jueves, 4 de junio de 2026

MAGNIFICA HUMANITAS

          En la encíclica Magnifica Humanitas del Papa León XIV, se expone que “lo que Dios ha creado se encuentra hoy ante una elección, o levantar una nueva torre de Babel o edificar la ciudad donde Dios y la humanidad habiten juntos”.

León XIV es contundente. Recuerda que “la dignidad de cada persona no se adquiere ni se merece, ni necesita ser demostrada”, y que el primer derecho humano es el derecho a la vida, desde la concepción hasta su muerte. Cuando este derecho es negado —como sucede con el aborto provocado, el asesinato de inocentes y la eutanasia— nos encontramos frente a decisiones graves puesto que la dignidad humana no es negociable.

El Papa defiende también la dignidad del trabajador, su derecho a una remuneración suficiente y a la posibilidad de participar en la vida social. La tecnología debe liberarlo de tareas pesadas, nunca llevarlo al desempleo para reducir costes. El sistema debe centrarse en la persona, no en la prestación, sino en el valor del trabajo.

En cuanto a la Inteligencia Artificial (IA), aboga por que sus beneficios lleguen a todos con unas reglas compartidas sobre su uso, de forma que protejan a los más vulnerables. No hay que resignarse ante procesos tecnológicos que limitan la libertad y la responsabilidad.

Propone la civilización del amor, donde la misericordia sea un criterio de acción política y concluye invitando a vivir la era digital sin miedo, pero con sobriedad, para que se reconozca la belleza de una magnífica humanidad habitada por Dios.

Debemos educarnos en el ayuno de la Inteligencia Artificial (IA) para proteger la dignidad humana frente a su poder, y pone como ejemplo a la torre de Babel donde la humanidad pretendió construirla para alcanzar el cielo, prescindiendo de Dios. Babel simboliza una sociedad fascinada por su propio poder técnico, convencida de que puede reorganizar la vida humana únicamente mediante la ciencia, los datos y la eficiencia. El resultado es la dispersión. Por grandiosa que sea la sociedad, surge lo humano y su autosuficiencia, y no sacrifica la dignidad de las personas que aspiran a alcanzar el cielo sin la bendición de Dios.

Lo que propone el Papa León es edificar la ciudad donde Dios y la humanidad habiten juntos, como Nehemías, un judío al servicio del rey persa, que reconstruyó las murallas de Jerusalén tras el exilio en Babilonia, dignificando a las personas, la verdad, la justicia y el bien común, teniendo a Dios en el centro.

La tecnología no es neutra, -dice el Papa- porque es de quien la concibe, la financia, la regula y la utiliza. Así la IA carece de conciencia moral, empatía o alma. Para el Papa la dignidad humana es el límite infranqueable del progreso: la dignidad de cada persona no necesita ser demostrada, por lo que reducir el ser humano a un recurso explotable o a unos datos, es una regresión del corazón.

La encíclica actualiza los principios de la Doctrina Social de la Iglesia para el siglo XXI. Reclama que el conocimiento no se concentre en manos de unos pocos y pide un código ético compartido, advirtiendo que no sirve una IA más moral si eso lo deciden unos pocos. En el ámbito laboral, defiende sistemas centrados en la persona y no solo en el rendimiento.

La revolución digital convierte sus recursos en una decisión más rápida, distante e impersonal. Amenaza con diluir la percepción del sufrimiento y de la responsabilidad moral. El Papa no pide rechazarla, sino vivirla desde el Evangelio para que el mundo reconozca en el ser humano el lugar donde Dios desea habitar y de testimonio de una magnífica humanidad habitada por Dios 

Tertulia Nazoreo

No hay comentarios: