domingo, 8 de septiembre de 2013

FRANCISCO, UN PAPA CERCANO (y III)

Uno de los rasgos que hacen cercano al Papa Francisco es su obsesión por “construir una cultura del encuentro”, porque, dice, que “La cultura del encuentro es lo que hace que la familia y los pueblos vayan adelante”. “Una cultura que supone que el otro tiene mucho que darme. Que tengo que ir hacia él con una actitud de apertura y escucha, sin prejuicios, sin pensar que, porque tenga ideas contrarias a las mías, o sea ateo, no puede aportarme nada. No es así. Toda persona puede aportarnos algo y toda persona puede recibir algo de nosotros”.
 
En la JMJ de Rio celebrada en julio de 2013, clamó con insistencia a favor de una cultura del encuentro, sin exclusiones, con niños y ancianos, con jóvenes, con pobres, para integrar a todos en el ámbito de la sociedad.

Otra de sus facetas, muy interesante, es su experiencia como docente en un instituto. Dice de sus alumnos que “Los quise mucho y no me olvidé de ellos. Les quiero agradecer todo el bien que me hicieron al obligarme y enseñarme a ser más hermano que padre”.

A la pregunta de si los padres de ahora eligen un tipo de educación para sus hijos en valores, contesta: “En general los padres se dejan llevar por una dinámica promocional para sus hijos. Eligen un colegio que les enseñe más informática e idiomas para competir, y no se plantean tanto el tema de los valores”.

“Es inevitable apelar a la vieja figura del maestro que daba ejemplo, que marcaba pautas, que sabía interpretar a sus alumnos y establecía una relación humana con ellos”. “La educación se profesionalizó demasiado y sin duda es necesario pero no debe olvidares la otra actitud, la que sale al encuentro de la persona, del alumno en todos sus aspectos”. Cuenta el caso de una chica de un colegio que se quedó embarazada, y había varias posturas de cómo afrontar la situación, pero nadie se hacía cargo de lo que sentía la chica. Ella tenía miedo a las reacciones y no dejaba que nadie se le acercase, hasta que un preceptor joven, casado y con hijos, se acercó a ella la tomó de la mano y le preguntó si iba a ser mamá. Ella empezó a llorar, pero la actitud de proximidad le ayudó a buscar una solución. Se encontró la solución a través del acercamiento no del rechazo. El preceptor buscó acercarse a ella desde el amor”. “Cuando se quiere educar a los chicos solo con principios teóricos, no les sirve porque ellos no asimilan las enseñanzas que no van acompañadas de un testimonio de vida y una proximidad”. 

“Al chico hay que dejarle hablar y aunque a veces diga “pavadas” De cien cosas que dice alguna es singular porque lo que busca es que lo reconozcan en sus particularidades. La edad es importante, porque es cuando despierta al mundo. El aprendizaje que experimenta es muy grande y necesita, no solo una respuesta explicativa, sino la mirada de su padre y de su madre que le de seguridad”.

Y de las cuestiones religiosas, ¿qué? En las charlas entre amigos o conocidos, o en familia, surge el alejamiento de la gente de la Iglesia Católica. Es conocido el fenómeno de “privatizar” la fe, de vivir la religión sin la Iglesia, que se resume en la frase “creo en Dios pero no en los curas”. Puede deberse a que no haya una “acogida cordial”, y el Papa lo explica: “La tentación de los clérigos es creernos administradores y no pastores. Esto lleva a que, cuando una persona va a la parroquia a pedir un sacramento o cualquier otra cosa, no la atiende el sacerdote sino una secretaria… y puede dar lugar a que la gente se espante de la Iglesia”. “No olvidemos que la parroquia es la puerta de acceso a la religión católica”. “En otras comunidades evangélicas, hay cordialidad, cercanía… y se va a buscar a la gente”. “Es clave que los católicos salgamos al encuentro de la gente”.

En este punto recuerda lo opuesto a “la parábola del buen pastor que abandona las noventa y nueve ovejas en el redil y se va a buscar la que está perdida: ahora tenemos una sola en el corral y no vamos a buscar las otras noventa y nueve”. “La opción básica de la Iglesia actual es salir a la calle a buscar a la gente, a conocer a las personas por su nombre, y no solo eso, sino salir a anunciar el Evangelio”.

¿Esto supone un cambio de mentalidad? “Esto supone una Iglesia misionera”. No dejar nunca solos a los feligreses. El Papa cuenta como Juan XXIII, siendo patriarca de Venecia, cumplía con el llamado “rito en la sombra”, que consiste en sentarse a la sombra con unos parroquianos y tomarse un vaso de vino conversando con ellos.

Finalmente apela a no caer en una politización indebida, aunque para Francisco su gran política es la que “nace de los mandamientos y del Evangelio”. Y aclara: “Denunciar atropellos a los derechos humanos, situaciones de explotación o exclusión, carencias de educación o en alimentación, no es hacer partidismo. La Doctrina Social de la Iglesia está llena de denuncias y no es partidista. Cuando salimos a decir cosas, algunos nos acusan de hacer política. Yo les respondo: sí, hacemos política en el sentido evangélico de la palabra, pero no es partidista”.

jueves, 11 de julio de 2013

FRANCISCO, EL PAPA CERCANO (II)

El Papa Francisco es el hombre del encuentro personal que cautiva por su trato y deslumbra con sus orientaciones. Para la gente común es una persona sencilla y cálida, plena de gestos de consideración. Es el sacerdote empeñado en que la Iglesia salga al encuentro de la gente con mensaje comprensivo y entusiasta. Es un religioso convencido de que debe pasarse de una Iglesia “reguladora de la fe” a una Iglesia “transmisora y facilitadora de la fe”.
 
Cuando tenía 21 años le diagnosticaron una pulmonía grave y tuvo que soportar dolores tremendos. Las visitas al hospital trataban de consolarlo con frases hechas, “ya va a pasar”, “pronto volverás a casa” y otras. Solo una lo reconfortó: la de la Hermana Dolores, una monja que lo había preparado para la primera comunión, dijo “Está imitando a Jesús”. Para él fue una lección de cómo hay que afrontar cristianamente el dolor.

Este episodio robusteció su fe, pero sobre si el dolor es una bendición si se lo asume cristianamente, dijo «El dolor no es una virtud en sí mismo, pero sí puede ser virtuoso el modo en que se lo asume. Nuestra vocación es la plenitud y la felicidad y, en esa búsqueda, el dolor es un límite. Por eso, el sentido del dolor, uno lo entiende en plenitud a través del dolor de Dios hecho Cristo». «La clave pasa por entender la Cruz como semilla de la resurrección».

Entonces a la cuestión de por qué la Iglesia insiste demasiado con el dolor como camino de acercamiento a Dios y poco en la alegría de la resurrección, como lo prueba que el principal emblema del catolicismo es un Cristo crucificado que chorrea sangre, el Cardenal explica:

«La exaltación del sufrimiento en la Iglesia depende mucho de la época y de la cultura. La Iglesia representó a Cristo según el ambiente cultural del momento que se vivía. En los iconos orientales, por ejemplo los rusos, se comprueba que son pocas las imágenes del crucificado doliente, más bien se representa la resurrección. En cambio el barroco español enfatiza la pasión de Jesús. La vida cristiana es dar testimonio con alegría. Santa Teresa decía que un santo triste es un triste santo».

Según qué región, en España la representación de la pasión de Cristo es diferente según la cultura de sus pueblos. En Andalucia predominan el barroco de crucificados dolorosos y los majestuosos tronos de palio de la Virgen, engalanada, revestida de tonos radiantes de plata y oro, de rostro lozano que mira con amor. En Castilla, de influencias románicas, el crucificado no lleva corona de espinas, tiene los ojos abiertos sin expresión de dolor, y la Imagen de la Virgen es una genuina muestra de sobriedad, sin palio, ni joyas ni coronas. En ambos casos el dolor de Cristo acerca más el hombre a Dios, que la alegría de la resurrección. Atrae más el Vía Crucis, el camino del Calvario, que el Vía Lucis, el camino de la Luz. Paradójico. Digamos como el salmista “El Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres” porque sin cruz no hay resurrección.

A la pregunta de qué actitud toma ante una persona que tiene una cruel enfermedad, replica:

«Ante una vida que se apaga como consecuencia de una cruel enfermedad, enmudezco. Lo único que me surge es quedarme callado y rezar por ella, porque tanto el dolor físico como el espiritual tiran para adentro, donde nadie puede entrar: comporta una dosis de soledad. Y la gente quiere saber quien la acompaña y la quiere y reza para que Dios entre en ese espacio que es pura soledad». Un claro mensaje de que hay que salir al encuentro del otro.

-A propósito ¿piensa usted en su propia muerte?

«Hace tiempo que es una compañera cotidiana. Pasé de los setenta años y el hilo que queda en el carrete no es mucho. No voy a vivir otros setenta y lo tomo como algo normal. No estoy triste, pero la muerte está todos los días en mi pensamiento».

 

sábado, 25 de mayo de 2013

FRANCISCO, EL PAPA CERCANO (I)

Los primeros gestos del Papa Francisco fueron muy expresivos y apreciados por las muestras de cercanía y naturalidad que dejó entrever desde que el 13 de marzo de 2013 salió al balcón de la Plaza de San Pedro para saludar a la multitud que esperaba la fumata blanca del conclave.

Esas muestras de cercanía y naturalidad son cualidades del Papa Francisco desde que empezó como simple sacerdote jesuita allá por 1969 y así se aprecian en los numerosos escritos y libros que hablan de la vida y de la personalidad del pontífice número 266 de Iglesia Católica.

