martes, 31 de enero de 2023

BENEDICTO XVI: MI TESTAMENTO ESPIRITUAL

Hace un mes falleció el papa emérito Benedicto XVI. En la memoria permanece el encuentro con los jóvenes en la Jornada Mundial de la Juventud de Madrid de 2011, durante el gran Vía Crucis con Imágenes de Semana Santa. “No os avergoncéis del Señor”, -les dijo- permanecer firmes en la fe y asumir la bella aventura de anunciarla y testimoniarla abiertamente”. Este es su testamento espiritual:

Si en esta hora tardía de mi vida miro hacia atrás, hacia las décadas que he vivido, veo en primer lugar cuántas razones tengo para dar gracias. Ante todo, doy gracias a Dios mismo, dador de todo bien, que me ha dado la vida y me ha guiado en diversos momentos de confusión; siempre me ha levantado cuando empezaba a resbalar y siempre me ha devuelto la luz de su semblante. En retrospectiva, veo y comprendo que incluso los tramos oscuros y agotadores de este camino fueron para mi salvación y que fue en ellos donde Él me guió bien. 

Doy las gracias a mis padres, que me dieron la vida en una época difícil y que, a costa de grandes sacrificios, con su amor prepararon para mí un magnífico hogar que, como una luz clara, ilumina todos mis días hasta el día de hoy. La clara fe de mi padre nos enseñó a nosotros los hijos a creer, y como señal siempre se ha mantenido firme en medio de todos mis logros científicos; la profunda devoción y la gran bondad de mi madre son un legado que nunca podré agradecerle lo suficiente. Mi hermana me ha asistido durante décadas desinteresadamente y con afectuoso cuidado; mi hermano, con la claridad de su juicio, su vigorosa resolución y la serenidad de su corazón, me ha allanado siempre el camino; sin su constante precederme y acompañarme, no habría podido encontrar la senda correcta.

De corazón doy gracias a Dios por los muchos amigos, hombres y mujeres, que siempre ha puesto a mi lado; por los colaboradores en todas las etapas de mi camino; por los profesores y alumnos que me ha dado. Con gratitud los encomiendo todos a Su bondad. Y quiero dar gracias al Señor por mi hermosa patria en los Prealpes bávaros, en la que siempre he visto brillar el esplendor del Creador mismo. Doy las gracias al pueblo de mi patria porque en él he experimentado una y otra vez la belleza de la fe. Rezo para que nuestra tierra siga siendo una tierra de fe y les ruego, queridos compatriotas: no se dejen apartar de la fe. Y, por último, doy gracias a Dios por toda la belleza que he podido experimentar en todas las etapas de mi viaje, pero especialmente en Roma y en Italia, que se ha convertido en mi segunda patria.

A todos aquellos a los que he agraviado de alguna manera, les pido perdón de todo corazón.

Lo que antes dije a mis compatriotas, lo digo ahora a todos los que en la Iglesia han sido confiados a mi servicio: ¡Manténganse firmes en la fe! ¡No se dejen confundir! A menudo parece como si la ciencia -las ciencias naturales, por un lado, y la investigación histórica (especialmente la exégesis de la Sagrada Escritura), por otro- fuera capaz de ofrecer resultados irrefutables en desacuerdo con la fe católica. He vivido las transformaciones de las ciencias naturales desde hace mucho tiempo, y he visto cómo, por el contrario, las aparentes certezas contra la fe se han desvanecido, demostrando no ser ciencia, sino interpretaciones filosóficas que sólo parecen ser competencia de la ciencia. Desde hace sesenta años acompaño el camino de la teología, especialmente de las ciencias bíblicas, y con la sucesión de las diferentes generaciones, he visto derrumbarse tesis que parecían inamovibles y resultar meras hipótesis: la generación liberal (Harnack, Jülicher, etc.), la generación existencialista (Bultmann, etc.), la generación marxista. He visto y veo cómo de la confusión de hipótesis ha surgido y vuelve a surgir lo razonable de la fe. Jesucristo es verdaderamente el camino, la verdad y la vida, y la Iglesia, con todas sus insuficiencias, es verdaderamente su cuerpo.

Por último, pido humildemente: recen por mí, para que el Señor, a pesar de todos mis pecados y defectos, me reciba en la morada eterna. A todos los que me han sido confiados, van mis oraciones de todo corazón, día a día.

Benedicto PP XVI

Documento redactado el 29 de agosto de 2006


miércoles, 4 de enero de 2023

EL PASTOR DE JONATAN

Cuentecillo de Navidad

        En tres horas se podía llegar de Caná a Nazaret con un descanso para el borriquillo. María preparó la ropa para esa ocasión. Fue Jesús quien había decido asistir a la boda cuando se lo propuso Jonatan. Ana, su mujer, lo tenía todo preparado, pero se excusaron unos invitados y Jonatan rogó a Jesús que asistiera con su madre.

 

La boda de Caná discurría con normalidad, hasta que faltó el vino. Esto y que los anfitriones tenían otro problema, al ver el milagro de las tinajas llenas de agua, la madre de la novia vio un rayo de esperanza para liberarse del peso que le oprimía; tenía la preocupación de que le comunicaran que Elías había muerto. Éste, de joven, trabajó en Belén en condiciones inhumanas y huyó a Caná donde conoció a Jonatan y acordó cuidar su rebaño. Llevaba tantos años con la familia, que a Ana le daba pena su muerte.

 

En la boda, a Ana le daba vergüenza acercarse a Jesús por estar rodeado de hombres que le escuchaban pero cruzó su mirada con María y le contó su preocupación por el pastor. Cuando María oyó su nombre y que procedía de Belén, se dio cuenta de quién se trataba, hizo una seña a su hijo, que de inmediato se puso a atenderla.

 

-Me acabo de enterar de que el “niño” está en esta casa y se está muriendo… ¡Tienes que hacer algo! —dijo María a Jesús. Él sabía quién era el “niño", por haber oído hablar de él a sus padres, mas no sabían nada desde que salieron aprisa hacia Egipto.

 

El edicto de César Augusto llenaba los caminos de gente; unos iban a Belén a cumplir lo ordenado y otros volvían empadronados. El día que al entrar en Belén pararon a la sombra de un árbol, conocieron al “niño" que regresaba con el rebaño, comiendo algo que sacó del zurrón. Al pastorcillo le llamó la atención la belleza de María embarazada. Mientras comía escuchaba que José y María querían ir a la posada a la que iba a diario a vender la leche de sus ovejas al posadero y sabía que no cabía un alma. El posadero podría dejarles pasar dos noches en el patio con otras familias, pero sin intimidad para una mujer a punto de dar a luz. El “niño” les contó cómo estaba la posada y les dijo que sus padres tenían un campo en las afueras de Belén con una cueva para el rebaño y un buey, muy manso, atado al pesebre. A José le vino a ver la providencia para que allí naciera su hijo y le pidió que les guiase hasta la gruta.

