establecieron.

José, María y Jesús en Nazaret harían una vida normal. José retomaría su oficio, María atendería las labores domésticas y Jesús aprendería la ley de Moisés. José  cumplía la obligación de ir Jerusalén en las fiestas de Pascua acompañado de María y Jesús. Una vez, al regresar, advirtieron que Jesús no iba en la caravana, se volvieron y lo encontraron en el Templo rodeado de escribas y ancianos.

José murió cuando Jesús rondaba los treinta años. Es un santo glorioso, modelo  esposo de María y cooperante generoso con Dios, tuvo la dicha de vivir ocupado en cuidar de Jesús en su infancia. Como dice el papa Francisco, «Con corazón de padre, José amó a Jesús».