Los párrafos que siguen son el reflejo de esa personalidad, extraídos de un libro escrito por dos periodistas que, en varias entrevistas, mantuvieron una larga conversación con el entonces Cardenal Jorge Bergoglio. En esas entrevistas se revela como un buen pastor cercano a la gente, de gran profundidad intelectual y teológica, enriquecida con un doctorado en la escuela de la vida y del sentido común, y un fino sentido del humor. «Mucha gente dice que cree en Dios, pero no en los curas», se le pregunta. «Y... está bien. Muchos curas no merecemos que crean en nosotros».

El Papa Francisco no es persona de ideologías ni se escandaliza por los pecados de los hombres. El lema de su ministerio es la misericordia, inspirado en el pasaje evangélico que dice que Jesús miró al publicano Mateo con una actitud que podría traducirse como «Lo miró con misericordia, y lo eligió», y así es como explica la llamada de Dios. Él le pidió que mire a los demás con mucha misericordia, sin excluir a nadie, porque todos son elegidos para el amor de Dios.

Con 13 años su padre le dijo que en vacaciones convenía que empezase a trabajar, primero hizo tareas de limpieza, luego administrativas. Más tarde entró en un laboratorio donde trabajaba de 7 hasta las 13 horas, y por la tarde asistía a clase. «Le agradezco tanto a mi padre que me mandara a trabajar porque fue una de las cosas que mejor me hizo en la vida: aprendí lo bueno y lo malo de toda tarea humana». «Tuve una jefa que me enseñó a hacer las cosas bien y la seriedad del trabajo».

A la pregunta de cuál era su experiencia sobre la gente desocupada que durante su vida sacerdotal habría venido a verle, dice: «El trabajo unge la dignidad de la persona. Podemos tener una fortuna, pero si no trabajamos, la dignidad se viene abajo». «El desocupado en sus horas de soledad se siente miserable, porque “no se gana la vida”. Por eso es importante que los gobiernos fomenten una cultura de trabajo, no de dádiva». «Aunque en momentos de crisis haya que recurrir a la dádiva para salir de la emergencia, tienen que fomentar fuentes de trabajo, porque –insiste- el trabajo otorga dignidad».

En el extremo opuesto está el exceso de trabajo, ¿hay que recuperar el sentido del ocio?   «Junto con la cultura del trabajo, tiene que haber una cultura del ocio como gratificación. Una persona que trabaja debe tener tiempo para descansar, para la familia, para disfrutar, hacer deporte, oír música… Pero eso se está perdiendo con la supresión del descanso dominical. La gente trabaja los domingos como consecuencia de la competitividad, y si no hay un descanso reparador, esclaviza, porque no se trabaja por la dignidad sino por la competencia». «A los padres jóvenes pregunto si juegan con sus hijos. Se sorprenden de la pregunta porque nunca se la habían formulado: El sano ocio supone que los padres jueguen con sus hijos los fines de semana, aunque estén vencidos por el cansancio».

Sobre el trabajo hay que referirse a lo que decía el Papa Juan Pablo II en su primera encíclica social, Laborem exercens: «Recordad un principio siempre enseñado por la Iglesia: la prioridad del trabajo frente al capital. El trabajo es siempre una causa eficiente primaria, mientras que el capital, siendo el conjunto de los medios de producción, es sólo un instrumento o la causa instrumental». Cuando esto se olvida se deja al hombre sin dignidad y añade,  «Ante todo, el trabajo está en función del hombre y no el hombre en función del trabajo». También al Papa Benedicto XVI en la encíclica Caritas in veritate de 2009 decía: «Quisiera recordar a todos, en especial a los gobernantes que se ocupan en dar un aspecto renovado al orden económico y social del mundo, que el primer capital que se ha de salvaguardar y valorar es el hombre, la persona en su integridad: Pues –en palabras de Concilio Vaticano II– el hombre es el autor, el centro y el fin de toda la vida económico social» No un número, ciertamente.

sábado, 9 de marzo de 2013

EL MOMENTO MÁS ESPERADO

La Iglesia Parroquial de Santa María de Albox da cobijo a una cofradía con más de siglo y medio de historia. En este templo reciben culto las Imágenes de la Hermandad de Jesús Nazareno, el Paso Morao, según la llaman en el lenguaje cofrade local.

El interior de la iglesia cobra una inusitada actividad el Vienes Santo, especialmente después de los Oficios de la Muerte del Señor, cuando esta Hermandad se dispone a iniciar su Procesión de Penitencia y más de doscientos integrantes del cortejo permanecen atentos a que se abran las puertas del templo, señal de que van a empezar a caminar. Son momentos de emoción contenida que cada uno vive a su modo, unos más comedidos y otros más vehementes; todos con la ilusión desbordada.

Se dan cita nazarenos de túnica morada y otros de túnica azul; unos hay que llevan capa blanca y otros no; todos portan una vela encendida. Abundan señoras y señoritas, damas de teja y mantilla que exhiben aspecto elegante. Los mayordomos tratan de poner orden en las filas, los penitentes se ajustan los capirotes y las damas susurran esperando su turno. Estandartes e insignias se abren paso para ocupar su puesto. La Cruz de Guía avanza la primera entre dos faroles. El incienso lanza aromas de humo que pica los ojos. 

Los tronos del Nazareno y de la Virgen se alinean junto al Altar Mayor al fondo de la iglesia; el del Sepulcro espera en la nave lateral. Las voces de los anderos se mezclan con las últimas consignas de los Mayordomos de trono. Velas y cirios ya están encendidos.

Tres imágenes, tres símbolos de una fe que mueve a cientos de personas:

Imagen del Nazareno: «Tomaron a Jesús y, cargando él mismo con la cruz salió para el lugar llamado Gólgota» (Jn. 19,17) Una imagen abatida por el dolor. Su mirada baja mueve a compasión y serenidad. Es esencia de la Cofradía.

María de la Redención: «El plan divino de la salvación, reserva un lugar a la Madre de Cristo» (De la Redemptoris Mater). Palio cobijo de estrellas. Azul inmenso para arropar a esta Imagen, rostro de facciones dulces y aniñadas que saben a gloria.

El Cuerpo del Señor: «Tomaron el cuerpo de Jesús, lo envolvieron en lienzos con aromas y lo depositaron en un sepulcro» (Jn.19, 38-42). Último trance de la Pasión. En él, la figura Yacente de Cristo, obediente hasta la cruz y paciente hasta la muerte.

Los hermanos cofrades se contagian del ansia gozosa de que la procesión va a salir. Afuera la gente se impacienta al relente de la tarde anochecida. Hay luna llena.

Retumba el primer toque de campana del trono. Se acallan las voces. Los tronos se mueven dentro de la iglesia. Avanzan las filas abriéndose paso entre el gentío. Las pesadas puertas del templo se abren de par en par a la plaza. Salvada la estrechez del cancel con la respiración contenida, la procesión ya está en la calle. Suena la música, redoblan los tambores. El  momento más esperado ha llegado. 

viernes, 15 de febrero de 2013

BENEDICTO XVI DEJA EL PONTIFICADO

La renuncia del Papa Benedicto XVI, anunciada el 11 de febrero pasado, día de la Virgen de Lourdes, cogió a todos con el pie cambiado. Creyentes y no creyentes se vieron sorprendidos por lo excepcional del hecho. La mayoría de los personajes públicos, salvo algunos cortos de luces, han mostrado respeto y admiración por el Papa, y su decisión. Ahora, hacer cábalas sobre lo que ocurra a partir del 28 de febrero en que sea efectiva su renuncia, son ganas de especular sobre los designios de la Iglesia, siempre tan reservada. De lo que no hay duda es que el Conclave, inspirado por el Espíritu Santo, elegirá un nuevo pontífice.

Benedicto XVI deja un legado doctrinal impresionante, pleno de sabiduría y sencillez. Destacan la trilogía sobre Jesús de Nazaret y las tres encíclicas sobre el Amor cristiano, la Esperanza y la Caridad. Lo último ha sido la proclamación del Año de la Fe para reavivar la fe de los creyentes y atraer a los alejados de Dios.

Los libros sobre Jesús de Nazaret, escritos a la luz del Evangelio, son un regalo para ahondar en la vida de nuestro Señor en los treinta y tantos años que vivió en este mundo. El segundo tomo recoge los acontecimientos de su última semana en Jerusalén, -la Semana Santa de los cristianos-, desde que llegó a la Ciudad Santa hasta que resucitó después de la crucifixión. Son 350 páginas para reflexionar sobre lo ocurrido en aquellos días, algo tan arraigado en los cofrades que, año tras año, lo recuerdan en plazas y calles por la gran fe que tienen en Jesucristo y la esperanza en la resurrección futura.

El Papa ha hecho muchos esfuerzos para estar cerca de los jóvenes. En dos ocasiones se ha visto cara a cara con ellos hablándoles alto y claro. La primera fue la Jornada Mundial de la Juventud de Sídney de 2008 y la segunda la JMJ de Madrid de 2011. “No os avergoncéis del Señor”, dijo en la ceremonia de bienvenida de Madrid…“permanecer firmes en la fe y asumir la bella aventura de anunciarla y testimoniarla abiertamente”. Sus palabras fueron granos de trigo sembrados en tierra firme, que no han borrado el paso del tiempo.

