jueves, 19 de febrero de 2026

BEATIFICACIÓN

                                                           La beatificación es una ceremonia de la Iglesia Católica

 que reconoce a una persona fallecida por haber llevado una vida santa.

El bebé milagro

En la noche del 14 de enero de 2007 nació en el Memorial Hospital de Rhode Island, en Providence (EE. UU.), Tyquan Hall. Apenas tenía pulso, respiraba con dificultad, su frecuencia cardíaca era muy baja y presentaba palidez. Dado su estado crítico, se activó el protocolo de reanimación neonatal, que fue en vano. Al cabo de una hora no se observaba mejoría: ni se detectaba pulso, ni latido cardíaco.

El médico que lo atendía, Juan Sánchez-Esteban, natural de Huércal-Overa (Almeria), desesperado pidió la intercesión de su paisano con una sencilla oración: “Cura Valera, he hecho todo lo que ha sido posible; ahora te toca a tiCuando se disponía a comunicar a los padres la muerte de su hijo, la enfermera le advirtió que el bebé comenzaba a recuperarse. Minutos después de la oración, Tyquan empezó a respirar y su corazón latía con normalidad. Se recuperó y no le quedaron secuelas.

La investigación canónica de este supuesto milagro se llevó a cabo en la diócesis de Providence entre el 8 y el 19 de septiembre de 2014 y fue reconocida como válida el 26 de junio de 2015. El caso, que fue estudiado en Roma por el Dicasterio para las Causas de los Santos, superó el análisis de historiadores, de teólogos y de la Consulta Médica, así como la sesión plenaria de cardenales y obispos

La Beatificación

El 7 de febrero se celebró en Huércal Overa (Almería) el acto litúrgico de Beatificación de Salvador Valera Parra, el Cura Valera, un huercalense cuyo camino a los altares lo rubricó en junio de 2025 el papa León XIV, por la recuperación milagrosa del niño Tyquan Hall en el Hospital de Providence (EE. UU).

Presidió la ceremonia el cardenal Marcello Semeraro, prefecto del Dicasterio para las Causas de los Santos, junto a Don Antonio Gómez Cantero, Obispo de Almería; Don José Manuel Lorca Planes, Obispo de Cartagena y Don Ginés García Beltrán, Obispo de Getafe que es natural de Huércal-Overa.

Salvador Valera Parra nació el 27 de febrero de 1816 en Huércal-Overa. Estudió en el Seminario de san Fulgencio de Murcia. Ordenado sacerdote a los 24 años ejerció en Alhama de Murcia y Cartagena hasta 1868 que regresó a su pueblo. Repartía comida y vestidos, cuidaba enfermos y auxiliaba moribundos durante las epidemias. Falleció el 15 de marzo de 1889.

La beatificación del Cura Valera suma un capítulo más del patrimonio espiritual de un pueblo que ha elevado a los altares a uno de sus nobles paisanos.

José Giménez Soria

martes, 3 de febrero de 2026

POEMA DE SANTA TERESA DE AVILA . LA CRUZ


En la cruz está la vida
y el consuelo,
y ella sola es el camino
para el cielo.

En la cruz está "el Señor
de cielo y tierra",
y el gozar de mucha paz,
aunque haya guerra.
Todos los males destierra,
en este suelo,
y ella sola es el camino
para el cielo.

De la cruz dice la Esposa
a su Querido
que es una "palma preciosa"
donde ha subido,
y su fruto le ha sabido
a Dios del cielo,
y ella sola es el camino
para el cielo.

Es una "oliva preciosa"
la santa cruz
que con su aceite nos unta
y nos da luz.
Alma mía, toma la cruz
con gran consuelo,
que ella sola es el camino
para el cielo.

Es la cruz el "árbol verde
y deseado"
de la Esposa, que a su sombra
se ha sentado
para gozar de su Amado,
el Rey del cielo,
y ella sola es el camino
para el cielo.

El alma que a Dios está
toda rendida,
y muy de veras del mundo
desasida,
la cruz le es "árbol de vida"
y de consuelo,
y un camino deleitoso
para el cielo.

Después que se puso en cruz
el Salvador,
en la cruz está "la gloria
y el honor",
y en el padecer dolor
vida y consuelo,
y el camino más seguro
para el cielo

 

 

 

Javier Paredes Alonso

Historiador

lunes, 12 de enero de 2026

CRONOLOGÍA DE LA NAVIDAD

                                                                                    La cronología en general mide el tiempo.

Aquí trata de fijar las fechas de un acontecimiento singular

La Era cristiana

La Era cristiana fue introducida por Dionisio el Exiguo, astrónomo y monje escita de un monasterio de Roma. Cuando fue adoptada por los pueblos civilizados tomaron como punto de partida el año 753 de la fundación de Roma, año, que, según Dionisio, tuvo lugar el nacimiento del Niño Jesús en Belén.

Para los investigadores que datan la muerte de Herodes en el 747 de la fundación de Roma (A.U.C. Ab Urbe Condita), -su referencia es la visita de los Reyes Magos-, el Niño Jesus nació 6 años antes.

Los romanos contaban los años desde la fundación de su Ciudad, año 753 a.C. Cuando Julio César reformó el calendario y fijó el 1 de enero como el Día de Año Nuevo, el 25 de marzo llevaba el sello de Dionisio en su Cronología como fecha de la Encarnación y nueve meses después, el 25 de diciembre, como día de la Natividad.

