miércoles, 14 de abril de 2021

FRATERNIDAD

Como es habitual la homilía de la Pasión del Señor de la tarde del Viernes Santo de 2021 estuvo a cargo del cardenal Cantalamessa, predicador de la Casa Pontificia. Presidió el Culto litúrgico el papa Francisco.

“PRIMER NACIDO ENTRE MUCHOS HERMANOS” (Rom 8, 29)

Ante la tumba de san Francisco en Asís el Santo Padre Francisco firmó su encíclica sobre la fraternidad, un valor universal que ha puesto de relieve las heridas que hay en el mundo para llegar a una fraternidad humana verdadera y justa. La encíclica va dirigida a toda la humanidad; a lo privado, a lo público, a lo religioso y a lo social, aunque el fundamento de la fraternidad sea el Evangelio.

Para nosotros, ese manantial de dignidad humana y de fraternidad está en el Evangelio de Jesucristo. De él surge “para el pensamiento cristiano y para la acción de la Iglesia el primado que se da a la relación, al encuentro con el misterio sagrado del otro, a la comunión universal con la humanidad entera como vocación de todos” (FO 277).

El misterio de la cruz que estamos celebrando nos obliga a centrarnos precisamente en este fundamento cristológico de la fraternidad.

“Hermano” es la persona nacida del mismo padre y de la madre. También se denomina “hermanos” a los del mismo pueblo y nación. En este horizonte se llama hermano a toda persona humana, la que la Biblia llama el “prójimo”. Cuando Jesús dice, “Todo lo que habéis hecho a uno de estos hermanos menores míos, me lo habéis hecho a mí” (Mt 25,40), significa toda persona humana necesitada de ayuda. 

En el Nuevo Testamento la palabra “hermano” indica una categoría particular de personas, son los discípulos de Jesús, los que acogen sus enseñanzas. “¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos? Quien hace la voluntad de mi Padre, es para mí hermano, hermana y madre” (Mt 12,48-50). 

 En la Pascua, Cristo se convierte en “el primogénito entre muchos hermanos” (Rom 8,29). Los discípulos son hermanos porque comparten, no sólo la enseñanza de Jesús, también su Espíritu. Jesús los llama “hermanos”: “Ve a mis hermanos -dice a María Magdalena— y diles: ‘Subo a mi Padre y a tu Padre, a mi Dios y a vuestro Dios’” (Jn 20,17). El uso común del término hermano después de la Pascua, indica al hermano de la fe. Esto hace que la fraternidad de Cristo sea algo trascendente en comparación con otro tipo de fraternidad, y se debe a que Cristo también es Dios.

Esta nueva fraternidad no reemplaza a otras basadas en la familia, la nación o la raza, sino que los corona porque los seres humanos son hermanos por ser criaturas del mismo Dios y Padre. La fe añade que somos hermanos no sólo a título de creación, sino también de redención; no porque tenemos el mismo Padre, sino porque tenemos al mismo hermano, Cristo, “primogénito entre muchos hermanos”.

 A la luz de todo esto hacemos algunas reflexiones actuales. La fraternidad se construye como se construye la paz, empezando por nosotros, no con grandes esquemas ni metas ambiciosas. Esto significa que la fraternidad universal comienza para nosotros con la fraternidad en la Iglesia católica.

¡La fraternidad católica está herida! La túnica de Cristo ha sido desgarrada por las divisiones entre las Iglesias; y lo que es peor, cada trozo de la túnica está dividido en otros trozos. Hablo del elemento humano de la misma, porque la verdadera túnica de Cristo, su cuerpo místico animado por el Espíritu Santo, nadie la podrá herir. A los ojos de Dios, la Iglesia es “una, santa, católica y apostólica”, y así será hasta el fin del mundo. Esto no excusa nuestras divisiones, sino que las hace más culpables y debe impulsarnos con más fuerza para que las sanemos.

¿Cuál es la causa más común de las divisiones entre los católicos? No es el dogma, ni los sacramentos ni los ministerios. Es la opción política cuando toma ventaja sobre la religiosa y eclesial y defiende una ideología. En muchas partes del mundo es el factor de división, incluso si es silenciosamente negada. Esto es un pecado, y significa que “el reino de este mundo” se ha vuelto más importante, en el propio corazón, que el Reino de Dios. Sobre este asunto todos estamos llamados a hacer un examen serio de nuestras conciencias y a convertirnos. Esta es la obra de aquel cuyo nombre es “diábolos”, es decir, el divisor, el enemigo que siembra cizaña, como Jesús dice en su parábola (Mt 13,25).

Debemos aprender del ejemplo de Jesús. En su tiempo había cuatro partidos: fariseos, saduceos, herodianos y zelotas. Jesús no se alineó con ninguno y se resistió a ser arrastrado a un lado o al otro. La comunidad cristiana lo siguió fielmente en esta elección. Esto es un ejemplo para los pastores: deben ser pastores de todo el rebaño, no de una parte de él. Han de ser los primeros en hacer un examen serio de conciencia y preguntarse a dónde están llevando a su rebaño: si a su lado, o al lado de Jesús. 

El Concilio Vaticano II confía en particular a los laicos la tarea de poner en práctica, en las diversas situaciones históricas, las enseñanzas sociales, económicas y políticas del Evangelio. Estas pueden traducirse en opciones diferentes, cuando sean respetuosas con los demás y pacíficas. 

Si hay un carisma especial o un don que la Iglesia católica está llamada a cultivar para todas las Iglesias cristianas, es la unidad. El reciente viaje del Santo Padre a Irak nos ha hecho sentir lo que significa para quienes están oprimidos o han sobrevivido a guerras y persecuciones: sentirse parte de un cuerpo universal  que haga que el resto del mundo escuche su grito y reviva la esperanza. 

A Aquel que murió en la cruz “para reunir a los hijos de Dios dispersos” (Jn 11,52) elevamos, en este día, “con corazón contrito y espíritu humillado”, la oración que la Iglesia le dirige en cada misa antes de la Comunión:

Señor Jesucristo, que dijiste a tus apóstoles: “La paz os dejo, mi paz os doy”. No mires nuestros pecados, sino la fe de tu Iglesia, y conforme a tu palabra concédele la paz y la unidad, tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

jueves, 25 de marzo de 2021

EL BUEN LADRON

Hoy 25 de marzo de 2021 Solemnidad de la Anunciación, es el día de San Dimas, el Buen Ladrón

En los “pasos” de Semana Santa que representan la Pasión de Jesús Nazareno y su Muerte, se aprecia la presencia de soldados, sayones, los discípulos de Jesús, Caifás, Pilato, Herodes, Barrabás, el Cirineo, las mujeres, el Bueno y el Mal ladrón. Son personajes secundarios que estuvieron muy cerca del condenado: los que le enjuiciaron y condenaron; los que le ayudaron a llevar la Cruz; las mujeres que lo vieron pasar; o los dos malhechores que fueron crucificados a su lado.

