jueves, 11 de agosto de 2022

REFLEXIONES SOBRE LA LITURGIA I

En junio pasado el papa Francisco publicó la carta apostólica Desiderio Desideravi con ánimo de reflexionar sobre la belleza y la verdad de la celebración cristiana. Su título procede de estas palabras de Jesús en la última Cena: Ardientemente he deseado comer esta Pascua con vosotros, antes de padecer” (Lc.22,15),

Todos fueron invitados a la Cena del Señor atraídos por el deseo ardiente que tiene de comer esa Pascua donde Él es el Cordero. Esta novedad hace que esa Cena sea única, la que era y será siendo su proyecto original, y no se saciará hasta que todo hombre, de toda tribu, lengua, pueblo y nación haya comido su Cuerpo y bebido su Sangre. Ni siquiera cuando vamos a Misa somos conscientes que el motivo principal es porque nos atrae el deseo que Él tiene de nosotros. Dejémonos atraer por Él.

La Liturgia es el lugar de encuentro con Cristo. Participar en el sacrificio eucarístico no es una conquista para presumir ante Dios y ante nuestros hermanos. El inicio de la celebración me invita a confesar mi pecado rogando a la siempre Virgen María, a los ángeles, a los santos y a todos los hermanos, que intercedan ante el Señor porque necesitamos su palabra para salvarnos. La belleza de la Liturgia está en cuidar los tiempos, gestos, palabras, vestiduras, cantos, música, ... Pero esto no es suficiente para nuestra plena participación, lo es el hecho novedoso de que en la última Cena llega al extremo de querer ser comido por nosotros.

El propósito de la Liturgia es la alabanza, la acción de gracias por la Pascua del Hijo, cuya fuerza salvadora llega a nuestra vida. Se trata de llegar hasta Cristo, que es la finalidad para la cual se ha dado el Espíritu, cuya acción es siempre confeccionar el Cuerpo de Cristo. Es así con el pan eucarístico, es así para todo bautizado llamado a ser lo que recibió como don en el bautismo: ser miembro del Cuerpo de Cristo

La Liturgia da gloria a Dios porque nos permite, aquí en la tierra, ver a Dios en la celebración de los misterios y a revivir por su Pascua: los que estábamos muertos por los pecados, hemos revivido por la gracia con Cristo. La gloria de Dios es el hombre vivo y la vida del hombre consiste en la visión de Dios.

Una cuestión sobre cómo nos forma la Liturgia es la actitud para comprender los símbolos litúrgicos. Muchos aprendimos de nuestros padres o abuelos el poder de los gestos litúrgicos, como la señal de la cruz, el arrodillarse o las fórmulas de nuestra fe. Por ejemplo, el gesto de una mano que toma la mano de un niño mientras traza, por primera vez, la señal de nuestra salvación: «En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo... Amén». Al soltar la mano el niño repite ese gesto como si fuera un hábito que crecerá con él y que sólo el Espíritu conoce. No es necesario hablar mucho, ni haber entendido lo de ese gesto: es necesario ser pequeño. El resto es obra del Espíritu. Así nos iniciamos en el lenguaje simbólico; que no nos roben esta riqueza.

El arte de la celebración no se puede improvisar. Toda herramienta puede ser útil y estar sujeta a la naturaleza de la Liturgia y a la acción del Espíritu. Guardini escribe: «Hay que despertar el sentido de la grandeza de la oración y la voluntad de implicar también nuestra existencia en ella. El camino es la disciplina, un trabajo serio con obediencia a la Iglesia y nuestro comportamiento religioso» Esto no solo concierne al ministro que preside, también a los bautizados. Caminar en procesión, sentarse, estar de pie, arrodillarse, aclamar, escuchar, son las formas que la asamblea participa en la celebración. Realizar juntos el mismo gesto transmite la fuerza de toda la asamblea.

Ahora bien, entre los gestos rituales de la asamblea, el silencio ocupa un lugar importante. Toda la celebración eucarística está inmersa en el silencio de su inicio y marca cada momento de su desarrollo. Está presente en el acto penitencial; en la invitación a la oración; en la Liturgia de la Palabra; en la plegaria eucarística y después de la comunión. Este silencio es más que un aislamiento: es el símbolo de la presencia y la acción del Espíritu Santo que anima la acción y es la culminación de una secuencia ritual. Al ser símbolo del Espíritu el silencio mueve al arrepentimiento y al deseo de conversión; suscita la escucha de la Palabra y la oración; dispone a la adoración del Cuerpo y la Sangre de Cristo, y en la intimidad de la comunión, sugiere lo que el Espíritu quiere obrar en nuestra vida para conformarnos con el Pan partido.

Texto condensado de la carta apostólica

 Desiderio Desideravi del papa Francisco. Primera parte.

(Continuará) 

Enlace del texto íntegro:

https://www.vatican.va/content/francesco/es/apost_letters/documents/20220629-lettera-ap-desiderio-desideravi.html

 

jueves, 21 de julio de 2022

ORILLAR LA VIDA

La soledad, una enfermedad irremediable, un fracaso, un sinvivir, en suma, lleva a algunos -más de la cuenta- al suicidio. Se despachan para el otro mundo burlando toda esperanza de vida. Algo falla. El suicidio es la primera causa de muerte de la llamada generación Z, es decir la de los que tienen entre 15 y 30 años. La misericordia de Dios hará su trabajo y aquí nos quedará un clima de insatisfacción por no remediar una muerte absurda.

Por si no fuera suficiente con esto, se está creando el mito de la “buena muerte” para poner en valor la eutanasia como derecho del ser humano vejestorio, del sufriente, del hundido en la miseria o del que convenga por egoísmos mundanos, y que siente que le estorba la vida. La muerte digna (sic) predomina sobre la muerte en paz y en gracia de Dios.

El tercer punto que orilla la vida es el aborto. Aquí entra la romana por lo mayor, pues cada año se provocan casi 73 millones de abortos en todo el mundo; España roza unos 100.000 abortos anuales. ¡Echen cuentas!

El aborto se justifica como que el feto forma parte del cuerpo de la madre. Esto es más falso de una moneda de tres euros porque el feto es un sujeto alojado en la matriz materna que durante nueve meses es la “morada” que le sirve de cobijo y para su manutención. Ni es un grano ni una verruga, es un ser humano fruto de la unión de un hombre y una mujer, que se va desarrollando a expensa de su madre, como cualquier recién nacido.

Ese ser tiene los mismos derechos en el seno materno que si ya hubiese visto la luz del sol; el aborto no es ningún derecho de la madre por mucho que lo diga el poder público o cualquier bicho viviente. Si el aborto es signo de progreso, estamos creando un mundo sin orden y sin piedad.

Desde el principio de los siglos el mundo se ha esforzado por respetar la vida humana, hasta que se ha enseñoreado la barbarie y se ha perdido la moral cristiana con el señuelo de los derechos humanos. Se ha pasado del respeto a la vida a decir que el aborto “está reclamado por la sociedad” y que es un “derecho de la mujer”. Mentira. ¿En cuánto se cuantifica la sociedad despiadada que lo reclama? ¿Por qué vale más el falso derecho de la mujer que el del hijo no nato? El feto es un ser humano, vivo, irrepetible y singular desde el momento de la concepción, y por tanto titular de un derecho fundamental por sí mismo. La madre y el padre que lo han engendrado tienen la tarea de hacerlo viable. La vida no puede orillarse de cualquier manera, y menos al albur de leyes ignominiosas.

