miércoles, 17 de junio de 2026

LA VIDA SE JUEGA EN EQUIPO

         En la visita a Barcelona el 10 de junio en la Iglesia de san Agustín, el Papa León XIV fue recibido con sencillez y cariño. Tras los saludos de rigor trató de contestar a las preguntas de Renzo, un niño de 6 años.

“Todo el mundo sabe que ahora juego a tenis”, dijo el Papa y contó que de joven practicó el fútbol americano. El deporte es sano para el cuerpo y el alma, -aseguró-, y nos ayuda a recordar “que la vida no es una carrera para vivir en una forma en solitaria, es algo que se juega en equipo y hay que aprender”. “Quien no sabe pasar el balón, aunque tenga talento, todavía no ha entendido el juego. Y quien no sabe vivir con los demás y para los demás, todavía no ha entendido la vida”.

Cuando el Señor llama, hay que decir “si”

El Papa dijo a Renzo que en realidad “no quería ser Papa, ni como joven ni como viejo, pero, cuando el Señor llama, hay que decir “si”. “Desde pequeño, sentí el deseo de entregar mi vida a Dios”. Y aunque no sabía cómo y dónde lo llevaría, sabía que era importante, porque “todo niño es un sueño de Dios”.

“Más importante que preguntarse si uno será sacerdote, médico, maestro, padre de familia o cualquier otra cosa, es preguntarse si quiere ser amigo de Jesús. Porque la amistad con Jesús nos da alegría, nos hace libres y nos ayuda a ver, paso a paso, la vocación y el camino que Dios ha pensado para cada uno”.

No permitamos la soledad de los abuelos

León XIV, siguiendo las preguntas de Renzo, le fue difícil dar respuesta al por qué hay personas a las que les pasan cosas malas y a otras no. Entonces recordó que “a través de la vida de Jesucristo, Dios nos muestra que, aunque haya sufrimiento, Él nunca abandona a ninguno de sus hijos, porque nos tiene preparada una alegría eterna donde ya no habrá tristezas ni dolor”.

En cuanto a los abuelos, el Santo Padre advirtió que nunca deberían quedarse solos y que deberían ser amados como lo han hecho con nosotros. “No permitamos que la soledad y el abandono se normalicen en la vida de los adultos mayores. Es algo muy triste. Tengamos nuestro corazón abierto a ellos; y aunque no sean nuestros abuelos, no permitamos que se sientan solos ni desprotegidos”.

Perdonando experimentamos la paz de Dios

Sobre el perdón a quien nos ha hecho daño o qué significa el perdón, incluso para un niño como Renzo, el Papa insistió que hay que perdonar siempre, “no te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete”, como dijo Jesús a Pedro.  

“Perdonar no significa decir que lo malo estuvo bien, ni dejar que alguien siga haciendo daño. No significa olvidar, como si nada hubiera pasado. Perdonar significa no dejar que el odio se convierta en dueño de nuestro corazón. Jesús nos pide perdonar porque es una manera de experimentar la paz de Dios y de sanar heridas espirituales”.

Ligados al destino de aquellos a quienes Dios ama

Dirigiéndose a los operadores y trabajadores en la pastoral social de la diócesis, León XIV los invitó a experimentar la gracia de ser cristianos, a estar convencidos de que el esfuerzo realizado por el prójimo será por el Padre celestial.

El cristiano, además de ser bondadoso y amable, ha de ser compasivo, amar sin interés y buscar el bien de los demás, sabiendo que en cada hermano y hermana que sufre es el mismo Señor quien pide y recibe, quien es acogido o rechazado, amado o despreciado.

La dignidad no depende de dónde vienes o qué posees

De allí la exhortación del Papa a que cada comunidad eclesial diocesana, movida por la caridad e instruida por el Espíritu Santo, se acerque con discreción, delicadeza y perseverancia a las heridas y necesidades de los más pequeños y vulnerables para aliviar sus sufrimientos y remediar su pobreza. Pero también, los cristianos, agregó el Pontífice, están llamados a hacer presente el amor de Dios.

