martes, 20 de febrero de 2024

EL CUARTO MISTERIO

“Jesús sube al Calvario con la Cruz a cuestas”.


Pilato lo sentenció y mandó que lo crucificaran: "Tomaron a Jesús, y él cargando con su cruz, salió hacia el lugar llamado Calvario, que en hebreo se llama Gólgota, y allí, le crucificaron" (Jn.19, 16-18). Esto da luz al Cuarto Misterio Doloroso.

La Imagen de Jesús Nazareno con la Cruz a cuestas es una de las devociones más arraigadas entre las Cofradías Penitenciales. “Desfigurado no parecía hombre, ni tenía aspecto humano”. No en vano, la subida de Jesús hacia el Calvario encarna la plenitud del Misterio de la Cruz.

Mediado el siglo XVI las Cofradías de Jesús Nazareno notaron la gran devoción que suscitaba la Imagen. Los fieles veían un Dios que sufría, y a la vez cercano, y el pueblo, en general, se identificaba con el Nazareno cargado con la Cruz como ejemplo de exaltación de la penitencia. Las expresiones barrocas de las tallas estimularon el gran apoyo popular en los dos siglos siguientes.

Fue la Orden de los Dominicos la que difundió la advocación del Dulce Nombre de Jesús ligada al misterio de Jesús cargado con la Cruz, e impulsó las Cofradías de Jesús Nazareno superando la Exaltación de la Vera Cruz. También los franciscanos, los agustinos, algunos gremios y la Escuela de Cristo propagaron igual devoción.

Siguiendo el Evangelio las reglas de las cofradías establecían que la estación de penitencia comenzaba el Viernes Santo al salir el sol. La Imagen Sagrada vestía prendas lisas y parcas, sin adornos, y su expresión era fiel al mensaje de la Pasión. Los nazarenos lucían hábitos de penitencia de color morado, los pies descalzos, rostros cubiertos con el capirote, y caminaban portando cruces, en silencio, o rezando “Eres nuestro auxilio y protector” (Sal.33). Se acentuó la fraternidad humana merced a una devoción que se extendía más allá de los límites de las creencias personales.

Venerar a la Imagen de Jesús con la Cruz a cuestas hace de escudo protector ante el dolor, la amargura o los sinsabores. Para los creyentes, y no creyentes, es el propio aliento de Dios que los alivia de sus pesares. El arte cristiano ha esculpido una Gracia que invita a implorar su protección.

Era normal que las Cofradías de Jesús Nazareno participasen activamente en los oficios de Semana Santa, en el Lavatorio, en el Vía Crucis, en el Monumento, en el Descendimiento, y en las procesiones recreaban el drama sacro en un ambiente de recogimiento, donde el “paso” de Jesús cargado con la Cruz era preeminente.

En este primer tercio del siglo XXI aun goza del prestigio alcanzado durante épocas pasadas. Superadas ciertas reticencias la presencia de Jesús cargado con la Cruz se asume con naturalidad pese a que los ritos de Semana Santa han cambiado. El rostro de Jesús se sigue reconociendo por el dolor de un hombre camino de la Cruz. Quién camina hacia el Calvario, es Dios hecho Hombre, despreciado y humillado, pero a la vez piadoso, clemente, misericordioso y protector. Loado sea.

José Giménez Soria

miércoles, 7 de febrero de 2024

DOMINGO POR LA MAÑANA

El fin de semana es el peor invento del hombre, salvando el domingo por la mañana, ideado por Dios para santificar la fiesta.

Entre semana, con los niños en el cole o en la guardería, tengo todo el ancho del día para trabajar, conversar con los amigos y apurar un café. El lunes pasa con la mirada perdida; el martes y el miércoles las rutinas se adueñan de las horas; la amanecida del jueves y el viernes es de otros mimbres. A este último algunos llaman san Viernes. El sábado tiene la ventaja de que no hay que madrugar, salvo que sea “puente” y haya que devorar kilómetros. Depende.

Aunque el lunes empieza a mejorar, no a tope todavía, el bofetón melancólico del domingo por la tarde todavía duele. El martes mantiene su estatus de segundón, salvo si cae en trece y entonces saca su artillería de día gafe, o sea de mala suerte.

Mantengo que el fin de semana es el peor invento del hombre, pero habría que salvar el domingo por la mañana que lleva aparejado su mandamiento de santificar la fiesta. Dejo aparte el domingo por la tarde, pues lo más probable es que ni siquiera sea domingo, sino un intento de octavo día engurruñado que envenena a quien tiene que atravesarlo para llegar al lunes.

Los domingos por la mañana son otra cosa, no madrugo, me levanto, desayuno en familia y no hago gran cosa, ni siquiera enciendo el ordenador. Preparo el desayuno a la chiquillería –pan con Nocilla– y se inicia el protocolo de ir a misa.

Lo mejor para la salud de mi alma y de la de los feligreses, sería dejar los niños en casa porque en la iglesia alborotan, juegan en el confesionario y persiguen al limosnero hasta la sacristía para soltarle su euro; se mosquean con los del banco de atrás, se pelean a menudo o les da por llorar en mitad de la consagración. Pese a todo los llevamos para que se acostumbren y para que el catolicismo se les meta dentro. Luego, cuando lleguen a la juventud y por una cosa u otra dejen de ir a misa, noten en los domingos un hueco, una falta, una incómoda ausencia. Con la costumbre de hoy intentamos garantizar el remordimiento de mañana.