El Obispo de Alicante, Monseñor José Ignacio Munilla alza la voz en  contra de la nueva ley del aborto, pues lo que habita en el seno materno "es un ser humano". Está el juramento hipocrático que data del siglo II en el que se obliga a no dar muerte, ni abortivos a las mujeres.

"Hemos pasado del derecho a la obligación", asegura Munilla, y cree que esto es un "pecado de época", "aquel en el que el conjunto de la sociedad sufre una ceguera y no es capaz de ver el pecado", como cuando la humanidad asumió como normal la esclavitud.

 

El Obispo hace referencia a noticias y titulares que muestran su preocupación de que Alicante sea una de las provincias con más médicos objetores: A su juicio, "hemos pasado del relativismo a la dictadura del relativismo", y esto nos conduce del "supuesto derecho a matar, a la obligación de colaborar". En esto no podemos caer, ya que "hay que obedecer a Dios antes que a los hombres". Nuestra conciencia "debe ser lugar de luz, no de tinieblas", y llama a la "insumisión ante leyes inicuas". "El mayor milagro es la vida", es algo grande, y ello anima a ser constantes, "las grandes batallas, la batalla por la vida, requiere perseverancia, oración y ayuno". 

 

Casi a la firma de este suelto leo que un grupo animalista de Nueva York defiende que un paquidermo del zoo de la ciudad, conocido por Happy, “tiene derecho al reconocimiento y protección de sus derechos fundamentales”. El grupo acusaba al zoo de detención ilegal de Happy y exigía al juez su libertad porque “no hay que ser humano para ser persona en lo legal”. El juez sentenció en contra y alguien opinó que “lo de Happy es una afrenta a la sociedad civilizada”. (Leer para creer)

José Giménez Soria

miércoles, 6 de julio de 2022

ANILLOS DE BODA

Cuando preparo la celebración del Matrimonio con algunos de los novios valientes que aún se atreven a prometerse amor durante toda la vida delante de Dios me gusta preguntarles acerca de por qué el anillo se lo van a poner en el dedo anular. Nunca lo saben. Alguna vez dan esta respuesta: «¡Porque es el dedo que conecta directamente con el corazón y por eso significa el amor!». Les digo que en realidad todos los dedos de las manos y los pies están conectados al corazón, si no se pudrirían.

¿Entonces cuál es la respuesta? Vamos a hacer un juego. Puede usted cerrar el puño e ir levantando los dedos. Solo uno a la vez y ver hasta dónde es capaz de levantarlo con facilidad. Se dará cuenta de que fácilmente puede levantar todos los dedos, salvo el anular, que le costará más y no logrará que suba como los demás. Reflexionando un poco podemos ver cómo todos los dedos, menos el anular, sirven para algo. Con el pulgar puede uno mostrar rápidamente su conformidad o disconformidad con algo según hacia dónde apunte cuando lo levante. El índice vale para señalar un camino, para acusar a alguien, para hacer ver que se sabe algo o para hurgarse la nariz. El dedo corazón, no lo use demasiado, sirve para mandar a tomar por saco a alguien. Y con el dedo meñique cierran las niñas promesas que hacen entre ellas.

¿Y el anular? El pobre dedo anular no sirve para nada, si apenas puede subir a la altura de sus hermanos. De hecho, se le llama «anular» porque está «anulado». Pues precisamente en este dedo es donde los esposos se ponen los anillos y están llamados a llevarlos hasta la muerte. Nuestro término «anillo» viene del latín anulus, que como verá tiene que ver con el dedo anular, que es el dedo «relativo al anillo».

Los esposos llevan el anillo en ese dedo porque es el dedo débil y al mirárselo pueden recordar la gran lección del amor que Jesucristo ha venido a mostrarnos: es en la debilidad donde más necesitamos que nos quieran y querer al otro hasta dar la vida por él. Quien nos quiera poco nos querrá solo por lo positivo: por ser fuertes, simpáticos y generosos. Pero ¿quién nos quiere por nuestras miserias, por nuestras debilidades, por nuestros defectos? Solo quien nos quiera de verdad. Así están llamados a amarse los esposos.

El Matrimonio es para toda la vida, por eso es muy serio. Quererse toda la vida requiere aprender a amar al otro en la debilidad. ¿Recuerda las palabras que pronuncian los novios delante del sacerdote en el momento en que se convierten en esposos? «Yo, X, te recibo a ti, Y, como esposo, o esposa, y me entrego a ti, y prometo serte fiel en la prosperidad y en la adversidad, en la salud y en la enfermedad, y así amarte y respetarte todos los días de mi vida». O sea, en lo bueno y en malo. Es fuerte. Así necesitamos ser amados y amar. El amor de verdad es eso.

Amar es aprender a recibir al otro y aprender a entregarse para que el otro te reciba. En la fortaleza y en la debilidad. Cuando esto se da, las cosas van bien. Cuando una parte falla la cosa se complica. Necesitamos profundizar cada vez más y madurar la forma de amarnos. El Matrimonio es una Alianza para siempre, en lo próspero y en lo adverso. De hecho, a los anillos de Matrimonio se les llama también así: alianzas.

Me gusta decir a los esposos, y hoy lo digo aquí, que cuando tengan una dificultad y les cueste quererse se miren el anillo. Y que cuando haya un problema se pidan siempre perdón y se besen mutuamente el dedo anular con el anillo en señal de veneración y amor. La debilidad propia nos va a acompañar toda la vida. Nuestra condición humana está herida y ello requiere aceptación. Y por supuesto la ayuda de Dios, a quien el día de la Boda ya se le pidió. Dios no nos quiere por fuertes sino por débiles, justo como dice San Pablo: «Vivo contento en medio de mis debilidades porque cuando soy débil, entonces soy fuerte». Enseñemos esto a los jóvenes. Matrimonios: sed luz. Adelante.

Patxi Bronchalo
Sacerdote. Valdemoro (Madrid)
Junio 2022

viernes, 17 de junio de 2022

SIN LUGAR A EQUIVOCOS

Desde 2021 y hasta que finalice en el 2023, se está celebrando el Sínodo sobre la Sinodalidad convocado por el papa Francisco para aunar esfuerzos en reforzar los lazos del propio Papa y los Obispos con los creyentes, y que todos juntos caminen bajo la guía del Espíritu Santo. El Sínodo se centra en tres puntos: Comunión, participación y misión. De ningún modo se trata de modificar las enseñanzas de la Iglesia y menos adaptarlas al gusto del consumidor, más bien gira en torno a una reflexión sobre ellas a la luz del Evangelio. La doctrina tradicional de la Iglesia, -veinte siglos la avalan- está ligada al designio de Dios, y esto no admite interpretaciones sesgadas.

 

La labor de las asambleas sinodales consiste en desarrollar un proceso de escucha y juicio, que se concretará en la recopilación del trabajo realizado en cada diócesis hasta elaborar una síntesis final.