 

María volvió a subirse al borrico y atravesó la aldea con José y el “niño”, que iban a pie. Al llegar, el pastorcillo y José limpiaron la cueva. Ataron al borrico junto al buey, dejando un pesebre para que sirviera de cuna. Encendieron una hoguera con palos que el “niño” recogió y se disponía a marchar cuando María le pidió un último favor:

—¡Oye “niño”, ¿querrás hacerme un recado?

—Todos los que hagan falta, —respondió el pastorcillo.

—¿Podrías traernos un poco de agua del regato que hemos cruzado al venir?

Y como el arroyo no estaba muy lejos, en unos minutos para no tardar, el “niño” fue y vino corriendo. Miró a José y a María y se despidió:

—¿Puedo venir mañana, por si hay que hacer algún recado?

María asintió con la cabeza, le pidió que se acercara y le dio un beso en la frente.

 

El “niño” se fue a cuidar sus ovejas y los rebaños de tres vecinos.  La noche siguiente, al aire libre, un ángel del Señor les anunció con gran alegría que había nacido el Mesías y les señaló donde encontrarlo. El pastorcillo no tenía duda dónde estaba el pesebre y el niño envuelto en pañales y contó a los demás que él ayudó a José a hacer del pesebre una cuna.  

 

Indicó el sitio a los otros pastores y, al llegar, regalaron algo de lo que tenían y adoraron al Niño Dios. María llamó al "niño" y le dio otro beso en la frente por enseñarle a sus amigos el camino hacia Jesús. Se marcharon, pero el pastorcillo siempre se presentaba al amanecer en la cueva para hacer recados a la Virgen. María le pagaba con un beso en la frente por cada recado. Cogieron tanta confianza que una noche José le comunicó que tenían que huir a Egipto y le dio como recuerdo un sonajero que había hecho para su hijo con unas maderas.

 

Después de marchar a Egipto el pastorcillo pasó unos años muy malos, pues en Belén culparon a los pastores de las iras de Herodes, por decir que el Mesías había nacido en Belén. Esto y que los Sabios de Oriente confirmaron lo que decían los pastores, hizo que Herodes mandase asesinar a los niños de Belén.

 

Tan mal le trataron sus vecinos, que cuando se hizo mayor se marchó de Belén. Fue dando tumbos, hasta que lo acogieran como pastor en la casa donde ahora se celebraba la boda de la hija mayor. Cuando Jesús y María entraron en la habitación, el pastor de Jonatan ya no podía hablar porque estaba agonizando, pero cuando sintió su presencia, abrió los ojos y reconoció a aquella mujer que siempre le daba un beso en la frente, por cada recado.

 

Entonces, extendió su brazo hacia ella y le mostró el sonajero que le había regalado José. Lo cogió María y se lo dio a Jesús, que se lo volvió a poner en su mano al pastor y le dijo:

 

—No te voy a curar, porque pronto estaremos los tres juntos en el Cielo por toda la eternidad, y como en el Cielo a mi Madre se le multiplicarán sus quehaceres, te va a necesitar siempre a su lado para que seas su “niño” de los recados.

 

Y al oír a Jesús, el pastor asintió con la mirada, se inundó de paz su rostro y cerró los ojos. Y entonces María se inclinó sobre su frente, y le dio un beso envuelto con sus lágrimas.

 

martes, 20 de diciembre de 2022

LOS SIMBOLOS DE LA NAVIDAD

Muchos de las luces y los adornos que vemos en las calles desde los primeros días de diciembre indican que se acerca la Navidad, la fiesta que pregona el Nacimiento de Jesús en Belén. Entre tanto ornato no faltan los reclamos publicitarios en plan atractivo comercial y turístico, pero pese a que la tradición navideña se está desvirtuando, aún prevalece la ilusión de dar luz al Misterio de Belén, dando significado a los símbolos de la Navidad.

El Misterio de Belén


Representa el nacimiento de Jesús. En una gruta María es la Madre que contempla a su Hijo.
El ángel de Dios le había pedido que fuese madre y Ella asintió con estas palabras: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra». Junto a María está José, el padre protector de su familia al que se representa con un cayado y siendo un hombre justo aceptó la voluntad de Dios. Junto con el Niño, recostado sobre paja en un pesebre entre la mula y el buey, forman la Sagrada Familia, el símbolo que recuerda la historia de este acontecimiento: Dios se hizo hombre y nació de una mujer para hacerse presente en el mundo. El belén compendia la escena evangélica; fue ideado en 1223 por san Francisco de Asís e introducido en España por el rey Carlos III.

La mula y el buey
      Aunque en los evangelios no hay referencias a la presencia de estos animales en la gruta de Belén, la tradición, que data del siglo XIII inspirada en el texto de Isaías: El buey conoce a su amo y el asno el pesebre de su dueño; Israel no me conoce, mi pueblo no comprende” (Is. 1,3), los sitúa junto al pesebre.

El pesebre

El pesebre simboliza la pobreza que el Hijo de Dios eligió para sus primeras horas de vida terrena. Tiene su origen en san Francisco y además de la pobreza indica la humildad, la modestia y la austeridad con que vivió Jesús hasta su muerte.

Los ángeles
      Son los precursores de la Buena Nueva. Primero el ángel Gabriel anuncia a María que de ella nacerá el Mesías; después habla en sueños a José sobre este acontecimiento y más tarde otro ángel indica a los pastores que ha nacido el Salvador. Luego entonan el Gloria.

Los pastores

Acampados al raso velando sus rebaños, dicen: «Vayamos a Belén y veamos lo que ha sucedido» (Lc. 2,15). Acuden y ven a una mujer joven y a un hombre joven con un Niño que duerme profundamente. Son los primeros testigos.

La estrella
      La estrella guió a los Magos hasta la gruta donde nació Jesús. También revela que Jesús es la luz del mundo. La estrella que ilumina la Nochebuena es la señal de que estamos llamados a ponernos en camino para llegar a la gruta y adorar al Niño.

Los Reyes Magos
       Solo el evangelista Mateo hace referencia a los Magos. Aquellos sabios de oriente se pusieron en camino para conocer a Jesús y ofrecerle regalos: oro, por ser Rey; incienso, por ser Dios; y mirra, por ser Hombre. Representan a todos los pueblos de la tierra que no dudan en arrodillarse para adorar a Dios. En el siglo VII se les dio los nombres de Melchor, Gaspar y Baltasar.