En este gran acontecimiento capaz de concentrar miles de rostros de todos colores, gentes de lenguas diversas o familias enteras, los cofrades españoles hicieron lo que saben hacer de carrerilla: Un gran Vía Crucis con sus Imágenes de Semana Santa para decirle al Papa cómo entienden su “vivir la fe”.

Al final de ese ejercicio de piedad, el Papa contempló las imágenes donde la fe y el arte se armonizan para llegar al corazón del hombre e invitarle a la conversión” e hizo una llamada a los jóvenes: “Vosotros, que sois muy sensibles a la idea de compartir la vida con los demás, no paséis de largo ante el sufrimiento humano, donde Dios os espera para que entreguéis lo mejor de vosotros mismos: vuestra capacidad de amar y de compadecer”. “La cruz no fue el desenlace de un fracaso, sino el modo de expresar la entrega amorosa que llega hasta la donación más inmensa de la propia vida. El Padre quiso amar a los hombres en el abrazo de su Hijo crucificado por amor”.

El Papa ha contribuido a renovar la fe proclamando el Año de la Fe, vigente desde octubre pasado. En la carta de su convocatoria afirmó que “Dios, en el misterio de su muerte y resurrección, ha revelado en plenitud el Amor que nos salva y llama a los hombres a la conversión de vida mediante la remisión de los pecados”.

Los cofrades, y los católicos en general, agradezcamos a Dios las enseñanzas recibidas en los casi ocho años de pontificado de este gran hombre, que en su renuncia ha pedido “perdón por sus defectos” en un gesto de profunda humildad.

domingo, 13 de enero de 2013

Jesús llegó al Jordan para ser bautizado por Juan... pero ¿quien era este Juan?

JUAN EL BAUTISTA

En el capítulo II del libro “La infancia de Jesús” el Papa Benedicto XVI hace referencia a Juan, el conocido como Bautista, distinto del otro Juan, el discípulo amado que convivió con Jesús durante su vida pública, autor del Cuarto Evangelio e hijo de Zebedeo. A Juan el Bautista, hijo de Zacarías, la Iglesia le reserva la fiesta solemne de su nacimiento el 24 de junio, mientras que la del Evangelista se va al 27 de diciembre.
Juan el Bautista aparece como el hombre que precede a Cristo, el que va delante de Él a preparar sus caminos y el que anuncia el perdón de los pecados. Ambos nacieron con una diferencia de meses estando sus nacimientos relacionados entre sí, como explica el Papa siguiendo a los evangelistas Mateo y Lucas.
El nacimiento de Juan el Bautista pertenece al entorno de la Navidad. Fue hijo único de Zacarías e Isabel, que vivían en Ain Karen, a pocos kilómetros de Jerusalén, en Judea donde reinaba Herodes el Grande. Esta es su historia.
Zacarías era un sacerdote del templo de Jerusalén del turno de Abías, casado con una descendiente de Aarón, Isabel. «Los dos eran justos ante Dios y caminaban sin falta según los mandamientos del Señor». (Lc 1,5-25). Ambos eran de edad avanzada y no tenían hijos pues ella era estéril, por lo que rogaban a Dios para tener descendencia.
Estando de servicio en el Templo, Zacarías entró en el lugar Santo a la hora del sacrificio vespertino para ofrecer el incienso según la liturgia, mientras el pueblo quedaba fuera. El humo del incienso que subía era como una oración: «Suba mi oración como incienso en tu presencia, el alzar de mis manos como ofrenda de la tarde», dice el Salmo 141. De pronto se apareció un ángel del Señor a la derecha del altar que le dijo: «¡No temas, Zacarías! pues tu oración ha sido escuchada: tu mujer, Isabel, te dará un hijo a quien pondrás por nombre Juan…será grande ante el Señor, no beberá vino ni licor, convertirá muchos hijos de Israel al Señor. Irá delante del Señor para atraer los rebeldes a la sabiduría de los justos». En pocas palabras el ángel anunció a Zacarías la misión de su hijo.
Al analizar las palabras del ángel, el Papa considera a Juan como un sacerdote, -pues los consagrados a Dios no podían “beber vino ni bebida que pudiera embriagar”-, que llegó con la pujanza de un gran profeta que prepararía al pueblo para la venida del Señor. 
A preguntas de Zacarías de cómo sería eso si tanto él como su mujer eran de edad avanzada, el ángel, que se identificó como Gabriel, «el que está delante de Dios», le dijo que «había sido enviado para darle esta buena noticia», y añadió «Pero te quedarás mudo hasta que esto suceda porque no has creído mis palabras». 
Benedicto XVI repasa historias similares de niños engendrados por padres estériles que nacieron por voluntad de Dios. Es el caso de Isaac, hijo de Abraham con noventa y nueve años y de Sara que tenía noventa, (Gen 17,15-19); o el de Samuel, hijo de Elcaná y Ana que era estéril, pero imploró y prometió al Señor que le ofrecería un varón que de ella naciera y así concibió a Samuel. (1Sam 1). Para Dios nada es imposible.
Cuando el ángel Gabriel reveló a María que Isabel estaba embarazada de seis meses, fue a visitarla y se quedó con ella hasta que nació Juan. Seis meses después nació Jesús no muy lejos de allí, en Belén. Si Isabel y Ana, la madre de la Virgen, descendientes de Aarón, eran primas hermanas y María era sobrina de primas hermanas de Isabel, el parentesco de Juan y Jesús podía ser de tío y sobrino en tercer grado.
Según la ley, Juan fue circuncidado a los ocho días de nacer y querían llamarlo Zacarías, como su padre, pero Isabel advirtió que tendría que llamarse Juan. Ante el asombro de los presentes, Zacarías escribió en una tablilla «Juan es su nombre». En ese momento recuperó el habla y pronunció el Benedictus, un himno profético que, en uno de sus versículos dice refiriéndose a Juan: «Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo porque irás delante del Señor a preparar sus caminos».
De la infancia de Juan nada dicen los evangelios. Aprendería la Tora en la sinagoga e iría a Jerusalén en la fiesta de Pascua. Lucas solo dice que «crecía y se fortalecía en el espíritu, y vivía en los desiertos hasta los días de su manifestación a Israel».

Juan empezó a predicar antes que Cristo. Lucas lo describe así: «En el año decimoquinto del emperador Tiberio, siendo Poncio Pilato gobernador de Judea; Herodes Antipas tetrarca de Galilea y Perea, y su hermano Filipo tetrarca de Iturea y Traconítide…vino la palabra de Dios sobre Juan en el desierto. Y recorrió toda la comarca del Jordán predicando un bautismo de conversión para perdón de los pecados».

Juan fue un predicador vehemente que se vestía con una piel de camello y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre. Acudía gente de Jerusalén a quienes bautizaba en el Jordán. A los fariseos y saduceos les dijo: «¡Raza de víboras!... haced penitencia; todo árbol que no produzca fruto será cortado y arrojado al fuego». Al pueblo en general les recomendaba justicia y caridad: «El que tenga dos túnicas, que comparta con el que no tiene…no exijáis más de lo establecido… no hagáis extorsión ni falsas denuncias».
Cuando se extendió su fama, los dirigentes judíos le preguntaron si era el Mesías, o Elías o algún profeta. Él negó ser alguno de ellos y fiel a la verdad dejó este testimonio: «Yo os bautizo con agua; pero viene uno más poderoso que yo a quien no merezco desatar la correa de sus sandalias, que os bautizará con Espíritu Santo y fuego». Esto pasaba en Betania a orillas del Jordán.

Un día llegó Jesús de Nazaret de Galilea a ser bautizado por Juan. Es posible que esta fuera la primera vez que se vieran, pero Juan lo reconoció: «He visto al Espíritu que bajaba del cielo como una paloma y se posó sobre él… y dije “Este es el que bautiza con Espíritu Santo”. Doy testimonio de que es el Hijo de Dios». Aunque Juan siguió bautizando, desde ese momento su figura se desvanece para dejar paso a la de Jesús el Nazareno.

Un poco más al norte, en Galilea, Herodes Antipas se había casado con Herodías, la mujer de su hermano Filipo, que era mujer ambiciosa. Como Juan le echaba en cara su adulterio, hizo que Herodías indujera a Herodes a darle muerte, pero éste tenía a Juan por un hombre justo y además temía al pueblo que lo veneraba como un profeta. Sin embargo  la influencia de los fariseos hizo que Herodes lo encarcelase en la fortaleza de Maqueronte a orillas del mar Muerto. La noticia entristeció a Jesús.

Una fiesta de cumpleaños de Herodes fue la ocasión de Herodías para castigar a Juan. En la fiesta bailó Salomé, su hija nacida del matrimonio con Filipo, y tanto agradó a Herodes que le juró darle lo que le pidiese. Herodías aleccionó a Salomé y ésta pidió la cabeza de Juan en una bandeja. Herodes ordenó decapitar al Bautista y entregó la cabeza a Salomé que se la ofreció a su madre. Los discípulos de Juan se llevaron su cuerpo y le dieron sepultura en la ciudad de Samaria. Luego fueron a dar cuenta a Jesús que se retiró durante unas horas a un paraje desierto, pero pronto se vio rodeado de la gente que le seguía y a la que enseñaba. Juan murió joven cumplida con creces la misión de mensajero del Señor: «Mirad, yo envío mi mensajero para que prepare el camino ante mí» había profetizado Malaquías.

martes, 25 de diciembre de 2012

Con la Natividad comenzó una nueva Era.