Uno de los temas que más se airean es la abolición del celibato de los curas y ordenar mujeres sacerdotes, propuestas por algunas diócesis españolas. Para que no haya lugar a equívocos, Monseñor Demetrio Martínez, Obispo de Córdoba pone los puntos sobre las íes en una carta que resumimos:

"Hemos respirado la armonía de la comunión de los fieles con los pastores. Bendito proceso sinodal que nos ha hecho percibir la belleza de la Iglesia.

 

En este domingo de la Santísima Trinidad, se nos ha revelado el misterio de Dios, con cuya imagen se va construyendo la Iglesia en sus distintos niveles. Un proceso que dura toda la vida y que se prolongará en la historia hasta su consumación en el cielo.

 

Sin embargo, no han faltado voces disonantes en algunas diócesis de España, que atentan contra la comunión eclesial, porque hacen propuestas que traspasan las líneas de esa comunión eclesial. Me refiero a las que son disonantes con la doctrina y la moral católica, y especialmente a la propuesta del sacerdocio femenino, como si la Iglesia tuviera que ponerse al día en esta reivindicación al socaire del feminismo reinante. A ver si de tanto proponerlo, se va creando la conciencia de esta reclamación.

 

Hace más de treinta años que el Papa Juan Pablo II zanjó la cuestión con su autoridad apostólica, aportando las razones en su Carta Apostólica “Ordinatio sacerdotalis” (1994), en cuyo número 4 nos dice: “Con el fin de alejar toda duda sobre una cuestión de gran importancia provenientes de distintos grupos y sensibilidades, que atañe a la misma constitución divina de la Iglesia, en virtud de mi ministerio de confirmar en la fe a los hermanos (cf. Lc 22,32), declaro que la Iglesia no tiene en modo alguno la facultad de conferir la ordenación sacerdotal a las mujeres, y que este dictamen debe ser considerado como definitivo por todos los fieles de la Iglesia”. Carta del 22 de mayo de 1994, en la fiesta de Pentecostés.

 

No se trata de una cuestión disciplinar, sino de un asunto que afecta a la misma constitución divina de la Iglesia, y sobre la que el Papa ha hablado, elevando la doctrina a rango de definitiva, es decir, irreformable. La autoridad del Sucesor de Pedro puesta al servicio de la fe del Pueblo santo de Dios ha dejado zanjada la cuestión. Por eso, cuando al hilo de las propuestas sinodales, vuelven a oírse en distintos lugares –no en Córdoba- propuestas que traspasan la línea de la unidad de la fe, deben saltarnos las alarmas del sensus fidei.

 

En el Sínodo cabemos todos, claro. Pero no caben propuestas que se salen de la comunión en una misma fe y que responden a ideologías de moda. Porque entonces habríamos convertido el Sínodo en juego peligroso de propuestas que no brotan de la fe de la Iglesia y que rompen la comunión eclesial. Eso ya no es el Sínodo al que el Papa nos ha convocado, eso es aprovechar que el Pisuerga pasa por Valladolid para infiltrar asuntos inadmisibles. Eso sería aprovechar la preciosa ocasión que se nos brinda para salirse del tiesto. Y con la fe de la Iglesia no se juega.

 

Que la fiesta de la Santísima Trinidad nos ayude a profundizar en esa plena comunión eclesial que tiene sus raíces en este gran misterio."

 

La carta no da lugar a equívocos.

 

jueves, 9 de junio de 2022

EL JORDAN

        Si nos situamos en el mapa de Palestina (Israel) de los tiempos de Jesús de Nazaret, distinguiremos varias regiones. Al norte Galilea, donde se asienta Nazaret, la ciudad en la que vivió Jesús con José y María hasta los 30 años; al sur Judea, con la capital Jerusalén como centro religioso del pueblo judío; entre ambas Samaria ocupa una amplia franja donde se sitúan Siquén y el pozo de Jacob; y al este, en el lado oriental del río Jordán, se ubican Perea y Decápolis, que luego formaron Transjordania. Al oeste limita con el mar Mediterráneo, con Cesárea del Mar como ciudad destacada.

El río Jordán divide todo el territorio en dos partes: la oriental y la occidental. Nace en las laderas del monte Hermón, en el sureste de Siria, formado por la confluencia de arroyos y riachuelos; ya en tierras de Israel afluye al mar de Tiberiades o mar de Galilea, muy cerca de Cafarnaúm, y continúa su curso hasta desembocar en el mar Muerto, tras fluir por más de 320 kilómetros. Aunque nace a una cota de 2.800 metros, su cauce discurre por una cota de unos 410 metros bajo el nivel del mar, la más baja de todo el planeta.

El trecho comprendido entre el mar de Tiberiades y el mar Muerto forma una depresión del terreno conocida como Valle del Jordán, en la que alternan las zonas áridas con las fértiles. En una de estas zonas tuvo lugar el Bautismo de Jesús, razón por la que el rio Jordán tiene fama universal.

Pero no solo a Jesús. Juan el Bautista bautizó también en el rio a los que acudían de Judea, sobre todo de Jerusalén, y de Perea alentándoles: «Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos». Predicó al sur de Jericó, cerca de Betania, en la orilla occidental del Jordán como precursor del Mesías, preparando las conciencias ante la llegada del nuevo reino.

 

Como paso previo a comenzar su vida pública, Jesús de Nazaret quiso recibir las aguas del bautismo. Abandonó Nazaret hacia el sur camino de Jerusalén, atravesó la región de Samaria habitada por gente poco hospitalaria deteniéndose en el pozo de Jacob, descansó por la noche en la llanura y al amanecer emprendió la subida hacia Jerusalén. Visitó el Templo y cuando supo donde localizar a Juan el Bautista, se unió a otra gente para continuar viaje a Jericó.

 

Al llegar a la orilla del rio vio a Juan predicando y bautizando; se mezcló con los que iban a bautizarse y al llegar su turno se encontró con Juan. Se reconocieron; Juan se resistió a bautizarlo, pero finalmente lo bautizó para cumplir la voluntad de Dios Padre. Jesús se marchó a un lugar del desierto de Judá donde permaneció cuarenta días en ayuno y oración.

José Giménez Soria

lunes, 16 de mayo de 2022

DIOS NO ESTÁ EN CRISIS

Es más frecuente de lo que pensamos. Los creyentes decimos creer en Dios, pero en la práctica vivimos como si no existiera. Este es también el riesgo que tenemos hoy al abordar la crisis religiosa actual y el futuro incierto de la Iglesia: vivir estos momentos de manera «atea».

Ya no sabemos caminar en «el horizonte de Dios». Analizamos nuestras crisis y planificamos el futuro pensando solo en nuestras posibilidades. Se nos olvida que el mundo está en manos de Dios, no en las nuestras. Ignoramos que el «Gran Pastor» que cuida y guía la vida de cada ser humano, es Dios.

Vivimos como «huérfanos» que han perdido a su Padre. La crisis nos desborda. Lo que se nos pide nos parece excesivo. Nos resulta difícil perseverar con ánimo en una tarea sin ver el éxito por ninguna parte. Nos sentimos solos, y cada uno se defiende como puede.

Según el relato evangélico, Jesús está en Jerusalén comunicando su mensaje y rodeado de judíos que lo acosan con preguntas. Jesús está hablando de las «ovejas» que escuchan su voz y lo siguen. En un momento determinado dice: «Mi Padre, que me las ha dado, supera a todos y nadie puede arrebatarlas de la mano de mi Padre».

