sábado, 20 de octubre de 2012

APOSTILLA A LA APERTURA DE CURSO 2012-2013.

La breve ceremonia de Apertura del Curso Cofrade 2012-2013 tuvo lugar el tercer día del Solemne Triduo en honor a la Virgen MARÍA SANTÍSIMA DE LA REDENCIÓN, celebrado los días 11, 12 y 13 de octubre de 2012 como colofón del XXV Aniversario de su Bendición.

El Hermano Mayor, Pedro J. García Sánchez, dedicó su alocución para hacer balance del Año de la Virgen; lanzar un mensaje de acercamiento constante a Cristo y a la Virgen; y proclamar la verdad de que la Virgen cooperó en la obra de la Redención. Lo hizo con estas palabras:

“Queridos hermanos, queridos cofrades:
Recordaréis que el año pasado por estas fechas declaramos el curso cofrade que entonces comenzamos como AÑO DE LA VIRGEN en memoria del XXV aniversario de la  Bendición de María Santísima de la REDENCIÓN. Ha sido éste un año fructífero que nos ha servido para estar más cerca de la Virgen María y hacernos más devotos de Ella.
Pero este acercamiento no debe ser solo de unos meses. Tenemos que ser constantes en la devoción a Jesucristo y a la Virgen María durante los 365 días de todos los años. Esa es nuestra primera obligación de cofrades. Como creyentes, el apego demostrado a la Virgen nos debe servir para valernos de su mediación ante el Señor y lograr que participen de esa fe otras personas que no la tengan.
En varias ocasiones la Virgen intervino ante su Hijo para conseguir atraer a gente indecisa. Un ejemplo conocido por el Evangelio sucedió en la boda de Caná. La Virgen usó su habilidad de madre para que su Hijo se revelase como el Mesías, transformando el agua en vino. Gracias a la intervención de Ella, Cristo se ganó sus primeros discípulos entre los invitados.
Más tarde, cuando Cristo resucitó, se cumplieron los designios de Dios: El hombre fue redimido para siempre y la Virgen María cooperó en esa magna obra. Esta gran verdad la proclamamos los cofrades moraos honrando a nuestra María Santísima de la REDENCIÓN.
Este Curso Cofrade lo vamos a empezar presumiendo con Ella. Durante estos días hemos celebrado un Triduo en su honor y hoy, el terminar la Eucaristía, la vamos a sacar en procesión por las calles de Albox. Será una buena ocasión para encomendarle nuestras alegrías y preocupaciones; para confiarle nuestros deseos e ilusiones, y sobre todo para tenerla presente en el discurrir diario de nuestra vida.
Así lo manifiesto y así lo deseo al declarar abierto el Curso Cofrade 2012-2013”.

San Lucas, en el evangelio de ese día –el sábado 13-, pone en boca de una mujer que oía a Jesús mientras hablaba a la gente, este grito: “¡Dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te criaron!”. (Lc 11, 27-28). Tanta era la dicha de aquella mujer, que alzó su voz para elogiar a la Madre de quien les hablaba.

También los cofrades moraos unimos la voz a la mujer del evangelio para proclamar nuestro entusiasmo por la Virgen María Santísima de la Redención como dijo el Hermano Mayor  “presumiendo con Ella” en la Iglesia o en la calle. Somos dichosos por su título que pregona el misterio más grande de la humanidad: la Redención; por su mediación ante el Señor que nos concede todos los bienes juntos, y porque su resplandor no tiene ocaso. ¡Bendita seas!.

 

jueves, 6 de septiembre de 2012

EUGENIO

En la orilla norte del altiplano granadino, la que linda con la Sierra de Cazorla, son casi las siete de la mañana de un día de primeros de agosto, cuando unos rayos del sol anuncian un nuevo día.  En un instante el campo se tiñe de un rojo mañanero que en pocos minutos se va tornando en amarillento caluroso y es cuando la atmósfera empieza a perder el frescor de la noche.

Para el caminante que echa a andar a esa hora, cada mañana es diferente aunque se repitan la paz de los campos, el saludo a otros caminantes y las avemarías del rosario. El amanecer regenera el espíritu del que madruga. 
 
Eugenio ve siempre la salida del sol, y sabe que a medida que pasan los días el sol sale cada vez más tarde siguiendo el curso natural que impuso el Creador. ¡Ah, Eugenio es un pastor!

En uno de los recorridos matutinos, el caminante lo encontró al borde del camino del Cementerio vigilando al rebaño que pastaba en el rastrojo, con su parsimonia habitual. Se apoyaba en su cayado a modo de asiento en posición estática, con una quietud paciente, contagiado tal vez por la pacienzuda compañía de las ovejas. Los perros guardianes mantenían la disciplina del rebaño que rebuscaba la hierba comestible del prado sin ninguna otra preocupación notable. Estaba abrigado pues la mañana amanecía fresquita.
 
¡Buenos días nos dé Dios!, saludó el caminante. ¡A la paz de Dios!, respondió Eugenio, el pastor. Tras un corto diálogo de tanteo el buen hombre se dejó preguntar, y contó que en el verano sale con el rebaño a las nueve de la noche y se recoge sobre las nueve de la mañana para evitar el sol y el calor. Pasa las noches al raso, como recuerda el pasaje evangélico de los pastores de Belén, y solo duerme un rato cuando las ovejas se echan para dormir a eso de las cuatro o cinco de la mañana sin que nadie les diga nada. Eso explica la prenda de abrigo que llevaba para pasar la fría noche. Como despertador se sirve de una cuerda que se ata a un pie que, a su vez, está atada a la oveja mansa, y cuando ésta se despierta tira de la cuerda y “avisa” a Eugenio. Así fue el primer encuentro.  
Otra mañana, de cielo azul claro y limpio, al oír el tintineo de las campanillas de las ovejas y cabras, el andariego orientó sus pasos en esa dirección y encontró a Eugenio y su manada en una ladera a la vera del Cortijo Blanco, hecho con paredes de mampostería en color ocre, en su postura habitual “sentado en el bastón”. Uno de los perrillos rondaba inquieto cerca de Eugenio como esperando sus órdenes. Esta vez el señuelo de la edad dio pié para iniciar la charla. El hombre tiene 75 años y toda su vida ha tenido ese oficio, y no piensa en la jubilación. Vive del fruto del rebaño, sobre todo de la venta de las crías; no así de la lana que no se cotiza; tiene algo más de 400 ovejas aunque deja en la majada las que están “criando”. Aunque el pasto no es gratis, pues tiene que pagar algo a los dueños del terreno, el negocio se defiende. 

El tercer encuentro, más tarde de lo usual, llegó cuando el rebaño se alejaba de los prados próximos al Cortijo del Rey siguiendo el Camino Real, -nombres que los lugareños ignoran de donde vienen-, atravesando la carretera por el paso obligatorio en dirección al Pozo Viejo para saciar la sed con el agua que mana abundante. Las ovejas avivaron el paso al notar el aire húmedo por la cercanía del chorro líquido y en tropel se lanzaron al abrevadero. Tras un buen rato de paciente espera, a una voz de Eugenio el perrillo puso en movimiento al rebaño ya camino del redil para pasar a la sombra el resto del día.  Mientras otra perrita, liberada temporalmente de su función de pastoreo, jugueteaba con otra, Eugenio contó que en invierno sale entre las diez de la mañana y se recoge a las cinco de la tarde.
 
Las ovejas son parte de su vida, las conoce una a una; se siente a gusto en la soledad de estos prados de Dios bajo el cielo estrellado de la noche. Miró las cuentas del rosario del caminante, dijo que se le había olvidado rezar lo que aprendió de su maestro de escuela y avivó el paso.   

sábado, 14 de julio de 2012

EL BOSÓN DE MODA

Tan pronto los científicos de la Organización Europea para la Investigación Nuclear (CERN) anunciaron que en el acelerador de partículas de Ginebra habían conseguido observar indirectamente una partícula compatible con el bosón de Higgs, los medios publicaban opiniones de lo más chocantes. Vamos por partes.

¿Qué es un bosón? La Física estudia que las partículas elementales de la materia se subdividen en bosones y fermiones. Son partículas subatómicas descubiertas en el acelerador de partículas, constitutivas de la materia. Una de ellas es el bosón de Higgs (por Peter Higgs, su descubridor), mal llamada partícula de Dios, cuya propiedad más importante es que la masa de las demás partículas elementales depende de él.
 
Entonces surgen las preguntas: ¿Es el bosón de Higgs la partícula de Dios? ¿Tiene algo que ver este descubrimiento con la religión?

El doctor en Astrofísica y sacerdote de la Archidiócesis de Madrid Don Javier Igea aclara que, aunque el CERN reconoce que el análisis de los datos es muy complejo, todo apunta a que se ha medido la masa del bosón de Higgs que explicaría como está construida la realidad física, pero siendo un paso importante, no lo es todo, y a medida que se vaya conociendo más sobre el bosón de Higgs, se podrá empezar a entender lo que es la materia, algo hipotético en el momento actual. 
Don Javier Igea dice que este descubrimiento se debe enmarcar en la voluntad del hombre en saber de qué está hecho el cosmos. “Nos va la vida en ello, y además tiene implicaciones para la vida moral de las personas y de la sociedad”. No entiende las reacciones de algunos periodistas como la de un tal Antonio Lucas que cree que este hallazgo ha sido un duro golpe para la religión: “Dos milenios de guerras religiosas para nada”.

