miércoles, 7 de octubre de 2026

JOB

          El libro de Job, uno de los siete Sapienciales de la Biblia, se compone de tres partes: el sufrimiento de Job; el reto entre Job y el Señor, y la bendición del Señor a Job. En el libro encontramos a un poeta con un relato propio, con juegos de palabras y dobles sentidos y metáforas

Job natural de Hus, al sur de Israel, era justo, honrado y temeroso de Dios. Tenía siete hijos y tres hijas y poseía ovejas, camellos, quinientas yuntas de bueyes, burras y una servidumbre numerosa. Era el más rico de los hombres de Oriente.

Un día el Señor preguntó a Satanás: «¿De dónde vienes?». «De dar vueltas por la tierra», respondió. «¿Te has fijado en mi siervo Job? Es un hombre justo y honrado, que teme a Dios y vive apartado del mal», dijo el Señor. Satanás le contestó: «Crees que Job teme a Dios de balde? ¿No has levantado una valla en torno a lo suyo? Has bendecido sus trabajos y a sus rebaños. Daña sus bienes y ya verás cómo te maldice». El Señor respondió a Satanás: «Haz lo que quieras con sus cosas, pero a él ni lo toques». Satanás abandonó la presencia del Señor.

Otro día los hijos e hijas de Job comían y bebían en casa del hermano mayor y un mensajero les dio esta noticia: «Estaban los bueyes arando y las burras pastando, cuando llegaron unos sabeos, apuñalaron a los mozos y se llevaron el ganado. Yo pude escapar para contarlo».

Otro llegó diciendo: «Ha caído un rayo del cielo que ha quemado y consumido a las ovejas y a los pastores. Yo pude escapar para contarlo». Otro más dijo: «Una banda de caldeos, en grupos, ha tomado los camellos y se los ha llevado, tras apuñalar a los mozos. Yo pude escapar para contarlo». Por último, otro le dio esta noticia: «Estaban tus hijos y tus hijas comiendo y bebiendo con el hermano mayor, y un huracán cruzó el desierto los embistió y los mató. Yo pude escapar para contarlo».

Al oírlo Job se rasgó el manto, se rapó la cabeza, y dijo: «Desnudo salí del vientre de mi madre y desnudo volveré a él. El Señor me lo dio, el Señor me lo quitó; bendito sea el nombre del Señor».

La aflicción de Job

En un solo día, Job perdió sus bueyes, sus asnas, sus ovejas, sus camellos, sus 10 hijos y a casi todos sus criados. Recibió las malas noticias, pero respondió lleno de fe adorando a Dios. Bendijo a Dios y aceptó el mal que había llegado a su vida. Reconoció que había nacido desnudo y lo conseguido en la vida había sido por la bondad de Dios. En medio de lo sucedido, Job se mantuvo firme en su fe.

Satanás, insatisfecho, volvió a conversar con Dios pues su idea era atacar a Job directamente. Dios le dio permiso para tocar a Job, pero sin matarlo. Entonces Satanás hirió a Job con unas llagas malignas que le cubrían todo el cuerpo. Su dolor era terrible. Pensaban que Job había cometido un gran pecado y Dios lo castigaba. Su esposa le recomendó que maldijera a Dios y se muriera de una vez. Job no la escuchó.

La restauración de Job

Job amaba a Dios, pero no lo entendía. Maldijo el día en que nació y reconoció que se había cumplido uno de sus temores. Sin embargo, sabía que Dios tendría misericordia de él y dijo: «Sé que mi Redentor vive». Dios habló con Job desde una tormenta; no contestó a sus dudas, pero le mostró la grandeza de lo que había creado, su creación. Job reconoció el poder del Señor y declaró: «De oídas había oído de ti, pero ahora mis ojos te ven». Job vio a Dios de forma diferente.

No es posible frustrar ninguno de sus planes

Cuando Job declara esto, está reconociendo que ni el sufrimiento, ni ninguna fuerza contraria, impide lo que Dios decidió realizar. Job pasó por el dolor, la pérdida y la confusión, pero llegó a una comprensión más clara sobre quién es Dios. Entiende que los planes de Dios no dependen de la aprobación de las personas, de los humanos que pueden fallar por desconocimiento, poder o control. Los planes de Dios son firmes porque él lo ve todo.

Esto no significa que lo que ocurre sea fácil o deseable, sino que Dios puede transformar incluso los momentos más difíciles en un propósito mayor. La percepción de Job le lleva al arrepentimiento, humildad y descanso. Deja de luchar contra lo que no puede cambiar y empieza a confiar.

«De oídas había oído hablar de ti, pero ahora te veo con mis propios ojos. Por tanto, me retracto y me arrepiento en polvo y ceniza» (Job 42,5-6)

Libro de Job