Según Jesús, «Dios supera a todos». Que nosotros estemos en crisis no significa que Dios esté en crisis. Que los cristianos perdamos el ánimo no quiere decir que Dios se haya quedado sin fuerzas para salvar. Que nosotros no sepamos dialogar con el hombre de hoy no significa que Dios ya no encuentre caminos para hablar al corazón de cada persona. Que las gentes se marchen de nuestras Iglesias no quiere decir que se le escapen a Dios de sus manos protectoras.

Dios es Dios. Ninguna crisis religiosa y ninguna mediocridad de la Iglesia podrán «arrebatar de sus manos» a esos hijos e hijas a los que ama con amor infinito. Dios no abandona a nadie. Tiene sus caminos para cuidar y guiar a cada uno de sus hijos, y sus caminos no son necesariamente los que nosotros le pretendemos trazar.

José Antonio Pagola. Mayo 2022

 

martes, 3 de mayo de 2022

«PILATO DIJO, ¿QUÉ ES LA VERDAD?»

         Tras la Liturgia de la Palabra del Viernes Santo 15 de abril de 2022, que anunció la Pasión y Muerte del Señor en la Basílica de San Pedro presidida por el Papa Francisco, el Predicador de la Casa Pontificia el Cardenal Raniero Cantalamessa, centró su homilía en la pregunta de Pilato a Jesús: ¿Qué es la verdad? «Jesús – afirmó el padre Cantalamessa – quiere que Pilato entienda que la pregunta es más seria de lo que cree, pero que tiene un significado solo si no repite simplemente una acusación de otros». Jesús, trata de llevar a Pilato a una visión más elevada. Le habla de su reino, un reino que «no es de este mundo» y el procurador entiende que no se trata de un reino político.

«¡Qué actual es esta página del Evangelio! Hoy, como en el pasado, el hombre se pregunta: «¿Qué es la verdad?». Y hace como Pilato, da la espalda al que dijo: «He venido al mundo para dar testimonio de la verdad» y «¡Yo soy la Verdad!» (Jn 14,6). 

«He seguido debates sobre religión y ciencia, sobre fe y ateísmo, y me ha llamado la atención tras horas y horas de diálogo, que nunca se menciona el nombre de Jesús. Y si un creyente se atrevía a nombrarlo y aducir el hecho de su resurrección, se cerraba el discurso como si nunca hubiera existido un hombre llamado Jesucristo». 

El resultado es que la palabra «Dios» se convierte en un recipiente vacío que cada uno puede llenar a su antojo. Por esta razón Dios se preocupó por dar contenido a su nombre: «El Verbo se hizo carne». ¡La Verdad se hizo carne!, es decir ¡Jesús de Nazaret!» y por hay duda de que ha existido, el autor de novelas y películas «El Señor de los Anillos», John Ronald Tolkien, esto contestó a su hijo que le hizo misma objeción: “Se necesita una sorprendente voluntad de no creer para suponer que Jesús nunca existió o que no dijo las palabras que se le atribuyen, pues son imposibles de inventar por cualquier otro ser en el mundo: «Antes de que Abraham existiera, yo soy» (Jn 8,58); y «El que me ve a mí ve al Padre» (Jn 14,9). 

Hermanos y hermanas ateos, agnósticos o todavía en búsqueda: no es un pobre predicador como yo quien ha pronunciado las palabras que voy a pronunciar; es uno de vosotros, a quien admiráis y de quien os consideráis discípulos y continuadores: ¡Søeren Kierkegaard!  “Se habla mucho —dice — de miserias humanas y de vidas desperdiciadas. Desperdiciada es sólo la vida de ese hombre que nunca se dio cuenta, porque nunca tuvo la impresión de que hay un Dios, y que él está ante este Dios”.

Se dice: ¡hay demasiada injusticia, demasiado sufrimiento como para creer en Dios! Es cierto en cuánto más absurdo y desesperanzador se vuelve el mal que nos rodea, sin fe en un triunfo final del bien. La resurrección de Jesús es la promesa y la garantía cierta de que el triunfo existirá, porque ya ha comenzado con Él. 

Si tuviera el coraje de san Pablo, yo debería gritar: «¡Dejaos reconciliar con Dios!» (2Cor 5,20). ¡No desperdicies vuestra vida! No abandonéis este mundo como Pilato salió del Pretorio, con esa pregunta en suspenso: «¿Qué es la verdad?» Es demasiado importante. Se trata de saber si hemos vivido para algo, o en vano.

El diálogo de Jesús con Pilato ofrece otra reflexión a los creyentes y hombres de Iglesia, no a los de fuera: «¡Tu gente y tus sacerdotes me han entregado!» (Jn 18,35). ¡Los hombres de la Iglesia, tus sacerdotes te han abandonado; han descalificado tu nombre con crímenes horrendos! ¿Y deberíamos seguir creyendo en ti todavía?

A esta terrible objeción me gustaría responder con las palabras que el escritor recordado escribía a su hijo: “Nuestro amor se podrá enfriar y nuestra voluntad rasguñar por el espectáculo de las deficiencias, la locura y los pecados de la Iglesia y sus ministros, pero no creo que quien ha creído de verdad una vez, abandone la fe por estas razones, y menos quien tiene algún conocimiento de la historia… Esto es cómodo porque nos empuja a apartar la vista de nosotros mismos y de nuestras faltas y encontrar un chivo expiatorio… Creo que soy tan sensible a los escándalos como lo eres tú y cualquier otro cristiano. He sufrido mucho en mi vida a causa de sacerdotes ignorantes, cansados, débiles y, a veces, incluso malos. Esto era de esperar. Comenzó antes de la Pascua con la traición de Judas, la negación de Simón Pedro, la huida de los apóstoles… ¿Llorar, entonces? Sí —recomendaba Tolkien a su hijo—, pero por Jesús —por lo que debe soportar— antes que por nosotros. Lloramos –agregamos hoy– con las víctimas y por las víctimas de nuestros pecados”.

Una conclusión para todos, creyentes y no creyentes. Este año celebramos la Pascua no con el sonido de las campanas, sino con el ruido en nuestros oídos de bombas y explosiones no lejanas de aquí. Recordemos lo que Jesús respondió una vez a la noticia de la sangre que Pilato había hecho correr, y del derrumbe de la torre de Siloé: «Si no os convertís, todos pereceréis de la misma manera» (Lc 13,5). Si no cambiáis vuestras lanzas en guadañas, vuestras espadas en arados (Is 2,4) y vuestros misiles en fábricas y casas, ¡todos pereceréis de la misma manera! 

Los acontecimientos nos han recordado de repente algo. Los arreglos del mundo cambian de un día para otro. Todo pasa, todo envejece; todo —no sólo «la bendita juventud»—, falla. Solo hay una forma de escapar de la corriente del tiempo que arrastra todo detrás de ti: ¡pasar a lo que no pasa! ¡Pon tus pies en tierra firme! Pascua significa tránsito. Tengamos todos este año una verdadera Pascua: Venerados Padres, hermanos y hermanas: ¡pasemos a Aquel que no pasa! ¡Pasemos ahora con el corazón, antes de pasar un día con el cuerpo!

lunes, 11 de abril de 2022

SEMANA SACRA, SEMANA INTENSA

Han pasado dos años y vuelven a las calles los tronos pasionales que hacen brillar la fe de los cofrades. ¿Es una fe viva o mortecina? En estos días Dios entra lo mismo en la conciencia del que carga un trono -un altar ambulante- que en la del penitente con capirote que sostiene su vela. 