Testigos creíbles del amor de Dios

El Santo Padre concluyó su discurso animando a los que constituyen las realidades diocesanas de caridad y asistencia: “Sed testigos creíbles de la esperanza cristiana en el servicio a los hermanos y hermanas que, en una condición de vida precaria, marcada por la privación, la fragilidad o la marginación, además de ayuda material y sostén moral, necesitan a Dios, su amistad, su bendición, su Palabra, sus Sacramentos y la propuesta de un camino de crecimiento y de maduración en la fe”.

Papa León XIV

 

jueves, 4 de junio de 2026

MAGNIFICA HUMANITAS

          En la encíclica Magnifica Humanitas del Papa León XIV, se expone que “lo que Dios ha creado se encuentra hoy ante una elección, o levantar una nueva torre de Babel o edificar la ciudad donde Dios y la humanidad habiten juntos”.

León XIV es contundente. Recuerda que “la dignidad de cada persona no se adquiere ni se merece, ni necesita ser demostrada”, y que el primer derecho humano es el derecho a la vida, desde la concepción hasta su muerte. Cuando este derecho es negado —como sucede con el aborto provocado, el asesinato de inocentes y la eutanasia— nos encontramos frente a decisiones graves puesto que la dignidad humana no es negociable.

El Papa defiende también la dignidad del trabajador, su derecho a una remuneración suficiente y a la posibilidad de participar en la vida social. La tecnología debe liberarlo de tareas pesadas, nunca llevarlo al desempleo para reducir costes. El sistema debe centrarse en la persona, no en la prestación, sino en el valor del trabajo.

En cuanto a la Inteligencia Artificial (IA), aboga por que sus beneficios lleguen a todos con unas reglas compartidas sobre su uso, de forma que protejan a los más vulnerables. No hay que resignarse ante procesos tecnológicos que limitan la libertad y la responsabilidad.

Propone la civilización del amor, donde la misericordia sea un criterio de acción política y concluye invitando a vivir la era digital sin miedo, pero con sobriedad, para que se reconozca la belleza de una magnífica humanidad habitada por Dios.

Debemos educarnos en el ayuno de la Inteligencia Artificial (IA) para proteger la dignidad humana frente a su poder, y pone como ejemplo a la torre de Babel donde la humanidad pretendió construirla para alcanzar el cielo, prescindiendo de Dios. Babel simboliza una sociedad fascinada por su propio poder técnico, convencida de que puede reorganizar la vida humana únicamente mediante la ciencia, los datos y la eficiencia. El resultado es la dispersión. Por grandiosa que sea la sociedad, surge lo humano y su autosuficiencia, y no sacrifica la dignidad de las personas que aspiran a alcanzar el cielo sin la bendición de Dios.

Lo que propone el Papa León es edificar la ciudad donde Dios y la humanidad habiten juntos, como Nehemías, un judío al servicio del rey persa, que reconstruyó las murallas de Jerusalén tras el exilio en Babilonia, dignificando a las personas, la verdad, la justicia y el bien común, teniendo a Dios en el centro.

La tecnología no es neutra, -dice el Papa- porque es de quien la concibe, la financia, la regula y la utiliza. Así la IA carece de conciencia moral, empatía o alma. Para el Papa la dignidad humana es el límite infranqueable del progreso: la dignidad de cada persona no necesita ser demostrada, por lo que reducir el ser humano a un recurso explotable o a unos datos, es una regresión del corazón.

La encíclica actualiza los principios de la Doctrina Social de la Iglesia para el siglo XXI. Reclama que el conocimiento no se concentre en manos de unos pocos y pide un código ético compartido, advirtiendo que no sirve una IA más moral si eso lo deciden unos pocos. En el ámbito laboral, defiende sistemas centrados en la persona y no solo en el rendimiento.

La revolución digital convierte sus recursos en una decisión más rápida, distante e impersonal. Amenaza con diluir la percepción del sufrimiento y de la responsabilidad moral. El Papa no pide rechazarla, sino vivirla desde el Evangelio para que el mundo reconozca en el ser humano el lugar donde Dios desea habitar y de testimonio de una magnífica humanidad habitada por Dios 

Tertulia Nazoreo