En cuanto a esas implicaciones religiosas el sacerdote-científico escribe: «No hay implicaciones religiosas por este descubrimiento. Reina una cierta confusión porque el bosón de Higgs ha sido llamado la partícula de Dios. Ésta es una mala traducción del título inglés de la obra de divulgación sobre el bosón de Higgs The God Particle escrita por el premio Nobel Leon Lederman. Es imposible expresar en español el sentido que en inglés tiene el título del libro sin hacer una paráfrasis. Una traducción más exacta es: la partícula dios. Sin duda se trata de una metáfora. Éste nombre, dado a una partícula subatómica por el editor de un libro, no gusta a la comunidad científica y debe ser evitado, tanto por motivos científicos, como por motivos religiosos. La ciencia no trata directamente de Dios, pues éste no pertenece al mundo sensible, experimentable, aun cuando los creyentes pensamos que su acción en la historia puede ser detectada. Además, identificar a Dios con una partícula subatómica es una salvajada filosófica que nos llevaría al más radical panteísmo».

«Ahora bien, la trascendencia mediática y científica que ha tenido este descubrimiento sirve para plantear una vez más las preguntas fundamentales que el hombre se hace sobre sí mismo y sobre lo que le rodea. Detrás de cada científico hay un hombre que busca saber, y en las preguntas que hace a la naturaleza hay una pregunta implícita sobre sí mismo y sobre Dios. La negación de Dios a partir de la ciencia solo se podría dar en el caso imposible de que la ciencia estuviese acabada y diese una explicación última de todo. Pero, después de Gödel, hay una pregunta que la ciencia no puede responder: ¿quién ha creado las leyes de la naturaleza que la ciencia descubre? La ciencia no puede explicarse a sí misma».

Y concluye: «Sabemos mucho más que las generaciones anteriores, pero no sabemos cuán cerca estamos de los límites de la ciencia. La ciencia no es la explicación última de todo, y habrá un momento en que no podamos averiguar nada más científicamente».

viernes, 29 de junio de 2012

BAUTIZO

Hasta hoy, que sepamos, es el más novatillo de la Cofradía. Tiene apenas cinco meses y uno de estos domingos de junio lo han vestido de blanco para ser bautizado. Meses atrás, el pasado Viernes Santo, su madre le puso una túnica morada con capa blanca que lució con la inocencia de un bebé que aún no distingue los colores. Esa noche, su padre, actual Mayordomo del Santo Sepulcro, lo aupó en brazos para ofrecerlo al Señor Yacente. Este gesto paterno le abrió las puertas de la Cofradía del Nazareno, siguiendo una tradición familiar iniciada por el bisabuelo del neófito que se remonta a casi un centenar de años.

El día de San Juan fue bautizado bajo el manto protector de la Santísima Virgen del Saliente. Al terminar la ceremonia padres y padrinos subieron al camarín y presentaron al  pequeño Pedro Jesús a la Madre de Dios. En la Eucaristía previa Isaías había profetizado: “Estaba yo en el vientre, y el Señor me llamó”. Fue una premonición a la gracia del Señor que recibió en el bautismo.

El bautismo nos permite ser hijos de Dios. Al ser bautizados pasamos de ser criaturas de Dios a hijos suyos. Cruzamos el umbral de la Iglesia para formar parte de sus miembros y ser herederos de la Vida Eterna. El bautismo es la puerta para poder recibir los demás sacramentos.

Los signos del bautismo son la vestidura blanca, la señal de la cruz, el agua, el santo crisma y el cirio. El pequeño Pedro Jesús iba vestido de blanco en señal de su dignidad de cristiano. Después de que padres y padrinos solicitaran al Oficiante la fe de la Iglesia, éste hizo la señal de la cruz sobre la frente y el pecho del pequeño mientras rezaba las preces de rigor. Luego puso un poco de sal en la boca del niño, derramó el agua bendecida sobre su cabeza, lo ungió con crisma y entregó a los padres una vela encendida directamente del cirio pascual recordándoles la responsabilidad de que nunca se llegue a apagar esa luz.

El celebrante terminó tocando con el dedo pulgar los oídos y la boca del bebé, mientras decía “Effetá”, esto es ¡Ábrete! que es una invocación al Señor para que el neófito pueda escuchar la Palabra de Dios y proclamar su fe. Este imperativo lo pone San Marcos en boca de Jesús cuando yendo desde Tiro hacia el mar de Tiberiades, le presentaron un sordomudo y Él, apartándolo de le gente, le metió los dedos en los oídos y con la saliva le tocó la lengua y mirando al cielo dijo ¡Effetá! y el sordomudo empezó a oír y a hablar.

Al finalizar el bautismo invocando el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, el sacerdote invitó al nuevo cristiano a ir en paz.


lunes, 11 de junio de 2012

COCINA MODERNA

Sabido es que, desde tiempo ha, se han hecho un renombre ciertos llamados cocineros que “venden” platos con el señuelo de una cocina de diseño. No es que quiten el hambre pero dejan a dos velas el bolsillo de los comensales. Los más renombrados son Arguiñano, Arzak, Ferrán Adrià, Arola, Subijana y algún otro, que te sirven platos como el “Gallo asado con manitas de cordero, carabineros y aceite de albahaca y jabugo”; el “Timbal de alcachofas son flan de foie-gras al oporto”, o la “Ensalada de jeta de lechal y caracoles de mar” por poner tres ejemplos.
A estos sagaces empresarios les está superando desde hace años un afamado competidor. Se trata de un tal Javier Krahe, que en 2004 diseñó un plato llamado “Como cocinar un crucifijo”  cuya receta consiste en tomar un crucifijo, trocearlo, untarlo con mantequilla, meterlo en el horno y esperar tres días, al cabo de los cuales está en su punto y sale solo. A los católicos nos ofende que se use el símbolo que representa la Redención para tan chabacano invento.
Así lo entendió en su día el Centro Jurídico Tomás Moro que presentó una querella criminal por escarnio de las creencias religiosas contra el artista-cocinero. Ahora, al cabo de ocho años (la justicia va por la vía lenta) el Juez correspondiente ha absuelto al provocador cocinero, porque su señoría no ve delito en humillar los sentimientos religiosos de miles de españoles. Que el Señor le conserve su sapiencia.
Está más que probado que a los cristianos se nos ataca a través de los símbolos más queridos, y el crucifijo es el que se lleva la peor parte. O lo quitan o lo cocinan. ¿Y qué podemos hacer? Por lo pronto ser verdaderos apóstoles y no acomplejarnos. En la era de internet y de las redes sociales tenemos los instrumentos para contrarrestar ese acoso. Mostrar la cruz y el crucifijo ha de ser el objetivo preferente y de paso difundir por los cuatro puntos cardinales el rechazo a toda provocación. Si en Semana Santa sacamos a la calle nuestros crucificados, ¿por qué no enseñarlos todo el año para avivar la cristianización tan decaída?
Hace dos mil años San Pablo dijo a Timoteo en su segunda carta que vendrían “tiempos difíciles”, pues los hombres son “egoístas, avariciosos, irreligiosos, calumniadores, amigos más del placer que de Dios”. Es lo que ocurre hoy. Pero al cristiano “Dios no ha dado un espíritu de cobardía, sino de fortaleza y templanza”. “No te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor”, le decía. Apliquemos pues la enseñanza de San Pablo contra la marea anticristiana con más fortaleza y menos vergüenza sin reír la gracia a los que cocinan platos de mal gusto porque nos insultan, diga lo que diga un juez.

sábado, 19 de mayo de 2012

PENTECOSTES Y EL ROCIO

Si en una encuesta se preguntase sobre que es Pentecostés o que es el Rocío, es probable que muchos supieran del Rocío y algo menos de Pentecostés, y eso que son fiestas que se celebran el mismo día.

Pentecostés es la fiesta religiosa que tiene lugar siete semanas después de la Pascua, es decir pasados cincuenta días; de ahí su nombre: Pentecostés (= cincuenta) que equivale en griego a "quincuagésimo". Es un domingo de los más importantes del año. Conmemora la venida o efusión del Espíritu Santo sobre los discípulos como dice el libro de los Hechos de los Apóstoles (2,1-11): “Estando todos reunidos se llenaron del Espíritu Santo y empezaron a hablar lenguas extranjeras contando maravillas de Dios”.

Cristo había dicho a sus discípulos que, para proclamar al mundo todo lo que les había predicado, enviaría el Espíritu Santo para recordárselo y hacérselo comprender mejor. Nueve días después de la Ascensión, el Espíritu Santo vino sobre ellos en la fiesta de Pentecostés y empezó a ejercer su magisterio. La inspiración del Espíritu Santo les ayudaría a divulgar mejor el mensaje de Cristo.