Dice el evangelio: “Y cuando llegaron al lugar llamado Gólgota, lo crucificaron a él y a dos malhechores uno a la derecha y otro a la izquierda. Cuando los soldados se burlaban de Jesús, dijo: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen». Uno de los malhechores lo insultaba diciendo: «¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros». Pero el otro le respondía increpándole: «¿Ni siquiera temes tú a Dios estando en el mismo suplicio? Nosotros, la verdad lo estamos justamente, pues recibimos el justo pago de lo que hicimos; mas éste nada malo ha hecho». Y dijo a Jesús: «Acuérdate de mí cuando estés en tu reino». Jesús le respondió: «En verdad te digo, que hoy estarás conmigo en el paraíso» (Lucas  23,33-34,39-43). No se sabe ciertamente el nombre de este malhechor; la Iglesia autorizó el de Dimas, bajo el cual se le venera, por una tradición de la iglesia griega, en su fiesta del 25 de marzo.

¿A qué se debió la conversación de este malhechor de su derecha, que tal vez nunca habría visto a Jesús, aunque hubiera oído hablar de Él? ¿La rumió mientras oía a los acusadores lo que decían de Jesús? Las acusaciones a Jesús no encajaban con la acusación por la que él fue condenado. El era ladrón, ratero sin trabajo, sin familia y sin amigos. No había comparación. Observó que Jesús calló ante las burlas, los azotes, y camino del Calvario y durante la crucifixión. A poco de estar en la Cruz le oyó hablar de perdón. Es posible que una mirada fugaz de Jesús le llevara al creer que aquel hombre era realmente Hijo de Dios.

La conversación de Dimas con Jesús surgió espontanea. Dimas reaccionó al oír al otro ladrón increpar a Jesús. Temeroso de Dios reconoció sus culpas y pidió perdón: ¡Acuérdate de mí! La respuesta fue inmediata: Hoy mismo estarás en el paraíso. Dos frases, petición y perdón y un feliz resultado

         El sufrimiento del Señor en las últimas horas se vio paliado por un momento de alegría que le llegó de este malhechor, un pecador que se arrepintió de sus pecados al acercarse la hora de rendir cuentas a Dios Todopoderoso. Era la oveja descarriada que volvía al redil, el hijo prodigo que regresaba a casa de su padre. “Habrá mucha alegría en el cielo por un pecador arrepentido”, dijo Jesús en alguna ocasión.

Dimas era consciente de su condena porque se sabía bandido y ante la muerte se vio desamparado. El ejemplo de Jesús y su mirada de misericordia le dieron un hálito de esperanza. Confió en la justicia divina y obtuvo la recompensa.

Conocido como el Buen Ladrón, Dimas, fue el primer santo de la Iglesia. El mismo Jesús le prometió el Paraíso. Solo aparece en el Gólgota y en textos apócrifos. En el Evangelio de Nicodemo se llama Dimas al ‘buen ladrón’ y Gestas al ‘mal ladrón’, y en el Protoevangelio de Santiago, José de Arimatea explica que se llamaba Dimas, era galileo y atracaba a los ricos y favorecía a los pobres.

 

A pesar de no estar canonizado oficialmente por la Iglesia, San Dimas figura en el Martirologio Romano el mismo día de la Anunciación de la Virgen.

sábado, 6 de marzo de 2021

JOSÉ, ESPOSO DE MARÍA

De él se dice que era casto, justo y callado. No se le atribuye ninguna palabra o frase, solo escuchaba y callaba. José formó parte del linaje de Jesús en primera persona. Lo vio nacer, estuvo cerca de Él y fue su padre adoptivo al estar desposado con María. Además tuvo el privilegio de ser el custodio de la sagrada Familia.

El año 2021 está dedicado a san José. En su solemnidad el salmo anota: “Su linaje será perpetuo”. Constituido en eslabón de la descendencia de Dios Padre, en José concurren la obediencia y el cumplimiento del designio divino, y por ello su alianza con Dios será estable.

De este gran santo, Patrono de la Iglesia Universal, apenas hablan los evangelios. En Mateo aparece como hijo de Jacob, descendiente de la estirpe de David. Pudo nacer en Belén, fue carpintero y también albañil. Como los solteros trabajaban donde los llamaban, José se marcharía de Belén y se iría a trabajar a Nazaret.

José conoció a María por mediación de los sacerdotes del Templo que buscaban jóvenes de la estirpe de David para el matrimonio. Sus padres concertaron su unión con María. Celebraron sus esponsales y después María se marchó a Nazaret con Ana, su madre, y José se fue a Belén, y luego a Nazaret.

María rondaría los 15 años cuando el ángel Gabriel le anunció que concebiría un hijo. Ella se aturdió pues aún no había cohabitado con José, pero el ángel le aclaró su embarazo y asintió. Luego marchó a ayudar a Isabel y cuando ésta dio a luz, volvió a Nazaret con claras señales de maternidad. Al verla José se sobresaltó y pensó repudiarla en secreto para evitarle el castigo, pero un ángel de Dios le explicó que la concepción de María era obra del Espíritu Santo, que él actuaría como padre legal del niño y le impondría el nombre de  Emmanuel.

Desde entonces José asumió el papel de esposo y padre. Se dispuso a recibir a María en su casa siguiendo la costumbre judía. Ella esperó en su casa con vestido nupcial la llegada de José y entre cánticos y danzas recorrieron algunas calles hasta la casa de José. En ese momento empezaron su convivencia en su casa de Nazaret.

Ambos vivieron el tiempo de espera del nacimiento de su primogénito cada uno en su tarea. José siguió trabajando y María se afanaba en los preparativos del parto. Tuvieron que viajar a Belén de Judea para empadronarse a donde llegaron después de un viaje penoso y al no encontrar posada José habilitó un establo para cobijarse. En esa situación María salió de cuentas y dio a luz a su hijo que envolvió en pañales. A los ocho días de nacer el niño fue circuncidado y quedó inscrito en un pergamino.

Pasados cuarenta días, José y María fueron al Templo de Jerusalén a la presentación del niño a Dios y a la purificación de María. Habían previsto pasar unos días en Belén y regresar luego a Nazaret, pero enterados por un ángel de que Herodes el Grande mandó matar a niños inocentes y avisado José, se fueron a Egipto.

