miércoles, 16 de junio de 2021

SIETE DOLORES Y SIETE ALEGRÍAS DEL CORAZÓN DE JESÚS


“Mi corazón está perturbado, se conmueven mis entrañas, -dice el Señor-. No actuaré en el ardor de mí cólera, porque yo soy Dios y no hombre, y no me dejo llevar por la ira” (Oseas 11,8c-9).

Tras la Solemnidad del Corpus Christi sigue la devoción de los siete dolores del Corazón de Jesús, propia del mes de junio: Los siete dolores del Corazón de Jesús enseñan siete trances amargos que le produjeron situaciones de suma tristeza:

·       Primer dolor: La traición de Judas. El Señor sabía que Judas lo iba a traicionar; grande sería su dolor cuando le puso un poco de pan eucarístico en su boca.

·     Segundo dolor: La agonía en Getsemaní. Se notó desamparado ante la indiferencia de sus discípulos que se quedaron dormidos, y muy dolorido se postró rostro en tierra.

·       Tercer dolor: La huida de los apóstoles. Al verlo preso y maniatado, los apóstoles lo abandonaron y huyeron. Lo dejaron solo ante la turba que iba a prenderlo, con Judas al frente.

·   Cuarto dolor: Los negaciones de Pedro. Que Pedro negara conocer a Jesús, resultaría más duro y dolorosa para el corazón de Jesús que la traición de Judas.

·       Quinto Dolor: Encuentro con su Madre. Cargado con la Cruz camino de Calvario su corazón quedó transido de dolor al ver a su afligida Madre.

·       Sexto dolorMaría al pie de la cruz. En medio de tan cruel castigo Jesús inclinó su cabeza y la vista de María llena de amargura, le traspasó el corazón.

·       Séptimo dolor: Abandonado en la Cruz. Suprema humillación en el suplicio de la Cruz: Dios mío, Dios mío, por qué me has abandonado”. Aceptó la voluntad de Dios Padre.

 

Pero Jesús también tuvo sus momentos de alegría; sobre todo cuando favorecía a los demás con sus milagros o les prestaba su atención para hacerlos felices. Compartía su felicidad. Estos son algunos de sus gozosos momentos:


·       Una boda en Caná. Estando María en una boda en Caná notó que se les acababa el vino. “No tienen vino”, dijo a Jesús. Y Éste, para mayor alegría de los invitados y los novios convirtió el agua en vino y contribuyó al final feliz de la boda.

·       Vocación de Leví. Caminando Jesús por la orilla del mar de Tiberiades, vio a Leví cobrando impuestos. Se acercó y le dijo: “¡Sígueme!”. Leví, o Mateo, abandonó la recaudación y lo siguió. La actitud de Leví produjo una gran alegría a Jesús.

·       Curación de la hija de una sirofenicia. Una mujer que tenía una hija poseída supo que Jesús estaba en la región de Tiro. Era pagana pero tuvo fe. Se acercó a Él y le pidió que echase el demonio. Jesús las hizo felices haciendo salir al demonio.

·       Resurrección de Lázaro. Fue la gran satisfacción de Jesús darlo todo por un amigo. No esperaba la muerte de Lázaro y se sintió triste, pero invocó a Dios Padre e insufló vida a Lázaro que vio la gloria de Dios.

·       Jesús y los niños. Jesús sintió predilección por los niños; le complacía su inocencia y su sencillez. Vivió buenos ratos entre ellos; rezaban juntos y les enseñaba. Por eso decía “Dejadlos que se acerquen”.

·       El criado del centurión. En Cafarnaúm un centurión le rogó que curase a uno de sus criados. Jesús quiso ir con él, pero el centurión dijo: “No soy digno de que entres en mi casa, basta tu palabra”. Jesús quedó admirado y respondió “Ve y que se cumpla lo que has creído”.

