lunes, 20 de julio de 2026

LA CIZAÑA

La cizaña es una planta de espigas que se cría en los sembrados de trigo y es venenosa. Meter cizaña es sinónimo de enemistad, odio y hostilidad.

En una de sus parábolas, Jesús relata que un hombre sembró buena semilla en su campo, pero un enemigo sembró cizaña entre el trigo y cuando creció y dio fruto, apareció la cizaña. El dueño del campo se negó a arrancarla para no dañar el trigo, porque prefirió que creciera junto al trigo hasta la siega. Así maduraría el trigo junto a la cizaña y ésta podía dar fruto. Dejó la cizaña confiando que su mal desaparecería.

Hoy día la cizaña es un vicio, una enemistad de los que ambicionan el poder. Meten cizaña, mienten y acusan al prójimo. No hay día sin discordia. El mensaje evangélico de Jesús enseña que toda persona tiene su oportunidad para dar cuenta de su vida, si es paciente y procura su conversión. Si no enmienda su actitud, si no se arrepiente y prescinde de dar buenos frutos, el día de la siega notará la ausencia de Dios.

La cizaña se extiende por todas partes. No es ajena y hace daño, pero si el trigo persevera hasta la siega, puede convertir la cizaña, y no dejarla atada en gavillas para quemarla.

Hay que atender las palabras de Jesús y vivir con una esperanza paciente

Tertulia Nazoreo

lunes, 6 de julio de 2026

BABEL

           Cuando el Papa León XIV defiende la dignidad humana, no rechaza la revolución digital, solo advierte que el ser humano es el lugar donde Dios desea habitar. Los creyentes debemos elegir un trabajo y un estilo que nos sirva para custodiar la humanidad que Dios nos ha dado, sin necesidad de tener miedo de asumir su responsabilidad en construir una sociedad más humana y fraterna.

El que la humanidad sea víctima del progreso técnico que descarte la creación y explote a las personas, si no va acompañado de un progreso social y moral, se vuelve contra el ser humano. Si este progreso técnico se concentra en pocas manos, se corre el riesgo de provocar dependencia, exclusión y desigualdad.

En nuestra sociedad ya está presente la Inteligencia Artificial (IA) en la comunicación, en la gestión y en el control. Su uso, cuando entra en la vida de las personas, en sus derechos o en su libertad, corre el riesgo de convertirlos en autómatas desconocedores de la misericordia, el perdón y la esperanza. Por tanto, si la IA rechaza a determinadas personas, contradice la dignidad humana. No vale resignarse ante un proceso tecnológico que limite la libertad y la responsabilidad.

Lo que propone el Papa León XIV es vivir donde Dios y la humanidad habiten juntos, dignificando a las personas y teniendo a Dios en el centro.

No se puede construir el mundo son contar con Dios. La IA es un invento extraordinario para el ser humano, pero insignificante a los ojos de Dios. Tras el Diluvio, las familias de Noe se establecieron en la llanura de Senaar, Mesopotamia, donde por su afán de grandeza, emprendieron la construcción de una torre para alcanzar el cielo. La ambición humana actuó como desafío a Dios, que castigó su soberbia; primero los confundió y luego los dispersó por toda la tierra. A la torre inacabada por ir contra la voluntad de Dios se la llamó Babel, o caos, confusión, lio, barullo, desorden, desbarajuste.

La revolución digital de la IA, puede ser una forma de participar en el acto de la Creación, pero con el riesgo de que parezca justa y normal que lo controla todo, sin capacidad para saber cuidarse unos y otros. Desarmarla no significa renunciar a la tecnología, sino impedirle el dominio de lo humano.

La IA puede ser muy poderosa si el ser humano comprueba que lo que dice tiene sentido, y no publique solo lo que se quiere oír. Almacena muchos datos que pueden ser interesantes, pero no quiere decir que sean verdad. Los organiza y planifica, sin meditar ni dejar que las cosas se muestren como son. 

                                                                                        José Giménez Soria