En el Levítico a esta fiesta se le llama “fiesta de las semanas” porque se celebraba siete semanas después de las primeras cosechas. Se hacía para dar gracias a Dios por los frutos recibidos. Se conocía también como fiesta de la siega y tenía lugar en el mes judío de Sivan que es una fecha entre nuestro mayo y junio. Más tarde se le añadió un sentido histórico: a los cincuenta días de salir de Egipto, los israelitas sellaron el pacto de la Alianza con Dios en el Sinaí. Con la venida del Espíritu Santo, Pentecostés se convirtió en fiesta cristiana de primera categoría. Fue el comienzo de la peregrinación de los apóstoles por el mundo enseñando el evangelio.

El Rocío tiene en común con Pentecostés que se celebra el mismo domingo en el pueblo onubense de Almonte. Este día culmina la romería a la Ermita de la Virgen del Rocío con miles de peregrinos con sus Hermandades en un ambiente de alegría y esperanza. Desde semanas antes los romeros preparan carretas, Simpecados, Estandartes que llevan por caminos polvorientos, bajo la sombra de los pinos. Un sinnúmero de hombres y mujeres vadean el rio Quema y acuden a la Ermita para cumplir promesas de todo el año que ofrecen a la Virgen del Rocío.

Se tienen noticias de que a principios del siglo XVI se funda la primera Hermandad con el nombre de Cofradía de Nuestra Señora de las Rocinas. A mediados del siglo XVII el pueblo de Almonte aclama a la Virgen como su patrona. En 1758 se conocen las primeras reglas de la Hermandad donde ya figura como Nuestra Señora del Rocío, nombre que se inspira en la liturgia de Pentecostés que compara la acción del Espíritu Santo con la fecundidad del Rocío: Ven, Espíritu divino/manda tu luz desde el cielo/.Riega la tierra en sequía/sana el corazón enfermo/doma el espíritu indómito/guía al que tuerce el sendero/. Los almonteños quisieron significar que la Virgen del Rocío es la Virgen del Espíritu Santo y por eso la llaman Blanca Paloma. Poco a poco se han ido creando nuevas Hermandades Filiales que ya superan el centenar.

La peregrinación al Rocío es una manifestación de religiosidad popular. Si en Pentecostés los discípulos se llenaron del Espíritu Santo para “ir a predicar el evangelio de Cristo”, en el Rocío es la Santísima Virgen la que invade el espíritu de los romeros que, entre cantos, bailes y plegarias, transforma el camino rociero de la marisma en amor a la Madre de Dios.

jueves, 12 de abril de 2012

SE SUSPENDE LA SEMANA SANTA

Cuando ya solo quedan los ecos de los tambores de los días de Semana Santa pasada, cuando la cera de los cirios solo es un reguero de una luz que pasó, es hora de reseñar algo de la noticia aparecida en la prensa anterior a estos días santos, que decía “El conflicto laboral con la Policía Local deja a La Línea sin Semana Santa”.

La noticia estaba en que los miembros de la Policía Local de La Línea (Cádiz) llevaban ocho meses sin cobrar sus nóminas y ante su falta de colaboración para montar el dispositivo de seguridad necesario, se optaba por “suspender la Semana Santa”.

El titular califica por sí solo la ignorancia del quien lo redactó, y no pudo ser más nefasto. ¿Por un conflicto laboral se va a suspender la Semana que los cristianos dedicamos durante siglos a la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo, o simplemente es que no habrá procesiones?

Cada vez más los días de Semana Santa parecen, como quieren algunos, fiestas del equinoccio de primavera desligados de toda creencia. Y así han convertido los desfiles procesionales (frase horrorosa) en un espectáculo entendido como de “manifestaciones culturales y artísticas” apto para turistas y foráneos. El hecho de que el protagonista central de las procesiones sea un hombre que se dice Hijo de Dios, no cuenta.

No es extraño pues, que el Papa Benedicto XVI exhorte a los sacerdotes a la enseñanza cristiana, para paliar “un analfabetismo religioso que se difunde en medio de nuestra sociedad”. "Los elementos fundamentales de la fe, que antes sabía cualquier niño, son cada vez menos conocidos", denuncia el Papa, que anima a leer la Sagrada Escritura, "que nunca leeremos y meditaremos suficientemente".

La Semana Santa, como tantas celebraciones de los misterios de nuestra fe, hace tiempo se ha desacralizado por parte del ambiente de la calle. La sociedad va secularizando las manifestaciones más sagradas de nuestra Religión. La Semana Santa para muchos es tiempo de vacación, de turismo, de diversión, de folklore. Los pasos de la Pasión cada vez están más reducidos a puro tipismo y a puro comercio. El espíritu de estos días pasa inadvertido para una parte considerable del pueblo de Dios. No se busca el perdón y la penitencia, sino el exhibicionismo callejero de unas procesiones desvirtuadas que, en más de un caso, la algarabía que las rodea rompe la seriedad de lo que representan.

No es extraño que se den titulares como los de La Línea. Si no puede haber procesiones por un problema laboral, no hay espectáculo, ergo no hay Semana Santa. Ahora que ha pasado, los que creemos algo en estos misterios hagamos nuestro balance espiritual de lo que hemos vivido en estos días Santos.

domingo, 18 de marzo de 2012

¿PERDONAMOS A QUIENES NOS OFENDEN?

Deambulando por el universo de la Red se pueden encontrar enseñanzas para ir por los caminos rectos de la conducta humana. Sirva de ejemplo el blog Sol y escudo que en los últimos días trata el tema que titula este comentario. El bloguero empieza: «Hay una petición en el Padrenuestro que siempre me ha parecido inquietante y no terminaba de entender, es la de: "perdona nuestras ofensas así como nosotros perdonamos a los que nos ofenden"».

En este tiempo de limosna, oración y perdón que es la Cuaresma, sería un cargo de conciencia dejar pasar la ocasión de no contestar a esta pregunta ¿perdonamos a quienes nos ofenden?

Después de que Jesucristo enseñase la oración del Padrenuestro a los suyos, Pedro le preguntó: “Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces lo tengo que perdonar? ¿Hasta siete veces? Jesús le contesta: No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete”. Y en otra ocasión dijo Jesucristo “Así pues, si en el momento de llevar tu ofrenda al altar recuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, deja tu ofrenda delante del altar y vete antes a reconciliarte con tu hermano”.

¿Tan importante es el perdón a los que nos han ofendido? En Sol y escudo se califica la frase del Padrenuestro de conclusión matemática: “Todos los pecados pueden ser perdonados menos uno, nuestra negativa a perdonar”, y lo ilustra con esta parábola: “Diez mil talentos le perdonó su señor al deudor moroso. Diez mil talentos en términos de moral, equivaldrían a la suma de todos los pecados habidos y por haber. De todos menos uno, por lo visto, ya que luego se negó a perdonar lo que según una estimación humana tal vez sólo supondría algunos decimales: no le perdonó el que a su vez él no perdonase a un compañero suyo la pequeña cantidad de cien denarios”. Mateo pone esto en boca de Jesús: "Si perdonáis, se os perdonará; si no perdonáis, no se os perdonará".

El bloguero termina con un cuento de Lichtwer: «Un rey tenía tres hijos y muchas posesiones. Pero entre todas sus riquezas sobresalía un brillante de valor inmenso. A la hora de repartir su hacienda, ¿a cuál de los tres hermanos reservaría el brillante? Decidió someterlos a una prueba; el brillante iría a parar a manos del que realizase, un día determinado, la acción más heroica. Al llegar la noche de aquel día, se presentaron los tres hermanos y cada uno relató su hazaña. El mayor había logrado dar muerte a un dragón que desde hacía mucho tiempo asolaba los campos y sembraba el pánico entre las gentes del reino. El segundo contó cómo había reducido, él solo, valiéndose de una pequeña daga, a diez hombres magníficamente armados. El pequeño habló en tercer lugar y dijo: "Salí esta mañana y encontré a mi mayor enemigo durmiendo al borde de un acantilado; lo dejé seguir durmiendo". El rey se levantó del trono, abrazó a su hijo menor y le entregó el brillante».

Con este hermoso relato Lichtwer quiso explicar qué heroico, qué costoso, qué difícil es el perdón entre los humanos.

viernes, 27 de enero de 2012

PREGON EN VALLADOLID

En los últimos días han aparecido críticas contra el Arzobispo de Valladolid, Don Ricardo Blázquez por, dicen, haber objetado que Doña Soraya Sáenz de Santamaría pronuncie el pregón de la Semana Santa de esa Capital dada su situación matrimonial al estar casada por lo civil. En esta ciudad el pregonero es elegido por su Alcalde, dentro de una terna de nombres que la Junta de Cofradías de Semana Santa le presenta cada año.

El arzobispado ha desmentido que hubiese objeción hacia la pregonera. Monseñor Blázquez, a la cuestión de un periodista sobre el estado civil de Sáenz de Santamaría, dijo que desconocía ese dato pero añadió que le gustaría conocer antes la terna de posibles pregoneros propuesta por la Junta de Cofradías por ser un acto que se celebra en la Catedral.

