Cuando el Papa León XIV defiende la dignidad
humana, no rechaza la revolución digital, solo advierte que el ser humano es el
lugar donde Dios desea habitar. Los creyentes debemos elegir un trabajo y un
estilo que nos sirva para custodiar la humanidad que Dios nos ha dado, sin
necesidad de tener miedo de asumir su responsabilidad en construir una sociedad
más humana y fraterna.
El que la humanidad sea víctima del progreso técnico
que descarte la creación y explote a las personas, si no va acompañado de un
progreso social y moral, se vuelve contra el ser humano. Si este progreso
técnico se concentra en pocas manos, se corre el riesgo de provocar
dependencia, exclusión y desigualdad.
En nuestra sociedad ya está presente la
Inteligencia Artificial (IA) en la comunicación, en la gestión y en el control.
Su uso, cuando entra en la vida de las personas, en sus derechos o en su
libertad, corre el riesgo de convertirlos en autómatas desconocedores de la
misericordia, el perdón y la esperanza. Por tanto, si la IA rechaza a
determinadas personas, contradice la dignidad humana. No vale resignarse ante un
proceso tecnológico que limite la libertad y la responsabilidad.
Lo que propone el Papa León XIV es vivir donde
Dios y la humanidad habiten juntos, dignificando a las personas y teniendo a
Dios en el centro.
No se puede
construir el mundo son contar con Dios. La IA es un invento extraordinario para
el ser humano, pero insignificante a los ojos de Dios. Tras el Diluvio, las
familias de Noe se establecieron en la llanura de Senaar, Mesopotamia, donde
por su afán de grandeza, emprendieron la construcción de una torre para
alcanzar el cielo. La ambición humana actuó como desafío a Dios, que castigó su
soberbia; primero los confundió y luego los dispersó por toda la tierra. A la torre
inacabada por ir contra la voluntad de Dios se la llamó Babel, o caos,
confusión, lio, barullo, desorden, desbarajuste.
La revolución digital de la IA, puede ser una
forma de participar en el acto de la Creación, pero con el riesgo de que parezca
justa y normal que lo controla todo, sin capacidad para saber cuidarse unos y
otros. Desarmarla no significa renunciar a la tecnología, sino impedirle el
dominio de lo humano.
La IA puede ser muy poderosa si el ser humano
comprueba que lo que dice tiene sentido, y no publique solo lo que se quiere
oír. Almacena muchos datos que pueden ser interesantes, pero no quiere decir
que sean verdad. Los organiza y planifica, sin meditar ni dejar que las cosas se
muestren como son.
José Giménez Soria