·       La institución de la Eucaristía. Sin duda fue el momento más glorioso de sus tres años de vida pública. Pese a la traición de Judas, Jesús nos legó el pan eucarístico, su más preciado regalo. El gran misterio de la fe.

 

 

lunes, 17 de mayo de 2021

DIOS, CREADOR DEL UNIVERSO

El Dios del Génesis es el Dios creador. El único, sin antecedentes y sin límites, el indefinible y todopoderoso, creó el cielo y la tierra por este orden, y luego el resto del universo. Si por tierra se entiende el planeta que vivimos, con el día y la noche, los seres vivientes, el hombre y la mujer, en su creación se centró Dios en primer lugar, y el cuarto día creó las lumbreras en el cielo para iluminar toda la tierra.

Después de seis días de creación “quedaron concluidos el cielo, la tierra y todo el universo” (Gn.2,1). Universo que podía definirse como el conjunto de materia, espacio, tiempo y energía que existe, es decir, la totalidad de lo existente, que comprende el conjunto de las galaxias, los sistemas solares con sus millones de estrellas, los planetas y sus satélites. El Universo es de tal magnitud que el planeta Tierra, situado en la Vía Láctea, nuestra galaxia, es una insignificancia dentro de lo que se conoce como cosmos; es como una minúscula partícula de arena en la inmensidad de un desierto inconmensurable.  

Desde esta perspectiva, un terrícola puede hacerse esta pregunta: ¿Para qué creó Dios algo tan vasto y tan inmenso, si solo hay vida en este diminuto planeta? El Dios infinito y todopoderoso ¿se conformó con que lo adoraran solo los humanos a quienes sopló la vida? Mermada Gloria tendría entonces el Dios creador. ¿No crearía más seres, hasta ahora desconocidos, en otros mundos para que le idolatraran?

En los planetas de nuestra galaxia, Mercurio, Venus, Marte, Júpiter... etc. no parece que haya vida – o por lo menos no hay una evidencia clara- pero Dios pudo  crearlos para su propia gloria sin necesidad de seres vivientes que lo adoraran, como se lee en el salmo 19:1: "El cielo proclama la gloria de Dios, el firmamento pregona la obra de sus manos”. Es todo un elogio de la creación, la obra maestra del Creador.

Se especula que no podemos estar solos en el Universo. Es un recurso propio de películas de ciencia ficción. Algunos indicios apuntan que en Marte pudo haber vida, pero ¿qué tipo de vida? ¿Cómo la del ser humano o de otra forma? Si como dice Qohélet, "Todo tiene su momento, y cada cosa su tiempo bajo el cielo”(Ecl.3,1), da que pensar que, según los tiempos de Dios, en Marte pudo haber vida y ya no la hay, o que la haya en el futuro, porque si bien el Creador descansó el séptimo día de toda la obra que había hecho, ¿no pudo continuar esa ingente tarea los días siguientes?. Los tiempos de Dios no son nuestros tiempos. Él gobierna el tiempo, los días y sus horas; el tiempo de Dios es un instante indeterminado en el que algo sucede, es un momento adecuado y oportuno. ¿Es que el plan creativo de Dios está acabado? ¿Es finita su creación? ¿Alguien ha sondeado los designios de Dios? 

El hombre es la obra cumbre de la creación. En el salmo 8 David canta la grandeza del Dios creador y la dignidad del hombre: “¡Señor, Dios nuestro, que admirable es tu nombre en toda la tierra!” y continúa: “Cuando contemplo el cielo, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que has creado, ¿qué es el hombre para que te acuerdes de él, el ser humano para mirar por él?”. Está claro que el hombre destaca sobre todo lo creado; desde la inmensidad de los cielos el Dios omnipotente se fija en él porque lo ha hecho a su imagen y semejanza para dominar toda la obra de sus dedos con justicia y dignidad. Dios le hizo señor de sus obras y las puso bajo sus pies para que actúe según un plan Soberano en un mundo ordenado. Es el único dotado de inteligencia. “Antes que todo fue creada la sabiduría y la inteligencia prudente desde la eternidad”.(Eclo. 1,4)

Resumen. En el inmenso y profundo espacio que es el Universo, Dios domina el infinito número de partículas brillantes que se mueven por múltiples órbitas celestes: “Mi mano cimentó el mundo, mi diestra desplegó el cielo, cuando yo los llamo se presentan juntos”. (Isaías,48,13). Todo el Universo, las miríadas de estrellas, los planetas y el ser humano, son la expresión de la fuerza y el poder de Dios; los ha creado para su gloria.

