lunes, 6 de abril de 2026

LECTORES EN LA MISA

                                           ¿Es necesaria la formación de los lectores de la Santa Misa?

Las lecturas de la Santa Misa son un servicio más de la celebración. Proclaman la Palabra de Dios y sus lectores deben concienciarse para que los fieles le presten atención y aprendan su significado.

Es frecuente que quienes acuden a la Santa Misa no capten las lecturas de la liturgia del día en su conjunto, bien por defectos de la megafonía, porque el lector lee o muy deprisa o muy despacio, por no hacer pausas en los puntos y las comas, por no dar la entonación adecuada a cada frase, por leer en voz baja, o por inseguridad en la vocalización, como ocurre en ocasiones.

Al ser cada lectura una enseñanza bíblica, es preciso que el lector la proclame con conocimiento de lo que lee. Hacer un repaso previo para estudiar las silabas y las pausas, es un paso eficaz de ayuda. En el Antiguo Testamento hay algunos textos difíciles de leer. Para que el buen lector los proclame con sencillez, es muy útil leerlos varias veces antes, para estar preparados.

Leer en la Santa Misa es una buena práctica para transmitir la Palabra de Dios y reflexionar sobre su mensaje. Es importante que se haga con buena pronunciación, claridad y respeto para que el mensaje sea efectivo. Además de cumplir el precepto dominical hay que pensar que los feligreses, cuando termine la Santa Misa y abandonen el templo, salgan empapados y con conocimiento de la Palabra de Dios.

La Iglesia, consciente de que es importante la formación de los lectores, en muchas parroquias se esfuerzan en la captación de buenos lectores. Hay casos que obligan a los más pequeños a las lecturas, permitiendo con ello su participación. En este caso las lecturas deben ser sencillas y fáciles de comprender

Durante la lectura hacer contacto visual con los presentes al inicio y al final, es una forma de integrarlos en el texto. 

José Giménez Soria

sábado, 28 de marzo de 2026

LA CRUZ NO ES UN LOGO

       Al entrar en la Semana Santa, la Asociación Católica de Propagandistas (AcdP) lanza una campaña nacional como propuesta que busca devolver a la Cruz su sentido original, en un contexto en el que los símbolos se vacían de significado y se convierten en meras imágenes. Lejos de ser un elemento decorativo o un símbolo cultural vacío, la Cruz es la expresión del amor radical de Cristo y el precio de la salvación de cada persona 

El mensaje, 'La Cruz no es un logo. Es el precio de tu vida', busca interpelar tanto a creyentes como a no creyentes durante estos días santos, proponiendo contemplar la Cruz no como una imagen habitual, sino como el acontecimiento que ha transformado la historia y continúa ofreciendo esperanza al mundo.

El mensaje, 'La Cruz no es un logo. Es el precio de tu vida', busca interpelar tanto a creyentes como a no creyentes durante estos días santos, proponiendo contemplar la Cruz no como una imagen habitual, sino como el acontecimiento que ha transformado la historia y continúa ofreciendo esperanza al mundo.

La Cruz, que podrá verse en marquesinas de distintos municipios, sitúa al espectador ante una realidad esencial: Dios entrega libremente su vida por cada hombre. Recuerda que hay Alguien que ha pagado el precio de nuestra salvación.

El mensaje no se detiene en el Viernes Santo. La ACdP subraya que la fe cristiana se sostiene en un anuncio que atraviesa los siglos y fundamenta la esperanza: “¡Jesucristo ha resucitado!”.

Esta iniciativa se suma a otras campañas de Semana Santa con las que la ACdP ha buscado replicar al público en los últimos años. Entre ellas destacan “¿Eres feliz?”, que conducía a un anuncio de esperanza; “Murió por tus pecados. Aunque vivas como si no existiera”; “¿Morirías por alguien que no te conoce? Cristo sí”; y la propuesta “Ten esperanza, un ladrón se salvó”, inspirada en la historia del Buen Ladrón. Con “La Cruz no es un logo”, la asociación reafirma su compromiso de llevar el anuncio cristiano a la vida cotidiana por todas las calles.

                                                                                                                              ACdP






martes, 17 de marzo de 2026

MATAR UN BEBÉ Y COBRAR EL PARO

Hemos llegado a tal nivel que matar a un feto puede ir

 entre el derecho al paro y el fomento de la educación física.

Hace unas semanas el Consejo de Estado votó a favor de un dictamen que pretende incluir el aborto como un derecho en la Constitución dentro del artículo 43, es decir, en un apartado cuya modificación no implica iniciar el proceso de reforma, que exige mayorías amplias y disolución de las Cortes. Para este Gobierno, matar a un feto perfectamente puede ir entre el derecho al paro y el fomento de la educación física.

Durante el año 2024, nacieron en España 318.005 niños y se realizaron 106.172 abortos. Echando un par de cuentas gruesas, casi uno de cada cuatro embarazos no llegó a término y se practicaron 290 abortos por día. En una generación que ha vivido una pandemia, que sabe cómo esquivar un Covid o un resfriado, semejante exterminio es intolerable. ¿En qué momento hemos asumido el aborto como un método anticonceptivo más?

Mi lamento nada tiene que ver con mis convicciones cristianas, sino con la ética, la ciencia y, si me apuras, el Derecho. No entiendo las «leyes de plazos». No entiendo que mañana sea delito lo que hoy no lo es, como si robar en el supermercado o apuñalar al vecino estuviera permitido en los días impares. No entiendo que un aborto sea legal si se hace antes o después en el calendario; de la misma forma que no creo que el debate sobre el aborto sea una cuestión de incluirlo en las primeras páginas de la Constitución o en las últimas. Para quienes pensamos que la vida comienza en el momento mismo de la concepción, todo esto son discusiones bizantinas que nos alejan de la verdad de las cosas: que la vida es un milagro y un derecho que merece la pena defender y preservar.

Cabe recordar que este empeño por hacer del aborto un derecho equiparable al de un subsidio de desempleo nace de un Gobierno podrido. Un Ejecutivo que perdió las elecciones y que juega a reformar la Constitución, es incapaz de juntar 176 votos favorables para su escudo social. Un Gobierno que mal gobierna España con unos Presupuestos que no están validados por las Cortes actuales, sino por las que salieron de los comicios celebrados en noviembre de 2019.

Si el sanchismo hubiese dedicado el mismo tiempo a la ingeniería civil que a la ingeniería social (la que es indiferente ante el aborto), nos habríamos ahorrado un carro de muertes en Valencia y Adamuz. Pero eso es otro tema.

Jorge Sanz Casillas

miércoles, 4 de marzo de 2026

MENSAJE DEL PAPA LEÓN XIV. CUARESMA 2026

Escuchar y ayunar. La Cuaresma como tiempo de conversión

Queridos hermanos y hermanas:

En la Cuaresma la Iglesia nos invita a poner de nuevo el misterio de Dios en el centro de nuestra vida, para que nuestra fe recobre su impulso y el corazón no se disperse entre las inquietudes y distracciones cotidianas. El itinerario cuaresmal es la ocasión propicia para escuchar la voz del Señor y recorrer con Cristo el camino que sube a Jerusalén, donde se cumple el misterio de su pasión, muerte y resurrección.

Escuchar

Me gustaría llamar la atención sobre la importancia de dar espacio a la Palabra a través de la escucha, ya que escuchar es el primer signo con el que se manifiesta el deseo de entrar en relación con el otro.

Dios, al revelarse a Moisés muestra que la escucha es un rasgo distintivo de su ser: «Yo he visto la opresión de mi pueblo, que está en Egipto, y he oído los gritos de dolor» (Ex 3,7). El clamor de los oprimidos es el comienzo de una historia de liberación y Dios involucra a Moisés, enviándolo a abrir un camino de salvación.

Las Sagradas Escrituras nos hacen capaces de reconocer la voz que clama desde el sufrimiento y la injusticia, para que no quede sin respuesta. Nos instruyen para escuchar como Dios, hasta reconocer que «la condición de los pobres representa un grito que, en la historia de la humanidad, interpela nuestra vida, nuestras sociedades, los sistemas políticos y económicos, y especialmente a la Iglesia».

Ayunar

Si la Cuaresma es tiempo de escucha, el ayuno dispone a la acogida de la Palabra de Dios. La abstinencia de alimento es un ejercicio ascético en el camino de la conversión. Implica al cuerpo, hace evidente que tenemos “hambre”, esencial para nuestro sustento. Sirve para educarla y que se convierta en oración y responsabilidad hacia el prójimo.

Sin embargo, para que el ayuno conserve su verdad evangélica, debe vivirse con fe y humildad. Exige permanecer arraigado en la comunión con el Señor, porque «no ayuna de verdad quien no sabe alimentarse de la Palabra de Dios».