El nacimiento de Cristo, ese sencillo suceso que dio origen a la celebración de la Navidad, fue un acontecimiento capital para la Humanidad. Que todo un Dios omnipotente se haga hombre en el seno de una humilde mujer tiene algo de locura. Locura divina que partió la historia en dos: Lo ocurrido antes de Cristo y lo que sucedería después de Cristo. Con Él nació el año cero para el cómputo de un tiempo nuevo.

Con la llegada de Cristo quedaron abolidos los sacrificios cruentos y las víctimas expiatorias, quedando solo su propio sacrificio de muerte en la cruz, según su voluntad: «Y conforme a esa voluntad todos quedamos santificados por la oblación del cuerpo de Jesucristo, hecha una vez para siempre» explica San Pablo (Hb, 10,10).

Jesucristo es una figura histórica cuya doctrina es conocida a través de sus discípulos. Su doctrina, el cristianismo, es una religión universal fruto de una predicación de mensajes de amor y de redención. Su indiscutible triunfo a lo largo de los siglos no lo han detenido ni Herodes, ni Diocleciano, ni los totalitarismos ni el laicismo más intolerante, porque anida en la conciencia de los hombres de buena voluntad y se asienta en la fuerza del amor fraterno y del perdón.

El cristiano fetén tiene que predicar esta doctrina con fe y encumbrarla sin tapujos porque tiene rango divino y contra eso nada pueden quienes intentan quebrarla o encerrarla en las iglesias. Ni el amor ni el perdón se pueden rebatir con argumentos groseros o coacciones perversas, a veces disimuladas, como demuestra la experiencia de siglos.

Cuando los apóstoles, conminados por el Sanedrín para que no predicaran la doctrina de Cristo, contestaban que “Obedecerían a Dios antes que a los hombres”,  y los saduceos montaban en cólera y los amenazaban con matarlos, un fariseo llamado Gamaliel, hombre de prestigio, doctor de la ley, les dijo “Mirad bien lo que vais a hacer con estos hombres. Desentendeos y dejarlos libres, porque si lo que predican es obra de los hombres, se destruirá, pero si es de Dios no conseguiréis destruirla. No sea que os encontréis luchando contra Dios”.

La Navidad nació en un pesebre. Nada ni nadie en el mundo ha ejercido tanta influencia en pro del respeto humano entre el hombre y la mujer como la escena del pesebre de Belén, cuna de la Cristiandad.
 
El cristianismo está en el centro de nuestra cultura. La Navidad se celebra en todo el mundo occidental como la gran fiesta de alegría y de paz sin distinción de razas ni nada que la supere, porque Cristo habita entre nosotros.

 

domingo, 16 de diciembre de 2012

PANDERETAS Y ZAMBOMBAS La modernidad no impide...

La modernidad no impide que panderetas y zambombas resistan el paso del tiempo y lleguen lozanas a la Navidad para acompañar el canto de villancicos, el cante tradicional que entonan las familias en torno a las figuras del belén para anunciar que celebran la Natividad del Señor. 

Los belenes son la parte visible de la llegada a la Tierra del Niño Jesús, el Mesías de Dios que anunciaron los profetas, encarnado en una Santa Mujer, que vino a nacer en un pueblo desconocido de Judea para traer la alegría y la paz a los hombres de buena voluntad.


¡Cantad “Campana, sobre campana”; “Los peces en el rio”; “A Belén pastores” o “Noche de paz”; tocad panderetas y zambombas; vitoread al Dios que ha nacido y decid Feliz Navidad!

domingo, 2 de diciembre de 2012

LA INFANCIA DE JESUS

Cuando del almanaque salta la gran Solemnidad de Cristo Rey y llegan los tonos morados del Adviento, que es el tiempo precursor de la Navidad, es el momento de empezar a prepararse para la alegre fiesta del Nacimiento de Cristo, que eso significa Navidad.

Al principio de nuestra era los cristianos solo conmemoraban la Pasión y Resurrección de Cristo por considerar irrelevante el momento de su nacimiento. Hubo que esperar hasta el año 320 para empezar a celebrar de forma humilde la Navidad, pero fue en el siglo VIII cuando la liturgia de esta Fiesta alcanzó el realce con la que, salvo algunas variaciones, ha llegado hasta hoy.
Si la Pasión y Resurrección de Cristo se representan con imágenes sobre tronos en procesión, su Nacimiento se representa en los belenes, siguiendo la tradición iniciada por San Francisco de Asís en 1223 cuando se le ocurrió montar uno para reproducir la escena de Belén.

Coincide la entrada del Adviento con la aparición del libro del Papa Benedicto XVI “La infancia de Jesús”, el tercero dedicado a la figura de Jesús de Nazaret. El primero abarca desde su Bautismo hasta la Transfiguración y el segundo desde la Entrada en Jerusalén hasta la Resurrección. Con el último libro se completa la trilogía sobre Jesucristo, y sobre ello el teólogo Olegario Gonzalez de Cardenal, ha escrito: «Cuando los evangelistas tuvieron la experiencia de que aquel a quien los hombres habían crucificado, Dios lo había resucitado, se preguntaron por el sentido de todo lo que habían vivido con Jesús y sobre todo quien era y de donde venía para que Dios hubiera actuado así con Él. Y evocaron todo lo vivido hasta llegar al mismo nacimiento de Jesús. Una convicción les animó: El que ha resucitado es el mismo que ha muerto en la cruz, el que ha predicado el Reino, el que ha nacido en Belén. Y concluyen: éste a quien Dios ha resucitado es su Hijo. Y el que nace en Belén es ese mismo Hijo encarnado».  
El libro ha desatado una falsa polémica porque, según algunos que ni siquiera lo han leído, el Papa “niega la existencia del buey y la mula en el pesebre de Belén”. Los que se han rasgado las vestiduras, antes de decir nada debían leer el libro, y documentarse en los Evangelios, donde no aparecen ni el buey ni la mula en el establo de Belén, que es la fuente empleada por el Papa para el conocimiento de Jesús.

Muy al contrario Benedicto XVI, anima a mantener esa tradición que inició San Francisco. Más aún: ahonda en el significado del buey y la mula citando a Isaías (1,2-3) que pone en boca del Señor esta profecía: «Hijos he criado y educado, y ellos se han rebelado contra mí. El buey conoce a su amo y el asno el pesebre de su dueño; Israel no me conoce, mi pueblo no comprende». De este texto se sirvió la tradición cristiana para poner estos animales junto al pesebre de Jesús, capaces de reconocer al único Señor, y como símbolo del amor del nuevo Israel que sí tiene conocimiento del Señor a través de la Iglesia.
También a los belenes se les pone nieve, pero según San Lucas “en la región había unos pastores acampados al raso” lo que hace suponer que la noche no era tan fría para que hubiese nieve. Por si acaso la Virgen había preparado el viaje pensando en la profecía de Miqueas: «De ti, Belén, Efratá, saldrá quien ha de gobernar en Israel», y por eso iba provista de pañales con los que envolvió al niño y lo acunó en el pesebre.

La Navidad viene de camino. El Papa en su libro ahonda en esta fiesta que conmemora el Nacimiento del Niño Jesús, y sigue con el relato de su infancia vivida entre Egipto y Nazaret. Hay que leer el libro para conocer algo más de los primeros años de quien es el Señor de la Historia, y hay que seguir montando belenes, con mula, con buey, con nieve o si ella, cantar villancicos y si se tercia entonar el “Gloria a Dios en las alturas” que sí aparece en el Evangelio.

lunes, 5 de noviembre de 2012

AÑO DE LA FE

ANNUS FIDEI 2012-2013

«La puerta de la fe» (cf. Hch 14, 27), que introduce en la vida de comunión con Dios y permite la entrada en su Iglesia, está siempre abierta para nosotros. Atravesar esa puerta supone emprender un camino que dura toda la vida. Éste empieza con el bautismo (cf. Rm 6, 4), con el que podemos llamar a Dios con el nombre de Padre, y se concluye con el paso de la muerte a la vida eterna, fruto de la resurrección del Señor Jesús que, con el don del Espíritu Santo, ha querido unir en su misma gloria a cuantos creen en él (cf. Jn 17, 22).

Así empieza la Carta Apostólica en forma de motu proprio, Porta Fidei, del Papa Benedicto XVI para convocar el Año de la Fe que comenzó el 11 de octubre, en el 50 aniversario de la inauguración del Concilio Vaticano II, y concluirá el 24 de noviembre de 2013, Solemnidad de Cristo Rey. 

La convocatoria «es una invitación a una auténtica y renovada conversión al Señor, único Salvador del mundo» y un llamamiento a los cristianos a renovar la fe. Los cofrades, como miembros activos de la Iglesia, tenemos la oportunidad de dar testimonio de que Jesús, el Nazareno, en el centro de nuestra fe y de nuestra vida. Para ello nada mejor que acudir al Credo, la oración que es la síntesis de nuestra fe.

El Credo es la fórmula de la profesión de fe cristiana. Se llama así por ser la primera palabra de la fórmula latina: «Credo in unum Deum...». Los primeros cristianos tenían un código que aprendían de memoria para poder ser bautizados: era el Símbolo de los Apóstoles, cuyos artículos fueron formulados por los Doce. Hoy lo conocemos como Credo, y en él se resumen las verdades principales que profesamos los cristianos.
 
Mucho se ha empezado a escribir sobre el Año de la Fe. De la revista Alfa y Omega extraemos parte de lo escrito por algunos teólogos sobre el Credo. El cardenal luso José Saraiva Martins reconoce que hay una indiferencia religiosa creciente, el ateísmo, pero «El Credo, en síntesis, nos dice que si tú crees verdaderamente los que anuncias, si lo vives en profundidad, no debes tener miedo de nada».