José Giménez Soria

 

miércoles, 14 de abril de 2021

FRATERNIDAD

Como es habitual la homilía de la Pasión del Señor de la tarde del Viernes Santo de 2021 estuvo a cargo del cardenal Cantalamessa, predicador de la Casa Pontificia. Presidió el Culto litúrgico el papa Francisco.

“PRIMER NACIDO ENTRE MUCHOS HERMANOS” (Rom 8, 29)

Ante la tumba de san Francisco en Asís el Santo Padre Francisco firmó su encíclica sobre la fraternidad, un valor universal que ha puesto de relieve las heridas que hay en el mundo para llegar a una fraternidad humana verdadera y justa. La encíclica va dirigida a toda la humanidad; a lo privado, a lo público, a lo religioso y a lo social, aunque el fundamento de la fraternidad sea el Evangelio.

Para nosotros, ese manantial de dignidad humana y de fraternidad está en el Evangelio de Jesucristo. De él surge “para el pensamiento cristiano y para la acción de la Iglesia el primado que se da a la relación, al encuentro con el misterio sagrado del otro, a la comunión universal con la humanidad entera como vocación de todos” (FO 277).

El misterio de la cruz que estamos celebrando nos obliga a centrarnos precisamente en este fundamento cristológico de la fraternidad.

“Hermano” es la persona nacida del mismo padre y de la madre. También se denomina “hermanos” a los del mismo pueblo y nación. En este horizonte se llama hermano a toda persona humana, la que la Biblia llama el “prójimo”. Cuando Jesús dice, “Todo lo que habéis hecho a uno de estos hermanos menores míos, me lo habéis hecho a mí” (Mt 25,40), significa toda persona humana necesitada de ayuda. 

En el Nuevo Testamento la palabra “hermano” indica una categoría particular de personas, son los discípulos de Jesús, los que acogen sus enseñanzas. “¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos? Quien hace la voluntad de mi Padre, es para mí hermano, hermana y madre” (Mt 12,48-50). 

 En la Pascua, Cristo se convierte en “el primogénito entre muchos hermanos” (Rom 8,29). Los discípulos son hermanos porque comparten, no sólo la enseñanza de Jesús, también su Espíritu. Jesús los llama “hermanos”: “Ve a mis hermanos -dice a María Magdalena— y diles: ‘Subo a mi Padre y a tu Padre, a mi Dios y a vuestro Dios’” (Jn 20,17). El uso común del término hermano después de la Pascua, indica al hermano de la fe. Esto hace que la fraternidad de Cristo sea algo trascendente en comparación con otro tipo de fraternidad, y se debe a que Cristo también es Dios.

Esta nueva fraternidad no reemplaza a otras basadas en la familia, la nación o la raza, sino que los corona porque los seres humanos son hermanos por ser criaturas del mismo Dios y Padre. La fe añade que somos hermanos no sólo a título de creación, sino también de redención; no porque tenemos el mismo Padre, sino porque tenemos al mismo hermano, Cristo, “primogénito entre muchos hermanos”.

 A la luz de todo esto hacemos algunas reflexiones actuales. La fraternidad se construye como se construye la paz, empezando por nosotros, no con grandes esquemas ni metas ambiciosas. Esto significa que la fraternidad universal comienza para nosotros con la fraternidad en la Iglesia católica.

