jueves, 21 de julio de 2022

ORILLAR LA VIDA

La soledad, una enfermedad irremediable, un fracaso, un sinvivir, en suma, lleva a algunos -más de la cuenta- al suicidio. Se despachan para el otro mundo burlando toda esperanza de vida. Algo falla. El suicidio es la primera causa de muerte de la llamada generación Z, es decir la de los que tienen entre 15 y 30 años. La misericordia de Dios hará su trabajo y aquí nos quedará un clima de insatisfacción por no remediar una muerte absurda.

Por si no fuera suficiente con esto, se está creando el mito de la “buena muerte” para poner en valor la eutanasia como derecho del ser humano vejestorio, del sufriente, del hundido en la miseria o del que convenga por egoísmos mundanos, y que siente que le estorba la vida. La muerte digna (sic) predomina sobre la muerte en paz y en gracia de Dios.

El tercer punto que orilla la vida es el aborto. Aquí entra la romana por lo mayor, pues cada año se provocan casi 73 millones de abortos en todo el mundo; España roza unos 100.000 abortos anuales. ¡Echen cuentas!

El aborto se justifica como que el feto forma parte del cuerpo de la madre. Esto es más falso de una moneda de tres euros porque el feto es un sujeto alojado en la matriz materna que durante nueve meses es la “morada” que le sirve de cobijo y para su manutención. Ni es un grano ni una verruga, es un ser humano fruto de la unión de un hombre y una mujer, que se va desarrollando a expensa de su madre, como cualquier recién nacido.

Ese ser tiene los mismos derechos en el seno materno que si ya hubiese visto la luz del sol; el aborto no es ningún derecho de la madre por mucho que lo diga el poder público o cualquier bicho viviente. Si el aborto es signo de progreso, estamos creando un mundo sin orden y sin piedad.

Desde el principio de los siglos el mundo se ha esforzado por respetar la vida humana, hasta que se ha enseñoreado la barbarie y se ha perdido la moral cristiana con el señuelo de los derechos humanos. Se ha pasado del respeto a la vida a decir que el aborto “está reclamado por la sociedad” y que es un “derecho de la mujer”. Mentira. ¿En cuánto se cuantifica la sociedad despiadada que lo reclama? ¿Por qué vale más el falso derecho de la mujer que el del hijo no nato? El feto es un ser humano, vivo, irrepetible y singular desde el momento de la concepción, y por tanto titular de un derecho fundamental por sí mismo. La madre y el padre que lo han engendrado tienen la tarea de hacerlo viable. La vida no puede orillarse de cualquier manera, y menos al albur de leyes ignominiosas.

El Obispo de Alicante, Monseñor José Ignacio Munilla alza la voz en  contra de la nueva ley del aborto, pues lo que habita en el seno materno "es un ser humano". Está el juramento hipocrático que data del siglo II en el que se obliga a no dar muerte, ni abortivos a las mujeres.

"Hemos pasado del derecho a la obligación", asegura Munilla, y cree que esto es un "pecado de época", "aquel en el que el conjunto de la sociedad sufre una ceguera y no es capaz de ver el pecado", como cuando la humanidad asumió como normal la esclavitud.

 

El Obispo hace referencia a noticias y titulares que muestran su preocupación de que Alicante sea una de las provincias con más médicos objetores: A su juicio, "hemos pasado del relativismo a la dictadura del relativismo", y esto nos conduce del "supuesto derecho a matar, a la obligación de colaborar". En esto no podemos caer, ya que "hay que obedecer a Dios antes que a los hombres". Nuestra conciencia "debe ser lugar de luz, no de tinieblas", y llama a la "insumisión ante leyes inicuas". "El mayor milagro es la vida", es algo grande, y ello anima a ser constantes, "las grandes batallas, la batalla por la vida, requiere perseverancia, oración y ayuno". 