Otras figuras como las del herrero, el panadero, el que carga leña o las mujeres que lavan simbolizan lo cotidiano. Comparten la alegría de hacer de manera extraordinaria las cosas de todos los días, igual que Jesús comparte con nosotros su vida divina.

La Misa del Gallo
      Recibe este nombre porque se celebra a medianoche, con el canto del gallo. Es la más popular de cuantas se celebran entre el 24 y el 25 de diciembre y está vinculada a la reliquia del pesebre que se conserva en la basílica de Santa María la Mayor de Roma. Su origen se remonta al papa Sixto III en el siglo V. La Misa del Gallo reaviva las raíces cristianas de la Nochebuena y despierta la conciencia religiosa de la Navidad.

 

martes, 6 de diciembre de 2022

EL CRISTIANISMO NOS MUEVE A LA ALEGRÍA

De la entrevista hecha al Prior del Valle de los Caídos

Santiago Cantera Montenegro por José María Sánchez Galera 

–Hace unas semanas se ha celebrado la Solemnidad de Todos los Santos y la Conmemoración de los Fieles Difuntos. Pero cada vez son más quienes a esos días los denominan Halloween.

–La institución de la celebración de los Fieles Difuntos –para orar por quienes están en el Purgatorio– se debe, fundamentalmente, a un abad benedictino, San Odilón de Cluny, en el siglo XI. Lo bonito del mensaje cristiano en ambas fiestas es el triunfo de Cristo sobre la muerte, sobre el pecado, sobre el demonio. Estamos llamados a la vida eterna y podemos interceder por aquellos que todavía no la han alcanzado. Esta fiesta de Halloween, por el contrario, incide en la fealdad, en el horror de lo monstruoso. Es indicio de paganización y, además, resulta ajeno a nuestra tradición cultural. Sin embargo, el cristianismo nos habla de la gloria de los santos y la felicidad. El cristianismo es una religión que nos mueve a la alegría. Por supuesto, desde la penitencia y el arrepentimiento de nuestros pecados. Pero destaca la alegría de saberse perdonado, de saberse amado.

–¿Qué aconseja usted a un laico para su vida espiritual diaria?

–Lo primero sería acentuar el sentido de la presencia de Dios, cuidando de momentos de oración y de lectura espiritual. Puede ser el rezo de las Horas del Oficio Divino, sencillas jaculatorias, pequeñas oraciones, pequeñas elevaciones del alma hacia Dios. Lo segundo es el cuidado de la vida sacramental, sabiendo que los sacramentos son la vía ordinaria de la gracia. En tercer lugar, enfocar toda nuestra actividad y nuestras obligaciones familiares, sociales, laborales, desde esta mirada de Dios. También aconsejo la lectura de los escritos del hermano San Rafael Arnaiz, un monje de nuestro tiempo que vivió poquito la vida monástica, pero se penetró de ella. Profundo y sencillo al mismo tiempo.

Santiago Cantera, monje benedictino y teólogo,
es Prior de la Abadía Benedictina del Valle de los Caídos.
Autor de la entrevista: José María Sánchez Galera, Escritor y licenciado en periodismo. Noviembre de 2022

viernes, 18 de noviembre de 2022

LA TORRE DE BABEL

“Toda la tierra hablaba la misma lengua con las mismas palabras. Al emigrar los hombres desde Oriente, llegaron a una llanura en la tierra de Senaar, se asentaron allí y se dijeron: «Vamos a preparar ladrillos y a cocerlos al fuego». Y emplearon ladrillos en vez de piedras, y alquitrán en vez de argamasa. Después dijeron: «Construyamos una ciudad y una torre que alcance el cielo, para hacernos un nombre, no sea que nos dispersemos por la superficie de la tierra». El Señor bajó a ver la ciudad y la torre que estaban construyendo y dijo: «Puesto que son un solo pueblo con una sola lengua y esto es el comienzo de su actividad, ahora nada de lo que decidan hacer les resultará imposible. Bajemos y confundamos allí su lengua para que no se entiendan los unos con los otros». El Señor los dispersó por la superficie de la tierra y cesaron de construir la ciudad. Por eso se llama Babel, porque allí confundió el Señor la lengua de toda la tierra, y desde allí los dispersó el Señor por la superficie de la tierra”. (Gen.11,1-9)

Después del diluvio el Señor bendijo a Noé y a sus hijos Sem, Cam y Jafet, y les dijo: “Sed fecundos, multiplicaos y llenad la tierra” y éstos se dispersaron por todos los pueblos de la tierra.

Sem y sus descendientes emigraron a Senaar, una región situada entre los ríos Tigris y Éufrates, al norte de Mesopotamia, y una vez asentados se propusieron construir una ciudad y una torre. En aquel tiempo los pueblos construían en el centro de sus ciudades torres muy altas en cuya cima erigían un templo o un santuario para las ofrendas a los dioses, a la que se subía por una rampa en forma de espiral. En la planta baja solía haber otro santuario. La torre era el centro de la vida cotidiana y el punto de comunicación entre el cielo y la tierra.

La idea de los emigrantes de Senaar de construir una torre era “hacerse un nombre” con intención de gozar de una fama entre los pueblos de la región para asentarse en firme en esa tierra. La frase “un solo pueblo con la misma lengua” puede interpretarse como que tenían el propósito de aspirar a una unidad lingüística, económica y cultural, y formar un gran pueblo, y en cuanto a que la torre “alcanzase el cielo”, es una expresión muy altanera para señalar que su altura sería impresionante. La torre, que fue construida con piezas de adobe y ladrillos, tuvo una altura de 60 metros.

El dicho “El Señor bajó a ver la ciudad y la torre” no deja de ser un simbolismo porque el Señor Todopoderoso no necesitaba bajar del cielo para ver la torre; preocupado por la soberbia y altivez de los habitantes de Senaar que se habían olvidado de Él, intervino para que hablaran diferentes lenguas y confundirlos. La torre no llegó a terminarse por ir contra la voluntad de Dios. Reinó la confusión entre las gentes de Senaar y a la torre inacabada se la llamó Babel, que significa confusión.

José Giménez Soria

viernes, 28 de octubre de 2022

ORACION DE DOÑA JIMENA

Desterrado Rodrigo Díaz de Vivar, El Cid, de las tierras de Castilla por el rey Alfonso VI (1065-1109), partió con sus vasallos camino de Burgos de paso hacia Cardeña para despedirse de su esposa Doña Jimena y sus hijas que estaban en el monasterio de San Pedro de Cardeña, fundado por los benedictinos en el siglo VI.