Cristo está en la calle; parece vencido, pero al tercer día saldrá victorioso. Primero fue prendido, y una vez condenado, lo sometieron a un castigo brutal: fue golpeado y coronado de espinas; le cargaron un pesado madero que lo dejó extenuado, y fue crucificado entre burlas de miserables.

La Pasión del Señor, según Fray Luis de Granada, se resume así: humildad, obediencia, mansedumbre y silencio. Esa es la actitud del protagonista: Jesús Nazareno, el Hijo de Dios que se hizo hombre para redimirnos.

 

Empieza la Semana Sacra, una semana intensa en nuestro pueblo, Albox (Almería). Se nota el ajetreo. Un vaivén de idas y venidas dan al aire una intensidad sacra que tomará aliento con el Señor Prendido en su Pasión y Misericordia dando los primeros pasos entre ecos de tambores. El Domingo es de palmas, ramos de olivo y cantos de Hosanna. Domingo de oraciones jubilosas.

El Martes de Lavatorio abre la Plaza de los Luceros el Nazareno de túnica blanca con su eterna lección de humildad. Llegará el Jueves Santo vestido de mantillas con la exquisita Virgen de los Dolores y sus nazarenos de negro por la calle Cervantes. Y caerá la noche y amanecerá un Viernes Santo de mañana agradecida. Por la calle Ancha baja San Juan en volandas, anunciando el Primer Dolor de la Virgen que llora al Hijo Crucificado. Más tarde, ya a la hora nona, la Gloriosa Virgen de las Angustias muestra piadosa al Señor Muerto en su regazo al paso por Ramón y Cajal, y cuando la noche oscurece, una campana anuncia a Cristo Yacente amortajado. En el silencio de la Plaza Mayor asoma la Cruz del Nazareno entre cirios moraos reanimando las conciencias, luego enternecidas al ver el luminoso rostro de María de la Redención rodeada de “manolas”. De luto riguroso la Virgen en su Soledad, cierra la noche.

El Sábado Santo, Dios calla. Es la víspera de su victoria definitiva. Sabe cómo salir del sepulcro. Cuatro mujeres, María Magdalena; María, madre de Santiago; Salomé y Juana, mujer de Cusa, van a ser testigos de su Resurrección.

 

Al alborear el primer día de la semana, el Domingo de Resurrección, el Domingo de Pascua, la tristeza resultará derrotada. ¡Que reine la paz sobre la Tierra y el alma se serene!

lunes, 28 de marzo de 2022

MARÍA, CAUSA DE NUESTRA ALEGRÍA

        Hace 35 años en una tarde de otro mes de marzo a los hermanos nazarenos de Jesús y María nos invadió una gran alegría: Una Imagen de rostro juvenil, símbolo de la virginidad y atributos de Mujer Corredentora, fue la causante. Bajo su amparo se inició una etapa nueva; su bella estampa fue el estimulante que nos hizo pregonar su gloria, la Gloria de María Llena de Gracia.

 
Fue bendecida como María Santísima de la Redención, una advocación en armonía con el plan de Dios; desde el principio de los tiempos Ella tenía reservado un lugar en el Misterio de la Salvación que fue revelado con la venida de Cristo y que Ella consintió: «¡Hágase según tu palabra!», había contestado al ángel Gabriel.
 
Si aquella tarde cantamos “Ven como sea, que esta hermosura de tarde te necesita para su eternidad”, que dijo el poeta, hoy, tras el saludo, ¡Ave María!, la aclamamos por ser Causa de nuestra alegría.
 
María es causa de nuestra alegría porque fue preservada de toda mancha de pecado; Ella llenó de gozo a Isabel cuando la visitó en Ain Karen; con su presencia evitó que faltase el vino en la boda de Caná; colaboró por su fe y obediencia a la salvación humana y durante nueve meses llevó en su seno el Hijo de Dios hecho hombre. Son solo una muestra de cómo se implicaba María de Nazaret para cumplir su papel terrenal, unas veces gozoso, otras doloroso.
 
Siguiendo san Pablo que alentaba rezar plegarias y oraciones “para poder vivir una vida tranquila y apacible con toda piedad y respeto”, nosotros invocamos a la Virgen María con las letanías. Causa de nuestra alegría, es una letanía que vale más que mil palabras. Contamos con la Virgen para desterrar tristezas, sinsabores, amarguras, y encontrarnos ante su altar, en sus santuarios o en sus capillas, rezándole, cantándole o llevándole flores o velas, en un ambiente de paz y alegría.
 
La Bendita entre las mujeres es causa de nuestra alegría porque está “arraigada en la historia de la humanidad; presente y partícipe en los múltiples problemas de los individuos, de las familias y de las naciones; y socorriendo al pueblo cristiano en la lucha entre el bien y el mal”, según escribió el papa san Juan Pablo II.
 
Alegría es lo que el mundo moderno necesita. Con María, las caras aparecen radiantes con la sonrisa en los labios, como un rayo primaveral.

miércoles, 23 de marzo de 2022

LOS RECODOS DEL ALMA

Este podía ser el titulo del pregón de Semana Santa de Albox pronunciado por don Luis Pérez Granados, abogado y cofrade, cuando pregonó la Pasión del Señor y mostró sus vivencias cofrades. Empezó recordando a su padre a quien agradeció la fe y devoción que le transmitió a la Imagen de Jesús Nazareno, de la que confiesa: “Su cara emociona, llenando de penas y sufrimientos los recodos del alma, con los suspiros de los anderos, orgullosos de sentir al actor principal de la Semana Santa”.

En su pieza oratoria el pregonero da suelta a sus sentimientos; inicia el itinerario de la Pasión el Viernes de Dolores con la imagen de “Nuestra Señora de los Dolores cuya ternura y belleza trasmite algo que solo Ella y su Hijo saben, porque estaba escrito antes”. Sigue el Sábado de Pasión: “La Hermandad de Nuestro Padre Jesús de la Pasión representa el momento en que Jesús es prendido en el Huerto de los Olivos, donde se inicia el calvario para la condena de Jesús a morir en la Cruz”, y el “Domingo de Ramos, tras la bendición de las Palmas, -una tradición ancestral-, Nuestro Padre Jesús de la Victoria, recorre el Barrio de San Francisco. Los cristianos conmemoramos la entrada de Jesús en Jerusalén”.

En plena Semana Santa el pregonero proclama: “El Martes Santo la Imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno sale con túnica blanca cargado por hombres y mujeres, entre ellos mi esposa. Es un Nazareno solitario, con una mirada dulce y piadosa que se pierde en el infinito, pero al mismo tiempo cargado de una gran expresividad”.