 

Casi a la firma de este suelto leo que un grupo animalista de Nueva York defiende que un paquidermo del zoo de la ciudad, conocido por Happy, “tiene derecho al reconocimiento y protección de sus derechos fundamentales”. El grupo acusaba al zoo de detención ilegal de Happy y exigía al juez su libertad porque “no hay que ser humano para ser persona en lo legal”. El juez sentenció en contra y alguien opinó que “lo de Happy es una afrenta a la sociedad civilizada”. (Leer para creer)

José Giménez Soria

miércoles, 6 de julio de 2022

ANILLOS DE BODA

Cuando preparo la celebración del Matrimonio con algunos de los novios valientes que aún se atreven a prometerse amor durante toda la vida delante de Dios me gusta preguntarles acerca de por qué el anillo se lo van a poner en el dedo anular. Nunca lo saben. Alguna vez dan esta respuesta: «¡Porque es el dedo que conecta directamente con el corazón y por eso significa el amor!». Les digo que en realidad todos los dedos de las manos y los pies están conectados al corazón, si no se pudrirían.

¿Entonces cuál es la respuesta? Vamos a hacer un juego. Puede usted cerrar el puño e ir levantando los dedos. Solo uno a la vez y ver hasta dónde es capaz de levantarlo con facilidad. Se dará cuenta de que fácilmente puede levantar todos los dedos, salvo el anular, que le costará más y no logrará que suba como los demás. Reflexionando un poco podemos ver cómo todos los dedos, menos el anular, sirven para algo. Con el pulgar puede uno mostrar rápidamente su conformidad o disconformidad con algo según hacia dónde apunte cuando lo levante. El índice vale para señalar un camino, para acusar a alguien, para hacer ver que se sabe algo o para hurgarse la nariz. El dedo corazón, no lo use demasiado, sirve para mandar a tomar por saco a alguien. Y con el dedo meñique cierran las niñas promesas que hacen entre ellas.

¿Y el anular? El pobre dedo anular no sirve para nada, si apenas puede subir a la altura de sus hermanos. De hecho, se le llama «anular» porque está «anulado». Pues precisamente en este dedo es donde los esposos se ponen los anillos y están llamados a llevarlos hasta la muerte. Nuestro término «anillo» viene del latín anulus, que como verá tiene que ver con el dedo anular, que es el dedo «relativo al anillo».

Los esposos llevan el anillo en ese dedo porque es el dedo débil y al mirárselo pueden recordar la gran lección del amor que Jesucristo ha venido a mostrarnos: es en la debilidad donde más necesitamos que nos quieran y querer al otro hasta dar la vida por él. Quien nos quiera poco nos querrá solo por lo positivo: por ser fuertes, simpáticos y generosos. Pero ¿quién nos quiere por nuestras miserias, por nuestras debilidades, por nuestros defectos? Solo quien nos quiera de verdad. Así están llamados a amarse los esposos.

El Matrimonio es para toda la vida, por eso es muy serio. Quererse toda la vida requiere aprender a amar al otro en la debilidad. ¿Recuerda las palabras que pronuncian los novios delante del sacerdote en el momento en que se convierten en esposos? «Yo, X, te recibo a ti, Y, como esposo, o esposa, y me entrego a ti, y prometo serte fiel en la prosperidad y en la adversidad, en la salud y en la enfermedad, y así amarte y respetarte todos los días de mi vida». O sea, en lo bueno y en malo. Es fuerte. Así necesitamos ser amados y amar. El amor de verdad es eso.

Amar es aprender a recibir al otro y aprender a entregarse para que el otro te reciba. En la fortaleza y en la debilidad. Cuando esto se da, las cosas van bien. Cuando una parte falla la cosa se complica. Necesitamos profundizar cada vez más y madurar la forma de amarnos. El Matrimonio es una Alianza para siempre, en lo próspero y en lo adverso. De hecho, a los anillos de Matrimonio se les llama también así: alianzas.

Me gusta decir a los esposos, y hoy lo digo aquí, que cuando tengan una dificultad y les cueste quererse se miren el anillo. Y que cuando haya un problema se pidan siempre perdón y se besen mutuamente el dedo anular con el anillo en señal de veneración y amor. La debilidad propia nos va a acompañar toda la vida. Nuestra condición humana está herida y ello requiere aceptación. Y por supuesto la ayuda de Dios, a quien el día de la Boda ya se le pidió. Dios no nos quiere por fuertes sino por débiles, justo como dice San Pablo: «Vivo contento en medio de mis debilidades porque cuando soy débil, entonces soy fuerte». Enseñemos esto a los jóvenes. Matrimonios: sed luz. Adelante.

Patxi Bronchalo
Sacerdote. Valdemoro (Madrid)
Junio 2022