Además, aunque no tenga cantos y el sacerdote sea tan triste como la aciaga tarde que se nos viene encima, la misa dominical siempre irradia alegría como rayos la custodia. Y esa alegría armoniza con la chispeante y enternecedora vitalidad que los niños desparraman por defecto. Sales de la iglesia sin haberte enterado de nada, pero comulgado y más contento de lo que entraste. Estoy tentado incluso a decir que mi día preferido de la semana es el domingo por la mañana, el domingo-domingo. Eso sí, en caso de serlo, el martes estaría justo detrás, pisándole los talones.

José M. Contreras Espuny

viernes, 19 de enero de 2024

DORMIR BAJO UN TECHO DE CARTONES

Los mendigos nos resultan seres invisibles. La pobreza convive en las calles con el consumismo más derrochador; un contraste poco edificante.

Refiere un amigo madrileño que cuando baja a trabajar por la mañana, -aún está activo laboralmente-, ve a cuatro personas sin hogar dormitando en los mismos lugares. Uno con pinta de africano está arrebujado en lo que parece un saco de dormir remendado; más allá se encuentra una anciana con una bolsa donde guarda sus pertenencias, que le pide para un café. Un poco más lejos ve a un hombre que duerme metido en una caja de cartón y ya en las inmediaciones de su oficina hay una especie de campamento donde tres vagabundos están entretenidos ojeando un periódico gratuito que reparten en el metro. Para mi amigo es una rutina familiar y suele pasar de largo, o todo lo más le da un euro a la anciana.

Que haya gente que duerme en la calle en cajas de cartón, ocurre en muchas ciudades sin que los peatones les hagamos caso. Los soportales de los edificios cercanos a las estaciones del ferrocarril o de autobuses, son el refugio preferido para instalar sus techos de cartón amparados por la cubierta de esas galerías que les amortigua el frio y les libra de la lluvia, o bien se cobijan en el cuchitril de los cajeros. A algunos se les ve muy pobres, a otros desarraigados o sin familia, una situación de la que no se libra ninguna ciudad. No gozan de las preferencias de algún servicio municipal que practique la caridad. Para algunos políticos son un estorbo por su mala imagen. Los muy pedigüeños asiduos de las puertas de las Iglesias se benefician de las limosnas de los que acuden a Misa o a rezar.

Sin embargo, hay que decir que muchos de los que ocupan los soportales o los cajeros huyen de Caritas, de los asilos o de los albergues municipales – si los hay- porque prefieren vivir su libertad durmiendo al raso. Son poco dados a la disciplina y les disgusta estar encorsetados. Muchos transeúntes los socorren con unas monedas y van tirando. De día deambulan por las calles de la ciudad y con las monedas que recogen se apañan con un bocata, un cartón de vino o una lata de cerveza. A llegar la noche se ponen al resguardo de los cartones que recuperan de la noche anterior.

Sobre la ayuda a las personas necesitadas y sobre las obras de caridad, ya san Pablo escribió a los corintios “Lo mismo que sobresalís en todo -en fe, en la palabra, en conocimiento, en empeño y en el amor que os hemos comunicado- sobresalid también en obras de caridad. No os lo digo como un mandato, sino para comprobar, mediante el interés por los demás, la sinceridad de vuestro amor”. (2Cor.8,7-8)

Un buen cristiano no debe derrochar sus dineros y sí socorrer a esas personas.

J. Giménez Soria

miércoles, 3 de enero de 2024

ORAR LAS 24 HORAS DEL DIA

Echar una parrafada con Dios de vez en cuando, conforta. Es un buen propósito para hacerlo al empezar el año, y si no se encuentra una iglesia abierta, que puede ocurrir, se hace un alto en el lugar de trabajo, y vale. Dios escucha en lo escondido. 

Para facilitar este propósito en España hay más de 70 capillas de Adoración perpetua abiertas las 24 horas del día. Las más reciente se abrieron el año pasado en Fuenlabrada, Lucena, Herencia, Gerona, Madridejos y Málaga; y están previstas otras nuevas, como la de Vilassar de Mar, en Barcelona.

En la travesía de Belén, en el madrileño barrio de Chueca, hay una puerta que no llama la atención. Está frente a varias tiendas de accesorios y por la apariencia del edificio nada parece indicar que ahí se puede acudir a rezar las 24 horas del día todos los días de la semana. Sobre la puerta luce un cartel que dice: “Capilla `cachito de cielo´”.

El lugar, regido por las Misioneras del Santísimo Sacramento y María Inmaculada, siempre atentas y disponibles, es una capilla con mucho encanto, abierta las 24 horas, donde se lee “Jesús te espera” y se siente la presencia acogedora de Dios.

Justo Antonio Lofeudo, sacerdote de la diócesis de Orihuela-Alicante, explicó en el programa De par en par que la Adoración perpetua es como una respuesta al primer mandamiento de la ley de Dios: “Amarás a Dios sobre todas las cosas”.

Todas estas capillas están llevadas por laicos y se ubican en el centro de las ciudades para que cualquier persona pueda ir a estar con el Señor en cualquier momento del día o de la noche. En ellas se expone a Jesús Sacramentado los 365 días del año. En muchas, como en la malagueña del Carmen de Huelin, los adoradores se organizan por turnos para que siempre haya alguno. Los turnos son de una hora fija semanal, pero si no se puede acudir por alguna razón, los adoradores se ocupan de buscar quien cubra el hueco.

En un mundo lleno de problemas, estrés y ruido es difícil encontrar un espacio para desarrollar nuestra relación con Dios. Las capillas de Adoración perpetua son ese espacio donde se encuentra paz y donde escuchar las respuestas del Señor.

Clara González
Redactora de Religión y Graduada en Historia
y Periodismo por la Universidad San Pablo CEU