La celebración de la Semana Santa gira en torno a la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo. Es una fiesta cristiana con el Triduo Pascual como núcleo principal. El pregón es la pieza literaria que anuncia la fiesta, y las procesiones trasladan a la calle la representación de ese Misterio. Todo va unido al culto con que la Iglesia, depositaria de la doctrina de Jesucristo, y las Cofradías, que son parte de esa Iglesia, evocan al Hijo de Dios hecho Hombre en las horas finales de su vida terrena.

La elección del pregonero de Semana Santa en la ciudad castellana por la autoridad civil no casa bien con una festividad religiosa, la principal del Cristianismo. La Junta de Cofradías se supedita al poder político, en contra de la tan cacareada separación Iglesia-Estado. Si, pongamos por caso, la Autoridad eligiese a un ateo o a un judío para pregonero, éste difícilmente orientará su pregón para anunciar una conmemoración en la que no cree, aunque hay que suponer que la Junta de Cofradías no propondrá a alguien ajeno a la religión cristiana.

En este caso, en la elección de la pregonera prima su relevancia política. Es Vicepresidente del Gobierno de España, y el Alcalde vallisoletano aprovecha la personalidad pública de la elegida para divulgar a todo trapo la Semana Santa de su ciudad, haciendo además una interpretación sui generis del pregón: “Pretendemos con el pregón de la Semana Santa, no hacer un acto de fe, no hacer una homilía, sino poner en valor el resto de los aspectos de la Semana Santa”. ¿Se referirá al ocio, a la gastronomía, a la visita turística, a la economía local? Bien está favorecer el interés turístico, pero sin relegar el interés cristiano de la fiesta, por desgracia cada vez más mercantilizada. Lo expresa claramente uno de los muchos comentarios leídos: “no es extraño que la gente vaya a las procesiones como si fuera a la feria o por hacer turismo”.

En el alud de dimes y diretes habidos los hay para todos los gustos. Uno aconseja al Obispo que “dé una catequesis a los de la Junta de Cofradías sobre los mandamientos y la importancia que tiene cumplirlos”. Otros apuntan que “por discreción y por prudencia Doña Soraya debería declinar amablemente el ofrecimiento. No se puede elogiar un hecho religioso y vivir de espaldas a la fe que lo informa sin demostrar una profunda falta de respeto”.

Pero la guinda la han puesto algunos políticos como Ramón Jáuregui (que se dice católico, del Psoe) que pide a la Iglesia que “nada tiene que decir” en un acto cultural que organiza el Ayuntamiento y no la Iglesia. ¿Acto cultural en la Catedral? Si solo es así no será un pregón de Semana Santa, que es más un acto religioso inmerso en la cultura de un pueblo. Joan Josep Nuet (de Izquierda Plural), insta a la Vicepresidenta del Gobierno a que "sea valiente" y ejerza sus funciones públicas "libre de las doctrinas totalitarias" de la Iglesia. Y el portavoz de CiU en el Congreso, Josep Antoni Duran Lleida, dice que éstos "no son ejemplos que ayuden en absoluto a la Iglesia católica. Soy católico practicante y no comparto esta decisión". El caso es cargar contra la Iglesia por un malentendido entre un periodista y un obispo.

No se puede creer una cosa y hacer la contraria. Hay que tener coherencia entre la fe que se dice profesar y la vida que se vive en privado o en público. Esto vale para cualquier persona de toda clase y condición, pero más para un dirigente, periodista, ingeniero, maestra, medico, cofrade, enfermera, abogada, jornalero, ministro de la Iglesia o simple ama de casa que crea sin dobleces en el mensaje evangélico.

viernes, 30 de diciembre de 2011

LA SAGRADA FAMILIA.

Hoy, 30 de diciembre, es la fiesta de la Sagrada Familia representada por José, María y el Niño Jesús que ha nacido en Belén hace unos pocos días. El nacimiento del nuevo Bebé ha estado lleno de sobresaltos, primero por la premura de un viaje inesperado para cumplir la obligación ordenada por el legado de Siria, Sulpicio Cirino, de actualizar el censo, según edicto del emperador Octavio Augusto, y después por la forzada marcha de la familia a Egipto para escapar de la amenaza del rey Herodes de acabar con el recién nacido.

De este segundo viaje solo Mateo relata que José “tomó al niño y a su madre por la noche y partió para Egipto”. Las hipótesis sobre este episodio apuntan a que, desde Belén, la Sagrada Familia Belén iniciaría una ruta del sur a través de las montañas de Hebrón para después caminar hacia Gaza a orillas del Mediterráneo donde descansarían. Es probable que en Gaza se unieran a una caravana camino de Bersabé donde empezaba el desierto del Negueb. Caminarían de día y descansarían de noche en algún oasis.

A las penalidades del camino, con grandes diferencias de temperatura entre el día y la noche, se unía el temor de José y María al percatarse de que su Hijo era ya objeto de persecución a muerte. Cuando pasaron la frontera, lejos del dominio de Herodes, avanzarían hacia Pelusio al este del actual canal de Suez y luego bordearían el valle del Nilo para marchar a Heliópolis y de allí seguirían hasta Matarieh, el sitio donde según una tradición del siglo XIII buscaron refugio. Habrían recorrido unos cuatrocientos kilómetros durante unos 20 días.

Matarieh era una aldea rodeada de sicómoros, y en ella buscarían acomodo. Por entonces en aquellas tierras había numerosas colonias de judíos exiliados que se ayudaban entre sí. José ejercería su oficio trabajando para mantener a su familia. Permanecerían entre cuatro y siete años, según algunas hipótesis, hasta que, otra vez al ángel del Señor, advirtió a José que “volviera a Israel porque habían muerto los que atentaban contra el Niño”.

En efecto entre el 4 a.C. y el 6 d.C. murió Herodes en Jericó, sucediéndole su hijo Arquelao en Judea y su otro hijo, Herodes Antipas, en Galilea. Es probable que la Sagrada Familia regresara por mar desembarcando en Yamnia. José conocería la crueldad de Arquelao que había hecho matar a tres mil judíos en Jerusalén, por lo que temió ir a Belén y se dirigió al norte a Galilea y se establecieron en Nazaret, una aldea desconocida donde Jesucristo pasó la mayor parte de su vida.

La infancia de Jesús transcurriría en un ambiente familiar como cualquier niño de su época. Crecería al amparo de su Madre y ayudaría a su padre en las tareas de carpintería. Aprendería la ley de Moisés, acudiría a la Sinagoga y celebraría la Pascua judía. A los doce años, en el conocido encuentro del Templo con los doctores, dio las primeras muestras de sabiduría.

miércoles, 14 de diciembre de 2011

LUCES

Cada año más pronto, incluso antes de que diciembre asome con sus fríos y heladas, los políticos municipales se adelantan a darle al interruptor de las luces multicolores que cuelgan de calles y plazas para ¿anunciar dicen? la Navidad. No queda ya pueblo o ciudad que no se precie de intentar crear un ambiente navideño con bambalinas encendidas que antes eran de luces de neón y ahora son de lámparas de bajo consumo para justificar el gasto. Lo de crear ambiente navideño es un decir, porque desde hace muchos años tiene más de ambiente comercial y de consumo que de otra cosa. Basta darse un paseo por el centro de cualquier población para ver que todo el mundo compra “algo” que, convenientemente envuelto en papel de regalo, se convierte en un obsequio efímero al que hay que corresponder con otro “algo” envuelto también en papel de regalo. Se ha creado una falsa obligación a la que hábilmente contribuyen los políticos municipales encendiendo luces multicolores.

Esas luces no pueden ocultar, sin embargo, otras colgadas más arriba que no necesitan de políticos para que iluminen el cielo nocturno. Su energía data de antes de los siglos, cuando la mano invisible de Dios las colgó el cuarto día de la Creación para separar la luz de las tinieblas. Son las estrellas que se dejan ver en las noches al raso de diciembre. Las mismas que iluminaron a unos pastores que velaban sus rebaños en una noche estrellada y celebraron la primera Navidad de la Historia en un pueblo de Judá de callejas sin luces que la misericordia de Dios eligió para que “nos visitara el sol que nace de lo alto”.

Siglos después de aquello, San Francisco dio vida a la misma escena ocurrida en aquel pueblo llamado Belén con unas figuritas de barro que recuerdan la cuna de la Navidad, una fiesta que dura, y durará muchos años, porque es una tradición enraizada en la noche del nacimiento del Hijo de Dios.

Las luces multicolores son un adorno superfluo prescindible. Vivir la auténtica Navidad requiere ponerse en camino como hicieron los Magos guiados por aquel astro misterioso, y al llegar a Belén abrir nuestros cofres llenos de generosidad y, postrados, adorar al Niño. Un Niño que llega cargado de regalos envueltos en humildad, sencillez y amor para repartirlos entre los hombres de buena voluntad.

domingo, 23 de octubre de 2011

PERDON

La casta política en pleno se ha puesto contenta con el reciente comunicado en que tres encapuchados, ETA dixit, anuncian “el cese definitivo de su actividad armada”. La prensa, la radio y la televisión lo han divulgarlo cada cual según su prisma, los comentaristas idem idem, y los políticos han soltado mucha palabrería, modulada según conveniencias de partido pues estamos en campaña electoral y no es cosa de molestar demasiado.