Atravesaron las montañas de Hebrón y Gaza, y continuaron por el desierto del Negueb donde sufrieron toda suerte de penalidades. Luego avanzaron por el valle del Nilo hasta Heliópolis y Matarieh, una pequeña aldea donde buscaron refugio.

José se ocupó de mantener a su familia durante los años que permanecieron allí, hasta que el ángel de Dios le advirtió que volviera a Israel porque había muerto Herodes. Pero José conoció la crueldad de Arquelao, hijo de Herodes, y temiendo ir a Belén marcharon a Nazaret, en Galilea, donde se establecieron.

José, María y Jesús en Nazaret harían una vida normal. José retomaría su oficio, María atendería las labores domésticas y Jesús aprendería la ley de Moisés. José  cumplía la obligación de ir Jerusalén en las fiestas de Pascua acompañado de María y Jesús. Una vez, al regresar, advirtieron que Jesús no iba en la caravana, se volvieron y lo encontraron en el Templo rodeado de escribas y ancianos.

José murió cuando Jesús rondaba los treinta años. Es un santo glorioso, modelo  esposo de María y cooperante generoso con Dios, tuvo la dicha de vivir ocupado en cuidar de Jesús en su infancia. Como dice el papa Francisco, «Con corazón de padre, José amó a Jesús».


miércoles, 3 de febrero de 2021

UNA CRUZ PARA LA PAZ

 SONETO:




Tras un enfrentamiento fratricida,

esta noble nación quedó doliente,

y una gran cruz se alzó sobre su vientre,

símbolo de un abrazo sin medida.

No importa quien la alzase, lo importante

es crecer a su sombra y avanzar

sin mirar atrás, sino adelante.

 

ÁNGEL HERNÁNDEZ EXPÓSITO

Maestro. Doctor en Ciencias de la Educación

 

viernes, 1 de enero de 2021

CORAZÓN DE PADRE

 Año dedicado a San José

El 8 de diciembre de 2020 en la Carta apostólica Patris corde (Con corazón de padre), el papa Francisco recuerda el 150 aniversario de la declaración de san José como Patrono de la Iglesia Universal. Con tan fausto motivo desde la fecha citada y hasta el 8 de diciembre de 2021 se celebra un año dedicado especialmente a él.

«Con corazón de padre: así José amó a Jesús, llamado en los cuatro Evangelios “el hijo de José”». Este el inicio de la Carta apostólica del papa Francisco.

José fue un humilde carpintero desposado con María; “hombre justo” lo llama el evangelista Mateo siempre dispuesto a hacer la voluntad de Dios. Viajó con María de Nazaret a Belén para ver nacer al Mesías en un pesebre; fue testigo de la adoración de los pastores y de los Reyes Magos, y tuvo la valentía de asumir la paternidad legal de Jesús, a quien dio el nombre que le reveló el ángel: “Le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados”.

 

Cuarenta días después del nacimiento, José, junto a María, presentó el Niño al Señor en el Templo y escuchó la profecía de Simeón. Para proteger a Jesús de Herodes, permaneció en Egipto como emigrante y de regreso a su tierra vivió en el pequeño pueblo de Nazaret, en Galilea.

 

Después de la Virgen María, ningún santo ocupa tanto espacio en el Magisterio pontificio como José, su esposo. El 8 de diciembre de 1870 el beato papa Pío IX lo declaró Patrono de la Iglesia Católica; más tarde el venerable Pío XII lo presentó como “Patrono de los trabajadores” y san Juan Pablo II como “Custodio del Redentor”.  Se le considera el “Patrono de la buena muerte”.

 

La Carta apostólica del papa Francisco lo presenta, entre otros, como Padre amado. La grandeza de san José consiste en el hecho de que fue el esposo de María y el padre de Jesús; Padre en la ternura. José vio a Jesús progresar día tras día “en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y los hombres”;  Padre trabajador. Era un carpintero que trabajaba honestamente para asegurar el sustento de su familia; Padre en la sombra. José, es la sombra del Padre celestial en la tierra: auxilia a Jesús, lo protege y no se aparta jamás de su lado para seguir sus pasos.

En la genealogía de Jesús que describe Mateo, José aparece como descendiente de la estirpe del rey David, y en el versículo 16 el evangelista afirma que “José era esposo de María, de la cual nació Jesús”. José era muy piadoso, y es probable que fuese el designio divino el que le llevó a convertirse en esposo terrenal de María. Según los apócrifos, María conocería a José por mediación de los sacerdotes del Templo que buscaban jóvenes para que contrajeran matrimonio. La unión de ambos tenía que ser concertada con los padres de José. María accedió a los esponsales por obediencia. La celebración del matrimonio constaba de dos actos: los esponsales que era un verdadero compromiso matrimonial y se celebraban en privado. Desde ese momento los esposos asumían sus derechos y obligaciones, aunque no vivían juntos hasta pasados varios meses. El segundo acto consistía en llevar a la esposa con música y fiesta a la casa del esposo. A partir de este momento empezaban a convivir bajo el mismo techo. José y María celebraron sus esponsales siguiendo la tradición judía, seguramente en Jerusalén.

Durante este año imploremos a san José la gracia de la conversión para todos con esta oración:

 

Salve, custodio del Redentor
y esposo de la Virgen María.
A ti Dios confió a su Hijo,
en ti María depositó su confianza,
contigo Cristo se forjó como hombre.

 

Oh, bienaventurado José,
muéstrate padre también a nosotros
y guíanos en el camino de la vida.
Concédenos gracia, misericordia y valentía,
y defiéndenos de todo mal. Amén.

Se puede leer la Carta apostólica Patris corde integra siguiendo este enlace:

miércoles, 23 de diciembre de 2020

CELEBRE LA ALEGRÍA DE REGALAR

Tal cual estaba escrito en un escaparate. Un anuncio-reclamo para comprar. Es Navidad y todo apunta a la avidez por comprar y regalar, lo que, según el anuncio, da alegría. Es Navidad, repito, y año que pasa año que mengua las referencias al nacimiento de un Niño que fue el origen de una nueva Era. La Navidad está siendo una fiesta sin patronazgo, solo se ven arbolitos y luces de neón, sin la enjundia que le da fortaleza de espíritu. Hemos pasado del atractivo de Belén al de la tienda del regalo.

La Navidad nació en un sencillo establo y vino caída del cielo entre cantos gozosos. La Navidad es capital para la Humanidad porque tiene rango divino; su celebración es una fiesta de alegría y de paz para todos sin condición ni nada que la rechace. El anuncio tendría que ser “Celebre la alegría de la Navidad”.