Pasa el miércoles Santo, el orador se adentra en los días Santos de la Semana Mayor y aflora su fe: “El Jueves Santo se conmemora la Eucaristía en la Ultima Cena y el lavatorio de los pies realizado por Jesús. También rememora la agonía y oración de Jesús en el huerto de los olivos, la traición de Judas y el prendimiento”, y “El Viernes Santo es el día que Cristo encomienda a Juan el Evangelista, a su Madre”. Había dicho: “No soy de pregones largos”, y con dos frases resume el Gran Misterio. En la noche del “Jueves Santo tiene su salida el paso "Negro", con sus tres imágenes. Nuestra Señora de los Dolores lleva el sufrimiento gravado en su cara, porque sabe lo que va a ocurrir”.

El día grande de la Semana Santa es el Viernes Santo. “Por la mañana las bandas de tambores y cornetas esperan en el Barrio de San Francisco la salida de la Cofradía de San Juan Evangelista. Era Juan el Evangelista el discípulo a quien Jesús amaba y el que estaba cerca de Él en la última Cena. En la calle Ancha pasea con una cadencia especial de la música, con un ritmo singular camino de la Iglesia de la Concepción”.

“En la tarde del Viernes Santo la Plaza del Pueblo se llena de feligreses para ver a Nuestra Señora de las Angustias que sostiene la cabeza de su Hijo bajado de la Cruz y entregado muerto. Nuestra Señora de las Angustias no solo está dotada de esa ternura que muestra la Virgen con Jesús, sino de una fuerza que trasmite lo que representa: el dolor de una madre llorando por su hijo".

“Ya por la noche llega el momento más trascendental de la Semana Santa de Albox, al menos para quien les habla. La Plaza del Pueblo se encuentra abarrotada cuando sale la Imagen más representativa del paso "Morao", Nuestro Padre Jesús Nazareno, el Señor de Albox portado por sesenta anderos. Para mí la Semana Santa culmina con la salida del Nazareno y su Cruz a cuestas. Nos acompaña el sonido de partituras escritas con silencios y pausas”. “Se hace noche cerrada. La pena se convierte en llanto, llanto que refleja la imagen de María Santísima de la Redención, porque está de duelo al perder a lo que más quiere una madre, a su Hijo. “La Virgen de los "Moraos" está impregnada por un color especial. En su recorrido es la luz en el camino que te agarra con fuerza cuando todo se llena de tristeza, por lo que viene a continuación”.

“Como manda la tradición, a las diez de la noche, tiene su salida el Santo Sepulcro del Señor. El Entierro es la imagen a la que a todos los albojenses nos une de una forma especial, porque ha sido la que siempre ha procesionado en nuestro pueblo. De niño la acompañé tocando el clarinete. Por eso esta imagen es la que ha representado la devoción de un pueblo, la devoción de Albox”.

“En la madrugada del Sábado Santo iremos al encuentro de la Soledad, la Virgen Dolorosa que pasea su pena por las calles del Barrio de San Francisco. La procesión se lleva en silencio, sin banda de música, solo con el sonido del redoble de un tambor”.

El pregonero se resiste a pasar página: “Fue Jesús, el Nazareno, Dios convertido en hombre como dijo Pedro "Es Cristo, el Hijo del Dios viviente". Fue vilipendiado, golpeado y vejado. Pasó hambre, sed y frío, y como un hombre fue crucificado. No tuvo un juicio ni una sentencia justos al ser condenado, no por lo que había dicho, sino por lo que dijo a Pilato al preguntarle "Eres tú el rey de los judíos", que Jesús contestó: "Tú lo dices". Pilato sabía que era inocente; se lavó las manos y ejecutó la sentencia que dictó el pueblo, diciendo: "Inocente soy de la sangre de este justo; allá vosotros". Respondiendo el pueblo: "Su sangre sea sobre nosotros y sobre nuestros hijos”. Es el Nazareno una imagen que sobrecoge; preside el Sagrario del templo. Cuando lo tengo de frente no puedo por más que pedirle su bendición, como hacía mi padre. Y eso os digo: cuando lo tengáis de frente pedirle su bendición, para que me ayude y os ayude, para que nos proteja a todos los albojenses, y para que aprendamos de su valor, ya que siendo Dios como era, bebió el cáliz del dolor, para darnos el amor y el perdón a los hombres en la tierra”.

Don Luis Pérez retorna a los años de su niñez: “Todavía tengo en mi mente cuando salía la procesión del Entierro de Cristo, antes de 1979, y cómo los albojenses, cada Viernes Santo, a partir de las diez de la noche, lo acompañábamos con velas encendidas”. “Entonces solo había cuatro actos importantes: La bendición de las Palmas del Domingo de Ramos, los Santos Oficios del Jueves y Viernes Santo, el Vía Crucis y la procesión del Entierro de Cristo. El Viernes Santo los niños no podíamos correr, ni gritar, ni hablar alto. Las campanas no tocaban para los Santos Oficios, sino que los monaguillos salíamos por las calles con una carraca, anunciándolos a viva voz”

El año 1979 fue muy importante para él. Su tío Ángel habló con Víctor Jiménez para que llevara al Nazareno y así empezó su vida como cofrade y andero del Nazareno, y aún sigue activo. Hizo una mención especial de su primer Mayordomo, Pepe García Martínez, del que guarda un entrañable recuerdo, y añade como punto final.

“Puedo decir con satisfacción el que mi hijo, también sea andero del Nazareno. No es mérito de quien les habla. Es más mérito de mi esposa, porque ella vive más que yo, si cabe, la Semana Santa, y ha sido artífice de que la tradición no se pierda en nuestra casa, inculcando a nuestro hijo el sentimiento de pertenecer, primero, a la religión católica, y segundo, de participar en la Semana Santa”.

“Solo me queda deciros, que las calles os esperan en los próximos días de Semana Santa, y nada de lo que nuestras imágenes representan tendría sentido sin vuestra presencia y participación. Salir y acompañar a todas las imágenes, porque es nuestra cultura, nuestra tradición y nuestra religión”. ¡Muchas Gracias!

 

Nota. El pregón fue pronunciado el 19 de marzo de 2022 en la Iglesia de Santa María de Albox.

miércoles, 2 de marzo de 2022

DETENERNOS EN LA IGLESIA

Nuestros pueblos y ciudades ofrecen hoy un clima poco propicio a quien quiera buscar un poco de silencio y paz para encontrarse consigo mismo y con Dios. No es fácil liberarnos del ruido permanente y del asedio constante de todo tipo de llamadas y mensajes. Por otra parte, las preocupaciones, problemas y prisas de cada día nos llevan de una parte a otra, sin apenas permitirnos ser dueños de nosotros mismos.

Ni siquiera en el propio hogar, invadido por la televisión y escenario de múltiples tensiones, es fácil encontrar el sosiego y recogimiento indispensables para encontrarnos con nosotros mismos o para descansar gozosamente ante Dios.

Pues bien, precisamente en estos momentos en que necesitamos más que nunca lugares de silencio, recogimiento y oración, los creyentes mantenemos con frecuencia cerrados nuestros templos e iglesias durante buena parte del día.
    Se nos ha olvidado lo que es detenernos, interrumpir por unos minutos nuestras prisas, liberarnos por unos momentos de nuestras tensiones y dejarnos penetrar por el silencio y la calma de un recinto sagrado. Muchos hombres y mujeres se sorprenderían al descubrir que, con frecuencia, basta pararse y estar en silencio un cierto tiempo, para aquietar el espíritu y recuperar la lucidez y la paz.
    Cuánto necesitamos los hombres y mujeres de hoy encontrar ese silencio que nos ayude a entrar en contacto con nosotros mismos para recuperar nuestra libertad y rescatar de nuevo toda nuestra energía interior.
    Acostumbrados al ruido y a la agitación, no sospechamos el bienestar del silencio y la soledad. Ávidos de noticias, imágenes e impresiones, se nos ha olvidado que sólo alimenta y enriquece de verdad aquello que somos capaces de escuchar en lo más hondo de nuestro ser.
    Sin ese silencio interior, no se puede escuchar a Dios, reconocer su presencia en nuestra vida y crecer desde dentro como seres humanos y como creyentes. Según Jesús, la persona “saca el bien de la bondad que atesora en su corazón”. El bien no brota de nosotros espontáneamente. Hemos de cultivarlo y hacerlo crecer en el fondo del corazón. Muchas personas comenzarían a transformar su vida si acertaran a detenerse para escuchar todo lo bueno que Dios suscita en el silencio de su corazón.

José Antonio Pagola

miércoles, 9 de febrero de 2022

DAVID, UNGIDO REY DE ISRAEL

Según los libros de Samuel, el rey David fue ungido por mandato de Dios.  

En el Nuevo Testamento se repite que Jesús, el Mesías enviado por Dios, es “Hijo de David”. Esto se explica porque tanto José como María pertenecían a la estirpe de David según el evangelista Mateo y los apócrifos, descendientes ambos de la tribu de Judá. José era además oriundo de Belén, la Ciudad de David.

Mateo inicia la genealogía de Jesús con Abraham al que sigue su hijo Isaac, y a éste, Jacob y sus doce hijos, cuyas tribus se asentaron en Canaán. A Judá, uno de los hijos de Jacob, siguieron Fares, Esrón, Arán, Aminadab, Naasón, Salmón, Booz, Obed y Jesé, el padre de David. A David, que vivió 1000 años antes de Jesús, le siguió Salomón, y a éste Roboán, Abías,... Josafat, Jorán, Ozías,... Ezequías, Manasés, Amós,... Zorobabel,... Eleazar, Matán y Jacob el padre de José, esposo de María del cual nació Jesús. Entre Abraham y Jesús hubo 42 generaciones.

En el Libro de Rut se lee que en Belén de Judá vivía Rut, casada con Kilyón, hijo de Noemí; enviudó y se vio obligada a trabajar en el campo donde conoció a Booz, el dueño del campo. Simpatizaron, Booz se encariñó con Rut, se casaron y tuvieron un hijo al que llamaron Obed. De Obed nació Jesé y de éste, David. Así Rut, bisabuela de David, es un eslabón en la genealogía de Jesús.

El Libro de Samuel narra la institución de los reyes. Samuel ya anciano nombró a sus hijos jueces de Israel; éstos, dados al lucro y a retorcer el derecho, hicieron que los ancianos pidieran a Samuel que nombrase un rey que gobernase. Samuel oró a Dios y éste le dijo: «Escúchales  y nombra un rey».

Un hombre de Benjamín, Quis, tenía un hijo llamado Saúl, muy fornido. Su padre le ordenó que buscase unas borricas extraviadas. Partió Saúl y en un pueblo encontró a Samuel al que Dios había revelado: «Te enviaré a un hombre de Benjamín, para que lo unjas como jefe de mi pueblo Israel, y lo salvará de los filisteos». Al ver Samuel a Saúl, Dios le advirtió: «Ese es el que gobernará mi pueblo». Samuel sacó el frasco del óleo, lo derramó sobre la cabeza de Saúl y le besó: «Dios te unge jefe de su heredad» Un mes más tarde Saúl derrotó a los amonitas y luego se enfrentó a los filisteos. Éstos reunieron una tropa numerosa para luchar contra Saúl en Guilgal. Éste ofreció un holocausto y enterado Samuel le dijo: «Como no has guardado el mandato que Dios te ordenó, tu realeza sobre Israel no seguirá; ha buscado un hombre según su corazón y le ha nombrado jefe de su pueblo». No obstante Saúl siguió luchando contra los filisteos.

Dios dijo a Samuel: «No sufras por Saúl a quien he rechazado como rey de Israel. Ve a casa de Jesé, en Belén, porque entre sus hijos hay un rey para mí». Samuel dudó por no enfrentarse a Saúl, pero Dios insistió. Al llegar Samuel a Belén dijo a los ancianos: «He venido a ofrecer un sacrificio a Dios. Venid conmigo». Purificó a Jesé y a sus hijos, y los miró uno por uno. Vio a Eliab, a Abinadab, a Samá y así hasta siete. Como Dios los rechazó, Samuel preguntó: «¿No hay más muchachos?», y Jesé respondió: «Queda el que está con el rebaño». «Manda a buscarlo» dijo Samuel

Jesé lo hizo venir y Dios dijo a Samuel: «Levántate y úngelo que es éste». Samuel lo ungió y el espíritu de Dios vino sobre David desde aquel día. Samuel se retiró a Ramá y David se puso al servicio de Saúl en su lucha contra los filisteos. Cuando David mató de una pedrada al gigante Goliat, Saúl tuvo envidia de David hasta su muerte.

Al morir Saúl David fue proclamado rey de Israel. Reinó administrando el derecho y la justicia a su pueblo. Logró conquistar Filistea, Moab, Siria y Edón. Tuvo varios hijos: Amnón, el primogénito, Absalón, Adonías y una hija, Tamar. Un día desde la terraza del palacio David vio a una bella mujer bañándose; era Betsabé, mujer de Urías el hitita. Mandó que se la trajeran, se acostó con ella y tuvo un hijo. Cuando Urías murió en una batalla, David tomó por esposa a Betsabé y esto desagradó a Dios y aunque David se arrepintió y Dios lo perdonó, el niño enfermó y murió. David se unió de nuevo a Betsabé y dio a luz otro hijo, al que llamó Salomón al que Dios le puso de sobrenombre Yedidías, que significa “amado del Señor” 

El rey David era viejo cuando surgió el problema de la sucesión al trono entre Adonías y Betsabé, madre de Salomón. Enterado David mandó al sacerdote Sadoc y al profeta Natán y a Benaías que ungieran a Salomón y así fue proclamado rey. Próximo a su muerte, David aconsejó a Salomón: «Emprendo el camino de todos. Ten valor y sé hombre. Guarda lo que Dios manda guardar, sigue sus caminos, observa sus preceptos, órdenes, instrucciones y sentencias, como está escrito en la ley de Moisés para que tengas éxito en lo que hagas y a donde vayas. Dios cumplirá su promesa: “Si tus hijos vigilan sus pasos, caminando fielmente ante mí, con todo su corazón y toda su alma, no te faltará uno de los tuyos sobre el trono de Israel”». 

David murió y lo enterraron en Belén, la Cuidad de David. Cuarenta años reinó en Israel, siete en Hebrón y treinta y tres en Jerusalén.


martes, 18 de enero de 2022

LA MUJER

Mañana de un domingo cualquiera del tiempo ordinario. Misa de las 9 horas en la iglesia habitual, céntrica, con un número de hombres y de mujeres casi en paridad, cada domingo las mismas caras, todos de edad madura. Ni un solo joven. Se guardan las formas y la distancia por el Covid.

