martes, 4 de junio de 2024

LA ÚLTIMA TILDE NO ADMITE EXCEPCIONES

          En un monte próximo a Cafarnaúm, Jesús, viéndose rodeado de gente de Galilea, Judea, Decápolis, Jerusalén, Transjordania y hasta de Siria, levantó la voz para exponerles el conocido Sermón de la Montaña. Cuando terminó, y como final, animó a la multitud a hacer buenas obras y a dar gloria a Dios Padre para alcanzar la bienaventuranza.

Para los desmemoriados, para los confiados y para los que se creían intocables, advirtió que la Ley había que cumplirla: «No creáis que he venido a abolir la Ley y los Profetas, sino a dar plenitud», y para evitar malentendidos advirtió «Os digo que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la ley», y puso unos ejemplos. El que incumpla el No matarás, será reo de juicio, pero el que tenga queja de su hermano, tiene que reconciliarse con él; el que mire a una mujer deseándola, ya comete adulterio en su corazón; el que jure en falso, está perdido.

El Eclesiástico orienta cómo cumplir la Ley: El que teme al Señor alcanza la sabiduría. Si se apoya en ella, no vacilará y no quedará defraudado. La sabiduría jamás la alcanzarán los insensatos, ni la verán los pecadores. La alabanza a Dios se proclama con sabiduría, Él es quien la inspira, para guardar sus mandamientos y ser fieles a su voluntad.

El cielo se gana practicando “el amor a Dios y al prójimo”; esta es la Ley con todas sus letras. Se ama a Dios o no se ama, se ama al prójimo o no se ama. No cuando convenga o solo a ratos. No hay excepciones ni excusas que justifiquen lo contrario

San Pablo en la carta a los Gálatas expone: “Hermanos, habéis sido llamados a ser hombres libres, pero procurad que la libertad no sea un pretexto para dar rienda suelta a las pasiones, antes bien, servíos unos a otros por amor”. Y a los de Éfeso les escribe: “Malas palabras no salgan de vuestra boca, que vuestro hablar sea bueno, constructivo y oportuno: así haréis bien a los que os oyen. No irritéis al Espíritu de Dios...: nada de rencores, coraje, cólera, voces ni insultos; desterrad eso y toda ojeriza. Sed serviciales y compasivos unos con otros”. (Ef.4, 29-32).

Si Dios es misericordioso, también el cristiano ha de ser misericordioso, mostrándose cercano al prójimo en sus necesidades corporales y espirituales.

José Giménez Soria