El siguiente escaparate rezaba, “Este año, aún sin abrazos, es Navidad”. Un reclamo más sutil que el anterior pero al menos recordaba la Navidad. Una Navidad sin abrazos para evitar contagios del coronavirus.

Donde radica la autentica alegría es en el Niño que nació en un pesebre que vino a traer la paz a los hombres de buena voluntad. El don de la Navidad está en la paz en la tierra que surtirá efecto en los hombres que se acogen a la voluntad de Dios; en ellos reinará la alegría.

Cada año conmemoramos la visita del niño de Belén que ilumina a los que viven en tinieblas y guía nuestros pasos por el camino de la paz (Benedictus). No es una fiesta superflua, ha dejado huella a través de los siglos a los ávidos por contemplar la gloria de Dios. Conservar y compartir su memoria es un buen síntoma de los cristianos que cada año miran al pueblecito de Belén y no se dejan llevar por los señuelos de los escaparates. 

José Giménez Soria

martes, 22 de diciembre de 2020

MISAS DE GOZO

Para simbolizar los meses de gestación de la Virgen, previos al nacimiento del Niño Jesús, días antes del 24 de diciembre se celebran las Misas de Gozo, una tradición muy arraigada en la provincia Almería, siendo en las comarcas del Almanzora y de los Vélez donde aún sobreviven.

 

Las misas se celebran a hora muy temprana y están amenizadas por coplas de marcado sabor navideño antesala de la gran fiesta religiosa. Un coro de personas de todas las edades y condición, canta las coplas con acompañamiento de panderetas, zambombas, cencerros, guitarras y otros instrumentos, alternado los villancicos clásicos con otros de autores actuales. Esta costumbre se remonta al siglo XVIII.


LA VIRGEN SUEÑA CAMINOS

La Virgen sueña caminos  está a la espera;
La Virgen sabe que el Niño está muy cerca,
De Nazaret a Belén hay una senda;
por ella van los que creen en las promesas.

Los que soñáis y esperáis la buena nueva,
Abrid las puertas al Niño que está muy cerca.
El Señor cerca está, el viene con la paz.
El Señor cerca está, es la verdad.

En estos días del año
el pueblo espera
que venga pronto el Mesías
a nuestra tierra.

En la ciudad de Belén
llama a las puertas
Pregunta en las posadas
y...no hay respuesta

LAS POSADAS
En nombre del cielo
os pido posada,
pues no puede andar
mi esposa amada.

Aquí no es mesón
sigan adelante,
yo no puedo abrir
no sea algún tunante.

No seas inhumano,
tennos caridad,
que el Dios de los cielos
te lo premiara.

Ya se pueden ir
y no molestar
Porque si me enfado
los voy a apalear.

Mi esposa es Maria
es Reina del Cielo
y madre va a ser
del Divino Verbo

¿Eres tú José?
¿Tu esposa es María?
Entren, peregrinos
No los conocía.

ESTA NOCHE NACE EL NIÑO

Esta noche nace el Niño
entre la escarcha y el hielo
quien pudiera Niño mío
vestirte de terciopelo.

Pastores venid,
pastores llegad,
a adorar al Niño
que ha nacido ya.

Una estrella se ha perdido
y en el cielo no aparece.
En el portal se ha metido
y en tu rostro resplandece.

Pastores venid,
pastores llegad;
a adorar al Niño
que ha nacido ya.


Las dificultades del camino, la llegada a la posada, la ansiedad de José, el parto de María, y los pastores: todo un pasaje evangélico resumido en tres coplillas.



sábado, 5 de diciembre de 2020

LA CIENCIA Y LA CRISTIANDAD.

El Cristianismo, que nace en un rincón del planeta sometido al Imperio romano, no es fruto de la ciencia. Tampoco la ciencia hoy da cumplida cuenta del Cristianismo.

Para empezar por lo que tiene de inabarcable como fenómeno histórico, ni se ha valorado lo que de sorprendente sobre las dimensiones sobre el ser del hombre ha aportado al planeta el Cristianismo.

La aparición del Cristianismo en la Historia del hombre rompe moldes sobre la consideración de lo que el hombre es. La vieja idea clásica de la humanitas se queda en mantillas. El hombre para el Cristianismo es más de lo que hasta su llegada se venía pensando. Ocurre con la irrupción del Cristianismo un salto en la humanitas, de otra manera, una transhumanización del hombre. Con él se ha desencializado al enraizarse el hombre en lo que no es él y queda lanzado muy por encima de sí, pensado y querido como una potencia esencialmente extracósmica.

El hombre a medida que escudriña e investiga la naturaleza, descubriendo los enigmas y leyes que la rigen, corre el peligro de volverse menos libre en las relaciones consigo mismo y con los demás, al pasarse a la naturaleza, zona de muerte de su vuelo extracósmico y de lo mejor de sus posibilidades.

Y no es que la ciencia produzca sin más el desastre de la humanidad, pero lo que sí consigue es que se esté produciendo una deshumanización del hombre, que no compensan los regalos de un estado de bienestar que tiene mucho de ficticio y de enervante y todo de empobrecimiento y de recorte de las alas para el vuelo de lo mejor del hombre.

Ramiro Duque De Aza

Maestro. Profesor de Teoría del conocimiento

 

viernes, 6 de noviembre de 2020

REZAR POR ESPAÑA

Al comienzo de este año, en enero, el arzobispo de Valencia, cardenal Antonio Cañizares, escribía una carta a sus diocesanos invitándoles a orar por España: «Es tiempo de oración. Ni la renovación y fortalecimiento de la Iglesia, ni la renovación y edificación de nuestra España serán posibles si no oramos. Todos debemos orar. Necesitamos volver al Señor, encontrarnos con Él, escucharle, tratar con Él, vivir la experiencia de su cercanía, gozar de su gracia. No cesemos de orar. Es preciso, como nos dice Jesús, «orar en todo tiempo y no desfallecer».

Más reciente es la carta fechada en la fiesta de la Virgen del Pilar, la Hispanidad, que rozando el mismo tema, ha divulgado el obispo de Almeria, don Adolfo González Montes:

«España es un país cristiano tanto por su génesis como por su historia, pero el cristianismo se está erosionando. Se está erosionando porque no acertamos a transmitir la fe en las condiciones de la sociedad actual, aunque ésta no es la única causa. La transmisión de la fe no se impone a nadie y tropieza hoy con una agresiva crítica de la religión en gran medida obsoleta, pero que algunos con poder y medios de comunicación presentan como insoportable para mentes emancipadas. Si los prejuicios de la izquierda representan un hecho persistente, la derecha no se define por su fervor cristiano, entregada al liberalismo y envuelta en un traje de modernidad con la que comparte núcleos de difícil conciliación con el cristianismo.