Monseñor Pierangelo Sequeri, Rector de la Facultad de Teología del Norte de Italia, apunta que «En el Credo, la historia del hombre y la historia de Dios, se narran juntas, como en una única narración». Y añade «Sería estupendo que el Año de la Fe llevara a encariñarnos con el Credo».

Más conciso es el dominico Giorgio María Carbone de la Facultad de Teología de Bolonia: «El Credo es la síntesis de la Revelación. En vez de leer todos los libros de la Biblia, la Iglesia, conociendo la pereza humana, nos ofrece en unas líneas la síntesis de la fe».

Finalmente el Arzobispo Rino Fisichella, Presidente del Consejo Pontificio para la Nueva Evangelización, explica que, «al final del Año de la Fe, querría que el Credo se convirtiera en la oración diaria de los cristianos, es decir, la profesión de fe recitada y coherentemente vivida». Lo propone con palabras de San Agustín: «Recibid la fórmula de la fe, que es llamada Símbolo. Y cuando la hayáis recibido, grabadla en el corazón y repetirla cada día, antes de dormir, antes de salir de casa, en la plaza o en la calle, y para antes de comer».

«El Credo es, ante todo una oración que se recita dentro de la celebración litúrgica. Es la síntesis de lo que la sabiduría creyente ha seleccionado como esencial», escribe la Teóloga de la Universidad Pontificia Gregoriana Stella Morra.

Sirva este Año de la Fe como punto de partida para descubrir los contenidos de la fe profesada, celebrada, vivida y rezada, confirmando día a día nuestras creencias en Dios Padre, el Creador; en Jesucristo, nuestro Señor Redentor; en el Espíritu Santo, el Consolador; en la Resurrección al final de los tiempos, y en la Vida eterna, compartiéndolas con los demás.

sábado, 20 de octubre de 2012

APOSTILLA A LA APERTURA DE CURSO 2012-2013.

La breve ceremonia de Apertura del Curso Cofrade 2012-2013 tuvo lugar el tercer día del Solemne Triduo en honor a la Virgen MARÍA SANTÍSIMA DE LA REDENCIÓN, celebrado los días 11, 12 y 13 de octubre de 2012 como colofón del XXV Aniversario de su Bendición.

El Hermano Mayor, Pedro J. García Sánchez, dedicó su alocución para hacer balance del Año de la Virgen; lanzar un mensaje de acercamiento constante a Cristo y a la Virgen; y proclamar la verdad de que la Virgen cooperó en la obra de la Redención. Lo hizo con estas palabras:

“Queridos hermanos, queridos cofrades:
Recordaréis que el año pasado por estas fechas declaramos el curso cofrade que entonces comenzamos como AÑO DE LA VIRGEN en memoria del XXV aniversario de la  Bendición de María Santísima de la REDENCIÓN. Ha sido éste un año fructífero que nos ha servido para estar más cerca de la Virgen María y hacernos más devotos de Ella.
Pero este acercamiento no debe ser solo de unos meses. Tenemos que ser constantes en la devoción a Jesucristo y a la Virgen María durante los 365 días de todos los años. Esa es nuestra primera obligación de cofrades. Como creyentes, el apego demostrado a la Virgen nos debe servir para valernos de su mediación ante el Señor y lograr que participen de esa fe otras personas que no la tengan.
En varias ocasiones la Virgen intervino ante su Hijo para conseguir atraer a gente indecisa. Un ejemplo conocido por el Evangelio sucedió en la boda de Caná. La Virgen usó su habilidad de madre para que su Hijo se revelase como el Mesías, transformando el agua en vino. Gracias a la intervención de Ella, Cristo se ganó sus primeros discípulos entre los invitados.
Más tarde, cuando Cristo resucitó, se cumplieron los designios de Dios: El hombre fue redimido para siempre y la Virgen María cooperó en esa magna obra. Esta gran verdad la proclamamos los cofrades moraos honrando a nuestra María Santísima de la REDENCIÓN.
Este Curso Cofrade lo vamos a empezar presumiendo con Ella. Durante estos días hemos celebrado un Triduo en su honor y hoy, el terminar la Eucaristía, la vamos a sacar en procesión por las calles de Albox. Será una buena ocasión para encomendarle nuestras alegrías y preocupaciones; para confiarle nuestros deseos e ilusiones, y sobre todo para tenerla presente en el discurrir diario de nuestra vida.
Así lo manifiesto y así lo deseo al declarar abierto el Curso Cofrade 2012-2013”.

San Lucas, en el evangelio de ese día –el sábado 13-, pone en boca de una mujer que oía a Jesús mientras hablaba a la gente, este grito: “¡Dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te criaron!”. (Lc 11, 27-28). Tanta era la dicha de aquella mujer, que alzó su voz para elogiar a la Madre de quien les hablaba.

También los cofrades moraos unimos la voz a la mujer del evangelio para proclamar nuestro entusiasmo por la Virgen María Santísima de la Redención como dijo el Hermano Mayor  “presumiendo con Ella” en la Iglesia o en la calle. Somos dichosos por su título que pregona el misterio más grande de la humanidad: la Redención; por su mediación ante el Señor que nos concede todos los bienes juntos, y porque su resplandor no tiene ocaso. ¡Bendita seas!.

 

jueves, 6 de septiembre de 2012

EUGENIO

En la orilla norte del altiplano granadino, la que linda con la Sierra de Cazorla, son casi las siete de la mañana de un día de primeros de agosto, cuando unos rayos del sol anuncian un nuevo día.  En un instante el campo se tiñe de un rojo mañanero que en pocos minutos se va tornando en amarillento caluroso y es cuando la atmósfera empieza a perder el frescor de la noche.

Para el caminante que echa a andar a esa hora, cada mañana es diferente aunque se repitan la paz de los campos, el saludo a otros caminantes y las avemarías del rosario. El amanecer regenera el espíritu del que madruga. 
 
Eugenio ve siempre la salida del sol, y sabe que a medida que pasan los días el sol sale cada vez más tarde siguiendo el curso natural que impuso el Creador. ¡Ah, Eugenio es un pastor!

En uno de los recorridos matutinos, el caminante lo encontró al borde del camino del Cementerio vigilando al rebaño que pastaba en el rastrojo, con su parsimonia habitual. Se apoyaba en su cayado a modo de asiento en posición estática, con una quietud paciente, contagiado tal vez por la pacienzuda compañía de las ovejas. Los perros guardianes mantenían la disciplina del rebaño que rebuscaba la hierba comestible del prado sin ninguna otra preocupación notable. Estaba abrigado pues la mañana amanecía fresquita.
 
¡Buenos días nos dé Dios!, saludó el caminante. ¡A la paz de Dios!, respondió Eugenio, el pastor. Tras un corto diálogo de tanteo el buen hombre se dejó preguntar, y contó que en el verano sale con el rebaño a las nueve de la noche y se recoge sobre las nueve de la mañana para evitar el sol y el calor. Pasa las noches al raso, como recuerda el pasaje evangélico de los pastores de Belén, y solo duerme un rato cuando las ovejas se echan para dormir a eso de las cuatro o cinco de la mañana sin que nadie les diga nada. Eso explica la prenda de abrigo que llevaba para pasar la fría noche. Como despertador se sirve de una cuerda que se ata a un pie que, a su vez, está atada a la oveja mansa, y cuando ésta se despierta tira de la cuerda y “avisa” a Eugenio. Así fue el primer encuentro.  
Otra mañana, de cielo azul claro y limpio, al oír el tintineo de las campanillas de las ovejas y cabras, el andariego orientó sus pasos en esa dirección y encontró a Eugenio y su manada en una ladera a la vera del Cortijo Blanco, hecho con paredes de mampostería en color ocre, en su postura habitual “sentado en el bastón”. Uno de los perrillos rondaba inquieto cerca de Eugenio como esperando sus órdenes. Esta vez el señuelo de la edad dio pié para iniciar la charla. El hombre tiene 75 años y toda su vida ha tenido ese oficio, y no piensa en la jubilación. Vive del fruto del rebaño, sobre todo de la venta de las crías; no así de la lana que no se cotiza; tiene algo más de 400 ovejas aunque deja en la majada las que están “criando”. Aunque el pasto no es gratis, pues tiene que pagar algo a los dueños del terreno, el negocio se defiende. 

El tercer encuentro, más tarde de lo usual, llegó cuando el rebaño se alejaba de los prados próximos al Cortijo del Rey siguiendo el Camino Real, -nombres que los lugareños ignoran de donde vienen-, atravesando la carretera por el paso obligatorio en dirección al Pozo Viejo para saciar la sed con el agua que mana abundante. Las ovejas avivaron el paso al notar el aire húmedo por la cercanía del chorro líquido y en tropel se lanzaron al abrevadero. Tras un buen rato de paciente espera, a una voz de Eugenio el perrillo puso en movimiento al rebaño ya camino del redil para pasar a la sombra el resto del día.  Mientras otra perrita, liberada temporalmente de su función de pastoreo, jugueteaba con otra, Eugenio contó que en invierno sale entre las diez de la mañana y se recoge a las cinco de la tarde.
 