El Cid fue recibido por el Abad, los monjes y Doña Jimena Díaz, su esposa, y sus hijas Doña Sol y Doña Elvira, aún muy niñas. Platicaron unas horas y fijaron la despedida para después de la Misa de maitines del día siguiente.

Cuando al alba de aquella mañana tañeron las campanas a maitines, El Cid y su familia entraron en la iglesia y Doña Jimena postrándose ante el altar rezó esta oración:

“A Ti, mi Señor glorioso, padre que en el cielo estás, que hiciste el cielo y la tierra y el día tercero el mar, las estrellas y la luna y el sol para calentar; y te encarnaste en el seno de una madre virginal y que naciste en Belén según fue tu voluntad, donde te glorificaron pastores en su cantar y los tres reyes de la Arabia te vinieron a adorar, que se llamaron Melchor, Gaspar y Baltasar, para ofrecerte oro y mirra y toda u voluntad; tú que a Jonás lo salvaste cuando se cayó en el mar, y a Daniel de los leones también quisiste salvar, y salvaste allá en Roma lo mismo a San Sebastián; salvaste a santa Susana del falsario criminal y por la tierra quisiste treinta y dos años andar mostrándonos tus milagros que tanto dieron que hablar, hiciste vino del agua y de piedra hiciste pan, y resucitaste a Lázaro porque fue tu voluntad y por los judíos malos te dejaste allí apresar en el monte, y en el Gólgota te hicieron crucificar, y dos ladrones contigo en sendas partes están: el uno fue al Paraíso, mas el otro no fue allá; y estando en la cruz hiciste un portento un igual: Longinos que estaba ciego, que no vio la luz jamás, dio con su lanza en tu pecho del que sangre hizo brotar que por el asta hacia abajo llegó sus manos a untar y alzándolas hacia arriba con ella tocó su faz, abrió sus ojos y a todas partes se puso a mirar, y en ti creyó desde entonces quedando salvo del mal. Del sepulcro a los tres días pudiste resucitar; descendiste a los infiernos, como fue tu voluntad y quebrantaste las puertas para los santos sacar. Tú que eres rey de los reyes y eres padre universal, a ti adoro y en ti creo con toda mi voluntad, y ruego a san Pedro apóstol que a mime tu de a implorar para que al Cid Campeador, Dios lo preserve del mal. Y como hoy nos separamos, nos volvamos a juntar”.  

Tras esta oración y acabada la Misa salieron todos del templo. El Cid abrazó a Doña Jimena y esta le dio su mano a besar. Lloraban todos y El Cid emprendió el camino seguido por sus vasallos. Volvió la vista atrás mientras oía la voz de Minaya: “Los duelos de hoy en gozo se tornarán, porque Dios dará remedio”.

Fuente: Cantar de Mío Cid, único códice conocido de las hazañas del Cid, de autor desconocido, escrito probablemente entre 1103 y 1109. Versión moderna de Luis Guarner, Catedrático de Literatura de la Universidad de Valencia, año 1964

miércoles, 5 de octubre de 2022

SALOMÓN

La figura de Salomón y su reinado llenan páginas del libro de los Reyes. Su magnificencia quedó enturbiada por su perversión final.

Antecedentes. El rey David reinó primero en Hebrón y luego en Jerusalén. Durante su reinado en Hebrón tuvo hijos de varias mujeres: Amnón, Kilab, Absalón, Adonías, Sefatías e Yitreán, y una hija, Tamar, muy bella. De ella se enamoró su hermanastro Amnón que se fingió enfermo para que lo atendiera y aprovechó para violentarla. Al saberlo el rey David no quiso afligir al primogénito Amnón, aunque montó el cólera. Tamar quedó desolada en casa de Absalón.

Al cabo de dos años Absalón preparó gran banquete, invitó a Amnón y ordenó a sus servidores que lo mataran cuando estuviese alegre por el vino. Así ocurrió. Enterado el rey David rasgó sus vestiduras y se echó por tierra. Entonces Absalón huyó a Guesur, donde permaneció tres años, al cabo de los cuales regresó a Jerusalén

Estando en Jerusalén, Absalón, una vez muerto Amnón, ambicionó ser el heredero de David e hizo todo lo posible para que el pueblo reconociese sus derechos de primogénito. Trató de acabar con la vida de su padre David, se hacía proclamar rey en su ausencia y hasta se enfrentó en su contra. En uno de sus enfrentamientos Joab, uno de los hombres de David, le dio muerte y fue enterrado en Jerusalén.

Cuando David envejeció, otro de sus hijos, Adonías, intentó usurpar el trono una vez desaparecidos Amnón y Absalón, pero el profeta Natán, ayudado por el sumo sacerdote Sadoc y la guardia de David, desarticuló la conspiración, y Salomón fue proclamado rey. Poco después murió David. Salomón inició su reinado cuando tenía alrededor de veinte años.

Salomón. Nació en Jerusalén fruto de la relación de David con Betsabé, la mujer de Urías, el hitita, con la que se había desposado. Yahvé, Dios, por medio del profeta Natán, mandó que le llamaran Yedidías, que significa “amado del Señor”.

A instancias de David, Salomón fue ungido por el sacerdote Sadoc y el profeta Natán como rey, en Guijón. Luego lo escoltaron hasta Jerusalén donde se sentó en el trono como soberano en Israel y en Judá. Antes de morir David instruyó a Salomón para que observara los preceptos del Señor, caminase por sus sendas y guardase las normas según la ley de Moisés.

Salomón dominó todos los reinos desde el rio Éufrates hasta los confines de Egipto, y le pagaban tributos. Israel y Judá vivieron en paz durante su reinado. Emparentó con el faraón de Egipto, casándose con una hija suya, que llevó a Jerusalén mientras edificaba el templo del Señor y las murallas de la ciudad. Fue en el cuarto año de su reinado cuando comenzó a construir el templo y lo terminó en el año undécimo. Para ello aprovechó la gran cantidad de materiales que ya había acopiado David. Estaba situado en el lado oriental de la ciudad sobre el monte Moira, tenía treinta metros de largo, diez de ancho y quince de altura, con dos partes: el lugar Santo, con el altar del incienso, una mesa y el candelabro de siete brazos, y el Santísimo, separado de aquel por un velo o cortina bordada, con una gran piedra sobre la que el Sumo sacerdote ponía el incensario el Día de la Expiación. A este lugar mandó Salomón llevar el Arca de la Alianza que contenía las tablas de piedra que Dios entregó a Moisés en el Sinaí.