Me gustaría invitar a una abstinencia concreta y poco apreciada, la de abstenerse de utilizar palabras que afectan y lastiman a nuestro prójimo. Renunciemos a las palabras hirientes, al juicio inmediato, a hablar mal de los ausentes que no pueden defenderse, a las calumnias. Esforcémonos, en medir las palabras y a cultivar la amabilidad: en la familia, entre amigos, en el lugar de trabajo, en las redes sociales, en los debates políticos, en los medios de comunicación y en las comunidades cristianas. Entonces, muchas palabras de odio darán paso a palabras de esperanza y paz.  

Juntos

La Cuaresma pone de relieve la dimensión comunitaria de la escucha de la Palabra y de la práctica del ayuno. La Escritura subraya este aspecto. Por ejemplo, cuando en el libro de Nehemías el pueblo se reunió para escuchar la lectura del libro de la Ley y, practicando el ayuno, se dispuso a la confesión de fe y a la adoración, con el fin de renovar la alianza con Dios Ne 9,1-3).

Del mismo modo, nuestras parroquias, familias y comunidades religiosas están llamados a realizar en Cuaresma un camino compartido, en el que la escucha de la Palabra de Dios y el clamor de los pobres y de la tierra, se convierta en forma de vida común, y el ayuno sostenga un arrepentimiento real.

Queridos hermanos, pidamos la gracia de vivir una Cuaresma que haga más atento nuestro oído a Dios y a los más necesitados. Pidamos la fuerza de un ayuno que alcance también a la lengua, para que disminuyan las palabras que hieren y crezca el espacio para la voz de los demás.

Los bendigo de corazón a todos ustedes, y a su camino cuaresmal.

Vaticano, 5 de febrero de 2026, Santa Águeda, virgen y mártir.
Versión reducida

                                                                                                                LEÓN XIV PP

jueves, 19 de febrero de 2026

BEATIFICACIÓN

                                                           La beatificación es una ceremonia de la Iglesia Católica

 que reconoce a una persona fallecida por haber llevado una vida santa.

El bebé milagro

En la noche del 14 de enero de 2007 nació en el Memorial Hospital de Rhode Island, en Providence (EE. UU.), Tyquan Hall. Apenas tenía pulso, respiraba con dificultad, su frecuencia cardíaca era muy baja y presentaba palidez. Dado su estado crítico, se activó el protocolo de reanimación neonatal, que fue en vano. Al cabo de una hora no se observaba mejoría: ni se detectaba pulso, ni latido cardíaco.

El médico que lo atendía, Juan Sánchez-Esteban, natural de Huércal-Overa (Almeria), desesperado pidió la intercesión de su paisano con una sencilla oración: “Cura Valera, he hecho todo lo que ha sido posible; ahora te toca a tiCuando se disponía a comunicar a los padres la muerte de su hijo, la enfermera le advirtió que el bebé comenzaba a recuperarse. Minutos después de la oración, Tyquan empezó a respirar y su corazón latía con normalidad. Se recuperó y no le quedaron secuelas.

La investigación canónica de este supuesto milagro se llevó a cabo en la diócesis de Providence entre el 8 y el 19 de septiembre de 2014 y fue reconocida como válida el 26 de junio de 2015. El caso, que fue estudiado en Roma por el Dicasterio para las Causas de los Santos, superó el análisis de historiadores, de teólogos y de la Consulta Médica, así como la sesión plenaria de cardenales y obispos

La Beatificación

El 7 de febrero se celebró en Huércal Overa (Almería) el acto litúrgico de Beatificación de Salvador Valera Parra, el Cura Valera, un huercalense cuyo camino a los altares lo rubricó en junio de 2025 el papa León XIV, por la recuperación milagrosa del niño Tyquan Hall en el Hospital de Providence (EE. UU).

Presidió la ceremonia el cardenal Marcello Semeraro, prefecto del Dicasterio para las Causas de los Santos, junto a Don Antonio Gómez Cantero, Obispo de Almería; Don José Manuel Lorca Planes, Obispo de Cartagena y Don Ginés García Beltrán, Obispo de Getafe que es natural de Huércal-Overa.

Salvador Valera Parra nació el 27 de febrero de 1816 en Huércal-Overa. Estudió en el Seminario de san Fulgencio de Murcia. Ordenado sacerdote a los 24 años ejerció en Alhama de Murcia y Cartagena hasta 1868 que regresó a su pueblo. Repartía comida y vestidos, cuidaba enfermos y auxiliaba moribundos durante las epidemias. Falleció el 15 de marzo de 1889.

La beatificación del Cura Valera suma un capítulo más del patrimonio espiritual de un pueblo que ha elevado a los altares a uno de sus nobles paisanos.

José Giménez Soria

martes, 3 de febrero de 2026

POEMA DE SANTA TERESA DE AVILA . LA CRUZ


En la cruz está la vida
y el consuelo,
y ella sola es el camino
para el cielo.

En la cruz está "el Señor
de cielo y tierra",
y el gozar de mucha paz,
aunque haya guerra.
Todos los males destierra,
en este suelo,
y ella sola es el camino
para el cielo.

De la cruz dice la Esposa
a su Querido
que es una "palma preciosa"
donde ha subido,
y su fruto le ha sabido
a Dios del cielo,
y ella sola es el camino
para el cielo.

Es una "oliva preciosa"
la santa cruz
que con su aceite nos unta
y nos da luz.
Alma mía, toma la cruz
con gran consuelo,
que ella sola es el camino
para el cielo.

Es la cruz el "árbol verde
y deseado"
de la Esposa, que a su sombra
se ha sentado
para gozar de su Amado,
el Rey del cielo,
y ella sola es el camino
para el cielo.

El alma que a Dios está
toda rendida,
y muy de veras del mundo
desasida,
la cruz le es "árbol de vida"
y de consuelo,
y un camino deleitoso
para el cielo.

Después que se puso en cruz
el Salvador,
en la cruz está "la gloria
y el honor",
y en el padecer dolor
vida y consuelo,
y el camino más seguro
para el cielo

 

 

 

Javier Paredes Alonso

Historiador

lunes, 12 de enero de 2026

CRONOLOGÍA DE LA NAVIDAD

                                                                                    La cronología en general mide el tiempo.

Aquí trata de fijar las fechas de un acontecimiento singular

La Era cristiana

La Era cristiana fue introducida por Dionisio el Exiguo, astrónomo y monje escita de un monasterio de Roma. Cuando fue adoptada por los pueblos civilizados tomaron como punto de partida el año 753 de la fundación de Roma, año, que, según Dionisio, tuvo lugar el nacimiento del Niño Jesús en Belén.

Para los investigadores que datan la muerte de Herodes en el 747 de la fundación de Roma (A.U.C. Ab Urbe Condita), -su referencia es la visita de los Reyes Magos-, el Niño Jesus nació 6 años antes.

Los romanos contaban los años desde la fundación de su Ciudad, año 753 a.C. Cuando Julio César reformó el calendario y fijó el 1 de enero como el Día de Año Nuevo, el 25 de marzo llevaba el sello de Dionisio en su Cronología como fecha de la Encarnación y nueve meses después, el 25 de diciembre, como día de la Natividad.

Anuncio del nacimiento de Juan

Siendo Herodes el Grande rey de Judea, estando en el santuario del Templo a la hora vespertina del incienso el sacerdote Zacarías, esposo de Isabel, se le apareció un ángel al pie del altar. Zacarías se sobresaltó, pero el ángel le dijo: “No temas Zacarías porque tu ruego ha sido escuchado. Tu mujer, Isabel, te dará un hijo y le llamarás Juan”. Como Isabel era estéril, y no tenían hijos, Zacarías dudó: ¿Cómo saber si lo que decía el ángel sería verdad? Gabriel, el ángel, le dijo: “Te quedarás mudo hasta el día que esto suceda porque no has creído en mis palabras”.

Anunciación a María

En el sexto mes del embarazo de Isabel, Dios envió al ángel Gabriel a Nazaret a María, una virgen desposada con José y le anunció que, por obra del Espíritu Santo, concebiría un Hijo que se llamaría Hijo del Altísimo. José, decidió repudiarla en privado, pero un ángel le dijo en sueños que acogiera a María porque el Niño que iba a nacer venía del Espíritu Santo. José se despertó y cumplió el mandato del ángel: acogió a María.