Pocos se han acordado de las víctimas, y casi nadie de la palabra perdón. Será que el perdón es lo que distingue al cristiano, y declararse cristiano o simplemente aparentarlo, ni es moderno ni oportuno.

Los encapuchados, -violentos se les llaman ahora con un eufemismo depravado-, se han olvidado de pedir perdón por los crímenes cometidos, lo que dice poco en favor de un arrepentimiento sincero. De la boca de los enmascarados y boina negra no saldrá nunca la palabra perdón porque tienen sucio el corazón y en su conciencia no cabe la dignidad de todo ser humano.

Muchos deudos de las víctimas perdonarán, porque Cristo dijo que había que perdonar “no siete, sino setenta veces siete”, y Él murió perdonando a sus enemigos.

domingo, 4 de septiembre de 2011

AL FINAL DE LOS TIEMPOS.

“Al final de los días estará firme el monte de la casa del Señor, en la cima de los montes encumbrado sobre las montañas”. Isaías (2, 2-5)

Con frecuencia el término apocalíptico es empleado como sinónimo de espantoso cuando suceden situaciones adversas o catastróficas, por asimilación a la gran tribulación que predice el Apocalipsis para antes de la Parusía o segunda venida de Cristo. Es cierto que ya Cristo, en su primera venida, anunció señales precursoras, «Se levantarán pueblos contra pueblos, habrá hambre, guerra, dolor y persecuciones, surgirán falsos profetas y falsos mesías que harán prodigios para engañar, el sol se oscurecerá, la luna no alumbrará y las estrellas caerán del cielo», pero el último libro de la Biblia no predice solo desgracias sin tregua, si se lee hasta el final resulta ser un libro de esperanza y consuelo para los que aman a Dios.

El Apocalipsis, que significa revelación, comienza así: «Revelación de Jesucristo, que Dios le ha dado para mostrar a sus siervos lo que va a suceder pronto. Dios la ha dado a conocer por medio de un ángel a su siervo Juan, el cual atestigua, como palabra de Dios y testimonio de Jesucristo, todo lo que ha visto». Aunque el nombre se le relaciona con algo secreto, oculto o misterioso, es todo lo contrario pues desvela lo que ocurrirá al final de los tiempos. Un final, la Parusía, no para dentro de millones de años, sino que va a suceder pronto.

¿Y qué escribe Juan de lo que ha visto u oído por revelación divina? Pues escribe todo lo que descubre en las Visiones que le muestra el ángel, como la Corte celestial, los Siete Sellos, la muchedumbre de los Elegidos, las Siete Trompetas, la Virgen y el Dragón, los Siete Ángeles con las Siete Plagas, la caída de Babilonia, el Juicio Final y la Jerusalén celeste. El Apocalipsis es una profecía que sirve para dar ánimo y, aunque describe cosas tremendas, evoca la gloriosa manifestación de Dios y de su Hijo Jesucristo al término de la historia humana.

A esa gloriosa manifestación final se refiere el apologeta Juan en sus últimas Visiones.

Así, en la Visión del Juicio Final, escribe: «Vi un gran Trono blanco y al que estaba sentado sobre él. A su vista el cielo y la tierra huyeron, sin que se les encontrase en ningún lugar. Vi los muertos grandes y pequeños de pie delante del Trono, y los libros se abrieron, y se abrió también otro libro, el libro de la Vida. Y los muertos fueron juzgados por lo que estaba en los libros, según sus obras… El que no fue encontrado en el libro de la Vida fue arrojado al estanque de fuego». Del testimonio de Juan se desprende que, después del Juicio Final, solo permanecerá Dios y los que le hayan seguido con sus obras.

Y cuando hayan pasado el Juicio Universal, las persecuciones, las luchas y las catástrofes descritas en anteriores Visiones, vendrá lo nuevo, la ciudad santa que describe el vidente. Esta es la Visión de la Jerusalén celeste:

«Vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el cielo y la tierra de antes pasarán, y el mar ya no está. Y vi la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que bajaba del cielo del lado de Dios preparada como una Novia. Y oí una voz desde el Trono que decía. “Esta es la morada de Dios con los hombres, y habitará con ellos, y ellos serán su pueblo y Él será su Dios. Enjugará las lágrimas de sus ojos y no habrá muerte, ni luto, ni llanto, ni pena, porque el primer mundo ha desaparecido”. Y el que estaba sentado en el Trono dijo: “Yo lo hago nuevo todo”. Y añadió: “Escribe, pues estas palabras son fieles y veraces”. Y me dijo: “Yo soy el alfa y el omega, el principio y el fin. Al sediento le daré gratis de la fuente del agua de la vida. El vencedor poseerá todo esto; yo seré su Dios y él será mi hijo. Pero los cobardes, los incrédulos, los homicidas, los lujuriosos, los idolatras y los mentirosos tendrán su herencia en el estanque ardiente de fuego y azufre, y es la muerte segunda”».

Sigue la Visión describiendo las dimensiones, los muros, las puertas y la plaza de la ciudad santa, con los nombres escritos de las doce tribus de Israel y de los doce apóstoles. Y añade. «No vi en ella templo alguno, pues su Templo es el Señor Dios Todopoderoso y el Cordero. La ciudad no necesita sol ni luna que la iluminen pues la gloria de Dios la ilumina, y la lámpara es el Cordero. A su luz caminarán las naciones y los reyes de la tierra llevando a ella su gloria. Sus puertas no se cerrarán nunca, pues noche no habrá. En ella no entrará nada impuro, ni quien comete abominación o mentira, sino únicamente los que están escritos en el libro de la Vida del Cordero».

El vidente continúa «Ya no habrá maldición alguna. El Trono de Dios y del Cordero estará en la Ciudad y sus siervos adorarán a Dios y verán su cara y llevarán su nombre en la frente. No habrá noche, ni luz del sol porque el Señor Dios los iluminará y reinarán por los siglos de los siglos».

La Jerusalén celeste es descrita como la Ciudad de la Luz y de la Vida, donde los elegidos verán el rostro de Dios: verán su cara.

¿Cuándo ocurrirá todo esto? «El que afirma estas cosas, dice “Sí, yo voy a llegar pronto”. Amén, ¡Ven Señor Jesús!». La Parusía será pronto, pero hay que tener en cuenta que el cómputo divino en relación con el tiempo, es muy distinto al humano como explica San Pedro en su Segunda Carta: «Hermanos, no debéis olvidar que un día es ante Dios como mil años, y mil años como un día». (2 Pe 3,8-10)

miércoles, 13 de julio de 2011

AL DIOS DESCONOCIDO

En su largo peregrinar, San Pablo, bordeando la costa noroeste del mar Egeo, llegó a Atenas, cuna de eminentes pensadores que durante siglos fueron exponentes de diversas escuelas del saber, de la moral y de la política, y muy hábiles en la dialéctica.

Al igual que en otras partes de la Grecia antigua, en Atenas eran frecuentes las discusiones sobre las creencias, las deidades y el origen del mundo, y las disputas culturales y religiosas. Al llegar San Pablo se encontró con un ambiente cultural inmenso que ejercía una atracción irresistible para cuantos aspiraban a adquirir ciencia y cultura, especialmente los jóvenes. Sin embargo le irritó ver una ciudad llena de ídolos. Los atenienses, gente muy religiosa, tenían multitud de divinidades a las que idolatraban, fruto de su idea de que tras cada circunstancia adversa había la acción de un dios. Y por si acaso uno de esos dioses no era el propicio para alguna incidencia imprevista, tenían un altar al “dios desconocido” y así cubrían sus espaldas.

Al principio San Pablo discutía con los judíos en la sinagoga, y en la plaza pública se encontraba con filósofos epicúreos, defensores de la buena vida, y estoicos, más dados a la virtud. Unos se burlaban llamándole charlatán, y otros criticaban que parecía un predicador que hablaba de dioses extranjeros. No por ello menguó su celo apostólico por predicar el Evangelio y por eso aceptó la invitación de ir al Areópago a predicar la nueva doctrina.

El Areópago era el tribunal superior donde se juzgaban cuestiones religiosas y morales, y también un lugar de reunión donde los atenienses y extranjeros acudían a oír o a decir la última novedad. San Pablo se encontró con un exigente auditorio ávido por conocer lo que diría aquel forastero. Por haber nacido y vivido en Tarso, centro de cultura y saber griegos, había estudiado disciplinas helénicas y eso le valió para hacer frente a aquella asamblea de elevada cultura adaptando su lenguaje al publico de tenía delante.

