El libro de Job, uno de los siete Sapienciales de la Biblia, se compone de tres partes: el sufrimiento de Job; el reto entre Job y el Señor, y la bendición del Señor a Job. En el libro encontramos a un poeta con un relato propio, con juegos de palabras y dobles sentidos y metáforas
Job natural de Hus, al sur de Israel, era justo, honrado y temeroso de Dios. Tenía siete hijos y tres hijas y poseía ovejas, camellos, quinientas yuntas de bueyes, burras y una servidumbre numerosa. Era el más rico de los hombres de Oriente.
Un día el Señor preguntó a Satanás: «¿De dónde vienes?». «De dar vueltas por la tierra», respondió. «¿Te has fijado en mi siervo Job? Es un hombre justo y honrado, que teme a Dios y vive apartado del mal», dijo el Señor. Satanás le contestó: «Crees que Job teme a Dios de balde? ¿No has levantado una valla en torno a lo suyo? Has bendecido sus trabajos y a sus rebaños. Daña sus bienes y ya verás cómo te maldice». El Señor respondió a Satanás: «Haz lo que quieras con sus cosas, pero a él ni lo toques». Satanás abandonó la presencia del Señor.
Otro día los hijos e hijas de Job comían y bebían en casa del hermano mayor y un mensajero les dio esta noticia: «Estaban los bueyes arando y las burras pastando, cuando llegaron unos sabeos, apuñalaron a los mozos y se llevaron el ganado. Yo pude escapar para contarlo».
Otro llegó diciendo: «Ha caído un rayo del cielo que ha quemado y consumido a las ovejas y a los pastores. Yo pude escapar para contarlo». Otro más dijo: «Una banda de caldeos, en grupos, ha tomado los camellos y se los ha llevado, tras apuñalar a los mozos. Yo pude escapar para contarlo». Por último, otro le dio esta noticia: «Estaban tus hijos y tus hijas comiendo y bebiendo con el hermano mayor, y un huracán cruzó el desierto los embistió y los mató. Yo pude escapar para contarlo».
Al oírlo Job se rasgó el manto, se rapó la cabeza, y dijo: «Desnudo salí del vientre de mi madre y desnudo volveré a él. El Señor me lo dio, el Señor me lo quitó; bendito sea el nombre del Señor».
La aflicción de Job
Satanás, insatisfecho, volvió a conversar con Dios pues su idea era atacar a Job directamente. Dios le dio permiso para tocar a Job, pero sin matarlo. Entonces Satanás hirió a Job con unas llagas malignas que le cubrían todo el cuerpo. Su dolor era terrible. Pensaban que Job había cometido un gran pecado y Dios lo castigaba. Su esposa le recomendó que maldijera a Dios y se muriera de una vez. Job no la escuchó.
La restauración de Job
No es posible frustrar ninguno de sus
planes
Esto no significa que lo que ocurre sea fácil o deseable, sino que Dios puede transformar incluso los momentos más difíciles en un propósito mayor. La percepción de Job le lleva al arrepentimiento, humildad y descanso. Deja de luchar contra lo que no puede cambiar y empieza a confiar.
«De oídas había oído
hablar de ti, pero ahora te veo con mis propios ojos. Por tanto, me retracto y
me arrepiento en polvo y ceniza» (Job 42,5-6)
Libro de Job