Salomón construyó el palacio real más grande que el templo con el Pórtico de las Columnas y el Pórtico del trono o de la justicia. Fue en éste pórtico donde Salomón dictó el célebre juicio de las dos madres que reclamaban el mismo niño y que ha quedado como ejemplo de administrar justicia. 

Al empezar su reinado Salomón imploró a Yahvé la gracia de la sabiduría y la prudencia, y Yahvé le dotó de una gran inteligencia. Pronunció tres mil proverbios y cinco mil poemas. Los reyes que lo conocían acudían a escucharlo. Veinte años después, Yahvé se le apareció de nuevo, santificó el templo y le dijo: “Si andas en mi presencia como tu padre David, con pureza de corazón y si guardas mis leyes y mis mandamientos, consolidaré tu trono en Israel para siempre, pero si tú o tus hijos os apartáis de mí, no guardáis lo prescrito y dais culto a dioses ajenos, exterminaré a Israel de la tierra que le he dado”.

Salomón mantuvo relaciones con otros soberanos; organizó un ejército poderoso y protegió las artes. Cuidó el culto a Yahvé e invocó su bendición para el pueblo. Una de las que acudieron al reclamo de su fama, fue la reina de Sabá que llegó a Jerusalén con un gran séquito, se presentó a Salomón y le propuso enigmas y cuestiones que él resolvió. La reina quedó maravillada del lujo, de las riquezas y de sus holocaustos en el templo, y le dijo: “Bendito sea tu Dios que se ha complacido en ti poniéndote en el trono de Israel”.

Además de la hija del Faraón, Salomón tuvo mujeres extranjeras con las que Yahvé había dicho que son se uniera. Siendo anciano se dejó persuadir por ellas y erigió santuarios a sus dioses a los que rindió culto. Esto irritó a Yahvé, pero en atención a David no le quitó el reino entero, dejándole solo una parte.

Salomón reinó cuarenta años en Jerusalén sobre todo Israel. Murió alrededor del año 931 a.C. y fue sepultado en la Ciudad de David. Le sucedió en el trono su hijo Roboán.

José Giménez Soria

martes, 13 de septiembre de 2022

SOLO EXISTE UN CONSUELO POSIBLE

           Raro es el día en que no leemos la noticia de la muerte inesperada de algún personaje público. Uno de los domingos pasados falleció la hija del diseñador Roberto Verino cuando estaba previsto que heredase la compañía. Ante este tipo de noticias solemos musitar siempre lo mismo: la vida es un suspiro, estamos de prestado, aquí no queda nadie…

Si nos paramos a pensar, nuestra provisionalidad resulta estremecedora. Para poder seguir adelante necesitamos simular en el día a día que el telón final no existe, o al menos que nos queda lejos. Pero nadie conoce su hora y cuando la parca llama cobran toda su vigencia las graves y acertadas palabras de Qohélet escritas en el libro del Eclesiastés: «Reflexioné sobre todo lo que ha conseguido el hombre en la tierra y concluí que todo lo que ha logrado es vanidad y caza del viento». (2,11)

El ser humano sin Dios no es nada, viene a concluir Qohélet en su libro.  Es evidente que 25 siglos después siguen teniendo razón sus palabras. Cuando llega la hora, o hay Dios o hay el gran apagón (el aterrador vacío, la drástica igualación que vuelve irrelevante toda nuestra andadura y bienes). Esa es la disyuntiva. No hay más. De ahí la dramática futilidad de las seudo religiones «progresistas», verdes, identitarias... de los afanes crematísticos... de los sueños de una gloria póstuma que pueda viajar al otro lado del telón. Al final la fe, querámoslo o no, aparece como el único consuelo y esperanza posible. Lo demás son placebos.

Todo esto lo cuenta infinitamente mejor en un librito minúsculo el gran novelista francés Jean D'Ormesson, que murió en 2017 con 92 años. Se llama «Una historia sobre la nada... y la esperanza» y me atrevo a recomendarlo.

Luis Ventoso.
Periodista de El Debate.

 

martes, 30 de agosto de 2022

REFLEXIONES SOBRE LA LITURGIA II

El silencio en la celebración eucarística dispone a la adoración del Cuerpo y la Sangre de Cristo, y en la intimidad de la comunión, sugiere lo que el Espíritu quiere obrar en nuestra vida para conformarnos con el Pan partido.

Cada gesto y cada palabra contienen una acción precisa que es siempre nueva. Por ejemplo, nos arrodillamos para pedir perdón; para suplicar la intervención de Dios; para agradecerle un don recibido: el mismo gesto expresa nuestra pequeñez ante Dios. Arrodillarse debe hacerse con plena conciencia de su significado por ser el modo de estar en presencia del Señor. Esto concierne a toda la asamblea.

A menudo la celebración está condicionada por la forma que los ministros la celebran. He aquí una lista de actitudes que caracterizan a la presidencia de forma inadecuada: rigidez austera o creatividad exagerada; misticismo; prisa o lentitud acentuada; desaliño o refinamiento excesivo; afabilidad abundante o impasibilidad hierática. Creo que estos modelos tienen como raíz un exagerado personalismo que, en ocasiones, expresa una mal disimulada manía de protagonismo. Suele ser más evidente cuando las celebraciones se difunden en red, cosa que no siempre es oportuno y sobre la que deberíamos reflexionar.

El presbítero vive y participa en la celebración en virtud del don recibido en el sacramento del Orden. Desempeña la presidencia por la efusión del Espíritu Santo recibida en la ordenación. Para que este servicio se haga con arte es fundamental que el presbítero tenga la viva conciencia de ser una presencia particular del Resucitado. Este hecho da profundidad “sacramental” a todos los gestos y palabras de quien preside, y la asamblea tiene que sentir en sus gestos y palabras el deseo que tiene el Señor, como en la última Cena, de seguir comiendo la Pascua con nosotros. Por tanto, el Resucitado es el protagonista. Presidir la Eucaristía es sumergirse en el amor de Dios. Si esta realidad se comprende no necesitamos un directorio que nos dicte el adecuado comportamiento. La norma excelsa es la propia celebración eucarística, que selecciona palabras, gestos y sentimientos, que nos hacen comprender si son o no adecuados a la tarea que han de desempeñar.