¡La fraternidad católica está herida! La túnica de Cristo ha sido desgarrada por las divisiones entre las Iglesias; y lo que es peor, cada trozo de la túnica está dividido en otros trozos. Hablo del elemento humano de la misma, porque la verdadera túnica de Cristo, su cuerpo místico animado por el Espíritu Santo, nadie la podrá herir. A los ojos de Dios, la Iglesia es “una, santa, católica y apostólica”, y así será hasta el fin del mundo. Esto no excusa nuestras divisiones, sino que las hace más culpables y debe impulsarnos con más fuerza para que las sanemos.

¿Cuál es la causa más común de las divisiones entre los católicos? No es el dogma, ni los sacramentos ni los ministerios. Es la opción política cuando toma ventaja sobre la religiosa y eclesial y defiende una ideología. En muchas partes del mundo es el factor de división, incluso si es silenciosamente negada. Esto es un pecado, y significa que “el reino de este mundo” se ha vuelto más importante, en el propio corazón, que el Reino de Dios. Sobre este asunto todos estamos llamados a hacer un examen serio de nuestras conciencias y a convertirnos. Esta es la obra de aquel cuyo nombre es “diábolos”, es decir, el divisor, el enemigo que siembra cizaña, como Jesús dice en su parábola (Mt 13,25).

Debemos aprender del ejemplo de Jesús. En su tiempo había cuatro partidos: fariseos, saduceos, herodianos y zelotas. Jesús no se alineó con ninguno y se resistió a ser arrastrado a un lado o al otro. La comunidad cristiana lo siguió fielmente en esta elección. Esto es un ejemplo para los pastores: deben ser pastores de todo el rebaño, no de una parte de él. Han de ser los primeros en hacer un examen serio de conciencia y preguntarse a dónde están llevando a su rebaño: si a su lado, o al lado de Jesús. 

El Concilio Vaticano II confía en particular a los laicos la tarea de poner en práctica, en las diversas situaciones históricas, las enseñanzas sociales, económicas y políticas del Evangelio. Estas pueden traducirse en opciones diferentes, cuando sean respetuosas con los demás y pacíficas. 

Si hay un carisma especial o un don que la Iglesia católica está llamada a cultivar para todas las Iglesias cristianas, es la unidad. El reciente viaje del Santo Padre a Irak nos ha hecho sentir lo que significa para quienes están oprimidos o han sobrevivido a guerras y persecuciones: sentirse parte de un cuerpo universal  que haga que el resto del mundo escuche su grito y reviva la esperanza. 

A Aquel que murió en la cruz “para reunir a los hijos de Dios dispersos” (Jn 11,52) elevamos, en este día, “con corazón contrito y espíritu humillado”, la oración que la Iglesia le dirige en cada misa antes de la Comunión:

Señor Jesucristo, que dijiste a tus apóstoles: “La paz os dejo, mi paz os doy”. No mires nuestros pecados, sino la fe de tu Iglesia, y conforme a tu palabra concédele la paz y la unidad, tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

jueves, 25 de marzo de 2021

EL BUEN LADRON

Hoy 25 de marzo de 2021 Solemnidad de la Anunciación, es el día de San Dimas, el Buen Ladrón

En los “pasos” de Semana Santa que representan la Pasión de Jesús Nazareno y su Muerte, se aprecia la presencia de soldados, sayones, los discípulos de Jesús, Caifás, Pilato, Herodes, Barrabás, el Cirineo, las mujeres, el Bueno y el Mal ladrón. Son personajes secundarios que estuvieron muy cerca del condenado: los que le enjuiciaron y condenaron; los que le ayudaron a llevar la Cruz; las mujeres que lo vieron pasar; o los dos malhechores que fueron crucificados a su lado.