Hombre culto, sabedor de su capacidad de atracción para los demás, se plantó en medio del Areópago y con inspirada elocuencia empezó diciendo, “Atenienses, veo que sois muy religiosos. Paseando por vuestros monumentos sagrados he visto un altar dedicado al Dios desconocido. Pues eso que veneráis sin conocer, os vengo yo a anunciar”. Este arranque inesperado confundió a los oyentes y San Pablo aprovechó para arremeter contra la idolatría: “El Dios que ha hecho el mundo y todo lo que hay en él, no vive en templos construidos por el hombre, ni es servido por manos humanas, pues Él, de un solo hombre ha creado todo el linaje humano para que habitase en toda la tierra y buscase a Dios”. Para aumentar el efecto de sus palabras remachó con una cita de un poeta griego que dijo “nosotros somos estirpe suya”, y añadió “por tanto no debemos pensar que la divinidad se parezca a imágenes de oro o plata o piedra hechas por el arte del hombre”. Por si no les había quedado claro les invitó a arrepentirse de la idolatría, “Dios hace saber ahora a todos los hombres que se conviertan, porque tiene señalado un día en que juzgará al universo con justicia”.

Para rematar su discurso echó mano del núcleo principal de la fe cristiana: La Resurrección de Cristo y la esperanza de la resurrección de los muertos. Si él mismo había sido derribado del caballo por Cristo resucitado, ¿cómo no dar testimonio de tal acontecimiento? “Dios-dijo- impartirá la justicia por medio de un hombre a quien ha designado y acreditado ante todos resucitándolo de entre los muertos”. Pero los griegos que creían en la inmortalidad del alma no eran capaces de aceptar la resurrección de los muertos, y por eso muchos de los oyentes lo tomaron a broma y le decían, “De esto te oiremos hablar en otra ocasión”. Algunos como Dionisio el areopagita creyeron. Fue un pensador convertido que no necesitó renegar de su cultura y de su ciencia para ser cristiano.

La proclamación de la fe en la Resurrección de Cristo no fue en vano. Ha servido de estímulo para todos los llamados a anunciar el Evangelio en todos los tiempos y lugares. Hoy como entonces los propagadores de la Noticia de Dios también son objeto de burlas porque dan a conocer al Dios de San Pablo, y no al Dios sin nombre de los griegos. Para ello es preciso adaptarse al lenguaje y a las circunstancias de la época actual como se plantó San Pablo frente a aquel auditorio de hombres cultos y eruditos.

lunes, 13 de junio de 2011

LA COMUNIÓN

En 1969 la Santa Sede acordó que las Conferencias Episcopales que lo pidieran, podrían autorizar que los fieles recibieran la comunión en la mano, aunque manteniendo en vigor la forma tradicional de recibir la Sagrada Hostia en la boca. El modo a seguir era el extender ambas manos haciendo de la mano izquierda un trono para la mano derecha, puesto que ésta debe recibir la Hostia del ministro de la comunión. El comulgante dirá “Amen”, como respuesta a las palabras, “Cuerpo de Cristo”, que pronuncia el ministro, y consumirá la Hostia mirando siempre al altar antes de retirarse a su sitio.

Sobre esto hay quienes consideran que el Cuerpo y la Sangre de Cristo solo pueden ser dados por manos consagradas, mientras otros consideran que tocar la Hostia Consagrada no merma la sobreabundante gracia que nos confiere, que es lo principal.

El asunto se enreda un poco cuando en la Eucaristía el Sacerdote se ayuda de un seglar para dar la comunión, formándose dos filas de personas. Entonces se produce un hecho curioso: los que caen en la fila del seglar se van pasando con cierto disimulo a la fila del sacerdote, seguramente porque creen que el seglar no está preparado para coger el pan ya consagrado como Cuerpo de Cristo, aun cuando tenga la dispensa necesaria. Visto esto, no se entiende que en algunas parroquias con varios sacerdotes, estos no ayuden al oficiante y tenga que recurrir a los seglares.

Hay quien piensa que las manos del seglar que da la comunión, pueden ser vehículos de contagio o simplemente estar sucias, y cambian a la fila del sacerdote que acaba de lavárselas públicamente. Un breve ceremonial de ungir al seglar para dar la comunión y lavar sus manos a la vista de todos los fieles ayudaría a paliar estos prejuicios.

Lo importante, sin embargo, es entender que la Eucaristía es un don sobrenatural en la que Cristo nos reparte su gracia, que hay que recibir en actitud de respeto confortados, cuando sea menester, con el sacramento de la Penitencia.

sábado, 14 de mayo de 2011

OCTAVA DE PASCUA

“Todos los santos tienen su octava”, reza el dicho popular que a algunos les sirve para justificar su olvido a la hora de felicitar al amigo o al pariente cercano en el día de su onomástica, y lo hacen dentro de los ocho días siguientes.

Como la Pascua de Resurrección no iba a ser menos que el santo del día, ya se encarga la Iglesia de continuar esta fiesta en la semana siguiente al Domingo de Resurrección, y a ello le dedica el lunes de la Octava de Pascua, el martes de la Octava de Pascua etc. Y es así porque la Resurrección es la verdad culminante de nuestra fe, hecho estrechamente unido al misterio de la Encarnación y de la Redención que es su plenitud, según el designio eterno de Dios.

“Si Cristo no ha resucitado, vana es nuestra predicación y vana también nuestra fe” afirma tajante San Pablo en 1 Co 15,14 para resaltar la importancia que tiene la fe en la Resurrección del Señor por ser el fundamento del mensaje cristiano. La fe cristiana se mantiene con la verdad del testimonio de que Cristo ha resucitado; si se prescinde de esto la fe queda muerta.

Pues bien, en la Octava de Pascua las lecturas litúrgicas ofrecen pasajes del Señor Resucitado.

María Magdalena, que era muy atrevida, el domingo madrugó, se fue al sepulcro y al encontrarlo vacío, volvió asustada donde estaban Pedro y Juan, les contó que el Señor no estaba allí y los tres salieron corriendo, entraron en el sepulcro y vieron las vendas tendidas y el sudario enrollado en un lugar aparte. Por la forma ordenada en que estaban las vendas y el sudario descartaron el robo del cuerpo de forma interesada y precipitada. Recordaron la Escritura: “resucitará de entre los muertos” y creyeron.

Pedro y Juan se fueron y María Magdalena se quedó allí llorando. Alguien le preguntó porqué lloraba, se volvió, vio a un hombre que confundió con el hortelano, le contó sus penas y el hombre dijo “¡María!”. Al oír su nombre cayó en la cuenta de que era Jesús, y dijo “¡Maestro!”. Es un primer testimonio de la resurrección de Jesús.

También esa mañana dos discípulos caminaban hablando hacia la aldea de Emaús, a unos once kilómetros de Jerusalén, y se les acercó Jesús interesándose sobre el tema de la charla. Ellos, extrañados de que ignorara lo ocurrido aquellos días, lo tomaron por un forastero. Le refirieron lo sucedido, pero se mostraron un poco incrédulos por lo oído a las mujeres y por eso dudaban de la resurrección. Jesús aprovechó para explicarles todo lo que se refería a Él en las Escrituras, desde Moisés a los profetas y, algo más animados, lo invitaron a cenar en Emaús. En la mesa Jesús tomó el pan, lo bendijo, lo partió y se los dio. Entonces lo reconocieron, pero Él desapareció de su vista. Se volvieron a Jerusalén para contar a los once apóstoles y demás compañeros lo del camino.

Los discípulos estaban confundidos por la desaparición del cadáver y, con bastante miedo, se encerraron en un lugar. En esto apareció Jesús, se plantó en medio de ellos y les dijo, “Paz a vosotros” y les mostró las manos y la herida del costado para quitarles las dudas sobre su resurrección. Después de enviarlos a cumplir su misión evangelizadora, desapareció.

En otra ocasión Jesús se presentó en la orilla del lago y al ver que los discípulos no tenían que comer, les dijo que echaran la red y la sacaron llena. Entonces Juan se dio cuenta de que era Él y le dijo a Pedro “¡Es el Señor!”. Luego comió con ellos pan y pescado.

Ni María Magdalena, ni los caminantes de Emaús, ni los propios discípulos lo reconocieron en el primer momento, porque Cristo Resucitado era una realidad corpórea no sometida a las leyes del espacio y del tiempo. De ahí que la Magdalena viera a un hortelano, los que iban a Emaús a un forastero, los de la orilla del lago lo reconocieron porque vieron pan y un pescado en las brasas, y a los encerrados les tuvo que mostrar las heridas de manos y costado.

Así es como la Resurrección entró en el mundo: con apariciones misteriosas de un cuerpo glorioso a unos elegidos que nos legaron testimonio de ello.

miércoles, 13 de abril de 2011

PROCESIÓN

Una procesión es una sucesión de personas que andan unas tras otras. Son genuinas las de carácter religioso donde las personas llevan imágenes, velas etc. Lo del carácter religioso conviene subrayarlo, y sobre todo en este tiempo de la Semana Santa donde si no hay otras, al menos, la procesión del Vía Crucis se celebra en cualquier rincón de España.

Estos días un grupo de anticristianos anuncia para el Jueves Santo en Madrid una procesión atea, sin más finalidad que ridiculizar la imagen de un Nazareno y ofender la confesión católica. Además de falta de respeto, se nota el odio a las creencias de millones de personas que mantienen su fe en Jesucristo. Y eso justamente el día en que instituyó la Eucaristía. Nadie se extrañe: si hay bautizos y comuniones civiles oficiados por un concejal que hace de monaguillo, una procesión civil es lo que faltaba como síntoma de modernidad.