 

Entre los prejuicios  de una izquierda sin reconciliar con la religión, está la valoración negativa de la historia de España, que la progresía se empeña en travestir una y otra vez. De ahí la constante disolución de las fiestas patronales cristianas en toda la geografía, transformadas en cultura, donde lo religioso se diluye progresivamente.

La manipulación sectaria de la memoria histórica del pasado inmediato pretende hacer creer a las jóvenes generaciones que el enfrentamiento civil del pasado siglo entre españoles fue cosa de buenos unos y malos otros, lo cual significa pretender que se olvide interesadamente que hubo errores y aciertos en las dos visiones de España que la Transición ayudó a reconciliar, movidos unos y otros por la cruda experiencia de los hechos de un pasado dramático que nunca debe volver 

Hoy pedimos a la Virgen del Pilar que ayude a todos los españoles a ver con verdad nuestra reciente historia. Lo hacemos conscientes del fervor mariano de millones de españoles que han vivido y viven la fe en Cristo de la mano de la Virgen Madre del Redentor del mundo. Nos lo recordaron los papas que nos visitaron. San Juan Pablo II se despidió de nosotros, cercana ya su muerte, contemplando a España como tierra de María. Benedicto XVI no dejó de señalar los peligros que se ciernen sobre España y su futuro, y nos alentó convencido de que la fe cristiana de los españoles tiene en la Virgen María un dique protector contra los males que pueden venirnos encima.

Todas las víctimas de la guerra reclaman un recordatorio digno y la paz de los muertos que ya están en las manos de Dios. Hay que reclamar este recordatorio para todas las víctimas, por cuyo eterno descanso los cristianos oramos con fe esperanzada en la resurrección de Cristo.

 Quiera la Virgen bendita del Pilar, en cuyo día España arribó a las playas del Nuevo Mundo y dio comienzo una historia de mestizaje, con luces y sombras, muchas más luces que sombras, que no podemos dilapidar abrazando ideologías de autodestrucción de nuestra propia identidad histórica.

Invito a todos los diocesanos a unir su plegaria a la de la Iglesia en este día, recitando el himno de alabanza a la Virgen del Pilar:

 

Santa María del Pilar: / Tú, la alegría y el honor del pueblo, / eres dulzura y esperanza nuestra: / desde tu trono, miras, guardas, velas, / Madre de España. / Árbol de vida que nos diste a Cristo, / fruto bendito de tu seno virgen, / ven con nosotros hasta que lleguemos / contigo al puerto. / Amén.»

 

+ Adolfo González Montes, Obispo de Almería
Día del Pilar en la Fiesta Nacional de España

 

miércoles, 7 de octubre de 2020

TRES LIBROS EN EL ESTANTE

En cualquier estantería de cualquier casa conocida, no es raro que haya un ejemplar de El Quijote, otro de un Diccionario Enciclopédico y un tercero de la Biblia. Los tres a cual más lujoso; uno parece usado, y dos con indicios de estar cerrados sine die.

Ahora que ha empezado un nuevo curso, si el Ministerio y las Consejerías competentes (?) aciertan cómo evitar el virus SARS-CoV-2, y que los niños aprendan “para el día de mañana”, no estaría de más que les inculcaran la lectura de El Quijote y de la Biblia, no los que adornan la estantería, que hay ediciones muy aptas para los “peques”.

El Quijote es la novela cumbre de la literatura universal y su lectura debía ser obligatoria en la escuela. Su autor, Cervantes, relata las andanzas de un pobre hidalgo manchego que ha perdido el norte leyendo libros de caballeros andantes. Al leerlo no solo atraen las aventuras de don Quijote y su fiel escudero Sancho Panza, el libro también apela a los grandes valores humanos, como son la libertad, el compañerismo, el amor, o la noble lucha ante la adversidad.

La Biblia la forman 73 libros, 46 del Antiguo Testamento y 27 del Nuevo Testamento. Está inspirada por el Espíritu Santo y su lectura es un privilegio porque se aprende cultura religiosa con un lenguaje accesible y fácil de entender. Es el Libro que más ha influido en nuestra civilización.

Leyendo la Biblia, o Sagrada Escritura, se pueden conocer las maravillas que encierra y ahondar en las raíces de nuestra cultura con argumentos sólidos para acallar a los que la interpretan de forma torticera o tomando el rábano por las hojas. Contra los que tachan al cristianismo de aguafiestas, la lectura de la Biblia es el mejor antídoto frente a la cristofobia que rodea el ambiente.

Muchos saben de Jesús Nazareno por las representaciones de la Semana Santa, cada vez más fiesta turística; del Niño Jesús, por la Navidad; y de los Reyes Magos por los regalos. Pero ignoran quienes fueron Noé, Abraham, Jacob, Moisés, el Faraón, Job, Daniel, Ester, Judit, Goliat, Salomón o Jeremías, personajes del Antiguo Testamento, o los del Nuevo Testamento como Juan el Bautista, Mateo, Herodes, Pedro y Juan, Pilato, María Magdalena, el Cirineo, la cananea, la viuda de Naín, Natanael o Pablo de Tarso, hombres y mujeres reales que fueron el germen o formaron parte de muchas generaciones que dieron origen a la humanidad. De ellos, algunos anduvieron por lugares conocidos como el Sinaí, Jericó, el lago Tiberiades, Cesárea de Filipo, Getsemaní, Belén, el rio Jordán o el mismo Jerusalén.

Los textos de la Biblia han influido en muchas obras maestras de la literatura. Los Salmos, el Cantar de los Cantares, El Libro de la Sabiduría, el Eclesiastés, el libro de Isaías, los Proverbios o las Cartas de San Pablo, han sido fuente de inspiración para el arte y la cultura de occidente. Quien lo niegue no sabe lo que se pierde.

Finalmente leer el Apocalipsis de San Juan, sin hacerlo con ánimo catastrofista, acerca a la Revelación hecha por Dios a los hombres de un futuro sólo por Él conocido.

martes, 15 de septiembre de 2020

AHORA RESULTA QUE LA DISCIPLINA ES CLAVE

La sociedad, que ha debilitado a los profesores hasta despojarlos de autoridad, lamenta ahora el comportamiento de los jóvenes.  