Dice el evangelio: “Y cuando llegaron al lugar llamado Gólgota, lo crucificaron a él y a dos malhechores uno a la derecha y otro a la izquierda. Cuando los soldados se burlaban de Jesús, dijo: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen». Uno de los malhechores lo insultaba diciendo: «¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros». Pero el otro le respondía increpándole: «¿Ni siquiera temes tú a Dios estando en el mismo suplicio? Nosotros, la verdad lo estamos justamente, pues recibimos el justo pago de lo que hicimos; mas éste nada malo ha hecho». Y dijo a Jesús: «Acuérdate de mí cuando estés en tu reino». Jesús le respondió: «En verdad te digo, que hoy estarás conmigo en el paraíso» (Lucas  23,33-34,39-43). No se sabe ciertamente el nombre de este malhechor; la Iglesia autorizó el de Dimas, bajo el cual se le venera, por una tradición de la iglesia griega, en su fiesta del 25 de marzo.

¿A qué se debió la conversación de este malhechor de su derecha, que tal vez nunca habría visto a Jesús, aunque hubiera oído hablar de Él? ¿La rumió mientras oía a los acusadores lo que decían de Jesús? Las acusaciones a Jesús no encajaban con la acusación por la que él fue condenado. El era ladrón, ratero sin trabajo, sin familia y sin amigos. No había comparación. Observó que Jesús calló ante las burlas, los azotes, y camino del Calvario y durante la crucifixión. A poco de estar en la Cruz le oyó hablar de perdón. Es posible que una mirada fugaz de Jesús le llevara al creer que aquel hombre era realmente Hijo de Dios.

La conversación de Dimas con Jesús surgió espontanea. Dimas reaccionó al oír al otro ladrón increpar a Jesús. Temeroso de Dios reconoció sus culpas y pidió perdón: ¡Acuérdate de mí! La respuesta fue inmediata: Hoy mismo estarás en el paraíso. Dos frases, petición y perdón y un feliz resultado

         El sufrimiento del Señor en las últimas horas se vio paliado por un momento de alegría que le llegó de este malhechor, un pecador que se arrepintió de sus pecados al acercarse la hora de rendir cuentas a Dios Todopoderoso. Era la oveja descarriada que volvía al redil, el hijo prodigo que regresaba a casa de su padre. “Habrá mucha alegría en el cielo por un pecador arrepentido”, dijo Jesús en alguna ocasión.

Dimas era consciente de su condena porque se sabía bandido y ante la muerte se vio desamparado. El ejemplo de Jesús y su mirada de misericordia le dieron un hálito de esperanza. Confió en la justicia divina y obtuvo la recompensa.

Conocido como el Buen Ladrón, Dimas, fue el primer santo de la Iglesia. El mismo Jesús le prometió el Paraíso. Solo aparece en el Gólgota y en textos apócrifos. En el Evangelio de Nicodemo se llama Dimas al ‘buen ladrón’ y Gestas al ‘mal ladrón’, y en el Protoevangelio de Santiago, José de Arimatea explica que se llamaba Dimas, era galileo y atracaba a los ricos y favorecía a los pobres.

 

A pesar de no estar canonizado oficialmente por la Iglesia, San Dimas figura en el Martirologio Romano el mismo día de la Anunciación de la Virgen.

sábado, 6 de marzo de 2021

JOSÉ, ESPOSO DE MARÍA

De él se dice que era casto, justo y callado. No se le atribuye ninguna palabra o frase, solo escuchaba y callaba. José formó parte del linaje de Jesús en primera persona. Lo vio nacer, estuvo cerca de Él y fue su padre adoptivo al estar desposado con María. Además tuvo el privilegio de ser el custodio de la sagrada Familia.

El año 2021 está dedicado a san José. En su solemnidad el salmo anota: “Su linaje será perpetuo”. Constituido en eslabón de la descendencia de Dios Padre, en José concurren la obediencia y el cumplimiento del designio divino, y por ello su alianza con Dios será estable.

De este gran santo, Patrono de la Iglesia Universal, apenas hablan los evangelios. En Mateo aparece como hijo de Jacob, descendiente de la estirpe de David. Pudo nacer en Belén, fue carpintero y también albañil. Como los solteros trabajaban donde los llamaban, José se marcharía de Belén y se iría a trabajar a Nazaret.