Las ovejas son parte de su vida, las conoce una a una; se siente a gusto en la soledad de estos prados de Dios bajo el cielo estrellado de la noche. Miró las cuentas del rosario del caminante, dijo que se le había olvidado rezar lo que aprendió de su maestro de escuela y avivó el paso.   

sábado, 14 de julio de 2012

EL BOSÓN DE MODA

Tan pronto los científicos de la Organización Europea para la Investigación Nuclear (CERN) anunciaron que en el acelerador de partículas de Ginebra habían conseguido observar indirectamente una partícula compatible con el bosón de Higgs, los medios publicaban opiniones de lo más chocantes. Vamos por partes.

¿Qué es un bosón? La Física estudia que las partículas elementales de la materia se subdividen en bosones y fermiones. Son partículas subatómicas descubiertas en el acelerador de partículas, constitutivas de la materia. Una de ellas es el bosón de Higgs (por Peter Higgs, su descubridor), mal llamada partícula de Dios, cuya propiedad más importante es que la masa de las demás partículas elementales depende de él.
 
Entonces surgen las preguntas: ¿Es el bosón de Higgs la partícula de Dios? ¿Tiene algo que ver este descubrimiento con la religión?

El doctor en Astrofísica y sacerdote de la Archidiócesis de Madrid Don Javier Igea aclara que, aunque el CERN reconoce que el análisis de los datos es muy complejo, todo apunta a que se ha medido la masa del bosón de Higgs que explicaría como está construida la realidad física, pero siendo un paso importante, no lo es todo, y a medida que se vaya conociendo más sobre el bosón de Higgs, se podrá empezar a entender lo que es la materia, algo hipotético en el momento actual. 
Don Javier Igea dice que este descubrimiento se debe enmarcar en la voluntad del hombre en saber de qué está hecho el cosmos. “Nos va la vida en ello, y además tiene implicaciones para la vida moral de las personas y de la sociedad”. No entiende las reacciones de algunos periodistas como la de un tal Antonio Lucas que cree que este hallazgo ha sido un duro golpe para la religión: “Dos milenios de guerras religiosas para nada”.

En cuanto a esas implicaciones religiosas el sacerdote-científico escribe: «No hay implicaciones religiosas por este descubrimiento. Reina una cierta confusión porque el bosón de Higgs ha sido llamado la partícula de Dios. Ésta es una mala traducción del título inglés de la obra de divulgación sobre el bosón de Higgs The God Particle escrita por el premio Nobel Leon Lederman. Es imposible expresar en español el sentido que en inglés tiene el título del libro sin hacer una paráfrasis. Una traducción más exacta es: la partícula dios. Sin duda se trata de una metáfora. Éste nombre, dado a una partícula subatómica por el editor de un libro, no gusta a la comunidad científica y debe ser evitado, tanto por motivos científicos, como por motivos religiosos. La ciencia no trata directamente de Dios, pues éste no pertenece al mundo sensible, experimentable, aun cuando los creyentes pensamos que su acción en la historia puede ser detectada. Además, identificar a Dios con una partícula subatómica es una salvajada filosófica que nos llevaría al más radical panteísmo».

«Ahora bien, la trascendencia mediática y científica que ha tenido este descubrimiento sirve para plantear una vez más las preguntas fundamentales que el hombre se hace sobre sí mismo y sobre lo que le rodea. Detrás de cada científico hay un hombre que busca saber, y en las preguntas que hace a la naturaleza hay una pregunta implícita sobre sí mismo y sobre Dios. La negación de Dios a partir de la ciencia solo se podría dar en el caso imposible de que la ciencia estuviese acabada y diese una explicación última de todo. Pero, después de Gödel, hay una pregunta que la ciencia no puede responder: ¿quién ha creado las leyes de la naturaleza que la ciencia descubre? La ciencia no puede explicarse a sí misma».

Y concluye: «Sabemos mucho más que las generaciones anteriores, pero no sabemos cuán cerca estamos de los límites de la ciencia. La ciencia no es la explicación última de todo, y habrá un momento en que no podamos averiguar nada más científicamente».

viernes, 29 de junio de 2012

BAUTIZO

Hasta hoy, que sepamos, es el más novatillo de la Cofradía. Tiene apenas cinco meses y uno de estos domingos de junio lo han vestido de blanco para ser bautizado. Meses atrás, el pasado Viernes Santo, su madre le puso una túnica morada con capa blanca que lució con la inocencia de un bebé que aún no distingue los colores. Esa noche, su padre, actual Mayordomo del Santo Sepulcro, lo aupó en brazos para ofrecerlo al Señor Yacente. Este gesto paterno le abrió las puertas de la Cofradía del Nazareno, siguiendo una tradición familiar iniciada por el bisabuelo del neófito que se remonta a casi un centenar de años.

El día de San Juan fue bautizado bajo el manto protector de la Santísima Virgen del Saliente. Al terminar la ceremonia padres y padrinos subieron al camarín y presentaron al  pequeño Pedro Jesús a la Madre de Dios. En la Eucaristía previa Isaías había profetizado: “Estaba yo en el vientre, y el Señor me llamó”. Fue una premonición a la gracia del Señor que recibió en el bautismo.

El bautismo nos permite ser hijos de Dios. Al ser bautizados pasamos de ser criaturas de Dios a hijos suyos. Cruzamos el umbral de la Iglesia para formar parte de sus miembros y ser herederos de la Vida Eterna. El bautismo es la puerta para poder recibir los demás sacramentos.

Los signos del bautismo son la vestidura blanca, la señal de la cruz, el agua, el santo crisma y el cirio. El pequeño Pedro Jesús iba vestido de blanco en señal de su dignidad de cristiano. Después de que padres y padrinos solicitaran al Oficiante la fe de la Iglesia, éste hizo la señal de la cruz sobre la frente y el pecho del pequeño mientras rezaba las preces de rigor. Luego puso un poco de sal en la boca del niño, derramó el agua bendecida sobre su cabeza, lo ungió con crisma y entregó a los padres una vela encendida directamente del cirio pascual recordándoles la responsabilidad de que nunca se llegue a apagar esa luz.

El celebrante terminó tocando con el dedo pulgar los oídos y la boca del bebé, mientras decía “Effetá”, esto es ¡Ábrete! que es una invocación al Señor para que el neófito pueda escuchar la Palabra de Dios y proclamar su fe. Este imperativo lo pone San Marcos en boca de Jesús cuando yendo desde Tiro hacia el mar de Tiberiades, le presentaron un sordomudo y Él, apartándolo de le gente, le metió los dedos en los oídos y con la saliva le tocó la lengua y mirando al cielo dijo ¡Effetá! y el sordomudo empezó a oír y a hablar.

Al finalizar el bautismo invocando el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, el sacerdote invitó al nuevo cristiano a ir en paz.


lunes, 11 de junio de 2012

COCINA MODERNA

Sabido es que, desde tiempo ha, se han hecho un renombre ciertos llamados cocineros que “venden” platos con el señuelo de una cocina de diseño. No es que quiten el hambre pero dejan a dos velas el bolsillo de los comensales. Los más renombrados son Arguiñano, Arzak, Ferrán Adrià, Arola, Subijana y algún otro, que te sirven platos como el “Gallo asado con manitas de cordero, carabineros y aceite de albahaca y jabugo”; el “Timbal de alcachofas son flan de foie-gras al oporto”, o la “Ensalada de jeta de lechal y caracoles de mar” por poner tres ejemplos.
A estos sagaces empresarios les está superando desde hace años un afamado competidor. Se trata de un tal Javier Krahe, que en 2004 diseñó un plato llamado “Como cocinar un crucifijo”  cuya receta consiste en tomar un crucifijo, trocearlo, untarlo con mantequilla, meterlo en el horno y esperar tres días, al cabo de los cuales está en su punto y sale solo. A los católicos nos ofende que se use el símbolo que representa la Redención para tan chabacano invento.
Así lo entendió en su día el Centro Jurídico Tomás Moro que presentó una querella criminal por escarnio de las creencias religiosas contra el artista-cocinero. Ahora, al cabo de ocho años (la justicia va por la vía lenta) el Juez correspondiente ha absuelto al provocador cocinero, porque su señoría no ve delito en humillar los sentimientos religiosos de miles de españoles. Que el Señor le conserve su sapiencia.
Está más que probado que a los cristianos se nos ataca a través de los símbolos más queridos, y el crucifijo es el que se lleva la peor parte. O lo quitan o lo cocinan. ¿Y qué podemos hacer? Por lo pronto ser verdaderos apóstoles y no acomplejarnos. En la era de internet y de las redes sociales tenemos los instrumentos para contrarrestar ese acoso. Mostrar la cruz y el crucifijo ha de ser el objetivo preferente y de paso difundir por los cuatro puntos cardinales el rechazo a toda provocación. Si en Semana Santa sacamos a la calle nuestros crucificados, ¿por qué no enseñarlos todo el año para avivar la cristianización tan decaída?
Hace dos mil años San Pablo dijo a Timoteo en su segunda carta que vendrían “tiempos difíciles”, pues los hombres son “egoístas, avariciosos, irreligiosos, calumniadores, amigos más del placer que de Dios”. Es lo que ocurre hoy. Pero al cristiano “Dios no ha dado un espíritu de cobardía, sino de fortaleza y templanza”. “No te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor”, le decía. Apliquemos pues la enseñanza de San Pablo contra la marea anticristiana con más fortaleza y menos vergüenza sin reír la gracia a los que cocinan platos de mal gusto porque nos insultan, diga lo que diga un juez.

sábado, 19 de mayo de 2012

PENTECOSTES Y EL ROCIO

Si en una encuesta se preguntase sobre que es Pentecostés o que es el Rocío, es probable que muchos supieran del Rocío y algo menos de Pentecostés, y eso que son fiestas que se celebran el mismo día.