Dicen que si la noche de San Juan, que si las botellonas, que si las aglomeraciones en la playas... Los jóvenes son apuntados como los principales irresponsables en estos días que estamos a la que salta con los rebrotes. No se trata de criminalizar a ningún colectivo,… Los vídeos de desalojos de playas andaluzas y catalanas ofrecen imágenes nítidas de quiénes son los que se saltan las normas. ¿Algunos infelices esperaban otra cosa?

La sociedad que ha orillado a los profesores, protagonistas con pies de barro del sistema educativo, ha criado lo que ha criado en muchísimos casos. Los padres protectores, con obligación de suministrar las comodidades que ellos no tuvieron, que asumen el papel de proveedores de todo tipo de facilidades y fiestas a la mínima oportunidad, ¿qué esperaban? Si no han sabido decir que no,…ahora vamos a pedirles disciplina... ¿a quién?  

Si les hemos dicho que tenían derecho a todo y no debían sufrir por nada. Si exaltamos la calidad de vida, elogiamos el pelotazo y despreciamos el sacrificio, si transmitimos la idea de un éxito a cambio de lo mínimo. Si las autoridades han querido instalar un botellódromo hasta hace pocos años. ¿Ahora podemos exigir un comportamiento responsable a quiénes? La autoridad hace tiempo que está en crisis. No sólo la de los profesores, sino la de los médicos. Cualquier niñato tutea a una persona mayor, ni se levanta para ceder el sitio a un anciano. Hemos querido ser tan modernos, cercanos y campechanos que el buenismo ha arrastrado valores como el respeto, la disciplina y la moral, que son de cultivo largo.  

Ahora se extrañan de que las generaciones de jóvenes no respeten las mínimas medidas de cautela y se lancen a las playas como si no hubiera pasado nada. ¿Mascarillas? ¿Dos metros de distancia? Demasiadas exigencias. Luego llega el juez Emilio Calatayud, nos echa la bronca en cualquier entrevista y elogiamos lo bien que habla. "¡Tiene razón, hay qué ver cómo están algunos jóvenes!".

                                                     Carlos Navarro Antolín Diario de Sevilla Julio 2020

viernes, 7 de agosto de 2020

JUAN EL BAUTISTA

El evangelio del domingo 2 de agosto, (Ciclo A) (Mt.14, 13-21), empezaba así: «Al enterarse Jesús de la muerte de Juan Bautista, se marchó a un lugar desierto». Era normal que Jesús quisiera estar solo para orar al sentirse dolido por la muerte de quien le había precedido en su ministerio. Dios había mandado a Juan recorrer la región del Jordán a predicar un bautismo de conversión unido a señales de enmienda. Asumió el papel de precursor lanzando proclamas proféticas que dieran paso a una vida nueva, pero advirtiendo que el bautismo de agua no bastaba, no era el definitivo, pues el Mesías venidero bautizaría con Espiritu y fuego. El Espiritu divino sería una bendición para los arrepentidos y el fuego que no se apaga sería una maldición para los que no se arrepienten.
 
Los judíos pensaban que con la llegada del Mesías serían castigados los enemigos de Israel, pero Juan les hizo ver que Dios no distinguía entre judíos y paganos, ya que para Él todos eran iguales. Con estas y otras advertencias anunciaba la buena noticia, que no era otra que la inmediata venida del Mesías largo tiempo esperado.
 
Juan era hijo de Zacarías e Isabel. Nació en tiempos del emperador Octavio Augusto, siendo tetrarca de Galilea Herodes Antipas. Antes de ir al Jordán marchó en plan ermitaño al desierto de Judea donde predicó que ni era Elías ni el Mesías, solo era una voz que gritaba: «¡Enderezad los caminos del Señor!». El comienzo de su predicación se sitúa en el otoño del año 27.
 
Pronto mostró sus diferencias con los fariseos, los saduceos, -la clase dominante-, para quienes el bautismo era un rito sin más transcendencia, es decir sin propósito de enmienda. “¡Raza de víboras!”, les llamaba, para distinguirlos de los maltratados por las autoridades religiosas y los poderosos corruptos. Eso le granjeó lo que hoy llamaríamos una mala prensa, pero por su fortaleza de carácter no le debió importar mucho.
 
Sus enfrentamientos llegaron hasta el poder político. Herodes Antipas no se libró de una acusación de adulterio. Herodes estaba casado con una hija del rey de Arabia y estando en Roma conoció a Herodías, mujer de su hermanastro Herodes Filipo a la que propuso el matrimonio. La ambiciosa Herodías aceptó y se fue a convivir con Antipas. Esta convivencia motivó que Juan se lo echase en cara ,y la reacción de Herodes, instigado por Herodías, no se hizo esperar, hizo apresar a Juan y lo encerró en la cárcel. Juan acabó su misión preso en la fortaleza de Maqueronte, junto al mar Muerto, y la buena noticia que él anunciaba para la gente.
 
Jesús conoció el enfrentamiento de Juan con Herodes Antipas y su prisión. Estando en la cárcel a Juan le entraron dudas de las obras que hacía Jesús y mandó a sus discípulos a preguntarle si era o no el Mesías. Jesús no se anduvo con rodeos y los remitió a los milagros públicos que hacía, y aprovechó para culminar con dos sentencias: «Los pobres reciben la buena noticia»” y «¡Dichoso el que no se escandalice de Mí!». Una vez más Jesús aludió a los pobres que recibían su doctrina y llamó bienaventurados a quienes no se escandalizan de Él.
 
Cuando los enviados de Juan se marcharon, Jesús exaltó su figura: «No ha nacido de mujer ninguno más grande que Juan». Juan impartió un bautismo de remisión de los pecados entre la gente sencilla, sin nada a cambio, y sin la obligación de hacer una ofrenda en templo que costara dinero, como era corriente.
 
Herodías que nunca le perdonó su intromisión en su vida privada, soñaba con acabar con él. Aprovechando la fiesta del cumpleaños de Herodes consiguió que éste mandara decapitarlo como así fue. Sus discípulos se hicieron con el cuerpo, lo enterraron y fueron a contárselo a Jesús. Era el año 29.

lunes, 6 de julio de 2020

DE LA FINITUD A LA ESPERANZA


Sin preaviso todo nos ha cambiado. ¡La vida! Aunque hemos pretendido manejarla a nuestro antojo, nos ha bastado una infección para entender que la vida es un don gratuito. Pero, además, hemos de reconocer el milagro de esa vida integral, que es armonía con las cosas, con los demás y con la divinidad. Y es que Dios es la fuente de la vida, por ello, nuestra fe nos impulsa a pedir ese regalo, a vivir con gratitud ese don, a difundir con alegría la experiencia de vivir esa armonía.
 