José conoció a María por mediación de los sacerdotes del Templo que buscaban jóvenes de la estirpe de David para el matrimonio. Sus padres concertaron su unión con María. Celebraron sus esponsales y después María se marchó a Nazaret con Ana, su madre, y José se fue a Belén, y luego a Nazaret.

María rondaría los 15 años cuando el ángel Gabriel le anunció que concebiría un hijo. Ella se aturdió pues aún no había cohabitado con José, pero el ángel le aclaró su embarazo y asintió. Luego marchó a ayudar a Isabel y cuando ésta dio a luz, volvió a Nazaret con claras señales de maternidad. Al verla José se sobresaltó y pensó repudiarla en secreto para evitarle el castigo, pero un ángel de Dios le explicó que la concepción de María era obra del Espíritu Santo, que él actuaría como padre legal del niño y le impondría el nombre de  Emmanuel.

Desde entonces José asumió el papel de esposo y padre. Se dispuso a recibir a María en su casa siguiendo la costumbre judía. Ella esperó en su casa con vestido nupcial la llegada de José y entre cánticos y danzas recorrieron algunas calles hasta la casa de José. En ese momento empezaron su convivencia en su casa de Nazaret.

Ambos vivieron el tiempo de espera del nacimiento de su primogénito cada uno en su tarea. José siguió trabajando y María se afanaba en los preparativos del parto. Tuvieron que viajar a Belén de Judea para empadronarse a donde llegaron después de un viaje penoso y al no encontrar posada José habilitó un establo para cobijarse. En esa situación María salió de cuentas y dio a luz a su hijo que envolvió en pañales. A los ocho días de nacer el niño fue circuncidado y quedó inscrito en un pergamino.

Pasados cuarenta días, José y María fueron al Templo de Jerusalén a la presentación del niño a Dios y a la purificación de María. Habían previsto pasar unos días en Belén y regresar luego a Nazaret, pero enterados por un ángel de que Herodes el Grande mandó matar a niños inocentes y avisado José, se fueron a Egipto.

Atravesaron las montañas de Hebrón y Gaza, y continuaron por el desierto del Negueb donde sufrieron toda suerte de penalidades. Luego avanzaron por el valle del Nilo hasta Heliópolis y Matarieh, una pequeña aldea donde buscaron refugio.

José se ocupó de mantener a su familia durante los años que permanecieron allí, hasta que el ángel de Dios le advirtió que volviera a Israel porque había muerto Herodes. Pero José conoció la crueldad de Arquelao, hijo de Herodes, y temiendo ir a Belén marcharon a Nazaret, en Galilea, donde se establecieron.

José, María y Jesús en Nazaret harían una vida normal. José retomaría su oficio, María atendería las labores domésticas y Jesús aprendería la ley de Moisés. José  cumplía la obligación de ir Jerusalén en las fiestas de Pascua acompañado de María y Jesús. Una vez, al regresar, advirtieron que Jesús no iba en la caravana, se volvieron y lo encontraron en el Templo rodeado de escribas y ancianos.

José murió cuando Jesús rondaba los treinta años. Es un santo glorioso, modelo  esposo de María y cooperante generoso con Dios, tuvo la dicha de vivir ocupado en cuidar de Jesús en su infancia. Como dice el papa Francisco, «Con corazón de padre, José amó a Jesús».


miércoles, 3 de febrero de 2021

UNA CRUZ PARA LA PAZ

 SONETO:




Tras un enfrentamiento fratricida,

esta noble nación quedó doliente,

y una gran cruz se alzó sobre su vientre,

símbolo de un abrazo sin medida.

No importa quien la alzase, lo importante

es crecer a su sombra y avanzar

sin mirar atrás, sino adelante.

