Los “magos” guiados
por la estrella llegaron a Belén
y ofrecieron al Niño oro, incienso y mirra
Epifanía se traduce como manifestación o revelación. Para los cristianos son tres las epifanías en las que Jesús se da a conocer: La de los Reyes Magos; la de su Bautismo en el Jordán y la del milagro en la Boda de Caná. La primera se celebra el 6 de enero; la segunda el domingo siguiente, y la tercera, semanas más tarde. Las tres revelaciones indican la presencia real de Jesús.
Reyes Magos es como la tradición cristiana llama a unos “magos” que acudieron desde Oriente para adorar al Niño Jesús. Así lo narra el evangelista Mateo (2,1-12): Cuando nació Jesús en Belén de Judea, siendo rey Herodes, unos magos de Oriente llegaron a Jerusalén y preguntaron: “¿Dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer? Hemos visto su estrella en Oriente y venimos a adorarlo”. El rey Herodes, desconcertado, preguntó a los sumos sacerdotes y a los escribas en qué lugar debía nacer el Mesías. “En Belén de Judea, –respondieron–porque así está escrito: "Y tú, Belén, no eres la última de las ciudades de Judá, porque de ti surgirá un jefe que será el Pastor de mi pueblo, Israel".
Herodes habló con los magos, averiguó la fecha que había aparecido la estrella y los envió a Belén, diciéndoles: “Id e infórmense acerca del niño, y cuando lo encuentren, avísenme para que yo vaya a rendirle homenaje”. Los magos siguieron la estrella hasta que se detuvo en el lugar donde estaba el niño. Llenos de alegría, entraron en la casa y encontraron al niño con María, su madre. Le rindieron homenaje y le ofrecieron dones, oro, incienso y mirra. Como le advirtieron en sueños que no regresaran al palacio de Herodes, volvieron a su tierra por otro camino.
Para Mateo los “magos” no pertenecían a ninguna clase sacerdotal, pero si tenían un amplio conocimiento religioso y filosófico. Eran “sabios” que buscaban la verdad de Dios. Según tradición de la Iglesia del siglo I, estos “magos” pudieron ser reyes de naciones de Oriente, que por su cultura y su conocimiento se esforzaban en mantener un contacto con Dios. La misma tradición dice que fueron tres reyes sabios: Melchor, Gaspar y Baltazar, cuyos sus restos quedaron en Constantinopla, la capital cristiana más importante en Oriente.
En Oriente la Epifanía es la fiesta de la Encarnación, en Occidente es la fiesta de la revelación de Jesús al mundo pagano, la verdadera Epifanía. En la Sagrada Escritura, solo Mateo relata la adoración de los “magos” en la casa de Belén.
La costumbre de los regalos de los Reyes Magos es una tradición de finales del siglo XIX, que empezó en 1866 con una cabalgata en Alcoy. En esta Epifanía los “magos” regalan oro, incienso y mirra al Hijo de María, al Niño Dios ante el que se postrarán todos los pueblos de la tierra.
José Giménez Soria