Sin embargo, al llevar una vida apagada y rutinaria, vacilante y quebradiza, olvidamos el origen de nuestra vida y el destino que nos espera. Nuestros pensamientos y deseos se han visto enzarzados en proyectos que en muchos casos no han dado testimonio de la vida verdadera.
 

Todos los compromisos que hemos visto cancelados nos enseñan que no somos tan imprescindibles como creíamos. Este virus nos ha enseñado la fragilidad de la vida, que no somos indispensables, que todo lo que tenemos puede evadirse en cualquier momento y ante ello nos hemos visto necesitados de unirnos como personas, cuidarnos como humanidad, como comunidad, realizando ejercicios de cercanía y ternura. El virus nos ha recordado que no podemos vivir a solas, que nadie es una isla.
 

Quizás también esta crisis nos haga redescubrir lo que significa participar presencialmente en la liturgia comunitaria, recibir el sacramento de la reconciliación con Dios y celebrar activamente la eucaristía. Esta crisis es ciertamente una prueba que reforzará nuestros pasos por el camino de la fe.

         Aun cubriéndonos con la mascarilla, hemos dejado ver nuestro verdadero rostro. Hemos visto que nuestra pretendida autosuficiencia se desmorona ante el temor a la enfermedad y a la muerte. De hecho, hemos pensado que estábamos autorizados a vivir “como si Dios no existiera”, porque finalmente habíamos logrado desterrarlo y sustituirlo. Y el virus nos ha desvelado nuestra necedad. Así, antes de la pandemia hemos concedido un valor excesivo a una vida camuflada en el tener y el poder, que tanto nos ha ocupado y preocupado. Y ahora la amenaza del virus ha levantado en nuestra conciencia una llamada de atención.

         A tantos creyentes, el miedo al virus y sus dramáticas consecuencias nos ha recordado que no hay salvación sin un Salvador; porque, aunque los tiempos sean difíciles y ahora nos amenace esta pandemia, nuestra alma sigue esperando en el Señor y en su Palabra, porque solo de Él viene la salvación, y ese es nuestro hermoso canto a la esperanza. Y es que de pronto nos damos cuenta de algo que habíamos olvidado y que esta cuaresma tan singular, que nos mantiene confinados, nos revela: pasar del reconocimiento de nuestra finitud a la esperanza.

 
Jesús García Aiz
Diacono permanente

jueves, 4 de junio de 2020

MARIA Y EL ESPIRITU SANTO


Primero fue en la Encarnación. Rondaría los 15 años cuando el ángel Gabriel, enviado por Dios, se le presentó y, tras un corto saludo, le dijo: “Por la gracia de Dios, concebirás un hijo a quien llamarás Jesús”. La aturdida María preguntó y el ángel le aclaró que quedaría encinta por virtud del Espíritu de Dios: “El Espiritu Santo vendrá sobre ti y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra”. (Lc.1, 35). Así fue su primer encuentro con el Espiritu que culminó en la Encarnación. El Espiritu Santo quiso actuar junto a María para que de Ella naciera Jesús, el Hijo de Dios, y Ella aceptó de buen grado su voluntad: “Hágase en mí según tu palabra”, dijo.  

La fuerza creadora de Dios manifestada a través del Espiritu Santo, originó la concepción en el seno de María de un hijo que reinaría hasta el fin de los tiempos, y Ella se dejó guiar por el Espiritu en su misión maternal, recurriendo a Él para que el niño creciese en “sabiduría, en edad y en gracia ante Dios”.

Más tarde, en la presentación de Jesús en el templo, Simeón fue llevado e inspirado por el Espiritu Santo para encontrarse con Jesús y que pronunciase esta profecía: “Este niño será signo de contradicción y a ti una espada te traspasará al alma”. Con estas palabras en boca del anciano Simeón, Espíritu de Dios preparaba a María para la gran prueba que le esperaba.

Tiempo después Jesús fue crucificado, y Juan, testigo evangélico, dejó escrito que Jesús viendo a su Madre y al propio Juan al pie de la cruz, dijo: “Mujer, ahí tienes a tu hijo” y dirigiéndose al discípulo dijo: “Ahí tienes a tu Madre”. En ese momento  María fue consciente de su Mediación en el misterio de la Redención, como Madre de todos los creyentes representados en Juan.

Jesús resucitó y a los cuarenta días ascendió al Cielo. Los que presenciaron la Ascensión volvieron a Jerusalén a la espera de la venida del Espiritu Santo, cuya efusión se produjo a los cincuenta días de la resurrección: “Estando todos reunidos se llenaron del Espíritu Santo y empezaron a hablar lenguas extranjeras contando maravillas de Dios”. (Hch.2, 1-8). Esta escena la analiza la monja española Sor María de Jesús de Ágreda en su libro «La Mística Ciudad de Dios publicado en 1670, una biografía espiritual de la Santísima Virgen, escrita respetando los textos bíblicos aunque con algunas matizaciones.

            Sor María de Jesús escribe: En compañía de la gran Reina del Cielo, perseveraban alegres los doce apóstoles, con los demás discípulos y fieles aguardando en el cenáculo la Promesa del Salvador. Estaban todos reunidos y todos conformes en la caridad, que en todos ellos aquellos días ninguno  de ellos  tuvo pensamiento, afecto contrario de los otros.
La Reina de los Ángeles, María Santísima con plenitud de sabiduría y gracia conoció el tiempo y la hora determinada por la Divina Voluntad para enviar el Espíritu Santo sobre el Colegio Apostólico. El día de Pentecostés por la mañana la prudentísima Reina previno  a los Apóstoles y a los demás discípulos y mujeres santas, que todas eran 120 personas, para que orasen y esperasen con mayor fervor, porque muy presto serían visitados de las alturas por el Divino Espíritu. Con las señales tan visibles y notorias que descendió el Espíritu Santo sobre los apóstales se conmovió toda la ciudad de Jerusalén, con sus moradores, admirados de la novedad nunca vista y corriendo la voz de lo que se había visto sobre la casa del cenáculo allá fue la multitud del pueblo para saber el suceso (Hch.2, 5-6).
           Los Sagrados Apóstoles, que con la plenitud de los dones del Espíritu Santo estaban inflamados de caridad, sabiendo que la ciudad de Jerusalén concurría a los puertas del cenáculo, pidieron licencia a su Reina y Maestra para salir a predicarlos porque tanta gracia no podía estar un punto ociosa, sin redundar en beneficio de las almas y nueva gloria del Autor.
El Espíritu que ya habitaba en María y había obrado en ella maravillas de gracia, volvió a su corazón con sus dones para el ejercicio de su maternidad espiritual. En  Pentecostés María vio colmada su ansia por el Espíritu de Dios, quedando compenetrada y transformada por El. En su vida mantuvo un cuerpo espiritual indestructible, dispuesto para su Asunción al cielo.
 