 

ÁNGEL HERNÁNDEZ EXPÓSITO

Maestro. Doctor en Ciencias de la Educación

 

viernes, 1 de enero de 2021

CORAZÓN DE PADRE

 Año dedicado a San José

El 8 de diciembre de 2020 en la Carta apostólica Patris corde (Con corazón de padre), el papa Francisco recuerda el 150 aniversario de la declaración de san José como Patrono de la Iglesia Universal. Con tan fausto motivo desde la fecha citada y hasta el 8 de diciembre de 2021 se celebra un año dedicado especialmente a él.

«Con corazón de padre: así José amó a Jesús, llamado en los cuatro Evangelios “el hijo de José”». Este el inicio de la Carta apostólica del papa Francisco.

José fue un humilde carpintero desposado con María; “hombre justo” lo llama el evangelista Mateo siempre dispuesto a hacer la voluntad de Dios. Viajó con María de Nazaret a Belén para ver nacer al Mesías en un pesebre; fue testigo de la adoración de los pastores y de los Reyes Magos, y tuvo la valentía de asumir la paternidad legal de Jesús, a quien dio el nombre que le reveló el ángel: “Le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados”.

 

Cuarenta días después del nacimiento, José, junto a María, presentó el Niño al Señor en el Templo y escuchó la profecía de Simeón. Para proteger a Jesús de Herodes, permaneció en Egipto como emigrante y de regreso a su tierra vivió en el pequeño pueblo de Nazaret, en Galilea.

 

Después de la Virgen María, ningún santo ocupa tanto espacio en el Magisterio pontificio como José, su esposo. El 8 de diciembre de 1870 el beato papa Pío IX lo declaró Patrono de la Iglesia Católica; más tarde el venerable Pío XII lo presentó como “Patrono de los trabajadores” y san Juan Pablo II como “Custodio del Redentor”.  Se le considera el “Patrono de la buena muerte”.

 

La Carta apostólica del papa Francisco lo presenta, entre otros, como Padre amado. La grandeza de san José consiste en el hecho de que fue el esposo de María y el padre de Jesús; Padre en la ternura. José vio a Jesús progresar día tras día “en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y los hombres”;  Padre trabajador. Era un carpintero que trabajaba honestamente para asegurar el sustento de su familia; Padre en la sombra. José, es la sombra del Padre celestial en la tierra: auxilia a Jesús, lo protege y no se aparta jamás de su lado para seguir sus pasos.

En la genealogía de Jesús que describe Mateo, José aparece como descendiente de la estirpe del rey David, y en el versículo 16 el evangelista afirma que “José era esposo de María, de la cual nació Jesús”. José era muy piadoso, y es probable que fuese el designio divino el que le llevó a convertirse en esposo terrenal de María. Según los apócrifos, María conocería a José por mediación de los sacerdotes del Templo que buscaban jóvenes para que contrajeran matrimonio. La unión de ambos tenía que ser concertada con los padres de José. María accedió a los esponsales por obediencia. La celebración del matrimonio constaba de dos actos: los esponsales que era un verdadero compromiso matrimonial y se celebraban en privado. Desde ese momento los esposos asumían sus derechos y obligaciones, aunque no vivían juntos hasta pasados varios meses. El segundo acto consistía en llevar a la esposa con música y fiesta a la casa del esposo. A partir de este momento empezaban a convivir bajo el mismo techo. José y María celebraron sus esponsales siguiendo la tradición judía, seguramente en Jerusalén.

Durante este año imploremos a san José la gracia de la conversión para todos con esta oración:

 

Salve, custodio del Redentor
y esposo de la Virgen María.
A ti Dios confió a su Hijo,
en ti María depositó su confianza,
contigo Cristo se forjó como hombre.

 

Oh, bienaventurado José,
muéstrate padre también a nosotros
y guíanos en el camino de la vida.
Concédenos gracia, misericordia y valentía,
y defiéndenos de todo mal. Amén.

Se puede leer la Carta apostólica Patris corde integra siguiendo este enlace: