miércoles, 5 de octubre de 2022

SALOMÓN

La figura de Salomón y su reinado llenan páginas del libro de los Reyes. Su magnificencia quedó enturbiada por su perversión final.

Antecedentes. El rey David reinó primero en Hebrón y luego en Jerusalén. Durante su reinado en Hebrón tuvo hijos de varias mujeres: Amnón, Kilab, Absalón, Adonías, Sefatías e Yitreán, y una hija, Tamar, muy bella. De ella se enamoró su hermanastro Amnón que se fingió enfermo para que lo atendiera y aprovechó para violentarla. Al saberlo el rey David no quiso afligir al primogénito Amnón, aunque montó el cólera. Tamar quedó desolada en casa de Absalón.

Al cabo de dos años Absalón preparó gran banquete, invitó a Amnón y ordenó a sus servidores que lo mataran cuando estuviese alegre por el vino. Así ocurrió. Enterado el rey David rasgó sus vestiduras y se echó por tierra. Entonces Absalón huyó a Guesur, donde permaneció tres años, al cabo de los cuales regresó a Jerusalén

Estando en Jerusalén, Absalón, una vez muerto Amnón, ambicionó ser el heredero de David e hizo todo lo posible para que el pueblo reconociese sus derechos de primogénito. Trató de acabar con la vida de su padre David, se hacía proclamar rey en su ausencia y hasta se enfrentó en su contra. En uno de sus enfrentamientos Joab, uno de los hombres de David, le dio muerte y fue enterrado en Jerusalén.

Cuando David envejeció, otro de sus hijos, Adonías, intentó usurpar el trono una vez desaparecidos Amnón y Absalón, pero el profeta Natán, ayudado por el sumo sacerdote Sadoc y la guardia de David, desarticuló la conspiración, y Salomón fue proclamado rey. Poco después murió David. Salomón inició su reinado cuando tenía alrededor de veinte años.

Salomón. Nació en Jerusalén fruto de la relación de David con Betsabé, la mujer de Urías, el hitita, con la que se había desposado. Yahvé, Dios, por medio del profeta Natán, mandó que le llamaran Yedidías, que significa “amado del Señor”.

A instancias de David, Salomón fue ungido por el sacerdote Sadoc y el profeta Natán como rey, en Guijón. Luego lo escoltaron hasta Jerusalén donde se sentó en el trono como soberano en Israel y en Judá. Antes de morir David instruyó a Salomón para que observara los preceptos del Señor, caminase por sus sendas y guardase las normas según la ley de Moisés.

Salomón dominó todos los reinos desde el rio Éufrates hasta los confines de Egipto, y le pagaban tributos. Israel y Judá vivieron en paz durante su reinado. Emparentó con el faraón de Egipto, casándose con una hija suya, que llevó a Jerusalén mientras edificaba el templo del Señor y las murallas de la ciudad. Fue en el cuarto año de su reinado cuando comenzó a construir el templo y lo terminó en el año undécimo. Para ello aprovechó la gran cantidad de materiales que ya había acopiado David. Estaba situado en el lado oriental de la ciudad sobre el monte Moira, tenía treinta metros de largo, diez de ancho y quince de altura, con dos partes: el lugar Santo, con el altar del incienso, una mesa y el candelabro de siete brazos, y el Santísimo, separado de aquel por un velo o cortina bordada, con una gran piedra sobre la que el Sumo sacerdote ponía el incensario el Día de la Expiación. A este lugar mandó Salomón llevar el Arca de la Alianza que contenía las tablas de piedra que Dios entregó a Moisés en el Sinaí.

Salomón construyó el palacio real más grande que el templo con el Pórtico de las Columnas y el Pórtico del trono o de la justicia. Fue en éste pórtico donde Salomón dictó el célebre juicio de las dos madres que reclamaban el mismo niño y que ha quedado como ejemplo de administrar justicia. 

Al empezar su reinado Salomón imploró a Yahvé la gracia de la sabiduría y la prudencia, y Yahvé le dotó de una gran inteligencia. Pronunció tres mil proverbios y cinco mil poemas. Los reyes que lo conocían acudían a escucharlo. Veinte años después, Yahvé se le apareció de nuevo, santificó el templo y le dijo: “Si andas en mi presencia como tu padre David, con pureza de corazón y si guardas mis leyes y mis mandamientos, consolidaré tu trono en Israel para siempre, pero si tú o tus hijos os apartáis de mí, no guardáis lo prescrito y dais culto a dioses ajenos, exterminaré a Israel de la tierra que le he dado”.

Salomón mantuvo relaciones con otros soberanos; organizó un ejército poderoso y protegió las artes. Cuidó el culto a Yahvé e invocó su bendición para el pueblo. Una de las que acudieron al reclamo de su fama, fue la reina de Sabá que llegó a Jerusalén con un gran séquito, se presentó a Salomón y le propuso enigmas y cuestiones que él resolvió. La reina quedó maravillada del lujo, de las riquezas y de sus holocaustos en el templo, y le dijo: “Bendito sea tu Dios que se ha complacido en ti poniéndote en el trono de Israel”.

Además de la hija del Faraón, Salomón tuvo mujeres extranjeras con las que Yahvé había dicho que son se uniera. Siendo anciano se dejó persuadir por ellas y erigió santuarios a sus dioses a los que rindió culto. Esto irritó a Yahvé, pero en atención a David no le quitó el reino entero, dejándole solo una parte.

Salomón reinó cuarenta años en Jerusalén sobre todo Israel. Murió alrededor del año 931 a.C. y fue sepultado en la Ciudad de David. Le sucedió en el trono su hijo Roboán.

José Giménez Soria

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