El presbítero está formado para presidir mediante las palabras y los gestos que la Liturgia pone en sus labios y en sus manos. No se sienta en un trono porque el Señor reina con la humildad de quien sirve, ni roba la centralidad del altar, signo de Cristo, de cuyo costado, traspasado en la cruz, brotó sangre y agua. Al acercarse al altar para la ofrenda, se enseña al presbítero la humildad y el arrepentimiento: «Acepta, Señor, nuestro corazón contrito y nuestro espíritu humilde; que hoy nuestro sacrificio sea agradable en tu presencia, Señor, Dios nuestro». Con la plegaria eucarística –en la que participan los bautizados escuchando con reverencia y silencio e interviniendo con aclamaciones- el que preside tiene la fuerza de recordar al Padre la ofrenda de su Hijo en la última Cena, para que ese inmenso don se haga presente en el altar. No puede decir: «Tomad y comed todos de él, porque esto es mi Cuerpo, que será entregado por vosotros», y no vivir el mismo deseo de ofrecer su propio cuerpo, su propia vida por el pueblo a él confiado. Esto es lo que ocurre en el ejercicio de su ministerio.

Quisiera que esta carta nos ayudara a reavivar la belleza de la verdad de la celebración cristiana, a recordar la necesidad de una auténtica formación litúrgica y a reconocer la importancia de un arte de la celebración, que esté al servicio del misterio pascual y de la participación de los bautizados. Esta riqueza está en nuestras iglesias, en nuestras fiestas cristianas, en la centralidad del domingo y en la fuerza de los sacramentos que celebramos. 

Cada ocho días la Iglesia celebra en el domingo, el acontecimiento de la salvación; antes de ser un precepto, es un regalo que Dios hace a su pueblo para formarse por medio de la Eucaristía. De domingo a domingo la Palabra del Resucitado ilumina nuestra existencia; de domingo a domingo la comunión con el Cuerpo y la Sangre de Cristo hace de nuestra vida un sacrificio agradable a Dios Padre; de domingo a domingo, la fuerza del Pan partido nos sostiene en el anuncio del Evangelio y se manifiesta la autenticidad de nuestra celebración.

COLOFON: “Ahora comprendo el espectáculo fervoroso que es una Misa en España. La grandeza, el adorno del altar, la cordialidad en la adoración al Sacramento, el culto a la Virgen, son de una enorme poesía y belleza”. Son palabras de García Lorca después de asistir a una Misa en Nueva York.

Texto condensado de la carta apostólica

 Desiderio Desideravi del papa Francisco. Segunda parte.

Enlace del texto íntegro:

https://www.vatican.va/content/francesco/es/apost_letters/documents/20220629-lettera-ap-desiderio-desideravi.html

jueves, 11 de agosto de 2022

REFLEXIONES SOBRE LA LITURGIA I

En junio pasado el papa Francisco publicó la carta apostólica Desiderio Desideravi con ánimo de reflexionar sobre la belleza y la verdad de la celebración cristiana. Su título procede de estas palabras de Jesús en la última Cena: Ardientemente he deseado comer esta Pascua con vosotros, antes de padecer” (Lc.22,15),

Todos fueron invitados a la Cena del Señor atraídos por el deseo ardiente que tiene de comer esa Pascua donde Él es el Cordero. Esta novedad hace que esa Cena sea única, la que era y será siendo su proyecto original, y no se saciará hasta que todo hombre, de toda tribu, lengua, pueblo y nación haya comido su Cuerpo y bebido su Sangre. Ni siquiera cuando vamos a Misa somos conscientes que el motivo principal es porque nos atrae el deseo que Él tiene de nosotros. Dejémonos atraer por Él.

La Liturgia es el lugar de encuentro con Cristo. Participar en el sacrificio eucarístico no es una conquista para presumir ante Dios y ante nuestros hermanos. El inicio de la celebración me invita a confesar mi pecado rogando a la siempre Virgen María, a los ángeles, a los santos y a todos los hermanos, que intercedan ante el Señor porque necesitamos su palabra para salvarnos. La belleza de la Liturgia está en cuidar los tiempos, gestos, palabras, vestiduras, cantos, música, ... Pero esto no es suficiente para nuestra plena participación, lo es el hecho novedoso de que en la última Cena llega al extremo de querer ser comido por nosotros.

El propósito de la Liturgia es la alabanza, la acción de gracias por la Pascua del Hijo, cuya fuerza salvadora llega a nuestra vida. Se trata de llegar hasta Cristo, que es la finalidad para la cual se ha dado el Espíritu, cuya acción es siempre confeccionar el Cuerpo de Cristo. Es así con el pan eucarístico, es así para todo bautizado llamado a ser lo que recibió como don en el bautismo: ser miembro del Cuerpo de Cristo

La Liturgia da gloria a Dios porque nos permite, aquí en la tierra, ver a Dios en la celebración de los misterios y a revivir por su Pascua: los que estábamos muertos por los pecados, hemos revivido por la gracia con Cristo. La gloria de Dios es el hombre vivo y la vida del hombre consiste en la visión de Dios.

Una cuestión sobre cómo nos forma la Liturgia es la actitud para comprender los símbolos litúrgicos. Muchos aprendimos de nuestros padres o abuelos el poder de los gestos litúrgicos, como la señal de la cruz, el arrodillarse o las fórmulas de nuestra fe. Por ejemplo, el gesto de una mano que toma la mano de un niño mientras traza, por primera vez, la señal de nuestra salvación: «En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo... Amén». Al soltar la mano el niño repite ese gesto como si fuera un hábito que crecerá con él y que sólo el Espíritu conoce. No es necesario hablar mucho, ni haber entendido lo de ese gesto: es necesario ser pequeño. El resto es obra del Espíritu. Así nos iniciamos en el lenguaje simbólico; que no nos roben esta riqueza.

El arte de la celebración no se puede improvisar. Toda herramienta puede ser útil y estar sujeta a la naturaleza de la Liturgia y a la acción del Espíritu. Guardini escribe: «Hay que despertar el sentido de la grandeza de la oración y la voluntad de implicar también nuestra existencia en ella. El camino es la disciplina, un trabajo serio con obediencia a la Iglesia y nuestro comportamiento religioso» Esto no solo concierne al ministro que preside, también a los bautizados. Caminar en procesión, sentarse, estar de pie, arrodillarse, aclamar, escuchar, son las formas que la asamblea participa en la celebración. Realizar juntos el mismo gesto transmite la fuerza de toda la asamblea.

Ahora bien, entre los gestos rituales de la asamblea, el silencio ocupa un lugar importante. Toda la celebración eucarística está inmersa en el silencio de su inicio y marca cada momento de su desarrollo. Está presente en el acto penitencial; en la invitación a la oración; en la Liturgia de la Palabra; en la plegaria eucarística y después de la comunión. Este silencio es más que un aislamiento: es el símbolo de la presencia y la acción del Espíritu Santo que anima la acción y es la culminación de una secuencia ritual. Al ser símbolo del Espíritu el silencio mueve al arrepentimiento y al deseo de conversión; suscita la escucha de la Palabra y la oración; dispone a la adoración del Cuerpo y la Sangre de Cristo, y en la intimidad de la comunión, sugiere lo que el Espíritu quiere obrar en nuestra vida para conformarnos con el Pan partido.