Pentecostés es la fiesta religiosa que tiene lugar siete semanas después de la Pascua, es decir pasados cincuenta días; de ahí su nombre: Pentecostés (= cincuenta) que equivale en griego a "quincuagésimo". Es un domingo de los más importantes del año. Conmemora la venida o efusión del Espíritu Santo sobre los discípulos como dice el libro de los Hechos de los Apóstoles (2,1-11): “Estando todos reunidos se llenaron del Espíritu Santo y empezaron a hablar lenguas extranjeras contando maravillas de Dios”.

Cristo había dicho a sus discípulos que, para proclamar al mundo todo lo que les había predicado, enviaría el Espíritu Santo para recordárselo y hacérselo comprender mejor. Nueve días después de la Ascensión, el Espíritu Santo vino sobre ellos en la fiesta de Pentecostés y empezó a ejercer su magisterio. La inspiración del Espíritu Santo les ayudaría a divulgar mejor el mensaje de Cristo.

En el Levítico a esta fiesta se le llama “fiesta de las semanas” porque se celebraba siete semanas después de las primeras cosechas. Se hacía para dar gracias a Dios por los frutos recibidos. Se conocía también como fiesta de la siega y tenía lugar en el mes judío de Sivan que es una fecha entre nuestro mayo y junio. Más tarde se le añadió un sentido histórico: a los cincuenta días de salir de Egipto, los israelitas sellaron el pacto de la Alianza con Dios en el Sinaí. Con la venida del Espíritu Santo, Pentecostés se convirtió en fiesta cristiana de primera categoría. Fue el comienzo de la peregrinación de los apóstoles por el mundo enseñando el evangelio.

El Rocío tiene en común con Pentecostés que se celebra el mismo domingo en el pueblo onubense de Almonte. Este día culmina la romería a la Ermita de la Virgen del Rocío con miles de peregrinos con sus Hermandades en un ambiente de alegría y esperanza. Desde semanas antes los romeros preparan carretas, Simpecados, Estandartes que llevan por caminos polvorientos, bajo la sombra de los pinos. Un sinnúmero de hombres y mujeres vadean el rio Quema y acuden a la Ermita para cumplir promesas de todo el año que ofrecen a la Virgen del Rocío.

Se tienen noticias de que a principios del siglo XVI se funda la primera Hermandad con el nombre de Cofradía de Nuestra Señora de las Rocinas. A mediados del siglo XVII el pueblo de Almonte aclama a la Virgen como su patrona. En 1758 se conocen las primeras reglas de la Hermandad donde ya figura como Nuestra Señora del Rocío, nombre que se inspira en la liturgia de Pentecostés que compara la acción del Espíritu Santo con la fecundidad del Rocío: Ven, Espíritu divino/manda tu luz desde el cielo/.Riega la tierra en sequía/sana el corazón enfermo/doma el espíritu indómito/guía al que tuerce el sendero/. Los almonteños quisieron significar que la Virgen del Rocío es la Virgen del Espíritu Santo y por eso la llaman Blanca Paloma. Poco a poco se han ido creando nuevas Hermandades Filiales que ya superan el centenar.

La peregrinación al Rocío es una manifestación de religiosidad popular. Si en Pentecostés los discípulos se llenaron del Espíritu Santo para “ir a predicar el evangelio de Cristo”, en el Rocío es la Santísima Virgen la que invade el espíritu de los romeros que, entre cantos, bailes y plegarias, transforma el camino rociero de la marisma en amor a la Madre de Dios.

jueves, 12 de abril de 2012

SE SUSPENDE LA SEMANA SANTA

Cuando ya solo quedan los ecos de los tambores de los días de Semana Santa pasada, cuando la cera de los cirios solo es un reguero de una luz que pasó, es hora de reseñar algo de la noticia aparecida en la prensa anterior a estos días santos, que decía “El conflicto laboral con la Policía Local deja a La Línea sin Semana Santa”.

La noticia estaba en que los miembros de la Policía Local de La Línea (Cádiz) llevaban ocho meses sin cobrar sus nóminas y ante su falta de colaboración para montar el dispositivo de seguridad necesario, se optaba por “suspender la Semana Santa”.

El titular califica por sí solo la ignorancia del quien lo redactó, y no pudo ser más nefasto. ¿Por un conflicto laboral se va a suspender la Semana que los cristianos dedicamos durante siglos a la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo, o simplemente es que no habrá procesiones?

Cada vez más los días de Semana Santa parecen, como quieren algunos, fiestas del equinoccio de primavera desligados de toda creencia. Y así han convertido los desfiles procesionales (frase horrorosa) en un espectáculo entendido como de “manifestaciones culturales y artísticas” apto para turistas y foráneos. El hecho de que el protagonista central de las procesiones sea un hombre que se dice Hijo de Dios, no cuenta.

No es extraño pues, que el Papa Benedicto XVI exhorte a los sacerdotes a la enseñanza cristiana, para paliar “un analfabetismo religioso que se difunde en medio de nuestra sociedad”. "Los elementos fundamentales de la fe, que antes sabía cualquier niño, son cada vez menos conocidos", denuncia el Papa, que anima a leer la Sagrada Escritura, "que nunca leeremos y meditaremos suficientemente".

La Semana Santa, como tantas celebraciones de los misterios de nuestra fe, hace tiempo se ha desacralizado por parte del ambiente de la calle. La sociedad va secularizando las manifestaciones más sagradas de nuestra Religión. La Semana Santa para muchos es tiempo de vacación, de turismo, de diversión, de folklore. Los pasos de la Pasión cada vez están más reducidos a puro tipismo y a puro comercio. El espíritu de estos días pasa inadvertido para una parte considerable del pueblo de Dios. No se busca el perdón y la penitencia, sino el exhibicionismo callejero de unas procesiones desvirtuadas que, en más de un caso, la algarabía que las rodea rompe la seriedad de lo que representan.

No es extraño que se den titulares como los de La Línea. Si no puede haber procesiones por un problema laboral, no hay espectáculo, ergo no hay Semana Santa. Ahora que ha pasado, los que creemos algo en estos misterios hagamos nuestro balance espiritual de lo que hemos vivido en estos días Santos.

domingo, 18 de marzo de 2012

¿PERDONAMOS A QUIENES NOS OFENDEN?

Deambulando por el universo de la Red se pueden encontrar enseñanzas para ir por los caminos rectos de la conducta humana. Sirva de ejemplo el blog Sol y escudo que en los últimos días trata el tema que titula este comentario. El bloguero empieza: «Hay una petición en el Padrenuestro que siempre me ha parecido inquietante y no terminaba de entender, es la de: "perdona nuestras ofensas así como nosotros perdonamos a los que nos ofenden"».

En este tiempo de limosna, oración y perdón que es la Cuaresma, sería un cargo de conciencia dejar pasar la ocasión de no contestar a esta pregunta ¿perdonamos a quienes nos ofenden?

Después de que Jesucristo enseñase la oración del Padrenuestro a los suyos, Pedro le preguntó: “Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces lo tengo que perdonar? ¿Hasta siete veces? Jesús le contesta: No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete”. Y en otra ocasión dijo Jesucristo “Así pues, si en el momento de llevar tu ofrenda al altar recuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, deja tu ofrenda delante del altar y vete antes a reconciliarte con tu hermano”.

¿Tan importante es el perdón a los que nos han ofendido? En Sol y escudo se califica la frase del Padrenuestro de conclusión matemática: “Todos los pecados pueden ser perdonados menos uno, nuestra negativa a perdonar”, y lo ilustra con esta parábola: “Diez mil talentos le perdonó su señor al deudor moroso. Diez mil talentos en términos de moral, equivaldrían a la suma de todos los pecados habidos y por haber. De todos menos uno, por lo visto, ya que luego se negó a perdonar lo que según una estimación humana tal vez sólo supondría algunos decimales: no le perdonó el que a su vez él no perdonase a un compañero suyo la pequeña cantidad de cien denarios”. Mateo pone esto en boca de Jesús: "Si perdonáis, se os perdonará; si no perdonáis, no se os perdonará".

El bloguero termina con un cuento de Lichtwer: «Un rey tenía tres hijos y muchas posesiones. Pero entre todas sus riquezas sobresalía un brillante de valor inmenso. A la hora de repartir su hacienda, ¿a cuál de los tres hermanos reservaría el brillante? Decidió someterlos a una prueba; el brillante iría a parar a manos del que realizase, un día determinado, la acción más heroica. Al llegar la noche de aquel día, se presentaron los tres hermanos y cada uno relató su hazaña. El mayor había logrado dar muerte a un dragón que desde hacía mucho tiempo asolaba los campos y sembraba el pánico entre las gentes del reino. El segundo contó cómo había reducido, él solo, valiéndose de una pequeña daga, a diez hombres magníficamente armados. El pequeño habló en tercer lugar y dijo: "Salí esta mañana y encontré a mi mayor enemigo durmiendo al borde de un acantilado; lo dejé seguir durmiendo". El rey se levantó del trono, abrazó a su hijo menor y le entregó el brillante».

Con este hermoso relato Lichtwer quiso explicar qué heroico, qué costoso, qué difícil es el perdón entre los humanos.

viernes, 27 de enero de 2012

PREGON EN VALLADOLID

En los últimos días han aparecido críticas contra el Arzobispo de Valladolid, Don Ricardo Blázquez por, dicen, haber objetado que Doña Soraya Sáenz de Santamaría pronuncie el pregón de la Semana Santa de esa Capital dada su situación matrimonial al estar casada por lo civil. En esta ciudad el pregonero es elegido por su Alcalde, dentro de una terna de nombres que la Junta de Cofradías de Semana Santa le presenta cada año.