No es para tomarlo a broma. Lo de este grupo es un ejemplo de cómo los gobernantes toleran el laicismo militante que vuelve a tensar la cuerda con ofensas gratuitas, en un Estado aconfesional pero no laicista que debe ser neutral. Mas como se trata de privar a la Iglesia católica de su autoridad moral favoreciendo el relativismo progresista, todo se permite bajo la falacia de que es un acto festivo. La pregunta es ¿siquiera en algún momento estos sabrán quien fue Jesucristo, la historia de su vida o qué predicó? Lo paradójico es que no creen en su existencia, pero no pueden pasar sin Él. ¿A santo de qué tanta ofensa y tanto odio?

Estos y otros de igual ralea pensarán como Gregorio Peces-Barba, uno de los siete padres de la Constitución española, que ha descargado su mala bilis atacando a los católicos en un periódico con frases como estas, «el "espíritu laico" de Europa coexiste "con una Iglesia católica que vuelve por sus fueros y por su prepotencia desde Juan Pablo II hasta el Papa actual", y añade que "España ha sido una de las grandes perjudicadas del clericalismo" y considera que el Gobierno de Zapatero "consiente demasiado"».

«"Todavía hay tiempo y pido al PSOE y a su Gobierno que se decidan a tomar medidas que se sitúen claramente en la línea debida. Al menos dos medidas, derogación de los acuerdos con la Santa Sede y supresión de la enseñanza reglada de la religión deben ser tomadas».

«En su proclama anticlerical, el militante socialista dice que a los católicos "cuanto más se les consiente y se les soporta, peor responden. Sólo entienden del palo y de la separación de los campos”.» ¿El palo? Sí han leído bien. Este buen señor, que en tiempos de Franco defendía los derechos humanos, tiene las neuronas pasados de época, y por llamarse progresista retorna al año 1936. Acabáramos, buen hombre.

No es tiempo para los católicos de quedarse callados a ver qué pasa. Hemos de decir lo que somos un día sí y otro también. La Iglesia no son solo los curas, hay mucha gente sin sotana que forma parte de ella haciendo un trabajo impagable en Caritas, hospitales, centros de enseñanza, países de misión, sin más salario que la satisfacción de darse al prójimo, que es lo que enseñó Aquel de quien se mofan ahora. ¿Saben esto esos grupitos?

En estos días de Semana Santa es muy buena ocasión para dar testimonio firme de lo que somos, bien como nazarenos, cofrades, hermanos, penitentes, mayordomos, o devotos, y siendo creyentes de Cristo asistamos a los Oficios o a las Procesiones dando la cara y con los símbolos de su carácter religioso.

viernes, 1 de abril de 2011

CARNAVAL DE CADIZ

El carnaval de Cádiz es una de las fiestas más populares de España, además de ser conocida en buena parte del mundo. Es una fiesta donde la crítica chispeante, que abarca a todos los ámbitos de la sociedad, es su seña de identidad. Las comparsas, chirigotas, cuartetos y coros, de una riqueza colorista sin par, pugnan por sacar el máximo provecho a la sátira o a la burla que cantan con sus originales letrillas, jaleadas por sus muchos seguidores.

Parece mentira que en una ciudad no muy agraciada por la suerte del empleo, tiene la suerte de contar con unas gentes que se toman la vida a chirigota, -nunca mejor dicho-, y aprovechan su singular ingenio para cantarle las cuarenta al más pintado. El buen humor vive pared por medio con el amargor de los días, ¡pero no pasa ná quillo!

Este año una de las comparsas, la de Luis Rivero, llamada Los Defensores de Luis, se ha ido por la tangente. En vez de criticar a la Iglesia y a los curas se ha soltado el pelo y ha reivindicado la Fe con un pasodoble titulado “Cada vez que digo que soy creyente…” Porque Luis cree en un Dios que le hace más fuerte y mejor persona, y la mayoría de los 15 mosqueteros que forman la comparsa le siguen. Se puede ser creyente o no, pero tener que pedir perdón por creer en Dios…nada de nada, dice. Esta es la letra del pasodoble:

Cada vez que digo que yo soy creyente
aparece algún valiente que me juzga,
con la voz cobarde del intransigente
que surge siempre de la censura.

Esos que presumen ser inteligentes
y van buscando su razón en la incultura
porque no entienden que la Fe me haga más fuerte
que simplemente es un invento de los curas,
que surge nada más, que surge por el miedo hacia la muerte.

Y a quién se ofende si le doy gracias a Dios,
y a quién se ofende si le pido protección,
¿qué más me da quién me comprende
si el creer me hace más fuerte y me hace ser mejor persona?

Si a Dios lo encuentro solamente en el amor,
y no en las manos indecentes,
que se justifican si le adoran,
ni en las manos pederastas,
ni de aquellos que mataran
ni juraran en su nombre.

Dios está en las manos del que ayuda
del que no pregunta nunca
y que perdona los errores.

Ese es el Dios que me llena
ese es el Dios que ilumina.
y si en el mismo día en que me muera
compruebo de verdad que no existiera,
la misma Fe que muchos tirarían,
si me hizo ser feliz toda mi vida,
ya habrá valido la pena, ya habrá valido la pena.


La coplilla se puede ver y oír buscando en Youtube “Cada vez que digo que soy creyente”.

domingo, 20 de marzo de 2011

EL CRUCIFIJO NO OFENDE

Para los cristianos eso de los Derechos Humanos, siempre tan recurrente, se resume en una frase que nos dijo hace unos dos mil años Jesús de Nazaret antes de que lo colgaran de una cruz: “Amar a Dios, y al prójimo”. Los que seguimos su doctrina tenemos como símbolo a Él mismo crucificado, imagen que nos recuerda continuamente esas palabras, sencillas de entender para el hombre de fe, y complicadas para el que vive como si Dios no existiera. Si el mundo actuara siguiendo el significado de esa frase, no harían falta ni Declaraciones, ni Tribunales de Derechos Humanos, ni cosas por el estilo.

Jesús de Nazaret creó doctrina entre sus seguidores, -el cristianismo-, que la transmitieron hasta hoy, veinte siglos después, como garantía de los valores cívicos de la persona porque dispone amar al otro como a uno mismo, y la seguirán predicando mientras el mundo exista.

Todo lo dicho viene a cuento de la nueva sentencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos, que ha fallado a favor de mantener los crucifijos en las escuelas, en contra de lo que dictó en noviembre de 2009, porque, según dice ahora, la presencia de crucifijos en las escuelas públicas no viola el derecho a la educación ni la libertad de pensamiento y religión. ¡Para esta sesuda reflexión han tardado dieciséis meses como si el amor al prójimo, que es lo que representa el Crucifijo, necesitara mucha interpretación! De todos modos bienvenida sea la rectificación.

A la reciente sentencia han seguido declaraciones de diversos personajes: «Detrás del crucifijo se encuentra el reconocimiento de todos los derechos humanos», declaró el ministro de Justicia italiano, Algelino Alfano, quien añadió que «la cristiandad forma parte de la identidad de Europa». También el presidente del Pontificio Consejo para la Cultura del Vaticano, el cardenal Gianfranco Ravasi, ha declarado que «el crucifijo es uno de los grandes símbolos de Occidente» y ha recordado que «si Europa pierde la herencia cristiana pierde también ´su propio rostro´».

Mientras, aquí, en la España de Zapatero, alentados por la doctrina laicista al uso, hace días unos energúmenos profanaron una Capilla en la Universidad Complutense de Madrid, ante el silencio cómplice de las Autoridades Universitarias que lo consideraron una gamberrada. Y es que, por desgracia, la Universidad ha pasado de ser la docta institución donde aprendimos el conocimiento de las ciencias, las letras y las buenas maneras, a ser un nido infecto donde la vagancia y la chabacanería campan por doquier con la muy académica pasividad de sus rectores. Si éstos se ocuparan de enseñar a los alumnos las bases de nuestra civilización, plasmada en la Historia Sagrada, sin tener que asumir un compromiso de fe, otro gallo cantaría. Pero esto no es progresista.

Afortunadamente, en la misma España de Zapatero, el cristianismo, -que no es un hecho diferencial, ni una anécdota pasajera, ni un ideario político con fecha de caducidad-, aun mantiene bases sólidas de pervivencia entre los españoles, porque es una religión con una legitimidad propia que si desapareciera, desaparecería con él la civilización Occidental, y toda nuestra cultura.

Para frenar estos arrebatos laicistas, hay que empezar a poner remedio con urgencia a los males como la indiferencia religiosa y la devaluación de lo sagrado, debilidades extendidas también entre los creyentes, que son el caldo de cultivo que están propiciando una estrategia de ataque a los católicos hasta llegar a permutar el “Amor a Dios y al prójimo” por el “Aborrecer a Dios y a sus símbolos, y odiar al prójimo que los sigue”.

viernes, 25 de febrero de 2011

Luz en mi sendero

Lámpara es tu Palabra para mis pasos, luz en mi sendero: así reza el salmo. Se ha presentado recientemente la Versión oficial de la Conferencia Episcopal Española de la Santa Biblia. El libro no es para especialistas sino para todo el pueblo de Dios. Con este motivo los profesores de Sagrada Escritura don Ignacio Carbajosa y don Luis Sánchez Navarro, de la Facultad de Teología San Dámaso de Madrid, responden a las principales dudas que suelen surgir en un primer acercamiento a la Biblia.