Texto condensado de la carta apostólica

 Desiderio Desideravi del papa Francisco. Primera parte.

(Continuará) 

Enlace del texto íntegro:

https://www.vatican.va/content/francesco/es/apost_letters/documents/20220629-lettera-ap-desiderio-desideravi.html

 

jueves, 21 de julio de 2022

ORILLAR LA VIDA

La soledad, una enfermedad irremediable, un fracaso, un sinvivir, en suma, lleva a algunos -más de la cuenta- al suicidio. Se despachan para el otro mundo burlando toda esperanza de vida. Algo falla. El suicidio es la primera causa de muerte de la llamada generación Z, es decir la de los que tienen entre 15 y 30 años. La misericordia de Dios hará su trabajo y aquí nos quedará un clima de insatisfacción por no remediar una muerte absurda.

Por si no fuera suficiente con esto, se está creando el mito de la “buena muerte” para poner en valor la eutanasia como derecho del ser humano vejestorio, del sufriente, del hundido en la miseria o del que convenga por egoísmos mundanos, y que siente que le estorba la vida. La muerte digna (sic) predomina sobre la muerte en paz y en gracia de Dios.

El tercer punto que orilla la vida es el aborto. Aquí entra la romana por lo mayor, pues cada año se provocan casi 73 millones de abortos en todo el mundo; España roza unos 100.000 abortos anuales. ¡Echen cuentas!

El aborto se justifica como que el feto forma parte del cuerpo de la madre. Esto es más falso de una moneda de tres euros porque el feto es un sujeto alojado en la matriz materna que durante nueve meses es la “morada” que le sirve de cobijo y para su manutención. Ni es un grano ni una verruga, es un ser humano fruto de la unión de un hombre y una mujer, que se va desarrollando a expensa de su madre, como cualquier recién nacido.

Ese ser tiene los mismos derechos en el seno materno que si ya hubiese visto la luz del sol; el aborto no es ningún derecho de la madre por mucho que lo diga el poder público o cualquier bicho viviente. Si el aborto es signo de progreso, estamos creando un mundo sin orden y sin piedad.

Desde el principio de los siglos el mundo se ha esforzado por respetar la vida humana, hasta que se ha enseñoreado la barbarie y se ha perdido la moral cristiana con el señuelo de los derechos humanos. Se ha pasado del respeto a la vida a decir que el aborto “está reclamado por la sociedad” y que es un “derecho de la mujer”. Mentira. ¿En cuánto se cuantifica la sociedad despiadada que lo reclama? ¿Por qué vale más el falso derecho de la mujer que el del hijo no nato? El feto es un ser humano, vivo, irrepetible y singular desde el momento de la concepción, y por tanto titular de un derecho fundamental por sí mismo. La madre y el padre que lo han engendrado tienen la tarea de hacerlo viable. La vida no puede orillarse de cualquier manera, y menos al albur de leyes ignominiosas.

El Obispo de Alicante, Monseñor José Ignacio Munilla alza la voz en  contra de la nueva ley del aborto, pues lo que habita en el seno materno "es un ser humano". Está el juramento hipocrático que data del siglo II en el que se obliga a no dar muerte, ni abortivos a las mujeres.

"Hemos pasado del derecho a la obligación", asegura Munilla, y cree que esto es un "pecado de época", "aquel en el que el conjunto de la sociedad sufre una ceguera y no es capaz de ver el pecado", como cuando la humanidad asumió como normal la esclavitud.

 

El Obispo hace referencia a noticias y titulares que muestran su preocupación de que Alicante sea una de las provincias con más médicos objetores: A su juicio, "hemos pasado del relativismo a la dictadura del relativismo", y esto nos conduce del "supuesto derecho a matar, a la obligación de colaborar". En esto no podemos caer, ya que "hay que obedecer a Dios antes que a los hombres". Nuestra conciencia "debe ser lugar de luz, no de tinieblas", y llama a la "insumisión ante leyes inicuas". "El mayor milagro es la vida", es algo grande, y ello anima a ser constantes, "las grandes batallas, la batalla por la vida, requiere perseverancia, oración y ayuno". 

 

Casi a la firma de este suelto leo que un grupo animalista de Nueva York defiende que un paquidermo del zoo de la ciudad, conocido por Happy, “tiene derecho al reconocimiento y protección de sus derechos fundamentales”. El grupo acusaba al zoo de detención ilegal de Happy y exigía al juez su libertad porque “no hay que ser humano para ser persona en lo legal”. El juez sentenció en contra y alguien opinó que “lo de Happy es una afrenta a la sociedad civilizada”. (Leer para creer)

José Giménez Soria

miércoles, 6 de julio de 2022

ANILLOS DE BODA

Cuando preparo la celebración del Matrimonio con algunos de los novios valientes que aún se atreven a prometerse amor durante toda la vida delante de Dios me gusta preguntarles acerca de por qué el anillo se lo van a poner en el dedo anular. Nunca lo saben. Alguna vez dan esta respuesta: «¡Porque es el dedo que conecta directamente con el corazón y por eso significa el amor!». Les digo que en realidad todos los dedos de las manos y los pies están conectados al corazón, si no se pudrirían.

¿Entonces cuál es la respuesta? Vamos a hacer un juego. Puede usted cerrar el puño e ir levantando los dedos. Solo uno a la vez y ver hasta dónde es capaz de levantarlo con facilidad. Se dará cuenta de que fácilmente puede levantar todos los dedos, salvo el anular, que le costará más y no logrará que suba como los demás. Reflexionando un poco podemos ver cómo todos los dedos, menos el anular, sirven para algo. Con el pulgar puede uno mostrar rápidamente su conformidad o disconformidad con algo según hacia dónde apunte cuando lo levante. El índice vale para señalar un camino, para acusar a alguien, para hacer ver que se sabe algo o para hurgarse la nariz. El dedo corazón, no lo use demasiado, sirve para mandar a tomar por saco a alguien. Y con el dedo meñique cierran las niñas promesas que hacen entre ellas.

¿Y el anular? El pobre dedo anular no sirve para nada, si apenas puede subir a la altura de sus hermanos. De hecho, se le llama «anular» porque está «anulado». Pues precisamente en este dedo es donde los esposos se ponen los anillos y están llamados a llevarlos hasta la muerte. Nuestro término «anillo» viene del latín anulus, que como verá tiene que ver con el dedo anular, que es el dedo «relativo al anillo».