Anuncio del nacimiento de Juan

Siendo Herodes el Grande rey de Judea, estando en el santuario del Templo a la hora vespertina del incienso el sacerdote Zacarías, esposo de Isabel, se le apareció un ángel al pie del altar. Zacarías se sobresaltó, pero el ángel le dijo: “No temas Zacarías porque tu ruego ha sido escuchado. Tu mujer, Isabel, te dará un hijo y le llamarás Juan”. Como Isabel era estéril, y no tenían hijos, Zacarías dudó: ¿Cómo saber si lo que decía el ángel sería verdad? Gabriel, el ángel, le dijo: “Te quedarás mudo hasta el día que esto suceda porque no has creído en mis palabras”.

Anunciación a María

En el sexto mes del embarazo de Isabel, Dios envió al ángel Gabriel a Nazaret a María, una virgen desposada con José y le anunció que, por obra del Espíritu Santo, concebiría un Hijo que se llamaría Hijo del Altísimo. José, decidió repudiarla en privado, pero un ángel le dijo en sueños que acogiera a María porque el Niño que iba a nacer venía del Espíritu Santo. José se despertó y cumplió el mandato del ángel: acogió a María.

Nacimiento de Juan

Al conocer por el ángel la revelación del estado gestante de Isabel, María se marchó con presteza a Ain Karen, el pueblo al oeste de Jerusalén donde vivían Zacarías e Isabel y allí pasó los últimos tres meses del embarazo de Isabel. Cuando llegó el tiempo de dar a luz, Isabel tuvo el hijo, que fue circuncidado a los ocho días de nacer. Querían llamarlo Zacarías, pero Isabel advirtió que tendría que llamarse Juan. La visita de María a Isabel se celebra el 31 de mayo y el nacimiento de Juan el 24 de junio, seis meses antes del nacimiento de Jesús. María regresó a Nazaret con claras señales de maternidad.

Nacimiento de Jesús

Tras celebrar sus esponsales, José y Maria comenzaron a convivir en Nazaret esperando el nacimiento de su Hijo. Estando María en las últimas semanas de gestación, Cesar Augusto ordenó el empadronamiento en todo el Imperio y José y María fueron a Belén para inscribirse. Al no encontrar posada donde alojarse, ocuparon un establo utilizado por animales. María salió de cuentas y dio a luz a su primogénito que envolvió en pañales. Su nacimiento fue el 25 de diciembre y su primera cuna el pesebre del establo. Para cumplir la ley del Levítico, a los ocho días de nacer, el Niño fue circuncidado y le impusieron el nombre de Emmanuel, como había dicho el ángel.

La respuesta de María al ángel Gabriel, “¡He aquí la esclava del Señor, hágase en mi según tu palabra!”, fue un signo que demostró su humildad como sierva del Señor.

José Giménez Soria

lunes, 5 de enero de 2026

EPIFANÍA

Los “magos” guiados por la estrella llegaron a Belén

 y ofrecieron al Niño oro, incienso y mirra

Epifanía se traduce como manifestación o revelación. Para los cristianos son tres las epifanías en las que Jesús se da a conocer: La de los Reyes Magos; la de su Bautismo en el Jordán y la del milagro en la Boda de Caná. La primera se celebra el 6 de enero; la segunda el domingo siguiente, y la tercera, semanas más tarde. Las tres revelaciones indican la presencia real de Jesús.

Reyes Magos es como la tradición cristiana llama a unos “magos” que acudieron desde Oriente para adorar al Niño Jesús. Así lo narra el evangelista Mateo (2,1-12): Cuando nació Jesús en Belén de Judea, siendo rey Herodes, unos magos de Oriente llegaron a Jerusalén y preguntaron: “¿Dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer? Hemos visto su estrella en Oriente y venimos a adorarlo”. El rey Herodes, desconcertado, preguntó a los sumos sacerdotes y a los escribas en qué lugar debía nacer el Mesías. “En Belén de Judea, –respondieron–porque así está escrito: "Y tú, Belén, no eres la última de las ciudades de Judá, porque de ti surgirá un jefe que será el Pastor de mi pueblo, Israel".

Herodes habló con los magos, averiguó la fecha que había aparecido la estrella y los envió a Belén, diciéndoles: “Id e infórmense acerca del niño, y cuando lo encuentren, avísenme para que yo vaya a rendirle homenaje”. Los magos siguieron la estrella hasta que se detuvo en el lugar donde estaba el niño. Llenos de alegría, entraron en la casa y encontraron al niño con María, su madre. Le rindieron homenaje y le ofrecieron dones, oro, incienso y mirra.  Como le advirtieron en sueños que no regresaran al palacio de Herodes, volvieron a su tierra por otro camino.

Para Mateo los “magos” no pertenecían a ninguna clase sacerdotal, pero si tenían un amplio conocimiento religioso y filosófico. Eran “sabios” que buscaban la verdad de Dios. Según tradición de la Iglesia del siglo I, estos “magos” pudieron ser reyes de naciones de Oriente, que por su cultura y su conocimiento se esforzaban en mantener un contacto con Dios. La misma tradición dice que fueron tres reyes sabios: Melchor, Gaspar y Baltazar, cuyos sus restos quedaron en Constantinopla, la capital cristiana más importante en Oriente.

En Oriente la Epifanía es la fiesta de la Encarnación, en Occidente es la fiesta de la revelación de Jesús al mundo pagano, la verdadera Epifanía. En la Sagrada Escritura, solo Mateo relata la adoración de los “magos” en la casa de Belén.

La costumbre de los regalos de los Reyes Magos es una tradición de finales del siglo XIX, que empezó en 1866 con una cabalgata en Alcoy. En esta Epifanía los “magos” regalan oro, incienso y mirra al Hijo de María, al Niño Dios ante el que se postrarán todos los pueblos de la tierra. 

                                                                                                           José Giménez Soria