¿Por qué el Dios del Antiguo Testamento es terrible, y el del Nuevo Testamento es más bueno?

Los libros de la Biblia se nos han entregado encuadernados en un solo volumen no por separado. Por eso, es fundamental leerlos de forma canónica: el Antiguo Testamento prepara, espera y desea su cumplimiento en el Nuevo, y éste último desvela lo que en el Antiguo esta como escondido. Así, la imagen de Dios, poco a poco, se va desvelando: la justicia, un atributo divino, se muestra definitivamente en Jesucristo como una justicia fuera de toda medida: misericordia. Pero, además, es que esa misericordia ¡ya estaba anticipada también en el AT! Con amor eterno te quiero, dice el Señor a Israel (Is 54, 8).

¿El Génesis es historia o es un mito? ¿Cómo se concilia con la teoría de la evolución?

Hay que distinguir claramente entre los primeros once capítulos del Génesis (la Creación, Adán y Eva, diluvio, Babel, etc.) y la Historia, que comienza con Abrahán, a partir del capítulo 12. En el primer caso, no se pretende narrar una historia enmarcada dentro de la historia del mundo. Es más, lo que se cuenta no se sitúa espacio-temporalmente. Se trata de relatos, compartidos a veces con otras culturas, que nos dan claves teológicas con las que el Israel salvado por Dios interpreta la creación, el misterio del mal, la relación hombre-mujer, la división entre las naciones, etc. Por eso, es absurda toda polémica con la teoría de la evolución. Con Abrahán, sin embargo, comienza la historia del pueblo elegido.

¿Cómo hizo Matusalén para durar 969 años? ¿Y Noé para meter a todos los animales en el arca?

El árbol genealógico que parte de Adán (Gn 5) está poblado de personajes que vivieron centenares de años. No debemos olvidar que el narrador pretende conectar el inicio de la historia de Israel (Abrahán) con el mismo origen de la Humanidad (Adán), y para ello debe recurrir a una larga lista de nombres que quieren describir sintéticamente las generaciones, repartidas en naciones (Gn 10), que llegan hasta el inicio del segundo milenio. Con esas cifras exageradas se pretende colmar una suma de años, que Israel entiende que debieron ser muchos (conocía bien el pasado milenario de Egipto). Por otro lado, Noé necesariamente tenía que meter en el arca todos los animales que conocemos en la actualidad... porque fueron los que se salvaron. La pregunta sobre el cómo sobra en este tipo de relatos.

Las plagas de Egipto, el paso por el mar Rojo, el maná..., ¿todo eso ocurrió de verdad?

Éstas son cosas que jamás podremos verificar históricamente. Con todo, es necesario entender previamente en qué registro literario se mueve el texto. No es lo mismo el testimonio apostólico de los hechos y dichos de Jesús, escrito por testigos oculares pocos años después, que la memoria épica de un acontecimiento que, sin duda alguna, marcó la historia de Israel: la prodigiosa salida de Egipto, puesta por escrito varios siglos después. Las plagas quieren mostrar la acción poderosa del Señor hacia su pueblo. Sobre el paso del mar Rojo podemos hacer muchas conjeturas..., pero sin un acontecimiento excepcional en la salida de Egipto no se entendería ni la originalidad de Israel ni la mitad de las páginas de la Biblia. Sucedió, y así se nos transmite, aunque el cómo no esté sujeto a nuestra imagen de testimonio histórico.

El que vemos en el Evangelio, ¿es el Jesús que existió de verdad?

Así es. Jesús apareció entre los hombres como uno más, probado en todo como nosotros, menos en el pecado (Hb. 4,15). Pero con sus palabras y acciones manifestó su verdadera identidad: era Hijo de Dios en un sentido superior a cualquier otro hombre. Los cuatro testimonios evangélicos, con sus diferencias –a veces notables– de detalle, conservan fielmente la memoria de quienes lo acompañaron por los caminos de Palestina y fueron testigos de esta revelación. El Jesús terreno, el que existió de verdad, era Mesías e Hijo de Dios: era el Salvador (Lc 2, 11).

¿Cómo leía la Palabra de Dios el mismo Jesucristo?

Como judío piadoso, Jesús había aprendido de sus padres a leer la Escritura con el amor y veneración que a todo israelita le merecía el Libro sagrado. Pero, a la vez, su lectura fue absolutamente única, porque Él sabía que en sí mismo llegaba a su cumplimiento el plan salvador de Dios, y por tanto la vocación de Israel. La historia del pueblo sagrado, las profecías, la sabiduría divina, alcanzan en Él su máxima realización; por eso declaró al comienzo de su ministerio: No creáis que he venido a abolir la Ley y los Profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud (Mt 5, 17).

Los milagros que hacía, ¿son un recurso literario para que podamos interpretar en ellos una enseñanza?

Los milagros de Jesús eran verdaderas enseñanzas: curaba a los enfermos para mostrar que Él era la vida; limpiaba a los leprosos para presentarse como aquel que puede limpiar nuestro pecado hasta el fondo; multiplicaba el pan para significar que su Palabra es el alimento capaz de saciar a las multitudes. Pero eso era posible porque sus milagros sucedieron, con esa asombrosa sencillez con que el Padre se hace cercano a los sufrimientos y necesidades de los hombres. Sin la realidad de sus milagros, sería incomprensible la impresión que Jesús causó entre sus contemporáneos.

Los que escribieron los evangelios, ¿conocieron en realidad a Jesús?

Hay que distinguir. Marcos fue colaborador cercano de Pedro y Pablo; y Lucas, compañero de Pablo en sus viajes, investigó además los testimonios orales y escritos a su alcance para componer su evangelio. No conocieron directamente a Jesús, pero bebieron de las mejores fuentes. Mientras, Mateo y Juan, a quienes se remontan los otros dos evangelios, siguieron a Jesús durante su vida terrena y fueron testigos de su resurrección. De modo que, por un cauce o por otro, los cuatro evangelios reflejan la imborrable y duradera impresión que Jesús, terrenal y después resucitado, dejó en sus discípulos.

¿Cómo puede ser que las genealogías de Jesús sean palabra de Dios? ¿Qué nos quieren decir?

Las genealogías de Mateo y Lucas parecen una monótona sucesión de nombres extraños, de los que apenas nos suenan unos pocos. Pero su importancia teológica es grande. Primero: funcionan como una síntesis de la historia de la salvación narrada en el AT, esa historia de la Humanidad y en concreto de Israel que ha culminado en Jesús. Cada nombre está lleno de un denso significado, porque en esa historia se ha manifestado Dios. Pero, además, las genealogías manifiestan el hecho central de nuestra fe: el Hijo de Dios ha tomado una carne como la nuestra, se ha hecho Hijo del hombre.

¿Qué es el Apocalipsis? ¿Qué significa tanto número y tanto símbolo?

El Apocalipsis es el libro de la esperanza cristiana: la historia está regida por Jesucristo, el Cordero que, pese a las pruebas y amenazas, conduce a su Iglesia a la Jerusalén celestial. Bajo un ropaje simbólico que, a veces, desconcierta, esconde una inmensa riqueza de significado. Así, en Ap 5, 6 se describe a Jesús como Cordero (destinado al sacrificio) de pie (lleno de vida), como degollado (que ha sufrido la Pasión), que tiene siete cuernos (plenitud de fuerza) y siete ojos (plenitud del Espíritu). Es Cristo resucitado, capaz de comunicar a sus hermanos el don del Espíritu.

¿Por qué estos libros, y no otros?

Ésta es una pregunta que se hicieron ya las primeras generaciones de cristianos, en lo que podemos llamar el proceso de fijación del canon. La Iglesia afirma que éste es un proceso guiado por el Espíritu, dado que por él se reconocen los libros inspirados. Por lo que respecta al Nuevo Testamento, en la determinación de los libros jugaron un papel fundamental algunos criterios, como la lectura pública en la liturgia de unos libros y no de otros, su relación con un Apóstol, su fecha de composición (dentro del período llamado apostólico) o la ortodoxia de su contenido.

¿Son todas las Biblias iguales? ¿Cuál es la mejor?

Las traducciones de la Biblia se hacen con un objetivo. La recién publicada Biblia de la Conferencia Episcopal Española contiene los textos que leeremos en la liturgia, y será utilizada de forma oficial en la catequesis y en los documentos de la Iglesia española. Otras Biblias, como la de Jerusalén, están más pensadas para el estudio, con una traducción más literal y un buen aparato de notas. En otros casos, prima la calidad literaria de la traducción, como es el caso de la Biblia del Peregrino de L. Alonso Schökel. Normalmente las páginas de presentación de una Biblia nos informan sobre el objetivo último de su traducción.