El celebrante es puntual. Aunque entrado en años se le ve ágil y con buena voz. Lee una breve monición, saluda los fieles y comienza la celebración. Le ayuda un acólito de movimientos pausados que lee las lecturas del día con un tono plano, rutinario, impersonal y sin alma. Los profetas y las cartas de san Pablo merecen más brío. El evangelio, pronunciado por el celebrante, se escucha mejor y con más atención.

En la homilía el sacerdote argumenta la exposición evangélica poniendo el acento en el amor a Dios y al prójimo. Lleva un papel escrito que le sirve de guión, lo mira solo de reojo porque es buen orador. Se extiende más de lo que precisan los parroquianos para asimilar su exposición.

Mediada la homilía avanza la mujer por el pasillo central hasta uno de los bancos intermedios donde se sienta. Mira fijamente al Altar, se santigua, se persigna y mueve los labios, señal de que reza una plegaria. Se lleva la mano a los labios y hace el gesto de lanzarle tres besos a la imagen de Cristo Crucificado que preside el Altar Mayor. Se santigua de nuevo, se levanta y se marcha.

De edad tirando a sesentona, entra y sale de prisa, viste normal, blusa y pantalón, pelo recogido y un bolso negro en bandolera. Para rezar al crucifijo y lanzarle tres besos no necesita lujos. Siempre la misma rutina, en no más de dos minutos.

La fe de esta mujer semeja la de aquella otra que se acercó por detrás al Señor para tocarle el manto porque con eso sanaba su dolencia. Quiso pasar inadvertida, pero la fuerza que salió de Jesús la delató. “¡Tu fe te ha salvado!”, le dijo. A la de la mañana del domingo no se le aprecia que viva una situación desesperada, se mueve confiada y con pie firme, su ofrenda de besos le debe salir del alma, solo con un buen fin: declarar su amor por Jesucristo.  

La breve plegaria de la mujer concuerda con lo que dijo Jesús a sus discípulos cuando le pidieron que les enseñara a orar. Empezó diciéndoles que no usaran mucha palabrería, que lo hicieran sin ostentación y en privado, porque Dios conocía sus necesidades. Como ejemplo se limitó a enseñarles el Padrenuestro. Con esta oración primero confesamos que Dios está en el cielo, santificamos su nombre y le pedimos que alcancemos su Reino, según su voluntad. Después le rogamos que nos de pan para nuestro sustento material y espiritual, imploramos su misericordia para nuestras ofensas y para perdonar las del prójimo, solicitamos su gracia para no caer en las tentaciones y finalmente que nos libre de lo que se opone a Dios.

                                                                                                José Giménez Soria

sábado, 1 de enero de 2022

SANTA MARÍA MADRE DE DIOS

San Pablo escribió a los Gálatas: «Cuando llegó la plenitud del tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que estaban bajo la ley, para que recibiéramos la adopción filial» (Gal, 4,4-5) La mujer que cita el apóstol es María de Nazaret, una joven judía de Galilea desposada con un hombre llamado José.

María es verdaderamente "Madre de Dios" porque es la madre del Hijo eterno de Dios hecho hombre. Colaboró por su fe y obediencia en la salvación de los hombres compartiendo con su Hijo el camino hacia la cruz.

Desde tiempos remotos, los cristianos damos culto a la Bienaventurada Virgen María bajo diversas advocaciones. Estando unida a su Hijo desde que nació hasta que murió crucificado, cooperó en la Redención del género humano.

Como señala la encíclica REDEMPTORIS MATER, «El plan divino de la salvación revelado con la venida de Cristo, abarca a todos los hombres, pero reserva un lugar reservado a su Madre. En el centro de ese misterio se halla María, Madre del Redentor, orientada a realizar en unión con Cristo la restauración de la vida sobrenatural de las almas».

Restauración en la que interviene en su papel de corredentora y le confiere el título de María Santísima de la Redención. A Ella la veneramos con confianza por las gracias recibidas de Dios.

En este año que comienza conmemoramos el trigésimo quinto aniversario de la  Bendición de su Sagrada Imagen.


lunes, 13 de diciembre de 2021

LUCHAMOS POR LA MISMA CAUSA

Juan dijo a Jesús: “Hemos visto a uno que echaba demonios en tu nombre, y se lo hemos impedido porque no es de los nuestros”. Jesús respondió: “No se lo impidáis porque quien hace un milagro en mi nombre no puede hablar mal de mí. El que no está contra nosotros, está a favor nuestro”  (Mc.9, 38-43.45.47-48)

Con frecuencia, los cristianos no terminamos de superar una mentalidad de religión privilegiada que nos impide apreciar todo el bien que se promueve en ámbitos alejados de la fe. Casi inconscientemente tendemos a pensar que somos nosotros los únicos portadores de la verdad, y que el Espíritu de Dios solo actúa a través de nosotros.

Una falsa interpretación del mensaje de Jesús nos ha conducido a veces a identificar el reino de Dios con la Iglesia. Según esta concepción, el reino de Dios solo se realizaría dentro de la Iglesia, y crecería y se extendería en la medida en que crece y se extiende la Iglesia.

Y sin embargo no es así. El reino de Dios se extiende más allá de la institución eclesial. No crece solo entre los cristianos, sino entre todos aquellos hombres y mujeres de buena voluntad que hacen crecer en el mundo la fraternidad. Según Jesús, todo aquel que «echa demonios en su nombre» está evangelizando. Todo hombre, grupo o partido capaz de «echar demonios» de nuestra sociedad y de colaborar en la construcción de un mundo mejor está, de alguna manera, abriendo camino al reino de Dios.

Es fácil que también a nosotros, como a los discípulos, nos parezca que no son de los nuestros, porque no entran en nuestras iglesias ni asisten a nuestros cultos. Sin embargo, según Jesús, «el que no está contra nosotros está a favor nuestro».

Todos los que, de alguna manera, luchan por la causa del hombre están con nosotros. «Secretamente, quizá, pero realmente, no hay un solo combate por la justicia –por equívoco que sea su trasfondo político– que no esté silenciosamente en relación con el reino de Dios, aunque los cristianos no lo quieran saber. Donde se lucha por los humillados, los aplastados, los débiles, los abandonados, allí se combate en realidad con Dios por su reino, se sepa o no, él lo sabe» (Georges Crespy).

Los cristianos hemos de valorar con gozo todos los logros humanos, grandes o pequeños, y todos los triunfos de la justicia que se alcanzan en el campo político, económico o social, por modestos que nos puedan parecer. Los políticos que luchan por una sociedad más justa, los periodistas que se arriesgan por defender la verdad y la libertad, los obreros que logran una mayor solidaridad, los educadores que se desviven por educar para la responsabilidad, aunque no parezcan siempre ser de los nuestros, «están a favor nuestro», pues están trabajando por un mundo más humano.

Lejos de creernos portadores únicos de salvación, los cristianos hemos de acoger con gozo esa corriente de salvación que se abre camino en la historia de los hombres, no solo en la Iglesia, sino también junto a ella y más allá de sus instituciones. Dios está actuando en el mundo.

José Antonio Pagola