Nacimiento de Juan

Al conocer por el ángel la revelación del estado gestante de Isabel, María se marchó con presteza a Ain Karen, el pueblo al oeste de Jerusalén donde vivían Zacarías e Isabel y allí pasó los últimos tres meses del embarazo de Isabel. Cuando llegó el tiempo de dar a luz, Isabel tuvo el hijo, que fue circuncidado a los ocho días de nacer. Querían llamarlo Zacarías, pero Isabel advirtió que tendría que llamarse Juan. La visita de María a Isabel se celebra el 31 de mayo y el nacimiento de Juan el 24 de junio, seis meses antes del nacimiento de Jesús. María regresó a Nazaret con claras señales de maternidad.

Nacimiento de Jesús

Tras celebrar sus esponsales, José y Maria comenzaron a convivir en Nazaret esperando el nacimiento de su Hijo. Estando María en las últimas semanas de gestación, Cesar Augusto ordenó el empadronamiento en todo el Imperio y José y María fueron a Belén para inscribirse. Al no encontrar posada donde alojarse, ocuparon un establo utilizado por animales. María salió de cuentas y dio a luz a su primogénito que envolvió en pañales. Su nacimiento fue el 25 de diciembre y su primera cuna el pesebre del establo. Para cumplir la ley del Levítico, a los ocho días de nacer, el Niño fue circuncidado y le impusieron el nombre de Emmanuel, como había dicho el ángel.

La respuesta de María al ángel Gabriel, “¡He aquí la esclava del Señor, hágase en mi según tu palabra!”, fue un signo que demostró su humildad como sierva del Señor.

José Giménez Soria

lunes, 5 de enero de 2026

EPIFANÍA

Los “magos” guiados por la estrella llegaron a Belén

 y ofrecieron al Niño oro, incienso y mirra

Epifanía se traduce como manifestación o revelación. Para los cristianos son tres las epifanías en las que Jesús se da a conocer: La de los Reyes Magos; la de su Bautismo en el Jordán y la del milagro en la Boda de Caná. La primera se celebra el 6 de enero; la segunda el domingo siguiente, y la tercera, semanas más tarde. Las tres revelaciones indican la presencia real de Jesús.

Reyes Magos es como la tradición cristiana llama a unos “magos” que acudieron desde Oriente para adorar al Niño Jesús. Así lo narra el evangelista Mateo (2,1-12): Cuando nació Jesús en Belén de Judea, siendo rey Herodes, unos magos de Oriente llegaron a Jerusalén y preguntaron: “¿Dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer? Hemos visto su estrella en Oriente y venimos a adorarlo”. El rey Herodes, desconcertado, preguntó a los sumos sacerdotes y a los escribas en qué lugar debía nacer el Mesías. “En Belén de Judea, –respondieron–porque así está escrito: "Y tú, Belén, no eres la última de las ciudades de Judá, porque de ti surgirá un jefe que será el Pastor de mi pueblo, Israel".

Herodes habló con los magos, averiguó la fecha que había aparecido la estrella y los envió a Belén, diciéndoles: “Id e infórmense acerca del niño, y cuando lo encuentren, avísenme para que yo vaya a rendirle homenaje”. Los magos siguieron la estrella hasta que se detuvo en el lugar donde estaba el niño. Llenos de alegría, entraron en la casa y encontraron al niño con María, su madre. Le rindieron homenaje y le ofrecieron dones, oro, incienso y mirra.  Como le advirtieron en sueños que no regresaran al palacio de Herodes, volvieron a su tierra por otro camino.

Para Mateo los “magos” no pertenecían a ninguna clase sacerdotal, pero si tenían un amplio conocimiento religioso y filosófico. Eran “sabios” que buscaban la verdad de Dios. Según tradición de la Iglesia del siglo I, estos “magos” pudieron ser reyes de naciones de Oriente, que por su cultura y su conocimiento se esforzaban en mantener un contacto con Dios. La misma tradición dice que fueron tres reyes sabios: Melchor, Gaspar y Baltazar, cuyos sus restos quedaron en Constantinopla, la capital cristiana más importante en Oriente.

En Oriente la Epifanía es la fiesta de la Encarnación, en Occidente es la fiesta de la revelación de Jesús al mundo pagano, la verdadera Epifanía. En la Sagrada Escritura, solo Mateo relata la adoración de los “magos” en la casa de Belén.

La costumbre de los regalos de los Reyes Magos es una tradición de finales del siglo XIX, que empezó en 1866 con una cabalgata en Alcoy. En esta Epifanía los “magos” regalan oro, incienso y mirra al Hijo de María, al Niño Dios ante el que se postrarán todos los pueblos de la tierra. 

                                                                                                           José Giménez Soria