José Giménez Soria

sábado, 9 de mayo de 2020

DIOS ES NUESTRO ALIADO


"Dios participa en nuestro dolor
para vencerlo, es aliado nuestro, no del virus”

Tarde del 10 de abril de 2020, Viernes Santo; se recuerda la crucifixión y la muerte de Cristo. El papa Francisco preside la celebración de la Pasión en la Basílica de San Pedro, vacía, sin fieles a causa del coronavirus. La homilía corre a cargo de Raniero Cantalamessa, Predicador de la Casa Pontificia de la que son estos párrafos:
 
        «Este año leemos el relato de la Pasión con una pregunta en el corazón que se eleva por toda la tierra. Trataremos de captar la respuesta que la palabra de Dios le da. 
 
Hemos escuchado el relato del mal más grande jamás cometido en la tierra, y lo vemos desde dos perspectivas: o por sus causas o por sus efectos. Si por las causas de la muerte de Cristo, estaremos tentados a decir como Pilato: «Soy inocente de la sangre de este hombre» (Mt 27,24). La cruz se comprende mejor por sus efectos. ¿Cuáles han sido los efectos de la muerte de Cristo?. “¡Justificados por la fe en Él, reconciliados y en paz con Dios, llenos de la esperanza de una vida eterna!” (Rom.5, 1-5)
 
Pero hay un efecto particular. La cruz de Cristo ha cambiado el sentido del dolor y del sufrimiento físico y moral humano. Ya no es un castigo, una maldición. Ha sido redimida en raíz desde que el Hijo de Dios la ha tomado sobre sí. La prueba de que la bebida no está envenenada, es si el que la ofrece bebe de la misma copa. Así lo ha hecho Dios: en la cruz ha bebido, ante del mundo, el cáliz del dolor hasta las heces.
 

Y no sólo de quien tiene fe, sino de todo el dolor humano. Él murió por todos. «Cuando yo sea levantado sobre la tierra —dijo—, atraeré a todos a mí» (Jn 12,32). ¡Todos, no sólo algunos! Gracias a la cruz de Cristo, el sufrimiento se ha convertido en una especie de «sacramento universal de salvación» para el género humano.
 

¿Qué luz que arroja esto sobre el drama que está viviendo la humanidad? Miremos los efectos. No sólo los negativos, también los positivos que una atenta observación nos ayuda a captar. La pandemia del coronavirus nos ha despertado del peligro mayor de los individuos y la humanidad: el del delirio de omnipotencia. Ha bastado un pequeño virus para recordarnos que somos mortales, que la potencia militar y la tecnología no bastan para salvarnos. «El hombre en la prosperidad no comprende —dice el salmo—, es como los animales que perecen» (Sal 48,21). ¡Qué verdad es! 
No nos engañemos. ¡Dios es aliado nuestro, no del virus! «Tengo proyectos de paz, no de aflicción», nos dice él mismo (Jer 29,11). Si este flagelo fuese castigo de Dios, no se explicaría por qué se abate igual sobre buenos y malos, y por qué los pobres son los que más sufren sus consecuencias. ¿Son ellos más pecadores que otros?
 
¡No! El que lloró un día por la muerte de Lázaro llora hoy por el flagelo que ha caído sobre la humanidad. Sí, Dios "sufre", como cada padre y cada madre. Algún día nos avergonzaremos de todas las acusaciones que hicimos contra él en la vida. Dios participa en nuestro dolor para vencerlo.
 
¿Acaso Dios Padre ha querido la muerte de su Hijo, para sacar un bien de ella? No, solo ha permitido que la libertad humana siguiera su curso, haciendo que sirviera a su plan, no al de los hombres. Esto vale también para los males naturales como los terremotos y las pestes. Ha dado a la naturaleza una especie de libertad, diferente, sin duda, de la libertad moral del hombre. Libertad de evolucionar según sus leyes de desarrollo. No ha creado un mundo programado con antelación de movimientos suyos. Es lo que algunos llaman la casualidad, y la Biblia, llama «sabiduría de Dios».  
Otro fruto positivo de esta crisis sanitaria es la solidaridad. ¿Cuándo, en la memoria humana, los pueblos de todas las naciones se sintieron tan unidos, tan iguales, como en este momento de dolor? El virus no conoce fronteras. Ha derribado todas las barreras y las distinciones: de raza, de religión, de censo, de poder. No debemos volver atrás cuando este momento haya pasado. Como nos ha exhortado  el Santo Padre no hay que desaprovechar la ocasión. Que tanto dolor, tantos muertos, tanto compromiso heroico por parte de los agentes sanitarios, no haya sido en vano.  
Dios dice qué lo primero que debemos hacer ahora es gritar a Dios, y pone en labios de los hombres las palabras que hay que gritarle, son palabras duras, de llanto y casi de acusación. «¡Levántate, Señor, ven en nuestra ayuda! ¡Sálvanos por tu misericordia! […] ¡Despierta, no nos rechaces para siempre!» (Sal 44,24.27). «Señor, ¿no te importa que perezcamos?» (Mc 4,38). Nuestra oración no puede cambiar los planes de Dios, pero hay cosas que nos concede como fruto de su gracia y de nuestra oración. «Pedid y recibiréis, -dijo Jesús-, llamad y se os abrirá» (Mt 7,7).
 
         Cuando, en el desierto, los judíos eran mordidos por serpientes venenosas, Dios ordenó a Moisés que levantara en un estandarte una serpiente de bronce, y quien lo miraba no moría. De este símbolo Jesús dijo a Nicodemo: «Como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es preciso que sea levantado el Hijo del hombre, para que todo aquel que cree en él tenga vida eterna» (Jn.3,14-15). Ahora nosotros somos mordidos por una «serpiente» venenosa invisible. Miremos al que fue «levantado» en la cruz. Adorémoslo por nosotros y por todo el género humano. Quien lo mira con fe no muere. Y si muere, será para entrar en la vida eterna. "Después de tres días resucitaré", predijo Jesús (Mt. 9, 31). Nosotros también, después de estos días que esperamos sean cortos, nos levantaremos y saldremos de nuestros hogares, para volver a una vida nueva, como Jesús. Una vida más fraterna, más humana. ¡Más cristiana!»
 

José Giménez Soria