Los esposos llevan el anillo en ese dedo porque es el dedo débil y al mirárselo pueden recordar la gran lección del amor que Jesucristo ha venido a mostrarnos: es en la debilidad donde más necesitamos que nos quieran y querer al otro hasta dar la vida por él. Quien nos quiera poco nos querrá solo por lo positivo: por ser fuertes, simpáticos y generosos. Pero ¿quién nos quiere por nuestras miserias, por nuestras debilidades, por nuestros defectos? Solo quien nos quiera de verdad. Así están llamados a amarse los esposos.

El Matrimonio es para toda la vida, por eso es muy serio. Quererse toda la vida requiere aprender a amar al otro en la debilidad. ¿Recuerda las palabras que pronuncian los novios delante del sacerdote en el momento en que se convierten en esposos? «Yo, X, te recibo a ti, Y, como esposo, o esposa, y me entrego a ti, y prometo serte fiel en la prosperidad y en la adversidad, en la salud y en la enfermedad, y así amarte y respetarte todos los días de mi vida». O sea, en lo bueno y en malo. Es fuerte. Así necesitamos ser amados y amar. El amor de verdad es eso.

Amar es aprender a recibir al otro y aprender a entregarse para que el otro te reciba. En la fortaleza y en la debilidad. Cuando esto se da, las cosas van bien. Cuando una parte falla la cosa se complica. Necesitamos profundizar cada vez más y madurar la forma de amarnos. El Matrimonio es una Alianza para siempre, en lo próspero y en lo adverso. De hecho, a los anillos de Matrimonio se les llama también así: alianzas.

Me gusta decir a los esposos, y hoy lo digo aquí, que cuando tengan una dificultad y les cueste quererse se miren el anillo. Y que cuando haya un problema se pidan siempre perdón y se besen mutuamente el dedo anular con el anillo en señal de veneración y amor. La debilidad propia nos va a acompañar toda la vida. Nuestra condición humana está herida y ello requiere aceptación. Y por supuesto la ayuda de Dios, a quien el día de la Boda ya se le pidió. Dios no nos quiere por fuertes sino por débiles, justo como dice San Pablo: «Vivo contento en medio de mis debilidades porque cuando soy débil, entonces soy fuerte». Enseñemos esto a los jóvenes. Matrimonios: sed luz. Adelante.

Patxi Bronchalo
Sacerdote. Valdemoro (Madrid)
Junio 2022

viernes, 17 de junio de 2022

SIN LUGAR A EQUIVOCOS

Desde 2021 y hasta que finalice en el 2023, se está celebrando el Sínodo sobre la Sinodalidad convocado por el papa Francisco para aunar esfuerzos en reforzar los lazos del propio Papa y los Obispos con los creyentes, y que todos juntos caminen bajo la guía del Espíritu Santo. El Sínodo se centra en tres puntos: Comunión, participación y misión. De ningún modo se trata de modificar las enseñanzas de la Iglesia y menos adaptarlas al gusto del consumidor, más bien gira en torno a una reflexión sobre ellas a la luz del Evangelio. La doctrina tradicional de la Iglesia, -veinte siglos la avalan- está ligada al designio de Dios, y esto no admite interpretaciones sesgadas.

 

La labor de las asambleas sinodales consiste en desarrollar un proceso de escucha y juicio, que se concretará en la recopilación del trabajo realizado en cada diócesis hasta elaborar una síntesis final.

Uno de los temas que más se airean es la abolición del celibato de los curas y ordenar mujeres sacerdotes, propuestas por algunas diócesis españolas. Para que no haya lugar a equívocos, Monseñor Demetrio Martínez, Obispo de Córdoba pone los puntos sobre las íes en una carta que resumimos:

"Hemos respirado la armonía de la comunión de los fieles con los pastores. Bendito proceso sinodal que nos ha hecho percibir la belleza de la Iglesia.

 

En este domingo de la Santísima Trinidad, se nos ha revelado el misterio de Dios, con cuya imagen se va construyendo la Iglesia en sus distintos niveles. Un proceso que dura toda la vida y que se prolongará en la historia hasta su consumación en el cielo.

 

Sin embargo, no han faltado voces disonantes en algunas diócesis de España, que atentan contra la comunión eclesial, porque hacen propuestas que traspasan las líneas de esa comunión eclesial. Me refiero a las que son disonantes con la doctrina y la moral católica, y especialmente a la propuesta del sacerdocio femenino, como si la Iglesia tuviera que ponerse al día en esta reivindicación al socaire del feminismo reinante. A ver si de tanto proponerlo, se va creando la conciencia de esta reclamación.

 

Hace más de treinta años que el Papa Juan Pablo II zanjó la cuestión con su autoridad apostólica, aportando las razones en su Carta Apostólica “Ordinatio sacerdotalis” (1994), en cuyo número 4 nos dice: “Con el fin de alejar toda duda sobre una cuestión de gran importancia provenientes de distintos grupos y sensibilidades, que atañe a la misma constitución divina de la Iglesia, en virtud de mi ministerio de confirmar en la fe a los hermanos (cf. Lc 22,32), declaro que la Iglesia no tiene en modo alguno la facultad de conferir la ordenación sacerdotal a las mujeres, y que este dictamen debe ser considerado como definitivo por todos los fieles de la Iglesia”. Carta del 22 de mayo de 1994, en la fiesta de Pentecostés.

 

No se trata de una cuestión disciplinar, sino de un asunto que afecta a la misma constitución divina de la Iglesia, y sobre la que el Papa ha hablado, elevando la doctrina a rango de definitiva, es decir, irreformable. La autoridad del Sucesor de Pedro puesta al servicio de la fe del Pueblo santo de Dios ha dejado zanjada la cuestión. Por eso, cuando al hilo de las propuestas sinodales, vuelven a oírse en distintos lugares –no en Córdoba- propuestas que traspasan la línea de la unidad de la fe, deben saltarnos las alarmas del sensus fidei.

 

En el Sínodo cabemos todos, claro. Pero no caben propuestas que se salen de la comunión en una misma fe y que responden a ideologías de moda. Porque entonces habríamos convertido el Sínodo en juego peligroso de propuestas que no brotan de la fe de la Iglesia y que rompen la comunión eclesial. Eso ya no es el Sínodo al que el Papa nos ha convocado, eso es aprovechar que el Pisuerga pasa por Valladolid para infiltrar asuntos inadmisibles. Eso sería aprovechar la preciosa ocasión que se nos brinda para salirse del tiesto. Y con la fe de la Iglesia no se juega.

 

Que la fiesta de la Santísima Trinidad nos ayude a profundizar en esa plena comunión eclesial que tiene sus raíces en este gran misterio."

 

La carta no da lugar a equívocos.