El arzobispado ha desmentido que hubiese objeción hacia la pregonera. Monseñor Blázquez, a la cuestión de un periodista sobre el estado civil de Sáenz de Santamaría, dijo que desconocía ese dato pero añadió que le gustaría conocer antes la terna de posibles pregoneros propuesta por la Junta de Cofradías por ser un acto que se celebra en la Catedral.

La celebración de la Semana Santa gira en torno a la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo. Es una fiesta cristiana con el Triduo Pascual como núcleo principal. El pregón es la pieza literaria que anuncia la fiesta, y las procesiones trasladan a la calle la representación de ese Misterio. Todo va unido al culto con que la Iglesia, depositaria de la doctrina de Jesucristo, y las Cofradías, que son parte de esa Iglesia, evocan al Hijo de Dios hecho Hombre en las horas finales de su vida terrena.

La elección del pregonero de Semana Santa en la ciudad castellana por la autoridad civil no casa bien con una festividad religiosa, la principal del Cristianismo. La Junta de Cofradías se supedita al poder político, en contra de la tan cacareada separación Iglesia-Estado. Si, pongamos por caso, la Autoridad eligiese a un ateo o a un judío para pregonero, éste difícilmente orientará su pregón para anunciar una conmemoración en la que no cree, aunque hay que suponer que la Junta de Cofradías no propondrá a alguien ajeno a la religión cristiana.

En este caso, en la elección de la pregonera prima su relevancia política. Es Vicepresidente del Gobierno de España, y el Alcalde vallisoletano aprovecha la personalidad pública de la elegida para divulgar a todo trapo la Semana Santa de su ciudad, haciendo además una interpretación sui generis del pregón: “Pretendemos con el pregón de la Semana Santa, no hacer un acto de fe, no hacer una homilía, sino poner en valor el resto de los aspectos de la Semana Santa”. ¿Se referirá al ocio, a la gastronomía, a la visita turística, a la economía local? Bien está favorecer el interés turístico, pero sin relegar el interés cristiano de la fiesta, por desgracia cada vez más mercantilizada. Lo expresa claramente uno de los muchos comentarios leídos: “no es extraño que la gente vaya a las procesiones como si fuera a la feria o por hacer turismo”.

En el alud de dimes y diretes habidos los hay para todos los gustos. Uno aconseja al Obispo que “dé una catequesis a los de la Junta de Cofradías sobre los mandamientos y la importancia que tiene cumplirlos”. Otros apuntan que “por discreción y por prudencia Doña Soraya debería declinar amablemente el ofrecimiento. No se puede elogiar un hecho religioso y vivir de espaldas a la fe que lo informa sin demostrar una profunda falta de respeto”.

Pero la guinda la han puesto algunos políticos como Ramón Jáuregui (que se dice católico, del Psoe) que pide a la Iglesia que “nada tiene que decir” en un acto cultural que organiza el Ayuntamiento y no la Iglesia. ¿Acto cultural en la Catedral? Si solo es así no será un pregón de Semana Santa, que es más un acto religioso inmerso en la cultura de un pueblo. Joan Josep Nuet (de Izquierda Plural), insta a la Vicepresidenta del Gobierno a que "sea valiente" y ejerza sus funciones públicas "libre de las doctrinas totalitarias" de la Iglesia. Y el portavoz de CiU en el Congreso, Josep Antoni Duran Lleida, dice que éstos "no son ejemplos que ayuden en absoluto a la Iglesia católica. Soy católico practicante y no comparto esta decisión". El caso es cargar contra la Iglesia por un malentendido entre un periodista y un obispo.

No se puede creer una cosa y hacer la contraria. Hay que tener coherencia entre la fe que se dice profesar y la vida que se vive en privado o en público. Esto vale para cualquier persona de toda clase y condición, pero más para un dirigente, periodista, ingeniero, maestra, medico, cofrade, enfermera, abogada, jornalero, ministro de la Iglesia o simple ama de casa que crea sin dobleces en el mensaje evangélico.

viernes, 30 de diciembre de 2011

LA SAGRADA FAMILIA.

Hoy, 30 de diciembre, es la fiesta de la Sagrada Familia representada por José, María y el Niño Jesús que ha nacido en Belén hace unos pocos días. El nacimiento del nuevo Bebé ha estado lleno de sobresaltos, primero por la premura de un viaje inesperado para cumplir la obligación ordenada por el legado de Siria, Sulpicio Cirino, de actualizar el censo, según edicto del emperador Octavio Augusto, y después por la forzada marcha de la familia a Egipto para escapar de la amenaza del rey Herodes de acabar con el recién nacido.

De este segundo viaje solo Mateo relata que José “tomó al niño y a su madre por la noche y partió para Egipto”. Las hipótesis sobre este episodio apuntan a que, desde Belén, la Sagrada Familia Belén iniciaría una ruta del sur a través de las montañas de Hebrón para después caminar hacia Gaza a orillas del Mediterráneo donde descansarían. Es probable que en Gaza se unieran a una caravana camino de Bersabé donde empezaba el desierto del Negueb. Caminarían de día y descansarían de noche en algún oasis.

A las penalidades del camino, con grandes diferencias de temperatura entre el día y la noche, se unía el temor de José y María al percatarse de que su Hijo era ya objeto de persecución a muerte. Cuando pasaron la frontera, lejos del dominio de Herodes, avanzarían hacia Pelusio al este del actual canal de Suez y luego bordearían el valle del Nilo para marchar a Heliópolis y de allí seguirían hasta Matarieh, el sitio donde según una tradición del siglo XIII buscaron refugio. Habrían recorrido unos cuatrocientos kilómetros durante unos 20 días.

Matarieh era una aldea rodeada de sicómoros, y en ella buscarían acomodo. Por entonces en aquellas tierras había numerosas colonias de judíos exiliados que se ayudaban entre sí. José ejercería su oficio trabajando para mantener a su familia. Permanecerían entre cuatro y siete años, según algunas hipótesis, hasta que, otra vez al ángel del Señor, advirtió a José que “volviera a Israel porque habían muerto los que atentaban contra el Niño”.

En efecto entre el 4 a.C. y el 6 d.C. murió Herodes en Jericó, sucediéndole su hijo Arquelao en Judea y su otro hijo, Herodes Antipas, en Galilea. Es probable que la Sagrada Familia regresara por mar desembarcando en Yamnia. José conocería la crueldad de Arquelao que había hecho matar a tres mil judíos en Jerusalén, por lo que temió ir a Belén y se dirigió al norte a Galilea y se establecieron en Nazaret, una aldea desconocida donde Jesucristo pasó la mayor parte de su vida.

La infancia de Jesús transcurriría en un ambiente familiar como cualquier niño de su época. Crecería al amparo de su Madre y ayudaría a su padre en las tareas de carpintería. Aprendería la ley de Moisés, acudiría a la Sinagoga y celebraría la Pascua judía. A los doce años, en el conocido encuentro del Templo con los doctores, dio las primeras muestras de sabiduría.

miércoles, 14 de diciembre de 2011

LUCES

Cada año más pronto, incluso antes de que diciembre asome con sus fríos y heladas, los políticos municipales se adelantan a darle al interruptor de las luces multicolores que cuelgan de calles y plazas para ¿anunciar dicen? la Navidad. No queda ya pueblo o ciudad que no se precie de intentar crear un ambiente navideño con bambalinas encendidas que antes eran de luces de neón y ahora son de lámparas de bajo consumo para justificar el gasto. Lo de crear ambiente navideño es un decir, porque desde hace muchos años tiene más de ambiente comercial y de consumo que de otra cosa. Basta darse un paseo por el centro de cualquier población para ver que todo el mundo compra “algo” que, convenientemente envuelto en papel de regalo, se convierte en un obsequio efímero al que hay que corresponder con otro “algo” envuelto también en papel de regalo. Se ha creado una falsa obligación a la que hábilmente contribuyen los políticos municipales encendiendo luces multicolores.

Esas luces no pueden ocultar, sin embargo, otras colgadas más arriba que no necesitan de políticos para que iluminen el cielo nocturno. Su energía data de antes de los siglos, cuando la mano invisible de Dios las colgó el cuarto día de la Creación para separar la luz de las tinieblas. Son las estrellas que se dejan ver en las noches al raso de diciembre. Las mismas que iluminaron a unos pastores que velaban sus rebaños en una noche estrellada y celebraron la primera Navidad de la Historia en un pueblo de Judá de callejas sin luces que la misericordia de Dios eligió para que “nos visitara el sol que nace de lo alto”.

Siglos después de aquello, San Francisco dio vida a la misma escena ocurrida en aquel pueblo llamado Belén con unas figuritas de barro que recuerdan la cuna de la Navidad, una fiesta que dura, y durará muchos años, porque es una tradición enraizada en la noche del nacimiento del Hijo de Dios.

Las luces multicolores son un adorno superfluo prescindible. Vivir la auténtica Navidad requiere ponerse en camino como hicieron los Magos guiados por aquel astro misterioso, y al llegar a Belén abrir nuestros cofres llenos de generosidad y, postrados, adorar al Niño. Un Niño que llega cargado de regalos envueltos en humildad, sencillez y amor para repartirlos entre los hombres de buena voluntad.